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Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 52 online gratis en español

El sonido llegó tarde. Sevrin salió del pozo esperando escuchar algo —gritos, golpes, cualquier cosa que confirmara que estaban cerca de la pelea que Voren había descrito—, pero durante los primeros segundos después de tocar el suelo de cuarzo, todo fue silencio. Un silencio tan completo que por un instante pensó que habían llegado demasiado tarde, que ya no quedaba nada que rescatar. Y entonces, de golpe, como si algo se hubiera abierto en el aire mismo, el ruido lo golpeó de lleno: gritos, el chocar de metal contra algo que no sonaba a piedra ni a carne, un rugido tan grave que Sevrin lo sintió en el pecho antes de escucharlo con los oídos. «El pozo», pensó, la comprensión llegándole en medio del caos. «El sonido no cruza entre niveles. Hasta que uno no termina de bajar del todo, no se escucha nada de lo que pasa abajo.» No tuvo tiempo de pensarlo más. El nivel de cuarzo estaba destrozado. Formaciones enteras habían sido reducidas a escombros, fragmentos brillantes esparcidos en un radio que se extendía más allá de donde la vista alcanzaba a distinguir con claridad. Cuerpos de las criaturas pequeñas y robustas yacían por todas partes, algunas partidas al medio, otras simplemente inmóviles, y entre los restos, tirada contra una de las pocas formaciones que seguían en pie, estaba ella. La instructora. Sevrin no la reconoció al principio —el cuerpo destrozado, un brazo doblado en un ángulo que no debería existir, la ropa oscurecida de sangre seca y fresca a la vez—, pero cuando ella levantó la cabeza, apenas, los ojos encontrando los suyos por una fracción de segundo, algo en esa mirada confirmó que seguía viva. Apenas. No hubo tiempo para más. Rehk ya se había lanzado hacia el centro del nivel, hacia la fuente del rugido, la espada enorme chocando contra algo que Sevrin todavía no lograba ver del todo entre el polvo de cuarzo levantado por la pelea. —¡Ayuden a los heridos! —gritó Voren, ya corriendo hacia un costado, hacia donde Sevrin podía distinguir, entre dos pilares caídos, más figuras pequeñas agazapadas—. ¡Los demás están ahí, cubiertos por los pilares! ¡Vamos! Se llevó a dos de los guardias con él, desapareciendo entre el humo de cuarzo, mientras el resto del grupo se lanzaba hacia el corazón de la pelea. Sevrin vio a la criatura por primera vez de cerca. No era distinta a como Fenrik la había descrito, semanas de nervios acumulados no habían preparado a Sevrin para verla de verdad: el cuerpo sin cara, los cuatro brazos moviéndose en direcciones que no seguían ninguna lógica anatómica, la boca del vientre abriéndose y cerrándose con ese sonido húmedo, constante, como una respiración que nunca terminaba. Celine ya se movía a su alrededor, tan rápido que Sevrin apenas lograba seguirla con la vista, las dos hojas curvas abriendo cortes uno tras otro en la piel gris agrietada, un torbellino de acero que la criatura no lograba anticipar del todo. —¡Viento de Acero! —gritó, aunque el nombre de la técnica se perdió casi por completo entre el ruido de la pelea. Doreth atacó desde el otro lado, sujetando uno de los brazos de la criatura con las dos manos, y con un rugido propio, tiró con toda su fuerza, desequilibrando al monstruo entero, mandándolo a tropezar hacia un costado. Vrass, más atrás, disparaba flecha tras flecha, cada una encontrando un punto exacto —el vientre, donde la boca se abría; la base del cuello inexistente— con una precisión que no dejaba lugar a la casualidad. Rehk se lanzó de nuevo, el choque de su espada contra uno de los brazos de la criatura generando una onda de sonido que Sevrin sintió vibrar en los dientes. Esta vez, el impacto movió a la criatura. No mucho. Pero lo suficiente para que Sevrin entendiera que Rehk estaba peleando con algo más que fuerza física: los músculos de sus brazos se ensanchaban visiblemente con cada golpe, el Éter denso saliéndole de la piel como vapor sobre agua hirviendo, y cuando volvió a atacar, la criatura retrocedió un paso completo. —¡Ustedes no son como sus compañeros que ya enfrentaron esto! —gritó Rehk, sin dejar de atacar, la voz cargada de una furia que Sevrin no le había escuchado nunca—. ¡Nosotros sí sabemos lo que estamos peleando! Sevrin se quedó parado un segundo, viendo la coordinación del grupo, el ritmo brutal pero controlado de cada ataque, y sintió algo parecido al alivio. «Está controlado», pensó. «Van a ganar esto.» No llegó a terminar de pensarlo. Algo pequeño se movió a su izquierda —una de las criaturas de cuarzo, herida, arrastrándose, que se lanzó hacia él con lo poco de fuerza que le quedaba—, y Sevrin apenas alcanzó a esquivarla, el cuerpo girando por puro instinto. Contraatacó sin pensarlo, un golpe reflejo que conectó con el costado de la criatura, y sintió el dolor agudo en los nudillos al mismo tiempo que la criatura se recomponía para atacar de nuevo. «Bien», pensó, apretando los dientes, sintiendo el Éter responder, más rápido de lo que hubiera esperado después de tantos días de práctica. «Vamos.» Esquivó el siguiente ataque. Después otro. El cuerpo respondiendo con una fuerza que no era del todo suya, prestada del Éter que llevaba días aprendiendo a sentir, y cuando la criatura se abrió lo suficiente, lanzó una combinación de golpes que terminó con ella inmóvil sobre el cuarzo. Se quedó de pie, respirando agitado, las manos sangrando por los cortes del cuarzo roto, pero vivo. Ganando. Sonrió, apenas, el primer destello de orgullo genuino que sentía desde que había bajado. Entonces el estruendo llegó, y con él, la sonrisa se le borró de la cara. Uno de los brazos de la criatura conectó de lleno contra Doreth, mandándolo por el aire varios metros, el cuerpo golpeando una formación de cuarzo con un ruido que hizo que a Sevrin se le helara la sangre. Celine, tratando de compensar el hueco, recibió un golpe de refilón que la lanzó también, rodando por el suelo. La pelea, que un segundo antes parecía controlada, se deshizo en algo mucho más caótico, más desesperado. «Estaba equivocado», pensó Sevrin, el estómago cayéndosele. «No está controlado. Nunca lo estuvo.» Rehk, Celine y Vrass se reagruparon, atacando otra vez, coordinados a pesar del caos, cada uno cubriendo los ángulos que los demás dejaban abiertos, pero la criatura ya no retrocedía como antes. Empezó a gritar. No fue el chillido agudo de antes. Fue algo más profundo, más largo, un sonido que pareció sacudir el aire entero del nivel, y mientras gritaba, su cuerpo empezó a crecer, los músculos hinchándose todavía más, algo rojo y denso empezando a supurar de las grietas de su piel, cayendo al suelo como sangre demasiado espesa para ser sangre. Cuando terminó de gritar, se movía más rápido. Mucho más rápido. —¡Cuidado! —gritó Vrass, apenas a tiempo, esquivando un golpe que hubiera podido partirlo en dos. La pelea se volvió algo que Sevrin ya no podía seguir del todo, los cuerpos moviéndose demasiado rápido, los golpes cayendo con una fuerza que astillaba el cuarzo entero a su alrededor, y en medio de todo eso, Sevrin sintió, con una claridad helada, que las cosas estaban a punto de salir muy mal. Rehk retrocedió un paso, la respiración pesada, la mirada fija en la criatura con una intensidad que Sevrin nunca le había visto. —Sevrin —dijo, sin girarse a mirarlo, la voz cortante—. Llévate a los que puedas. Ayuden a los demás a salir de aquí. —¿Y tú? —Voy a entrar en estado salvaje —dijo Rehk, simplemente, como si estuviera anunciando algo tan mundano como el clima—. Es la única forma de tener una oportunidad real contra esto. Y no sé si voy a poder controlarlo del todo cuando termine. —No —dijo Celine, poniéndose de pie a pesar del golpe recibido, la voz firme—. Vinimos juntos. —Y nos quedamos juntos —añadió Doreth, arrastrándose también hacia arriba, un brazo colgando en un ángulo raro pero la determinación intacta en la cara. —Si tenemos que morir aquí, contigo, así será —dijo Vrass, recargando otra flecha—. Somos compañeros desde niños, Rehk. Eso no cambia porque las cosas se pongan difíciles. Rehk no discutió. No había tiempo, y algo en su cara dejaba ver que tampoco hubiera servido de nada intentarlo. Sevrin se quedó ahí, parado, el pilar de cuarzo más cercano vibrando cuando la criatura golpeó el suelo con tanta fuerza que una grieta corrió varios metros, levantando esquirlas como si fueran lanzas. La vio arrancar un fragmento entero de una formación —del tamaño de un tronco, quizás más— y lanzarlo contra el grupo como si no pesara nada. Nadie tuvo tiempo de esquivarlo del todo. Sevrin sintió que el cuerpo se le paralizaba, el corazón golpeándole tan fuerte que le dolía, y en medio de todo ese caos, un pensamiento se abrió paso por encima de todos los demás, frío, innegable, imposible de callar. «Vamos a morir aquí.» «Y yo no quiero morir.»
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La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 52

Estás leyendo el capítulo 52 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.