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Leer La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 563 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
La mujer estudiaba la fuerza de voluntad del mismo modo que un herrero examinaba los metales. A sus ojos, la fuerza de voluntad de la mayoría de la gente parecía una bola de gas. Era ligero, siempre cambiante y fácil de desmontar. Bastaba un tirón” un poco de miedo, un poco de desesperación” y se desintegraba como humo. Ni siquiera tuvo que esforzarse mucho. Luego, absorbería su fuerza de voluntad para fortalecer la suya propia. Semidioses, dioses, planetas. Había extraído la fuerza de voluntad de todo tipo de seres. Algunos resistieron mejor que otros. Su fuerza de voluntad no se dispersó tan fácilmente. No era una esfera gaseosa, sino algo más pesado: arcilla. La esfera de arcilla sería gruesa, compacta, moldeada por sus experiencias de vida y creencias. Aun así, podía hundir los dedos, exprimir fragmentos de su determinación y, poco a poco, quebrarlos. Simplemente requería más esfuerzo. La mujer había vivido miles de millones de años llevando una vida así. Había llegado a un punto en el que su fuerza de voluntad estaba al límite. Ahora, ella no necesitaba cantidad, sino calidad. Necesitaba una fuerza de voluntad diferente a la de los demás. Si pudiera absorberlo, convertirse en una Rompecielos ya no sería un sueño. 'Huuuh…' 'Esto es todo.' 'Puedo obtenerlo de él.' Muerte sin nombre. Ella contempló su fuerza de voluntad. No era una esfera de gas ni de arcilla. Lo que flotaba ante ella era una esfera perfecta, fría y brillante como un diamante. Era impecable e inamovible. Sus dedos no podían penetrarlo. Su influencia no podía mancharlo. Ni la desesperación ni el dolor más profundo podían dejar huella. Al principio, le pareció fascinante. Entonces, irritante. Y luego, exasperante. Se quedó de pie frente a ella, con los ojos Vacíos por el peso de lo que había soportado, y aun así no se quebró. Su postura tembló, pero su mirada no vaciló. Ella, junto con los Soberanos, vertieron pesadilla tras pesadilla en su alma. Debería haberse doblegado después de unas horas, o tal vez de unos días. Pero había perdurado durante siglos. Y él seguía de pie. Los Soberanos de las Siete Emociones, envueltos en cambiantes velos de color y voz, rieron con frustración. “Por muy fuerte que sea tu fuerza de voluntad” susurraron rodeándolo”, se quebrará tarde o temprano. Todo lo hace. Muerte sin nombre no respondió. Eso contribuyó a empeorar las cosas. No fueron sus palabras, sino su silencio. No era un silencio desafiante. No era un silencio pacífico. Era obstinado. Era una montaña inamovible en medio de una tormenta. Así que cambiaron sus métodos. Dejaron de intentar abrumarlo con pura desesperación. En cambio, reescribieron el tormento. Cada vez que se dormía” o era inducido a la inconsciencia” despertaba en una nueva vida. Sin recordar quién era realmente. Un cobarde en un pueblo condenado. Un caballero con un juramento roto. Un rey traicionado por su pueblo. Un guerrero que luchaba en una guerra que nunca podría ganar. Un erudito que intenta salvar un mundo agonizante. Un amante arrancado de los brazos de alguien a quien nunca volvería a ver. Cada versión de él tenía su propia historia. Ninguno de ellos recordaba las versiones anteriores. Pero todas acabaron en ruina. Y cada vez que esa personalidad se derrumbaba, su alma era arrastrada de vuelta al núcleo de la prisión. Cada vez, se resquebrajaba un poco más, se cansaba un poco más. Entonces, se veía forzada a otra vida. Aquellas vidas no fueron pesadillas. Eran la realidad. La mujer, la Diosa de la Muerte de su mundo, lo envió a través de múltiples reencarnaciones. Se aseguró de que su alma no pudiera recuperarse y la obligó a soportar la presión de una montaña de desesperación. Las heridas se fueron acumulando. Capa a capa. Corte a corte. Pero ella nunca dejó que el alma se quebrara del todo. La obligó a permanecer, y así provocó que se pudriera desde dentro. Tras cien años, la Muerte Sin Nombre derramó lágrimas. Después de trescientos años, su alma temblaba ante cada descenso a la otra vida. Tras cuatrocientos años, las grietas en su fuerza de voluntad eran visibles. Eran profundas y punzantes. La mujer presentía que estaban cerca del final. “Está cerca” susurró, más para sí misma que para nadie. “Solo un poco más. Al final se quebrará. Los Siete Soberanos de las Emociones revoloteaban cerca de él, su presencia fluctuando como niebla y fuego. “¿Qué se siente”, preguntaron, con la voz matizada en docenas de tonos, “perderlo todo una y otra vez y seguir sin recordar por qué?” La Muerte Sin Nombre no habló. En ese momento, estaba despertando de nuevo. En una nueva vida. Un humilde campesino en una tierra agonizante. En esta historia, su esposa ya había fallecido. Su hijo enfermó una semana después. Vendió todo para comprar medicinas que nunca llegaron. Su aldea se incendió y él fue culpado por ello. Lo colgaron de un árbol junto a la tumba de su hijo. Murió con tierra en la boca y fuego en los ojos. Cuando el alma regresó, la examinó con detenimiento. Las grietas se habían ensanchado. Pequeños fragmentos habían comenzado a desprenderse. Pero la fuerza de voluntad seguía siendo demasiado grande para que la mujer la asimilara. Si ella fusionó una fuerza de voluntad tan pura y gigantesca, podría haber sido ella la que fue absorbida, y no la Muerte Sin Nombre. Entonces… Un poquito más. Pero a medida que el tiempo seguía avanzando, su fuerza de voluntad nunca se quebró. Es cierto que se agrietó. Pero, como si algo invisible la mantuviera unida, permaneció intacta. Esa era la prueba de que Muerte Sin Nombre no había sido derrotada. “¿Por qué sigues levantándote?” murmuró. “Ya no queda nada. Has perdido toda identidad. Todos tus sueños. Incluso tu autoestima. Y aun así, cuando comenzó la siguiente pesadilla, siguió adelante. Cada vida comenzaba igual. No tenía nada. Era otra persona. No sabía que estaba atrapado. Pero algo en su interior” algo profundo” lo impulsó a seguir adelante. Incluso cuando se quebró. Incluso cuando fracasó. Aunque gritara, llorara y suplicara que terminara… siempre se levantaba. Siempre. A veces gateando. A veces arrastrándose por el barro, la sangre o el fuego. A veces, caminar hacia su propia muerte solo para regalarle un día más a otra persona. Nada de aquello tenía sentido. Ni para ellos. Ni para el Soberano. Ni para la mujer que vigilaba su alma como un científico vigila a un sujeto de prueba. No se suponía que funcionara así. Se suponía que nadie iba a durar tanto. No sin esperanza. Y, sin embargo, resistió. Lloró sangre cuando el tormento se hizo insoportable. Se derrumbó cuando su familia lo traicionó en una sola vida, entregándolo a los enemigos de los que había luchado para protegerlos. Aulló de agonía cuando le arrebataron a su hija, el único rayo de luz en su vida. Pero nunca dejó de avanzar. Tragó sus lágrimas y al día siguiente volvió a trabajar. Mató a sus enemigos y regresó con su familia para preguntarles por qué lo habían traicionado. Luchó hasta su último aliento para proteger a su hija y darle un futuro seguro. Las grietas en su fuerza de voluntad se hicieron más profundas. Pero el diamante” la manifestación visual de su fuerza de voluntad” nunca se rompió. En cambio, se volvió más pura y más grande. La mujer lo miró fijamente y sintió algo nuevo. No irritación. No frustración. Algo que no había sentido en mucho tiempo. Duda. "¿Qué... eres?", susurró. El Siete Soberano de las Emociones gruñó.
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La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 563

Estás leyendo el capítulo 563 de La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela), un novela. Un personaje sin nombre que nunca apareció en la novela. Un extra. Neo se convirtió en ese personaje extra.... Transmigrar a la novela y obtener el linaje de Hades, el dios de la muerte, se suponía que era lo mejor que… Este capítulo tiene publicado el 20 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) tiene 839 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.