Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 53 online gratis en español
Corrió.
No lo decidió, no exactamente. Un segundo estaba de pie, viendo cómo un fragmento de cuarzo del tamaño de un tronco volaba hacia el grupo, y al siguiente ya estaba corriendo hacia el pozo, las piernas moviéndose por su cuenta, más rápido de lo que el resto de su cuerpo parecía haber decidido.
«Quiero vivir», pensó, y el pensamiento le dio asco apenas terminó de formarse. «Dios, quiero vivir.»
Se odió por eso. Se odió con una intensidad que no había sentido nunca, ni siquiera en los peores momentos de su vida anterior, ni siquiera peleando contra Kaelan en aquel callejón que ahora le parecía sacado de la vida de otra persona.
Y siguió corriendo de todas formas.
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Llegó al pozo, agarró la cuerda, y empezó a subir, cada tramo un puñado más de distancia entre él y la pelea que dejaba atrás, cada metro un peso nuevo sobre algo en su pecho que ya no sabía cómo nombrar.
«Le di mi palabra a Ashan», pensó, subiendo, las manos raspándose contra la cuerda. «Le dije que la traería a casa. Como sea que tenga que hacerlo, le dije.»
«Y ahora estoy huyendo.»
El sonido de la pelea se apagó de golpe cuando cruzó el punto exacto entre un nivel y otro, el silencio del pozo tragándose todo lo que dejaba atrás, y ese silencio, en cierto modo, fue peor que el ruido.
«Nunca debí venir», pensó, la idea repitiéndose con cada tramo de cuerda. «Nunca debí hacerme el valiente. No tenía ningún derecho a prometer que la traería. No soy nadie especial. No soy nada.»
«Zecoy. Perdóname.»
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Salió del pozo hacia el nivel de cuarzo destrozado por la primera pelea, tambaleándose, sin aire, la culpa pesándole más que el cansancio, y entonces vio algo moverse hacia él, rápido, entre los restos de las formaciones.
Se detuvo en seco, el corazón dándole un vuelco, listo para lo peor.
Era Tii.
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—¿Qué—? —Sevrin se quedó sin palabras, viéndola volar directo hacia él, las alas batiendo con una urgencia que no le había visto desde la noche en que él la había dejado con Ashan—. ¿Qué haces aquí? ¿Cómo—?
No terminó de preguntarlo.
Ella lo golpeó al llegar, no con fuerza, sino con la velocidad de quien lleva mucho tiempo queriendo llegar a algún lado, y se aferró a su cuello, todo su cuerpo diminuto temblando contra su piel.
Sevrin sintió algo apretarle la garganta, algo que no tenía ningún derecho a sentir en ese momento, no mientras huía, no mientras dejaba morir a gente que había confiado en él.
Siguió caminando.
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La ignoró. Se odió por eso también, pero siguió caminando de todas formas, hacia donde fuera que llevara la salida, sin mirarla, sin permitirse mirarla.
Ella se apartó de su cuello y voló frente a su cara.
Sevrin desvió la mirada.
Ella se puso delante de él otra vez, esta vez bloqueándole el paso directamente, obligándolo a detenerse.
—¿Qué te pasa? —dijo Sevrin, la voz saliéndole más dura de lo que pretendía, la culpa convirtiéndose, sin que lo decidiera, en algo parecido a la rabia—. ¿Por qué me miras así? Tú no sabes nada de lo que estoy sintiendo.
Ella no se movió.
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Voló hacia adelante, despacio, y le tocó la cara con una mano diminuta, el mismo gesto de siempre, el que Sevrin ya conocía de memoria de tantas noches en el bosque, de tantas veces que ella había sabido, sin palabras, exactamente lo que él necesitaba escuchar aunque no pudiera decírselo.
Y Sevrin entendió, con una claridad que le dolió más que cualquier otra cosa esa noche, que ella sí sabía. Que lo entendía completamente, que no lo estaba juzgando, que simplemente estaba ahí, como siempre había estado ahí, sin condiciones.
«Va a venir conmigo», pensó, algo parecido al alivio mezclándose con la vergüenza. «Vamos a salir juntos de aquí.»
Dio un paso hacia adelante.
Ella volvió a interponerse.
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—¿Qué haces? —preguntó Sevrin, confundido de verdad esta vez.
Ella no respondió, claro. Pero giró la cabeza, mirando detrás de él, hacia el pozo, hacia la dirección exacta de donde él acababa de venir.
—No hay nada que yo pueda hacer allá abajo —dijo Sevrin, la voz quebrándose un poco—. ¿No lo entiendes? Van a morir. Todos. Y yo no puedo... no puedo hacer nada.
Bajó la vista al suelo, sin poder sostenerle la mirada.
Ella voló hasta su cara otra vez, y le tocó la mejilla, una vez más.
Y por un instante, Sevrin la vio.
Triste.
No por él, no exactamente. Triste por lo que estaba viendo: no a Sevrin huyendo por miedo, sino a Sevrin rindiéndose. Y esas dos cosas, entendió de golpe, no eran lo mismo.
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Algo se rompió dentro de él, entonces, de una forma completamente distinta a como se había roto minutos antes.
«¿Qué estoy haciendo?»
La pregunta le llegó con una fuerza que lo dejó sin aire. Mientras él estaba aquí, decidiendo si merecía la pena vivir con la vergüenza o no, ellos seguían allá abajo, peleando por sus vidas, por las vidas de gente a la que ni siquiera conocían del todo, gente que se había conocido de niños y que había decidido morir juntos antes que abandonarse.
«Qué clase de mierda de persona sería», pensó, «si dejo que todos los que confiaron en mí mueran así, mientras yo me escondo aquí arriba, llorando por mi propia cobardía.»
Apenas los conocía. Unos días. Eso era todo lo que tenía con Rehk, con Celine, con Doreth, con Vrass. Con Zecoy.
No importaba.
Decidió, en ese momento exacto, que no iba a dejar que nadie más muriera ni saliera lastimado mientras él pudiera hacer algo, lo que fuera, para evitarlo.
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Levantó la vista, y miró a Tii fijamente.
—Mi deseo es salvarlos —dijo, la voz todavía temblando, pero ya no de miedo—. Voy a ayudarlos. Aunque me cueste la vida.
Sonrió, apenas, un gesto amargo pero real.
—Mi nombre es Sevrin —dijo—. Un chico que no tiene nada de especial. Egoísta. Hipócrita. —Se rió, un sonido roto—. Tii. Ayúdame a salvarlos a todos.
Ella lo miró.
Y sonrió.
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—Zecoy —dijo Sevrin, en voz alta, aunque ella no pudiera escucharlo desde donde estuviera—. Te voy a salvar. Y te voy a ayudar a encontrar a tu hermana. Te lo prometo. Esta vez de verdad.
Se giró hacia un árbol cercano, uno de los pocos que crecían entre las formaciones de ese nivel superior, y arrancó una rama gruesa, sopesándola en la mano, sin ninguna ilusión de que fuera a servir de mucho contra algo del tamaño del Sinrostro, pero necesitando algo, lo que fuera, para sostener en las manos.
Tii se acomodó en su hombro, y por primera vez desde que había llegado, Sevrin sintió que ella también estaba lista.
Bajó al pozo, y empezó a descender, la cuerda quemándole las palmas, el corazón latiéndole tan fuerte que le dolía, pero cada tramo, en vez de alejarlo de algo, lo acercaba ahora a lo único que realmente importaba.

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La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 53
Estás leyendo el capítulo 53 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.