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Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 9 online gratis en español

Volvió al mismo lugar tres días después. No porque ella lo llevara. Esta vez fue Sevrin quien caminó hacia las piedras apiladas y las cenizas frías, con el bastón ya casi innecesario, la costilla reducida a una molestia que solo aparecía si respiraba muy hondo. Ella lo siguió sin protestar, como la primera vez. Las cenizas seguían ahí, intactas. Nadie había vuelto a encender ese fuego. Pero esta vez, en lugar de detenerse, Sevrin siguió caminando más allá, en la dirección donde ella se había quedado mirando la vez anterior. El terreno empezó a subir. Los árboles cambiaron: troncos más rectos, más altos, con la primera rama a una distancia que ningún humano podría alcanzar de un salto. Entre las copas, muy arriba, Sevrin creyó distinguir algo que no era rama ni nido. Una forma recta. Demasiado recta. Se detuvo, entrecerrando los ojos contra la luz que se filtraba entre las hojas. Una plataforma. Tablas —o algo parecido a tablas— atadas entre dos ramas gruesas, y más allá, otra, conectada a la primera por lo que parecía una cuerda tensada. Un puente, colgado a una altura que le dio vértigo solo de mirar. Aquí viven, pensó. No en el suelo. Arriba. Ella voló un poco más alto, hacia las plataformas, y se detuvo en el aire, quieta, mirando hacia arriba con una atención que Sevrin no le había visto antes. No parecía miedo. Parecía cautela. El sonido llegó antes que la imagen. Un crujido de madera, rítmico, seguido de un golpe seco, como algo aterrizando sobre una superficie firme. Sevrin giró la cabeza hacia el ruido. Y lo vio. De pie sobre una rama gruesa, a unos quince metros de altura, había una figura. Alta, más que Sevrin, pero delgada, con una ligereza en la postura que no encajaba con ningún humano que hubiera visto pelear o caminar. La piel, de un tono marrón rojizo, brillaba apenas con el sudor o con algo que no era sudor. El cabello, oscuro y largo, estaba atado en varias trenzas finas que le colgaban por la espalda. No llevaba armadura. Llevaba una tela ajustada al cuerpo, teñida en tonos verdes y marrones que se mezclaban con la corteza detrás. Y estaba mirándolo a él. Sevrin no se movió. No supo si debía hacerlo. El corazón le latía en la garganta. La mano del bastón se le cerró con más fuerza, sin que él lo decidiera. La figura tampoco se movió, al principio. Sus ojos —grandes, oscuros, con algo ligeramente distinto en la forma que Sevrin no llegó a definir— recorrieron su cuerpo entero: el bastón, la ropa gastada, la postura tensa. Y después miró hacia el hombro de Sevrin. Hacia ella. Algo cambió en su expresión. No exactamente sorpresa. Más parecido a reconocimiento. —Hola —dijo Sevrin, en voz baja, casi sin pensarlo, sabiendo perfectamente que no iba a servir de nada. La figura ladeó la cabeza, el mismo gesto que hacía ella cuando no entendía algo. Por un instante, Sevrin pensó que quizás sí lo había entendido, que tal vez había una reacción, un paso adelante, algo. No lo hubo. La figura dio un paso atrás, sin prisa, sin apartar los ojos de él ni un segundo, y saltó. No hacia el suelo. Hacia la siguiente rama, un salto que ningún cuerpo humano debería poder dar, cubriendo una distancia que a Sevrin le habría costado cruzar corriendo en el suelo, y aterrizó con la misma ligereza con la que se había movido, sin un solo tropiezo. Se giró una última vez. Los miró —a Sevrin, a ella— durante un segundo más. Y desapareció entre las hojas, saltando de rama en rama, el sonido de sus pasos volviéndose cada vez más lejano hasta que el bosque se tragó también eso. Sevrin se quedó mirando el lugar donde había estado. No lo había atacado. No había intentado hablar tampoco. Simplemente lo había mirado, había reconocido algo —a ella, quizás, o a los dos juntos— y se había ido. No corrió como quien escapa de un peligro, pensó. Corrió como quien decide que todavía no es el momento. Ella voló hasta su hombro y se quedó ahí, más callada de lo normal, la mirada todavía fija en las plataformas altas, ahora vacías. —¿Los conoces? —preguntó Sevrin, sin esperar respuesta. Ella no respondió, claro. Pero tampoco apartó la mirada de las copas, y no hizo ningún gesto que Sevrin pudiera interpretar como miedo. Solo atención. Se quedaron un rato más ahí, bajo el puente colgante, sin que nada se moviera arriba. Ningún otro sonido de pasos, ningún otro crujido de madera. Finalmente, Sevrin dio media vuelta. No tenía forma de seguirlo, ni de encontrar más de ellos aunque quisiera. Y algo en la forma en que la figura se había ido —sin urgencia, sin pánico, solo una decisión tomada con calma— le decía que perseguirlo habría sido, como mínimo, una mala idea. Caminó de regreso, el bastón golpeando la tierra, pensando en la ligereza de ese cuerpo saltando entre ramas, en la tela que se confundía con la corteza, en los ojos que habían mirado primero a él y después a ella, como si estuviera resolviendo una ecuación que Sevrin no podía ver. El bosque no está vacío, pensó otra vez, la misma frase de días atrás, ahora con una cara —aunque fuera solo una, aunque fuera solo por un momento— detrás de la idea. Y por primera vez desde que había llegado a ese mundo, no fue solo el miedo o el asombro lo que lo acompañó de vuelta al refugio. Fue una pregunta distinta. ¿Cuántos más hay ahí arriba, viéndome pasar, decidiendo si es el momento?
La Forma de un Monstruo (Novela)

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La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 9

Estás leyendo el capítulo 9 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 19 de septiembre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.