arrow_back

Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 10 online gratis en español

No volvió al día siguiente. Esperó tres, dejando que la costilla terminara de asentarse del todo, dejando también que la idea se asentara: si esa figura había decidido que todavía no era el momento, aparecer de nuevo demasiado pronto podía parecer justo lo contrario de lo que quería mostrar. Cuando por fin volvió, no fue con las manos vacías. Llevaba la cuerda tejida que había encontrado entre las raíces, la que se había guardado en el bolsillo sin saber muy bien por qué. Ahora sí lo sabía. Era de ellos. O de alguien. Y devolverla le parecía más correcto que quedársela. Ella voló a su lado todo el camino, más callada de lo normal, mirando hacia arriba cada tanto, hacia las copas donde las plataformas seguían colgando, inmóviles, sin nadie a la vista. Sevrin se detuvo bajo el mismo árbol de la vez anterior. No gritó. No llamó. Se limitó a dejar la cuerda sobre una piedra plana, a los pies del tronco, doblada con cuidado, y dio unos pasos atrás. —No sé si me entienden —dijo, en voz baja, sin esperar respuesta—. Pero esto es de ustedes. Se lo devuelvo. Se sentó contra un árbol cercano, lo bastante lejos como para no invadir nada, lo bastante cerca como para ver. Y esperó. El sol grande le calentaba la cara. Una brisa suave movía las hojas más altas, y de vez en cuando llegaba el sonido de algo que no era un pájaro, algo más grave, más lejano, que no supo identificar. El suelo estaba húmedo bajo su peso, y el olor a tierra removida y a hojas machacadas se mezclaba con algo más dulce, más tenue, que no había notado las veces anteriores. Se preguntó si la cuerda significaría algo para ellos. Quizás era basura. Quizás la habían tirado sin más. Quizás devolvérsela era una estupidez. Pero ya estaba hecho. Ella se posó en su hombro un rato. Después voló hasta la piedra donde Sevrin había dejado la cuerda, se quedó flotando sobre ella un momento, y tocó la superficie con una mano diminuta, como si comprobara que seguía ahí. Después volvió a su hombro, y luego a su rodilla, y después voló entre las ramas bajas sin alejarse demasiado. En algún momento, subió un poco más alto de lo habitual. Se quedó quieta en el aire, mirando hacia las plataformas, como si esperara ver algo. No vio nada. Volvió a bajar. Sevrin la observó hacerlo sin decir nada. Pasó el tiempo. El sol grande cruzó buena parte del cielo. En algún momento, Sevrin cerró los ojos, no del todo dormido, pero sí lejos de la vigilancia estricta con la que había empezado. Un crujido de madera lo despertó de golpe. Miró hacia arriba. La piedra estaba vacía. La cuerda ya no estaba. Sevrin se puso de pie, el corazón acelerado, revisando el suelo, las ramas bajas, cualquier señal de movimiento. Nada. Ningún sonido de pasos, ningún crujido más. Quien se la hubiera llevado, lo había hecho en silencio absoluto, mientras él tenía los ojos cerrados a unos metros de distancia. Pudo haberme matado si hubiera querido, pensó. No lo hizo. Se acercó a la piedra. Y entonces lo vio. En el mismo lugar donde había dejado la cuerda, había algo distinto. Pequeño. Tallado en una madera oscura, pulida, con una forma que no terminaba de reconocer: algo entre una hoja y una mano abierta, con líneas grabadas que se repetían en un patrón simétrico. Lo levantó con cuidado. Pesaba menos de lo que esperaba. La madera era suave al tacto. No era un arma. No parecía una herramienta tampoco. Podía ser un adorno. Podía ser un mensaje que no sabía leer. Podía no significar nada más que "aquí estuve". Ella voló hasta su mano y se posó sobre el objeto tallado, mirándolo de cerca, tocándolo con sus dedos diminutos. No se apartó. No hizo ningún gesto de alarma. Pero tampoco de reconocimiento. Se quedó ahí un buen rato, como si el objeto le resultara tan desconocido como a él. —¿Sabes qué es esto? —preguntó Sevrin. Ella no respondió, claro. Sevrin se guardó la talla en el mismo bolsillo donde había llevado la cuerda. Miró hacia las plataformas una última vez. Seguían vacías. Seguían ahí, colgando entre las copas, a una altura que no podía alcanzar. Un intercambio. Sin palabras, sin encuentro, sin ninguna garantía de que significara lo que él quería que significara. Pero un intercambio, al fin y al cabo. No sabía si volvería a verlos. No sabía si la talla significaba algo. Pero, por primera vez desde que había llegado a ese mundo, sintió que alguien le había respondido.
La Forma de un Monstruo (Novela)

Continúa leyendo

La Forma de un Monstruo (Novela)

Capítulo 11

Siguiente Capítulo ›

La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 10

Estás leyendo el capítulo 10 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 19 de septiembre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.