Leer La Guía de un Cobarde para Conquistar la Torre (Novela) Capítulo 9 online gratis en español
🏴 Grupo: Inmensurable✍️ Traducción: Inmensurable
Durante dos semanas completas, se limitó exclusivamente a repetir las misiones del piso 15.
Aguardar pacientemente a que expirara el tiempo de recarga de la Invocación Aleatoria, pulir el manejo de la habilidad Paso de Sombras, poner a prueba la eficacia del Escudo de Energía y recolectar piedras mágicas para financiar su equipamiento de combate.
¡Cuatro pájaros de un solo tiro!
¿Podía concebirse una estrategia más redonda y provechosa?
Perfección absoluta.
"Escudo de energía."
¡Bzzzt!
Una barrera translúcida y brillante envolvía su cuerpo por entero.
"Paso de Sombras."
¡Swish! ¡Swaaash!
La silueta de Joo-hyuk se desplazaba en un vertiginoso zigzag, dejando tras de sí un rastro de sombras residuales suspendidas en el aire.
La estampa resultaba verdaderamente imponente:
cualquiera que lo contemplara de lejos habría jurado encontrarse ante un combatiente veterano de nivel avanzado.
El propio Joo-hyuk no pudo evitar maravillarse:
'¿Acaso tendré madera de prodigio?'
Qué tontería, ni en sueños.
Y mientras se entretenía revoloteando por el piso 15...
\[Ha completado con éxito la misión del piso 15.\]
\[Recompensa : 1,5 kg de piedra mágica\]
\[Saliendo de la Torre Negra de la República de Corea.\]
Incursión completada.
El dilema radicaba en que la faena no demandaba ni diez minutos de reloj:
la misión se esfumaba antes de que tuviera tiempo de poner nada en práctica.
El Paso de Sombras podía ensayarse sobre la marcha; pero...
¿qué había del Escudo de Energía?
Necesitaba corroborar su resistencia real a toda costa.
¿Y si le pedía a Cossack que le propinara un leve piquete con su daga?
"¿Cómo dice, jefe?"
"Que me pinche un poquito. Con la punta de su daga."
"...¡Aaaargh!"
Al escuchar semejante disparate, John Cossack se tapó la boca con ambas manos y retrocedió varios pasos con el rostro descompuesto por el pánico:
"¿P-Por qué me hace esto a mí, señor? Si algo de mi comportamiento le desagrada, ¡múelame a golpes hasta la muerte! P-Pero no me pida semejante sacrilegio, ¡le juro por mi honor que no volverá a ocurrir!"
"No sea dramático; solo quiero comprobar si la barrera de energía resiste un impacto real. Un pinchazo superficial y ya."
"¡¡Piedad, se lo suplico!! ¡Yo no he escuchado absolutamente nada! ¡Mis oídos están sellados, no oigo, no oigo...!"
"......"
Pero bueno, ¿a qué venía tanto escándalo teatral?
Vaya exageración.
Tampoco le estaba pidiendo que le rebanara el cuello; solo era una pequeña punzada de prueba.
En fin, no quedaba más remedio: tendría que apañárselas por su propia cuenta.
Los días transcurrían a toda velocidad:
la rutina del piso 15 se repetía sin tregua.
Aunque la distribución geográfica y las pautas de patrullaje variaban ligeramente en cada incursión, al tratarse de simples Goblins Obreros, la dificultad rozaba el cero.
Joo-hyuk aprovechaba para entrenar sus desplazamientos, mientras en un rincón apartado Cossack cercenaba cabezas verdes con pasmosa frialdad.
Había que aprovechar la oportunidad para experimentar.
Y justo cuando Joo-hyuk cavilaba al respecto:
"¿Mmmh?"
Entre la espesura de la maleza divisó a un Goblin Obrero que intentaba huir a gatas, temblando de puro terror.
'...¿Un rezagado solitario?'
Además, llevaba las manos vacías:
aislado, desarmado y perteneciente a la casta más débil.
"Mmmh."
La ocasión perfecta caída del cielo para ensayar la barrera defensiva.
¿Qué debía hacer?
Había que tomar una determinación en el acto; de un momento a otro la misión tocaría a su fin y lo expulsarían al exterior.
'¡Al demonio, que sea lo que Dios quiera!'
¡Swaaash!
Activando Paso de Sombras, Joo-hyuk se plantó de un salto interrumpiendo la trayectoria de escape del engendro.
¡Thump!
La frente del goblin chocó limpiamente contra la espinilla de Joo-hyuk.
Creyendo haberse topado con el tronco de un árbol, la criatura desvió la cabeza para sortear el obstáculo; pero al recibir otro tropiezo con el empeine del muchacho...
Se detuvo en seco.
Solo entonces el goblin alzó con cautela su pequeña cabeza verdosa.
Joo-hyuk mirando hacia abajo; el monstruo contemplándolo desde el suelo.
Sus miradas se cruzaron en un silencio congelado.
¡Y en ese mismísimo instante!
"¡¡Kyaaaark!!"
Abriendo unas mandíbulas plagadas de colmillos amarillentos y afilados, el goblin le clavó una dentellada voraz directo en el tobillo.
¡Crunch!
"¡Argh, la puta madre! ¡¿Pero qué te pasa, bicho de mierda?!"
¿Morderle la pierna a traición?
¡Thwack!
Como si estuviera ejecutando un tiro libre en un partido de fútbol, Joo-hyuk le encajó una patada demoledora en todo el cráneo.
"¡Keeek!"
¡Fwoooosh!
Propulsado por el empeine, el goblin salió despedido por los aires trazando una parábola perfecta en dirección a John Cossack, quien en ese momento danzaba blandiendo sus dagas ensangrentadas.
El asesino, sin pestañear, rebanó en pleno vuelo al proyectil que se le venía encima:
¡Slash!
"¡Qué magnífico pase, señor invocador! Se nota que mi amo tiene dotes de futbolista... ¡¿CÓMO?! ¡¿PERO QUÉ VEN MIS OJOS?!"
Al percatarse súbitamente de lo que acababa de presenciar, a John Cossack se le desencajó el rostro y corrió como un poseso hacia su amo:
"¡¡Señor invocador Bong!!"
Con los brazos extendidos y aspavientos de desesperación absoluta:
"¿A-Acaso peleó cuerpo a cuerpo contra un monstruo? ¿En qué estaba pensando? ¿Se encuentra bien? ¿Sufrió alguna herida?"
"Estoy perfectamente."
Y era la pura verdad.
Ni el propio Joo-hyuk había anticipado poseer semejante potencia física:
por muy endeble que fuera un obrero, hacerlo volar por los aires de una patada limpia superaba cualquier expectativa humana.
Aunque no lo hubiera liquidado en el acto...
'Bueno, al fin y al cabo soy Nivel 16.'
Pero lo verdaderamente prodigioso residía en la eficacia del Escudo de Energía:
a pesar de haber recibido una dentellada voraz en el tobillo, no había experimentado el menor dolor ni la tela del pantalón se había desgarrado;
en el suelo únicamente reposaban los fragmentos partidos de los dientes del goblin, triturados contra la barrera invisible.
"¡¿Acaso no le he rogado una y mil veces que la temeridad es puro veneno, señor invocador?!"
"Era solo un espécimen insignificante."
"¡Un enemigo engendra dos, dos engendran tres y tres engendran cuatro, jefe!"
"Si apenas era un obrero desarmado..."
"¡El obrero engendra al explorador, el explorador al guerrero y el guerrero al chamán!"
"......"
"¡Le suplico por lo más sagrado que preserve la integridad de su sacrosanto cuerpo, mi señor!"
¿De qué alcantarilla había salido este tipo?
Sabía de sobra que su lealtad rozaba el fanatismo, pero su servilismo adulador era sencillamente desquiciante:
si hubiera servido como eunuco en la corte de la Dinastía Joseon, con toda seguridad se habría ganado el favor incondicional del monarca.
"De acuerdo, de acuerdo; tendré más cuidado."
Y así transcurrieron las dos semanas de faena rutinaria:
la maestría de sus habilidades progresó a pasos agigantados y el cargamento de piedras mágicas alcanzó proporciones monumentales:
nada menos que 22,5 kilogramos, tasados en once millones doscientos cincuenta mil wones al precio oficial de mercado.
'Ha llegado la hora de visitar la tienda de la Oficina de Gestión.'
Para ingresar a las instalaciones gubernamentales era preceptivo notificar la visita con antelación:
bien al inspector que supervisó el contrato o al funcionario asignado para la recogida de mineral.
Joo-hyuk solo trataba con dos personas:
el jefe Jeon Gwang-il y la jefa de sección Lee Min-ah.
La elección no admitía dudas: Jeon Gwang-il;
lidiar con hombres resultaba infinitamente más llevadero que afrontar la mirada de una mujer.
Redactó un escueto mensaje manifestando su deseo de acudir a la tienda de equipamiento y lo envió.
Apenas unos segundos después, su teléfono comenzó a repicar:
"¿Diga?"
—¡Jugador Bong! Me informan de que desea hacer uso de la tienda especializada.
"Sí, así es. ¿Sería posible acercarme hoy mismo?"
—Enviaré de inmediato un vehículo oficial con conductor a su domicilio.
"No es necesario tanta molestia; tomaré un taxi."
—¡En lo absoluto! Es una prestación reglamentaria estipulada para todos nuestros contratistas del Equipo General. Además, podrá tramitar la venta de su cargamento de piedras mágicas directamente en el establecimiento.
"Mmmh... De acuerdo, aguardaré aquí."
¿Un vehículo privado con chófer para un simple contratista ordinario?
¿Desde cuándo el Estado era tan espléndido?
Bueno, un trato preferencial de esa categoría se aceptaba con gusto y sin remordimientos.
\* \* \*
El censo de Jugadores en la República de Corea se estimaba en torno a los siete mil individuos;
aunque la cifra real bien podía ser sensiblemente inferior.
La razón por la cual el gobierno era incapaz de brindar una estadística exacta, a pesar de mantener convenios con la inmensa mayoría de ellos, radicaba en la fluctuación constante del padrón:
la existencia de Jugadores no registrados, las bajas por revocación del estatus y los decesos en combate volvían los números impredecibles.
Los no registrados eran invisibles para el sistema;
mientras que la pérdida de estatus se producía de forma automática tras tres meses consecutivos de inactividad, momento en que el sistema de la torre borraba el vínculo.
Las autoridades solían enterarse con meses de retraso:
al comprobar que determinado individuo cesaba por completo su suministro de piedras mágicas, el Estado procedía a liquidar el contrato, cancelar los subsidios y retirarle cualquier salvaguarda jurídica.
Y luego estaban las muertes:
la mayor sangría humana acontecía durante las incursiones en pisos vírgenes e inexplorados;
cuanto más se ascendía hacia la cúspide, más despiadada se tornaba la mortandad.
¿Significaba eso que repetir misiones en pisos ya conquistados estaba exento de peligro?
¡Ni por asomo!
Incluso tratándose del mismo piso, el patrón de combate jamás se repetía de forma idéntica:
la densidad de monstruos y sus puntos de emboscada variaban en cada incursión;
y en las pruebas de obstáculos mecánicos, la ubicación y naturaleza de las trampas cambiaban radicalmente de sitio.
Quien se confía pensando: 'Como ya lo superé una vez, la segunda será pan comido', termina cavando su propia tumba en el acto.
Para colmo, la opción de renunciar a una misión no es inmediata: impone la obligación de correr con vida hasta la zona de seguridad situada junto al portal de entrada para declarar el abandono ante el sistema;
la inmensa mayoría perece masacrada por la espalda en plena huida.
A lo largo de los últimos veinte años, el cómputo de Jugadores fallecidos en suelo surcoreano ascendía a varios miles de víctimas.
¿Y qué sucedía legalmente cuando un Jugador perdía la vida en la torre?
Las autoridades tramitaban el deceso como una 'desaparición involuntaria':
el monumento devoraba los restos mortales, haciendo imposible la recuperación de los cadáveres.
Ante semejante sangría, el Estado desplegaba ingentes esfuerzos por salvaguardar la vida de sus efectivos y estimular la producción ininterrumpida de mineral mágico:
uno de los pilares de esa política era la tienda especializada de Jugadores.
El establecimiento se emplazaba en el subsuelo de la sede de la Oficina de Gestión en Hannam-dong:
allí se comercializaban armas y pertrechos tasados únicamente al costo estricto de las materias primas; no obstante, incluso con ese subsidio, las cifras resultaban prohibitivas.
Tras arribar a la sede a bordo de la berlina oficial escoltado por el chófer gubernamental, Joo-hyuk divisó al jefe Jeon Gwang-il aguardándolo de pie junto al portón principal.
"Sea muy bienvenido, Jugador Bong."
"Lamento profundamente haberle causado tantas molestias."
"Por favor, no diga tonterías. Acompáñeme por aquí."
La tienda de abastecimiento se ubicaba en el nivel subterráneo del complejo;
sin embargo, tampoco se trataba de un recinto al que cualquiera pudiera ingresar a su antojo:
"Primero completaremos el registro de acceso. Para franquear las puertas de la tienda se exige un protocolo biométrico de seguridad."
No entrañaba mayor complicación:
un sistema de identificación por escaneo del entramado vascular de la palma de la mano;
bastó con apoyar la mano sobre un cristal óptico para que el lector emitiera un pitido de confirmación.
¡Bip!
"A partir de este instante, podrá acceder y hacer uso de las instalaciones en cualquier momento, sin necesidad de anunciar su visita previamente."
"Muchas gracias, señor."
"...¿Gusta que le haga de guía por el recinto?"
"No, se lo agradezco. Preferiría echar un vistazo a solas."
"Ja, ja, ja. Por supuesto, como usted prefiera. Si realiza compras voluminosas, disponemos de servicio de mensajería a domicilio; siéntase con plena libertad."
A decir verdad, hacía una eternidad que Joo-hyuk no pisaba un comercio presencial:
las ocasiones podían contarse con los dedos de una mano;
su vida entera se limitaba a las compras por internet.
Tratar cara a cara con dependientes desconocidos siempre le había supuesto un suplicio agotador;
pero ya que había reunido el valor de presentarse hasta allí, no pensaba dar marcha atrás.
Colocó la palma sobre el lector venoso apostado junto a la compuerta de acceso.
¡Clic-clac!
"Ooooh..."
El interior del establecimiento lucía decorado con una sofisticación digna de una galería comercial de lujo:
los empleados aguardaban impecablemente apostados tras sus respectivos mostradores; sin embargo, no se divisaba un solo cliente por ningún rincón.
Por muy reducido que fuera el padrón de Jugadores de la nación...
¿cómo era posible que el salón estuviera desierto de bote en bote?
'Seguro que los precios son tan caros que nadie viene...'
En momentos así, pertenecientes a la élite debían de pasárselo en grande: a ellos el Estado les obsequiaba el armamento sin cobrarles un solo won.
'Primero lo primero: el módulo de venta de minerales.'
Vender el cargamento de piedras mágicas.
Hasta el piso 15 ya había acumulado una respetable cifra de siete millones de wones en su cuenta bancaria;
y a ello se sumaban los 22,5 kilogramos cosechados a lo largo de las dos semanas de misiones repetidas.
"Verificación de pesaje concluida: veintidós kilogramos y medio exactos. Al precio de tasación vigente de mercado, el importe total asciende a once millones doscientos cincuenta mil wones. En cuanto el lote sea asignado a un comprador mediante intermediación oficial, los fondos se acreditarán en su cuenta bancaria en un plazo no superior a tres días hábiles."
"E-Esto... ¿n-no sería posible disponer del saldo en este mismo instante para comprar aquí?"
"Por descontado que sí, señor. Cualquier adquisición que realice se deducirá automáticamente de la liquidación final que le corresponde percibir."
"Entendido, perfecto."
Había llegado el turno de abastecerse;
aunque para su naturaleza introvertida, la experiencia no tenía nada de festiva:
comprar a toda prisa y largarse cuanto antes a la tranquilidad de su hogar; ese era el único plan.
'Las armas...'
Se dirigió al expositor de armamento.
Sables de filo resplandeciente, espadones de dos manos, dagas tácticas, bastones de canalización, lanzas de combate, arcos de precisión e incluso armas de fuego cortas como pistolas.
"¿Buscaba alguna pieza en particular, señor?"
"...A-Ah, no, nada en específico; solo estoy mirando un poco."
"Si le surge cualquier duda, hágamelo saber con total confianza."
Lidiar con desconocidos era un esfuerzo mayúsculo;
al menos consolaba que el dependiente fuera un hombre.
Puesto que tenía interrogantes vitales, valía la pena preguntar:
"¿Todo este catálogo tiene permitido el ingreso a la torre?"
"Siempre que el portador lo lleve adosado al cuerpo, señor. Asimismo, cualquiera de estas piezas puede guardarse sin restricciones en el interior del inventario exclusivo."
El Inventario Exclusivo de la Torre poseía la estricta limitación de admitir únicamente objetos concebidos por la estructura mágica.
¿Por qué razón estas armas tenían permitida la entrada dimensional?
'Están forjadas a base de mineral mágico y metales exclusivos de la torre.'
Los metales producidos por el monumento:
a partir de la franja del piso 30, las recompensas de la torre se volvían infinitamente más generosas;
allí comenzaban a entregarse lingotes de aleaciones que no existían en la tabla periódica del planeta Tierra:
tres kilogramos como cuota estándar, ampliables hasta diez kilogramos si la calificación de asalto era sobresaliente.
Metales legendarios tales como el adamantio, el oricalco o el sektonio:
cuando un artefacto se forjaba combinando dichas aleaciones con piedra mágica, el sistema de la torre lo reconocía como propio y permitía almacenarlo en el inventario.
Por esa misma razón, sus precios de venta eran exorbitantes:
la pieza más modesta del escaparate no bajaba de los veinte millones de wones;
y el resto del catálogo se disparaba hacia las nubes.
Y eso considerando que la Oficina de Gestión solo cobraba el costo estricto de las materias primas;
si un Jugador aportaba sus propios metales, los herreros del Estado le forjaban la pieza de forma completamente gratuita, sin cobrarle un solo céntimo por mano de obra.
"A los Jugadores registrados se les exime del permiso ordinario de tenencia de armas blancas. En cuanto a las armas de fuego, únicamente se conceden bajo régimen de alquiler temporal, y el acceso a la torre con ellas debe realizarse a través de puntos de control debidamente autorizados."
Tenía toda la lógica del mundo:
por muy dotado que fuera un Jugador, el Estado no podía repartir pistolas como si fuesen caramelos.
Sin embargo, las armas de fuego tenían un límite de utilidad sumamente estrecho:
en la franja de los pisos 20 todavía ofrecían cierto rendimiento; pero a partir del piso 30, los proyectiles rebotaban contra la piel acorazada de los monstruos sin causarles un rasguño.
En contraste, armas a distancia como los arcos o las ballestas continuaban siendo letales en pisos avanzados:
la razón estribaba en que existían habilidades de combate que podían imbuir y potenciar las flechas;
mientras que para las armas de fuego no existía destreza mágica alguna que pudiera ser aplicada.
¿Qué arma le convendría escoger?
Necesitaba portar al menos una pieza:
no con la ambición suicida de arrojarse al asalto contra las bestias, sino como un instrumento estricto de defensa personal;
algo que le permitiera reventarle el cráneo a un monstruo si se veía acorralado y ganar unos segundos vitales para poner pies en polvorosa.
'¿Eh?'
Un objeto en particular capturó su atención:
un garrote metálico de tonalidad oscura y remate esférico contundente;
lo que en los manuales de fantasía solían denominar una maza de combate.
'Esa cosa tiene buena pinta.'
Le solicitó al empleado que le permitiera sostenerla: el centro de gravedad descansaba con un equilibrio impecable y no resultaba para nada pesada en la mano.
'Me gusta. Es perfecta.'
A decir verdad, las armas provistas de filo cortante le provocaban un rechazo instintivo:
¿cómo demonios iba a andar rebanando y apuñalando criaturas vivas de cerca?
¡Si ni siquiera era capaz de limpiar un pescado fresco en la cocina de su casa!
Un garrote contundente era infinitamente más práctico:
un golpe certero y a correr.
"Disculpe, ¿qué precio tiene esta pieza?"
"A-Ah... Se trata de una maza forjada en aleación de adamantio puro. El precio de venta es... ejem, dos millones de wones."
"¿Cómo dice?"
¿Dos millones de wones?
¿Había oído bien?
"E-Es que... se trata de una unidad devuelta por cambio de opinión del comprador original..."
"......"
Aquello apestaba a gato encerrado:
el armamento más básico del catálogo partía de una base de veinte millones de wones;
y una pieza forjada en adamantio no podía costar jamás semejante calderilla.
'No me digas que...'
En una fracción de segundo, la imagen del rostro de Jeon Gwang-il cruzó por su cabeza:
desde el insólito despliegue de enviarle un vehículo oficial con chófer a su casa, pasando por el hecho de encontrar la tienda completamente desierta de clientes, hasta toparse con una maza de adamantio rebajada a la ridícula suma de dos millones.
Blanco y en botella: leche.
Si de algo se enorgullecía su personalidad apocada, era de poseer una agudeza psicológica excepcional para captar indirectas y manejos soterrados.
'¿Y ahora qué hago?'
¿Llamar al jefe de equipo para exigirle que le cobraran la tarifa real de mercado?
¿O tal vez...?
'Mejor me hago el tonto y la compro.'
Poner cara de ingenuo como si no se hubiera percatado de nada:
al fin y al cabo, si él no sabía nada del asunto, nadie podría exigirle responsabilidades después.
"¡Cielos, qué ganga tan increíble! Me la quedo. Cóbremela, por favor."
"¿Desea que se la envuelva en un paquete de regalo?"
"No hace falta; la guardaré directamente en mi inventario."
Bien, el arma de autodefensa ya estaba resuelta. ¿Qué más restaba por adquirir?
Aunque pensándolo bien, mirando a su alrededor, tampoco había tantas cosas indispensables que necesitara comprar.
\* \* \*
En su despacho de la sede central, el director Park Kyung-soo interrogaba al jefe Jeon Gwang-il:
"¿Y bien? ¿El Jugador Bong ha iniciado sus compras sin mayores contratiempos?"
"Sí, señor director; se encuentra recorriendo los módulos en este preciso instante."
"¿Te aseguraste de que no hubiera otros usuarios importunándolo?"
"Por supuesto, señor. Distribuimos una circular de emergencia por mensaje de texto a todos los Jugadores del censo notificándoles que la tienda permanecería cerrada hoy por labores de inventario."
El director añadió una última inquietud:
"¿Y qué dispusiste respecto a los importes?"
"Instruí previamente al personal de ventas para que le aplicaran un descuento extraordinario del noventa por ciento en caja. Si se lo entregábamos todo de forma completamente gratuita, de seguro habría desconfiado y se habría negado a aceptar los suministros."
"Brillante decisión, jefe Jeon."
El director sonrió con genuina satisfacción:
rogaba a los cielos que aquel muchacho llenara su maleta con todo el equipamiento que deseara;
solo así se animaría por fin a dar el gran salto y asaltar el temible piso 16.
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• Novela: La Guía de un Cobarde para Conquistar la Torre
• Autor: 꾸찌꾸찌 (Kkujjikkujji)
• Traductor: Inmensurable
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La Guía de un Cobarde para Conquistar la Torre (Novela)
Capítulo 10
La Guía de un Cobarde para Conquistar la Torre (Novela) Capítulo 9
Estás leyendo el capítulo 9 de La Guía de un Cobarde para Conquistar la Torre (Novela), un novela. Hace 20 años, misteriosas y monumentales "Torres Negras" emergieron por todo el planeta, despertando poderes sobrenaturales en una selecta minoría de la humanidad: los "Jugadores". Las torres imponen un ultimátum: cada… Este capítulo tiene publicado el 22 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Inmensurable. La Guía de un Cobarde para Conquistar la Torre (Novela) tiene 10 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.