Leer La Orden del Alba (Novela) Capítulo 11 online gratis en español
En cuanto sentí como nuestros cuerpos rodaban por la pequeña colina bajo el árbol de cerezo, me sentí tan confundida que ni siquiera esperé escuchar el sonido de la madera cayendo al suelo en repetidas ocasiones.
—¿Qué pasó?
—No lo sé —dijo Artar antes de quitarse encima de mí.
Al levantarme, vi cómo el árbol estaba cortado de manera perfecta en un conjunto de cortes… Artar tenía unos instintos muy superiores a los míos y no sabía ni cómo o porque, pues yo era una convocadora. Pero si no fuera por él, yo ya habría… Giré mi cabeza rápidamente hacia la fiesta y no podía creer lo que veía.
Todos los establos, casas y animales estaban destruidos de la mitad para arriba en varios cortes consecutivos. Desde lejos podía ver cómo había cuerpos de decenas… completamente cercenados.
No era cierto… Alejandra, Amelia…
Sin importar las advertencias que gritaba Artar, corrí con todas mis fuerzas hasta que llegué a donde estaba la fiesta. Casi todas mis preocupaciones y miedos se fueron al ver cómo mis padres estaban en el suelo cubiertos con el elemento de mi padre protegiéndolos.
Nuevamente, sentí cómo alguien me tiró al suelo. Artar me salvó de otro ataque, ni siquiera me di cuenta de lo que me iba a pasar de lo distraída que estaba.
—¡Cuidado, idiota! —gritó alterado.
—Lo siento.
Me levanté otra vez y escuché algo crujiendo a lo lejos. Al voltear vi una especie de hombre lobo parado en dos patas, dando pequeños pasos erráticos de alguna forma, sólo que tenía escamas en todo el cuerpo, escamas parecidas al hierro mismo de un color carmesí; un rostro medianamente humano, pero con notorias características de lobo, además de una gran cicatriz en el ojo izquierdo.
Una bestia que superaba el poder del escudo… ¿Cómo era esto posible? Que una Bestia sea capaz de perforar el escudo con tanta facilidad, entonces era inútil luchar. Se suponía que aquí no había bestias de ese poder tan abismal...
Su sed de sangre era sumamente abrumadora, como si me sumergieran en un mar de oscuridad cubierta entre desesperación y temor. Pero el lobo escamado parecía que estaba temblando, y su cuerpo parecía haberse sustraído a su voluntad, mientras sus facciones, habitualmente feroces, se contorsionaban bajo una expresión de pavor indescriptible.
Mi madre, de un tirón rasgo la parte inferior de su vestido y dejo los tacones en el suelo. Con la boca llena de temor, murmuró antes de cargar a Eiran:
—Tenemos que irnos...
—¡Corran! —escuché un grito de otra persona fuera de nuestra familia.
Al voltear, vi que había más personas que sobrevivieron, pero tan escasas que podría contarlas con los dedos de la mano, y aun así, entre ellas, mis únicas amigas no...
—Vamos, Kassandra —Artar me empezó a empujar.
Él tenía en sus brazos a Enko, y Alex estaba pegado a mí. No entiendo cómo era que se podían mover… Mis piernas temblaban de miedo. Se suponía que yo entrenaba para luchar, pero jamás con una cosa como esa que me superaba en todo aspecto. No sé si yo esté reaccionando demasiado, o ellos no tenían una comprensión real del peligro.
Luché contra mí misma y me forcé para poder moverme. Cargué a Alex en mis brazos y él se acurrucó con terror. Podía sentir su cuerpo temblar del miedo. Cubrí mi cuerpo con ventiscas de aire además de energía astral y luego conjure una cúpula de aire alrededor de mi y mi familia con unas pequeñas palabras.
No sabía si era suficiente como para parar un golpe que había sido capaz de destruir docenas de casas al instante, pero quizá no moriría al instante…
Me volteé de reojo mientras corría y pude ver que estaba por lanzarme otro de sus ataques tan fuertes, pero esa vez parecía que no iba a poder esquivarlo. Me detuve de golpe y puse un torrente de aire enfrente mucho más condensado, tanto que ni siquiera podía ver a través de las ráfagas de aire. Por favor, resiste…
El ataque fue demasiado veloz, ni siquiera puedo percibirlo, cerré los ojos esperando lo peor, pero nada sucedió… ¿Nada? Abrí los ojos y no podía creer lo que veía. En el suelo estaba mi padre con una herida mortal en el torso. Su sangre salía como si se tratara de un río.
No era cierto…
—¡Papá! —grité asustada yendo hacia él.
Al agacharme, pude ver que todavía seguía con vida. Respiraba muy levemente y escupía sangre por culpa de la herida.
—¡Resiste que no te dejaré! —grité con miedo.
De repente, sentí cómo Artar se ponía a mi lado tratando de cargarlo además de a mi pequeño hermano con su cuerpo, a pesar de que Abraham era casi tres veces su tamaño. Él también se resistía a dejarlo.
—Resiste… ¡Papá! —gruñía Artar, pero lo detuve e, inmediatamente después, lo levanté con enormes cantidades de aire.
Con una respiración pesada, ambos nos miramos en una respuesta tacita y empezamos a correr hacia mamá, quien nos estaba esperando con Eiran en sus brazos.
Cuando llegamos, un sonido sórdido resonó mucho antes de que me diera cuenta y, tan de repente como se escuchó, sangre empezó a fluir del cuerpo de Eiran, y Sofía escupió sangre. La mitad del cuerpo de Eiran cayó al suelo derramando sus entrañas en los pies de mi madre, y mi ella cayó con una herida no tan grave.
Pronto, mis gritos de horror me horrorizaron más de lo que podía visualizar, a mí y a todos aquellos que seguían con vida. Agachándome junto a ella, intenté recoger cada entraña de mi hermano, cada órgano, intentando mantener su cuerpo junto, pero...
Era... Demasiado tarde, el brillo de sus ojos estaba apagado, con su mano aferrada a los dedos de mi madre como último vestigio de vida.
—¡Mamá! Eiran... ¡Eiran no responde!
El sonido agudo en mis oídos tapaba mucho más que mis pensamientos ardidos. Mi madre, con la poca consciencia que tenía, habló con una leve sonrisa.
—Tienen que salir… de aquí… lo más rápido posible —dijo, y acarició mi mejilla.
—Mamá… Eiran… —lloraba Artar aún lado mío. Enko seguía aferrado mientras gritaba y lloraba.
—No te dejaré, ¡no! —gritó Artar cargando a Sofía en su espalda.
Lo iba a detener para usar mi elemento, pero él ya estaba corriendo. Estaba cansada… Me dolía todo… El temor, el miedo y la tristeza se estaban apoderando de mí. Mis piernas no paraban de temblar. Parecía que, en cualquier momento, estaba por perder el control y caer en agonía.
De repente, vi uno de los ataques de aquel lobo escamado acercándose lentamente a Artar.
Oh, no…
Sin importar nada, corrí hacia ellos y, de pura suerte, pude pasar la velocidad de aquel ataque. Pronto me di cuenta de que, en realidad, iba a una abrumadora velocidad. Me quité a Alex de encima y lo lancé a varios metros junto con mi padre en una ráfaga de aire suprimida.
Me puse entre medio de ellos y solamente esperé. En cierta forma, me senti... resignada. Parecía que allí terminaba todo, ya que mis defensas eran como ramitas secas ante sus ataques. Bueno… al menos no había vivido una mala vida. Nací, crecí, temí, amé, me encariñé, me enamoré y protegí.
No me hacía falta nada más para dejar este mundo. Pero aun así… no quería morir. Tenía miedo, nadie estaba preparado para algo así. Ni siquiera pude confesar lo que sentía a quien amaba, y jamás pude disfrutar las fantasías que tenía.
—¡No! —escuché a Artar y a Alex gritar… Al menos pude escuchar sus voces una última vez.
—¡Hermana!
Entonces, mí cuerpo fue empujado de un golpe burdo pero feroz, alejándome apenas unos metros aún costado... ¿Qué?
Buscando con la mirada, me daba cuenta que Alex me había empujado, con aún pequeñas llamas ardiendo en la palma de sus manos. ¿Cuándo lo había despertado? Tan pronto capte la situación, el horror se grabó en mí rostro.
—¡Alex!
Intentaba alcanzarlo tratando de pararme del lodo, pero un resbalón me hizo golpear mi frente con el suelo. En cuanto levanté nuevamente la mirada... Las llamas que mi hermano se habían cortado, desapareciendo de un suspiro. Y mi hermano, quien estaba parado, de repente su cuerpo cayó al suelo divido en un corte desagradable.
Alex… Alex… Alex… Alex… Alex… Alex…
—¡ALEEEEEX!
Me acerqué rápidamente a su cuerpo, que apenas se movía.
—¡No, no, no, tú no vas a morir! ¡No te atrevas a morir, Alex! ¡TÚ NO! —gritaba con desesperación tratando de hacerlo reaccionar, pero apenas podía mover la boca.
Sin embargo, tocó mi mejilla con una sonrisa para, poco después, articular dos palabras.
—¿Estás… bien? —murmulló antes de dejar caer su mano al suelo.
El brillo de sus ojos desapareció casi al instante.
Pronto, la desesperación me carcomía y la culpa me empezaba a morder. Yo, no pude evitar su muerte… yo no pude evitarlo. Yo era débil. Demasiado débil. Los años que viví, complaciente en esta paz, me hicieron débil...
—¡Se supone que yo debía morir!
Mi espalda se empezó a sentir mojada por culpa de la lluvia que empezaba a caer con ferocidad. Los truenos se empezaron a escuchar ocultando mis llantos que cada vez se hacían más fuertes, desgarrando mi voz.
Artar estaba frente mío llorando en silencio. Su presencia, él, de alguna forma, me hizo reaccionar en un instinto y, al voltearme, vi al lobo escamado caminar muy lentamente en nuestra dirección.
Ese desgraciado… Pronto sentí mi sangre hervir tan sólo verlo, pero la impotencia de no ser más que una mosca frente a ese monstruo solamente empeoraba las cosas. Me limpié las lágrimas y, usando mi elemento, cargué con todos, incluyendo mis pequeños hermanos, sin importarme si seguían vivos o no.
Empecé a correr y dejé pasar todos los gritos de Artar pidiéndome que le dejara ayudar, pero no podía dejarlo. No puede usar su elemento y, aunque pudiera, no podría hacer cara contra esa cosa. Solamente podíamos huir…
\*\*\*
Un río… Un río con unas enormes corrientes de agua que podrían arrastrar cualquier cosa hacia esa cascada que había a lo lejos. Al otro lado, podía ver bestias de no sé qué clase. Estábamos atrapados… Esas cosas nos miraban fijamente, pero parecían no interferir, como si supieran que éramos las presas de una bestia mucho más poderosa que ellas.
Sus miradas inteligentes solo me hicieron sentir un profundo escalofrío de horror al darme cuenta que, si todos poseían raciocinio, entonces no había escapatoria...
—¡Bájame, Kassandra! —escuché gritar a Artar y, haciendo caso a sus gritos, lo dejé caer.
—¡Tenemos que huir! Yo cargaré a mi madre y a Enko, tu encárgate de mi padre —ordenó, y simplemente me deje caer al suelo.
—¿A dónde podemos huir? Mira a tu alrededor, estamos atrapados y esa cosa sólo está jugando con nosotros. Si quisiera, ya estaríamos muertos. No falta para que esa cosa llegue y nos asesine a ambos… Se acabó, Artar
Antes de darme cuenta, empecé a llorar en silencio. Este mundo es cruel… demasiado cruel.
Aún mi mente no era capaz de comprender cómo era que mi vida se había acabado tan de repente. Me odié a mí misma por lo ingenua que fui al pensar que era fuerte. Ni siquiera estaba segura de qué tanto lo era, y ya había estado presumiendo de mi poder…
¿Así era como el mundo me castigaba por ser pretenciosa? Si tuviera una oportunidad más, dejaría todo mi orgullo y lo transformaría en poder.
—¡¿Cómo puedes decir eso?! —De repente sentí una cachetada que me dejó perpleja—. Puede que yo no sea fuerte como tú, muy improbable que tenga la suficiente capacidad de pelea que tienes, pero aun así no me rindo tan fácil —alzó la voz con enojo—. ¿O acaso dejarás que el sacrificio de Alex sea en vano? —declaró.
Me limpié la sangre de la mejilla y me levanté mirando hacia el cielo.
—Kassandra, sé que tienes miedo, incluso yo lo tengo, sin embargo… Mis padres siguen vivos, y no puedo permitir que ellos mueran, así que… —Agarró una rama lo suficientemente puntiaguda como para hacer ligeros cortes y empezó a caminar en dirección hacia el pueblo—… Si muero protegiendo lo que amo, entonces podré morir en paz —concluyó.
Jamás había conocido esa parte de él. Era como si el chico carismático que conocía fuera remplazado por alguien totalmente distinto con una voluntad de acero.
Pero… caminé hacia él rápidamente y lo sostuve de la parte trasera de su cuello para, después, arrastrarlo de regreso y tirarlo al suelo.
—Morirás, ni siquiera mis ataques serían capaces de perforar esas escamas —declaré con enojo—. La valentía nunca gana batallas, sólo las promueve.
—Entonces, ¡¿qué se supone que haga?! —se levantó del suelo y me encaró.
—No lo sé… Simplemente no puedo dejar que mueras estúpidamente —confesé con cierto miedo en mis palabras… Debía pensar en algo o ese idiota iría directo a la muerte.
Espera…
Lo tenía… No era la mejor y, probablemente, era la peor solución, pero creí que al menos Artar y Enko podrían sobrevivir. Miré mis manos temblorosas y las cerré de golpe haciendo que dejaran de temblar. Fui hacia Enko, quién estaba llorando en silencio, y lo cargué con cuidado.
—¿Hermana? —sollozó, y me forcé a sonreír tratando de calmarlo.
—Estarás bien, lo prometo...
Caminé hacia Artar e hice que lo sostuviera. Rasgué mi ropa hasta que el vestido apenas llegaba a mis muslos, obteniendo una cuerda improvisada lo suficientemente larga como para atar a Enko al pecho de Artar. Mientras lo hacía, él me miraba confundido.
—¿Qué se supone que haces? —preguntó sosteniendo a Enko para facilitarme el trabajo de amarrarlos.
—Salvarlos —respondí a secas.
Cuando terminé de atarlos, me acerqué frente a Artar y di un ligero suspiró.
—Artar… ¿puedes prometerme algo egoísta? —pregunté con mi voz quebradiza.
Ni siquiera sabía de dónde estaba sacando la valentía para hacer esto. Tampoco sabía cómo no me había derrumbado en el suelo por la decisión tan terrible que estaba por tomar.
—Claro —afirmó confundido.
—Si yo no estoy, ¿podrías cuidar de Enko por mí?
—¿De qué estás hablando? Saldremos vivos de esta —afirmó con seguridad en sus palabras… Ojalá tuviera esa ingenuidad.
—¡Sólo promételo!
—Lo… Lo prometo.
Parece que había llegado la hora… No, una cosa más.
—¿Podrías decir Frajeh Siejah una vez más? —expresé con una sonrisa triste.
—Kassandra, me estas asustando…
—Por favor…
—…Frajeh Siejah —dijo con tranquilidad.
Eso hizo que mis labios se arquearan hacia arriba, y mis mejillas se humedecieron, pero no sabía si por lágrimas o la lluvia.
—Siejah surodomi… Frahsek. —Estaba por decir lo que usualmente digo, pero esta vez, esta vez era mejor decirlo en este momento cómo último capricho.
—Artar… gracias por siempre estar conmigo.
Antes de que él pudiera formular una palabra, con mis manos temblorosas sostuve sus hombros suavemente queriendo hacer lo que haría, pero no pude… Mi rostro… lo oculté en mí cabello mojado y suave, llorando casi en silencio.
—En serio, gracias…
Con una mano levanté ligeramente su mentón. Sonreí un poco.
—Si de alguna forma, los dioses me dieran la oportunidad de volver a verte vivo, no importa qué. Te encontraré y haré todo lo que alguna vez deseé hacer… Te voy a extrañar.
Lo empujé desde el risco que daba a aquella cascada tan furiosa. Sólo pude ver cómo caía y su mirada aterrorizada por lo que había hecho mirándome fijamente. Y yo… simplemente sonreí de la mejor forma que pude hacer…
Si ese iba a ser su ultimo recuerdo sobre mí, al menos quería que pudiera quererme por una eternidad. Cuando su rostro desapareció entre las corrientes furiosas, no pude evitar desplomarme en el suelo de rodillas, llorando.
Esa había sido, probablemente, la última vez que vería a mi hermano y a Artar. La última vez… Tenía tantos arrepentimientos, tantos deseos acumulados en mi ser que jamás pudieron ser calmados y, ahora que lo había perdido todo, absolutamente todo, no podía evitar desear por última vez que todo regresara a como era antes.
Extraño cuando mi padre me hablaba sobre lo orgulloso que le hacía sentir, mi madre diciéndome que no me sobresfuerce demasiado, mis hermanos jugando y Artar cantando en cada comida… ¿Era tan difícil ser feliz? Sólo quería ver una vez más sus rostros sonrientes…
Miré a mis padres adoptivos, que yacían en el suelo sin consciencia por la pérdida de sangre, y eso me hizo preguntarme qué había hecho mal. Fui hacia ellos y, con esfuerzo, los coloqué uno al lado del otro detrás de unos arbustos. Y mis hermanos… no pude hacer nada más que lamentar mi debilidad.
Acaricié el cabello mojado de Alex y Eiran antes de levantarme. Miré hacia donde estaba el pueblo y, a lo lejos, podía ver a ese lobo escamoso. Envolví mis ojos en una pequeña capa de energía astral y lo mire fijamente. No podía ver en donde se encontraba cada núcleo, pero pequeños atisbos de luz me dejaban ver cómo cuatro núcleos estaban escondidos en su cuerpo. Una Bestia de clase Dragón Luminoso...
Cerré los ojos un momento, dejando salir toda la tensión de mi cuerpo en un aliento tan pesado que sentía mis labios arder. Al abrirlos, no moví la mirada ni un segundo.
Tú causaste todo este caos, desgraciado. Mataste a gente inocente, mataste a mis amigos, mataste a mis hermanos y, probablemente, mueran mis padres otra vez…
Sin embargo, yo no me iba a ir de este mundo sin antes luchar. Probablemente no le iba a hacer nada, pero aun así… Te arrastraré al infierno conmigo incluso si mi cuerpo sangra o mi piel se desgarra, incluso cuando mis dedos no sean más que huesos con nervios, incluso cuando mi vida peligre por ir más allá del límite, definitivamente lo haré, aunque sea lo último que haga.

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La Orden del Alba (Novela)
Capítulo 12
La Orden del Alba (Novela) Capítulo 11
Estás leyendo el capítulo 11 de La Orden del Alba (Novela), un novela. Creció con amor, ilusiones y un sueño: convertirse en un Guerrero. Los Guerreros son aquellos que han abandonado sus cuerpos mundanos para ascender y manipular uno de los elementos de la naturaleza, dedicando su poder a… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. La Orden del Alba (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.