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Leer La Orden del Alba (Novela) Capítulo 10 online gratis en español

—¡Un… poco… más! —¡Para! Esto me asfixia… —Sólo aguarda un momento… ¡Mucho mejor! Mi madre me miraba con cara satisfecha después de haber apretado una especie de un pañuelo pequeño blanco en mi cuello, el cual contrastaba de buena forma con el vestido elegante que mi cuerpo portaba. Todo eso me hacía parecer una muñeca de porcelana; una pequeña, delicada y elegante muñeca de porcelana… ¿Por qué? ¿Exactamente por qué debía vestir algo como eso? —Esto es humillante… no puedo ni respirar bien —me quejé mientas me miraba al espejo, y mi madre reía levemente en la parte de atrás de mi cuarto. —Tranquila Kassandra, que sólo es por unas horas —excusó—. Ya no tienes once años, necesitas ir con ropa adecuada para una señorita tan bella como tú. Después de todo, te llueven los pretendientes —rio con ligereza. Me volteé y vi a mi madre con un vestido rojizo de tela bastante delgada, algo así como la seda, que hacía resaltar demasiado bien sus atributos de mujer. No digo que esté mal, pero a ella no parece incomodarle. En cambio, a mí, el sólo ponerme ese vestido tan delgado que hacía resaltar mucho mi trasero me daba vergüenza… Ya de por sí me incomodaba las miradas indiscretas hacía mi, y muchas de ellas especialmente dirigidas a mi trasero. Ahora esto que visto lo resalta de una forma... ¡Que vergüenza! Resoplé tras caminar hacia ella y sentarme a su lado en la cama. —Si yo soy bella, tú eres una diosa —Gracias por el cumplido, cariño, pero pronto empezará el Serafae y deberás salir sin quejarte, ¿de acuerdo? —preguntó mi madre con una voz dulce mientras acomodaba mi cabello con sus delicadas manos. —De acuerdo… —Listo, ahora estás perfecta —elogió antes de darme un pequeño beso en la frente. —Gracias, mamá —sonreí levemente. —De nada, cariño. Baja cuando te sientas lista, ¿sí? —preguntó con amabilidad. —Sí. En cuanto su mano tocó el pomo de la puerta, se detuvo y volteo a verme con una sonrisa pícara. —Y por cierto, tu sabes que tienes nuestra bendición. ¡Adelante! Ay no, ya se a que se refiere... Desvíe la mirada como si no supiera de que hablaba, fingiendo demencia, lo que hizo que ella soltará una pequeña risa suave. Cuando salió, rápidamente me quité el pañuelo del cuello. Dios, no respiraba bien con esa cosa, no entiendo cómo es que la nobleza, realeza o lo que sea aguanta esas cosas tan incómodas. Me acerqué a la ventana de mi habitación que daba directamente a la gran fogata, que aún no había sido encendida. En cualquier momento lo iba a estar y daría inicio al Serafae… Me preguntó cuántas parejas se formarían este día. Pronto, vi como dos de mis amigas, Alejandra y Amelia, me saludaban con gran entusiasmo. Las saludé de igual forma. Estaban preciosas, prácticamente vestían ropa que combinaba a la perfección con su tono de piel, cabello y ojos. O eso creo, tampoco es que yo sea alguien de basto conocimiento sobre el tema. Prefiero más el ámbito elemental que esto, pero, aun así, creo que les quedaba muy bien. Bueno, creí que debería bajar, la multitud de personas ya estaba reuniéndose y pronto encenderían la fogata. Me puse nuevamente el pañuelo, sólo que ahora no tan apretado e inmediatamente me encaminé hacia la puerta. Al abrirla, lo primero que vi fue a Artar, que también estaba saliendo de su cuarto, sin embargo… era deslumbrante… La tenue luz de luna hacía que sus ojos azulados brillen con nitidez. Su cabello, peinado hacia atrás dejando uno que otro cabello de frente, le quedaba muy bien a pesar de que no era tan largo. Su traje negro y elegante a botones plateados le jugaban mucho a su favor, y su collar de jade brillaba con nitidez gracias a la luz de luna… Jamás lo había visto tan arreglado, y mucho menos lo había visto tan guapo como este día. Era como si todo este tiempo hubiera sido un diamante sin pulir, pero que en ese momento brillaba más que cualquier luna llena que había visto… —Te vez muy bien, Kassandra —me elogió con una sonrisa encantadora. —Ah… Sí, tú también te vez muy bien —hablé a duras penas saliendo de mi aturdimiento. De repente, sentí cómo mi cuello estaba más… ¿libre? Bajé la mirada y el pañuelo se había soltado. Como odio esos trajes… Vamos, maldito pañuelo o lo que sea que seas, entra ya… ¡Maldita sea! —A ver, déjame ayudarte —escuché decir antes de que las manos de Artar empezaran a acomodarlo. Él de alguna forma… ¿pudo? Y no sólo eso, ya no sentía la comezón, además de que me dejé de sentir ahogada. ¿Desde cuándo se había vuelto un experto en eso? Sus manos eran bastante delgadas y un poco rojizas, sus uñas un poco largas y hasta parecía que se las cuidaba, eran como las de una mujer. Ni mis manos eran así, y eso que él se la pasaba ayudando el granja con papá. —Listo, bajemos —mencionó antes de caminar hacia las escaleras. —Oye, Artar —dije y se paró en seco. —¿Sí? —preguntó mientras me acercaba. —Tus manos… —Me detuve frente a él. Cada vez me acercaba más a su rostro con una pequeña sonrisa entre mis labios. Él, por el contrario, tenía una mirada tan nerviosa a cada paso que daba… Sus mejillas tenían un ligero picor rojizo, incluso podía sentir su aliento apresurado tocando mi mentón con suavidad. Rápidamente, me acerqué a su oreja y susurré suavemente: —Parecen las de una chica. Cuando dije eso, solté una pequeña brizna de aire caliente en su oreja y salí corriendo con una risa entre mis palabras. —¡Eres… ¡Tu… ¡Maldita sea contigo! Su expresión nerviosa y su rostro bermellón de la vergüenza era lo mejor. De pronto, sus manos, con más de una vena remarcada por la frustración, se dirigieron a mis hombros, pero pareció no recordar que yo entrenaba, así que fácilmente lo evadí antes de ponerle un pie para que se caiga. —¡Tonto! —reí antes de correr por las escaleras. —¡Vuelve aquí! —escuché detrás de mí. Abrí rápidamente la puerta y corrí hacia la multitud de invitados. Miré de reojo y pude notar que aún me seguía con una clara expresión de enojo. —¡Atrápame si puedes! Lo siento, Artar, pero ya saliste de casa, ahora todos van a ir a felicitarte. Como predije, la mayor parte de las personas fueron a saludar y felicitar a Artar. Aproveché para escabullirme hasta que él ya no fuese capaz de visualizarme entre la multitud. Eso había sido divertido… No sabía por qué me gustaba molestarlo, pero debo decir que gracias a eso conocía a detalle muchas cosas de las que él probablemente ni siquiera era consciente, y lo usaba para molestarlo. De pronto, una música animada se empezó a escuchar. Mi vista se dirigió hacia donde provenía y me di cuenta de que tocaban con varios instrumentos improvisados, pero que sonaban diferente a los que deberían ser. Eso le daba un toque bastante único que alguien no esperaría. Todos rodearon la fogata y empezaron a bailar, algunos juntos por ya haber hecho aquel baile, que realmente no me molesta, pero… Frente a mi, saliendo de quien sabe dónde, Arturo no tardo en arrodillarse con una sonrisa encantadora. —¿Me permites esta pieza? — Mmm… La verdad es que estoy cansada de mi entrenamiento, así que yo estaré… ¡por allá! —me excusé yendo hacia Alejandra y Amelia, quienes estaban en la mesa de bocadillos y ponche. Ese chico era bastante persistente… No me desagradaba su forma de ser, de hecho, era bastante agradable cuando no hacía eso, pero era bastante coqueto con cualquier chica que llamase su atención y, siendo honestos, eso me daba algo de repelús. —¡Hola, Kassandra! —saludó Alejandra nada más verme, pero poco después siguió comiendo. En serio comía demasiado, y sigo sin entender cómo es que mantenía su figura… —Hola, ¿qué tal la llevas esquivando a Arturo? —preguntó Amelia de manera directa. ¿Ella leía pensamientos, quizá? O me conocía muy bien. Creo que un poco de ambas. —No lo digas tan directo, él… está allí —señalé discretamente, y sabía que estaba a unos cuantos metros tratando de conquistar a más mujeres. —Claro, siempre pensando en los demás —rio levemente—. ¿Y Artar? —preguntó Alejandra mientras tenía comida en la boca. —Lo perdí entre la multitud, debe estar divirtiéndose por allí —comenté mientras me servía ponche de frutas. —¿Lo intentarás otra vez? —preguntó Amelia hacia su hermana. —La tercera es la vencida. Esto ya se hizo costumbre. —Si quieres ir a buscarlo, debe estar cerca de mis padres —hablé antes de beber un poco del ponche. Usualmente, en el Serafae el que cumple los trece años debe estar con sus padres por varias razones. Una de ellas es que ellos tienen que aceptar a la persona que quiera sacarlo a bailar. Es casi como si le estuvieran buscando pareja, pero conocía a Artar, y él ni siquiera lo consideraría por un segundo, después de todo, él… —¡Entendido! —se despidió interrumpiendo mis pensamientos. Daba igual, podía dejar las preocupaciones a un lado. —¿Qué harás, Kassandra? ¿Esta vez sí aceptarás a alguien por fin? —rio mi amiga levemente. —Para nada, ¿y tú? —respondí con brevedad. —Tampoco, pero mira detrás de ti. ¿Ah? Me volteé con tranquilidad y me sobresalté un poco. Había varios chicos cerca de mí con ramos de flores en mano… —¿En serio? Esa noche iba a ser algo larga… \*\*\* —Ahhh… —¿Qué tal te fue? —preguntó Amelia ante mí suspiro. —¿Tú qué crees? —Me dejé caer en la silla. —La popularidad tiene un costo —rio levemente. —Búrlate todo lo que quieras —bufé indignada antes de pararme de la silla a por ponche. En serio, ¿por qué tenían que venir conmigo? Digo, ya los había rechazado antes. Recuerdo haber leído en un libro que decía que mientras más difícil sea la chica, más interesado estará el hombre. No espera, ¿Creo que era al revés? Hay demasiados libros donde aparentemente es la mujer quien conquista al hombre, pero aquí siempre ha sido al revés y suele ser extraño. Aún así, ¿Era eso acaso la causa de todo esto? Qué fastidio. Lo peor de todo fue que, para zafármelos, tuve que prometerles que quien me superara en fuerza en un combate elemental iba a ser mi pareja. Realmente dudaba de que ellos puedan seguirme el paso, pero siempre estaba esa maldita posibilidad… —No pude encontrarlo —escuché la voz de Alejandra acercándose. —Tan mal fue, ¿eh? —rio levemente su hermana ante su falla. Espera… —¿Él no está con nuestros padres? Creí que estaría allí —bufé confundida. —No… —suspiró desanimada antes de ponerse a comer. —Iré a buscarlo, pero no te desanimes, ¿sí? —pregunté con una sonrisa. Ella, casi de inmediato, se me aventó encima. —¿Em sherio? —expresó con comida en la boca a la vez que me escupía pedazos de comida. Qué asco… —Sí… Solamente deja de escupir comida. Además, ya me estaba aburriendo, así que iré a molestarlo un poco —hablé después de quitarme la comida que escupía para sonreír burlonamente. —¡Entendido! —alzó la voz mientras hacía una pose militar. Hice un esfuerzo por no reírme. —Buena suerte —deseó Amelia con una leve sonrisa. Me preguntaba dónde podía estar… Rellené mi vaso con ponche de frutas y me dispuse a buscarlo. Puede que a él no le gustaran mucho las fiestas, pero debería, al menos, disfrutar de su día. Veamos… ¿dónde podía estar? Si yo fuera él y buscara un poco de tranquilidad en medio de eso… estaría en el árbol de cerezos que había cerca de uno de los establos. A él siempre le había gustado leer libros en ese lugar, así que diría que probablemente estaría allí leyendo alguno o, simplemente, viendo las estrellas. Caminé por detrás de la casa con mucho cuidado por la poca luz que había, pero la que emanaba la luna era suficiente. Luego de unos minutos, llegué a los matorrales y establos de animales. Seguí caminando hasta que, al pasar por una pared de madera, lo encontré sentado debajo del árbol de cerezo mirando las estrellas con tranquilidad mientras tocaba una melodía con la guitarra. —¿Qué haces aquí? Deberías estar allá en tu fiesta, Artar —hablé acercándome antes de sentarme al lado suyo sacándolo de sus pensamientos. Él no me contestó y, simplemente, me dio una sonrisa antes de seguir mirando las estrellas con una mirada que parecía la de un bebé mirando su juguete nuevo… Eso era raro, era la primera vez que lo veía así. Sus ojos parecían tener cierta nostalgia al ver las estrellas. —La luna hoy está realmente hermosa, ¿no lo crees? —preguntó con su mirada fija en ella sonriendo ligeramente. Cuando miré hacia el cielo, la luna brillaba con gran fulgor mostrando tenuemente las hiervas que se movían al son del viento. Alguna que otra flor de cerezo llegaba a caer entre los pastizales, hasta que una cayó en el cabello de Artar, y fue en ese momento cuando vislumbre sus ojos brillantes, que parecían dos cascadas de agua en medio de una noche nocturna, cascadas totalmente tranquilas… —Tienes razón, hoy brilla como ningún otro día… Me da mucha paz. Pero aun así… Deberías regresar, hoy eres como una estrella brillando en una cascada, y la estrellas deberían estar donde más brillan, ¿no crees? —cuestioné sonriendo dándole un pequeño golpecito en el hombro. —Yo sólo quiero estar aquí, ¿no puedo? —preguntó volteándome a ver. —Bueno, sí puedes, pero… —Entonces disfruta la noche conmigo —sonrió con encanto. —Bueno… Espera, ¿por qué había respondido como si fuera un reflejo? Eso había sido raro… Digo, era relajante estar allí: la suave brisa pasando por mi rostro, la tenue luz iluminando el agua de unos cuantos charcos haciendo unas pinturas del reflejo del hermoso cielo y las estrellas acompañando a la solitaria luna en esta dulce noche, con esa dulce melodía que tocaba con su guitarra que, de cierta forma, me hacía sentir de luto. Era raro tener tanta paz, pero no me desagradaba. Volteé ligeramente hacia Artar y aún tenía esa mirada. Era raro verlo así, estaba acostumbrada a verlo enojado por mis burlas y sonriendo por nuestros momentos de diversión, pero nunca lo había visto así… No me desagradaba ver esa faceta suya. —¿Crees que sea capaz de despertar mi línea de sangre? ¿Qué? Qué pregunta tan repentina... supongo que, de cierto modo, él todavía seguía desanimado por lo sucedido. Después de todo, casi muere por culpa de su principal condición, pero era extraño. ¿Por qué de repente había empezado el proceso si ni siquiera antes había sentido la energía astral? Prácticamente, había sido un suicidio… Pero me dio miedo que muriera. Creí que no funcionaría, estuve a punto de perderlo. Aún me tiemblan las manos de aquel día. De todas las personas, él es a quien menos quiero ver muerto antes que yo… —¿Por qué la pregunta? —Todos pueden sentir la energía astral, pero yo jamás la he sentido ni una sola vez. Incluso gracias a eso casi muero… —respondió con indiferencia—… Y tengo miedo… Morir por consecuencia de algo como no haber sentido la energía astral anteriormente es frustrante y me da miedo… ¿Cómo se siente? —preguntó con cierta esperanza en su mirada. —Mmm… Es como si sintieras una sensación de frescura recorriendo tu cuerpo, pero a la vez sientes un pequeño cosquilleo, sólo que no te da risa —respondí con la mayor honestidad que pude. Es realmente difícil describir algo a lo que ya estás acostumbrada a sentir desde hace muchísimos años. —Lo sabía, sólo soy alguien ordinario sin ninguna aptitud para los elementos que, de pura casualidad, casi la despierta —comentó con cierta tristeza en sus palabras mientras bufaba una pequeña carcajada que parecía querer esconder lo que sentía abrazando sus piernas. Sinceramente, con lo que había pasado hace unos días prefería que jamás la despertara por más egoísta que pueda sonar, pero… Todo el tiempo, siempre había tenido ese brillo de alegría al verme usar mi elemento frente a él, incluso el truco más sencillo hacía que su día mejorara significativamente. Siempre había tenido esa fascinación por los poderes elementales, y lo había pasado por alto… ¿Cuál era la razón por la que yo me hacía fuerte? Vivía una vida tranquila y mi padre era tan fuerte como yo usando su elemento. En ese lugar nunca había habido bestias, he incluso si las hubiera, teníamos el escudo que nos protegía. ¿Cuál era la razón por la que trataba de hacerme más fuerte? —¿Sabes? Siempre sentí envidia de ti. Desde una edad muy temprana despertaste tu línea de sangre y siempre has sido alguien que destaca entre los demás. Eres incluso más talentosa que todos los de este pueblo juntos. A veces pienso que, si fueras noble, ya serías la aprendiz más talentosa de los tres reinos. Tienes belleza, fuerza, humildad, talento, poder y una sonrisa más que deslumbrante… —expresó con una voz dolida y quebradiza—. Pero recordé que… siempre te esfuerzas por ser fuerte. Luchas por ser alguien mejor. Prometimos que ambos seríamos tan fuertes como para proteger a nuestra familia y amigos. Entonces entendí que, aunque la vida te dé beneficios, no simplemente te conformas con ello, y aspiras a más. Esa… Esa fue la razón. Es por eso que yo me hacía fuerte, ahora comprendía algo que ya había olvidado. —Artar, yo… —¡Fuah! Me siento liberado, creí que jamás podría sacarlo… Perdón por lo que dije, no quise ofenderte —expresó con su sonrisa alegre de siempre. Negando con la cabeza, hablé con la mirada recta. —Artar, tú no eres alguien común. Tú no eres especial, eres más que eso. Tu amabilidad, solidaridad, alegría y honestidad siempre han sido lo que te hace especial y diferente al resto. Probablemente sin ti sería alguien diferente a lo que soy, Si no fuera por tus cálidas palabras y ánimos, jamás hubiera superado la tristeza de perder a mis padres. Yo te debo mucho más de lo que tú me has dado y siempre estaré agradecida con ello. Incluso tu… De repente, Artar saltó encima mío cayendo ambos al suelo y rodando por la colina. Estaba por decir algo cuando vi cómo el árbol de cerezo caía casi de golpe al suelo, cercenado en varios cortes que hicieron que sus hojas cayeran de golpe al suelo...
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La Orden del Alba (Novela) Capítulo 10

Estás leyendo el capítulo 10 de La Orden del Alba (Novela), un novela. Creció con amor, ilusiones y un sueño: convertirse en un Guerrero. Los Guerreros son aquellos que han abandonado sus cuerpos mundanos para ascender y manipular uno de los elementos de la naturaleza, dedicando su poder a… Este capítulo tiene publicado el 29 de septiembre de 2026. La Orden del Alba (Novela) tiene 17 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.