Leer La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) Capítulo 564 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El Siete Soberano de las Emociones gruñó: "Lo intentaremos de nuevo. Se romperá. Incluso el acero se rompe al calentarse las veces suficientes. Incluso los diamantes se hacen añicos bajo la presión adecuada."
Pero esto no era acero.
Y esto no tenía nada que ver con la presión.
Esto era otra cosa.
Muerte sin nombre abrió los ojos en la siguiente pesadilla.
Esta vez, era un joven de pie frente a un santuario en ruinas. Solo de nuevo. No tenía memoria ni guía.
Lo único que tenía era una vieja espada y un cielo lleno de cenizas.
Dio un paso adelante.
No porque lo recordara.
No porque supiera lo que le esperaba.
Pero porque algo dentro de él se negaba a parar.
Un pie. Luego el otro.
El viento aulló. El santuario se derrumbó tras él.
Y siguió caminando.
Dentro de la prisión, la mujer observó cómo aquel diamante agrietado volvía a palpitar. Era un latido lento y constante, y el pulso era más fuerte que antes.
Se apartó del alma. Sus dedos se curvaron. La sonrisa se desvaneció de sus labios.
“No se ha rendido” dijo mordiéndose las uñas. “¿Acaso sabe siquiera lo que significa rendirse?
Los Siete Soberanos de las Emociones entrecerraron sus ojos siempre cambiantes.
No dijeron nada.
Pero por primera vez, dudaron.
Los siete Soberanos de la Emoción se volvieron hacia la mujer.
“Solo pedimos un poco más de tiempo” dijo en voz baja el Soberano de la Desesperación.
El Soberano de la Alegría intervino a continuación, con tono suplicante: “Tiene que haber algo más que podamos intentar. Un camino diferente, una demora, cualquier cosa”.
Pero la expresión de la mujer era indescifrable. Sus ojos, antes pacientes, ahora reflejaban la consternación de la fatalidad.
“No queda tiempo” dijo. “La Muerte Sin Nombre será capturada por la Alianza en un mes. Eso ya está decidido.
El Soberano de la Ira apretó los puños. "Podríamos detenerlos. Majestad, no debería escuchar a esos…"
“Silencio” dijo ella con voz cortante, tranquila pero firme. “Todos tuvieron su oportunidad. No lograron despertarlo.
Los Soberanos guardaron silencio.
Uno a uno, la miraron, esperando encontrar alguna señal de duda en su mirada.
En cambio, vieron una voluntad fría e inquebrantable.
Ya no quedaba lugar para súplicas.
“Ya no me sirves para nada” dijo. “Vete.
Ninguno de ellos se movió.
Entonces ella los miró, y ellos se estremecieron.
Esa mirada no era una que jamás le hubieran visto.
Era la mirada de alguien que había desechado la duda. Alguien que estaba a punto de dar un paso final, sin importar el precio.
Se dieron la vuelta.
Primero desapareció el Soberano de la Ira, luego el Soberano del Miedo y, finalmente, el Soberano de la Esperanza.
Uno tras otro, los Soberanos desaparecieron, dejándola sola en la silenciosa habitación. Sola con él.
La Muerte Sin Nombre seguía inmóvil, atada en silencio.
La mujer avanzó y se arrodilló a su lado.
Sus manos temblaron un instante. Luego dejaron de hacerlo.
Llamas blancas brotaron de sus dedos.
El poder del Elemento Fuerza de Voluntad parpadeó y se elevó en el aire, cubriendo el espacio a su alrededor con una intensidad sin calor.
Normalmente, ella doblegaría la fuerza de voluntad de una persona antes de absorberla.
Era el único método seguro.
Incluso una débil fuerza de voluntad extranjera podría atraerla, contaminar su esencia, fusionarse con su mente si no tenía cuidado.
Pero no tenía tiempo para precauciones.
Y no pudo debilitar su voluntad ni siquiera después de intentarlo durante siglos.
Su fuerza de voluntad era menor que la de ella, pero más pura.
Era peligroso absorberlo.
Pero la mujer ya había tomado su decisión.
Tras absorber a otros durante eones, su propia fuerza de voluntad se había vuelto inmensa, superpuesta con innumerables ecos de otros.
Pero la densidad y la pureza de su fuerza de voluntad eran inigualables.
Eso la convertiría en una Rompecielos.
Así que comenzó la fusión.
Las llamas blancas a su alrededor se intensificaron. Su cuerpo se tensó. Podía sentir la presión de su voluntad encontrándose con la suya. Sus mentes se rozaron, luego chocaron.
En el siguiente instante, la cámara desapareció.
Se encontró de pie en un vasto y Vacío espacio blanco.
Era 'su' mundo mental.
Él estaba allí.
La Muerte Sin Nombre se encontraba a poca distancia. Su mirada era tranquila mientras la observaba. No había sorpresa ni furia en sus ojos.
La mujer frunció ligeramente el ceño y avanzó.
“Esperaba que estuvieras enfadado” dijo. “O que me atacaras. Al fin y al cabo, ahora debes recordarlo todo. ¿Por qué estás tan tranquilo?
“¿De verdad quieres convertirte en una Rompecielos?” preguntó, en lugar de responderle.
Su expresión se tensó. "¿De qué estás hablando?"
La miró con esa misma inquietante quietud.
“No recuerdo nada” dijo. “Pero hay una voz dentro de mí. Me dijo que dijera esto: No puedes convertirte en un Rompecielos mediante una fuerza de voluntad prestada. Tiene que ser tuya. Tienes que superar tu propia debilidad, no robar la fuerza de otro.
No habló de inmediato.
Dentro de un mundo mental, las mentiras eran imposibles.
Aquí, todo lo que uno decía era un reflejo de su verdadero ser.
Si esas palabras provenían de la Muerte Sin Nombre, entonces contenían verdad, aunque él no la comprendiera.
Su ceño se frunció aún más. Pero antes de que pudiera responder, él continuó.
“Te ayudaré” dijo. “Te ayudaré a convertirte en un Rompecielos.
Ella arqueó una ceja, con cautela.” ¿Lo harás?
“Lo haré” repitió. “Pero una voz en mi interior me dice que será peligroso…
“Hazlo” interrumpió ella.
Parpadeó.
“Sea lo que sea” dijo. “Hazlo. He llegado hasta aquí. No me echaré atrás.
La estudió un instante más, luego suspiró suavemente.
"Muy bien."
Levantó una mano y chasqueó los dedos.
El mundo blanco se derrumbó en un instante.
Desapareció toda la luz, engullida por un abismo de silencio.
La mujer se encontró en un Vacío negro e insondable, sin forma ni límites.
Estaba suspendida en la nada.
Él habló, aunque ella no podía verlo.
"¿Sabes por qué no estoy enfadado contigo?"
Su voz era tranquila, distante.
"Es porque te tengo lástima. Has tocado algo que no comprendes. Quieres convertirte en un Rompecielos, pero nunca has visto la desesperación. No sabes cómo es, y sin embargo… has decidido abrazarla."
Se giró, intentando localizarlo en la oscuridad, pero él ya no estaba.
No había presencia ni sonido.
Solo quedaba el Vacío.
La mujer intentó moverse, pero su cuerpo no respondía.
Intentó hablar, pero no le salieron las palabras.
Intentó marcharse, pero no había adónde ir.
Solo quedaba el pensamiento. Y el tiempo.
Momento de reflexionar.
Es hora de esperar.
Es hora de ver qué significaba realmente buscar el poder de un Rompecielos.
Es hora de comprender la verdadera desesperación.
Y por primera vez en mucho tiempo, la mujer sintió algo desconocido que se arrastraba por los confines de su mente.
Incertidumbre.
Cerró los ojos.
Y esperó.
Y esperó.
Siguió flotando en el Vacío, despojada de sensaciones, voz y forma.
Aquí el tiempo no tenía significado.
Podrían haber transcurrido segundos, o siglos. Ella no lo sabía, ni podía saberlo.
La oscuridad no se movió, no se agitó.
No era sofocante ni ruidoso.
Simplemente fue así.
Al principio, ella esperó.
Ella creía que se trataba de una prueba. Esta escena debía de ser algo que la Muerte Sin Nombre experimentó, lo que le ayudó a entrenar su fuerza de voluntad.
Así que esto terminaría pronto.
Él había dicho que sería peligroso. Pero con el paso del tiempo ella se dio cuenta de algo.
Esto no era peligro, ni una prueba. Esto era… desesperación.
Su desesperación.
Intentó hablar de nuevo. Intentó gritar, aunque solo fuera para oír el eco de su propia voz.
Pero no surgió nada. Sus pensamientos se convirtieron en su prisión, y comenzaron a deshilacharse.
Los recuerdos iban y venían: rostros, nombres, guerras, victorias; pero incluso esos se sentían distantes. Desconectados. Sin sentido.
Y entonces empezó a comprender lo que era la verdadera desesperación.
No fue moldeada por la tragedia ni la pérdida. No nació del dolor ni de los sueños rotos.
Fue darse cuenta de que nada importaba. Que no importaba lo que hiciera, no importaba cuán fuerte se volviera, ese Vacío siempre estaría ahí: silencioso, paciente, esperando.
La verdadera desesperación no gritaba. No necesitaba trucos ni borrado de memoria.
Solo hacía falta silencio.
Y cuando alguien finalmente se encontrara con ese silencio, comprendería que era imposible de vencer.
El horror de la verdadera desesperación quebró a la mujer mientras pasaba la eternidad en el oscuro y Vacío Vacío.

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Estás leyendo el capítulo 564 de La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela), un novela. Un personaje sin nombre que nunca apareció en la novela. Un extra. Neo se convirtió en ese personaje extra.... Transmigrar a la novela y obtener el linaje de Hades, el dios de la muerte, se suponía que era lo mejor que… Este capítulo tiene publicado el 20 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Muerte de Extra: Soy el Hijo de Hades (Novela) tiene 839 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.