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Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 51 online gratis en español

El grito de Ilan cortó todo lo demás. Zecoy giró la cabeza justo a tiempo para verlo: rodeado, tres de las criaturas de cuarzo encima de él a la vez, y de las manos de las que se habían quedado más atrás, algo salió disparado —fragmentos afilados, arrancados de sus propios cuerpos, lanzados con una fuerza brutal— clavándose en el pecho, en el hombro, en el costado, uno tras otro, hasta que Ilan quedó suspendido un segundo entero por la cantidad de cristal que lo atravesaba antes de caer. No se levantó. \--- Algo se rompió dentro de Zecoy en ese momento. Bal. Ahora Ilan. Dos de las personas con las que había crecido, con las que había trepado los mismos árboles, compartido las mismas bromas, dormido la misma noche fría en el nivel anterior, tendidos sobre el cuarzo sin que nadie pudiera hacer nada por ellos. Algo en su pecho se encendió, caliente, furioso, y el Éter respondió a eso de una forma que Zecoy nunca había sentido antes: no fuerza, no resistencia, sino velocidad, una ligereza repentina en todo el cuerpo que la hizo sentir, por un instante, como si el aire mismo dejara de tener peso a su alrededor. Se lanzó. \--- Cruzó la distancia hasta la criatura más cercana antes de que su propia mente terminara de procesar que se había movido, las dos hojas curvas cortando en una secuencia tan rápida que ni ella misma podía seguir del todo el ritmo de sus propios brazos. Una criatura cayó. Después otra. Se deslizaba entre las formaciones de cuarzo roto como si conociera cada superficie de memoria, apareciendo y desapareciendo de la vista un segundo antes de que cualquier golpe pudiera alcanzarla. —¡Zecoy, cuidado! —gritó Kessa, desde algún punto que Zecoy ya no lograba ubicar con precisión. No hizo falta la advertencia. Para cuando el brazo de una criatura llegó al punto donde Zecoy había estado, ella ya no estaba ahí. \--- Kessa peleaba distinto. Su Éter no le daba velocidad. Le daba algo más parecido a una certeza física, una tensión que le recorría los brazos y el torso justo antes de cada golpe que recibía, endureciendo el punto exacto de contacto una fracción de segundo antes del impacto, de la misma forma en que el cuerpo de Sevrin había aprendido, sin que él lo supiera todavía, a reforzarse después de una mordida. Cada golpe que debería haberla derribado, la sacudía, pero no la tiraba. —¡Aquí! —gritó, plantándose entre dos criaturas y Tarek, que se tambaleaba, sangrando de un corte en el brazo—. ¡A mi lado! Tarek no tenía la velocidad de Zecoy ni la resistencia de Kessa. Su Éter se concentraba en los golpes mismos: cada impacto de su hacha llegaba con una fuerza que su propio cuerpo, sin ayuda, jamás hubiera podido generar, partiendo el cuarzo de las criaturas con un solo golpe bien puesto, aunque el esfuerzo lo dejara jadeando después de cada uno. Los tres, y el resto del grupo alrededor, peleaban con lo que fuera que cada uno llevara adentro, sin tiempo para pensar en nada más que el siguiente segundo. \--- Más arriba, cerca del pozo por donde habían bajado, Fenrik y Yara seguían enfrentando al monstruo grande, y cada tanto, entre golpe y golpe, alguno de los dos lograba lanzar una mirada hacia el grupo, evaluando, calculando, sin poder hacer mucho más que eso. —¡Están aguantando! —gritó Yara, esquivando un manotazo que hubiera podido partirla en dos. —¡Por ahora! —respondió Fenrik, sin ninguna certeza real detrás de la palabra. El monstruo, herido pero lejos de estar vencido, giró hacia Yara con una velocidad que desmentía su tamaño, y el golpe que le siguió la agarró de lleno, lanzándola por el aire como si no pesara nada. Su cuerpo chocó contra una de las formaciones de cuarzo más grandes con un sonido que Fenrik sintió en el propio pecho. \--- —¡YARA! Quiso correr hacia ella. No pudo. El monstruo se interpuso, los cuatro brazos moviéndose en un arco amplio que Fenrik apenas logró esquivar, retrocediendo, cada segundo que pasaba alejándolo más de donde Yara había caído, inmóvil entre los restos de cuarzo. Fenrik sintió, por primera vez desde que había aceptado esta misión, algo parecido al pánico real. «Vamos a morir aquí», pensó, la idea llegándole con una claridad fría que no dejaba espacio para el autoengaño. «Todos. Si esto sigue así, no va a quedar nadie para contarlo.» \--- —¡ESCAPEN! —gritó, con toda la fuerza que le quedaba en los pulmones, girándose hacia donde el grupo seguía peleando contra el enjambre de criaturas menores—. ¡BUSQUEN AYUDA, AHORA! Uno de los jóvenes —Zecoy no llegó a ver quién, todo era demasiado rápido, demasiado ruido— intentó hacerle caso, girándose hacia el pozo. No llegó lejos. Tres criaturas se interpusieron de inmediato, cortándole el paso, y otras más seguían saliendo de las grietas del suelo, cada vez más, un número que ya no dejaba ningún camino despejado hacia la salida. El pozo estaba demasiado lejos. Los instructores estaban demasiado lejos. Y entre unos y otros, solo más criaturas, más cristal, más sangre. Zecoy, en medio de su propia pelea, escuchó el grito de Fenrik y quiso ir hacia él. No pudo. Cada vez que daba un paso en esa dirección, algo la obligaba a girar, a cortar, a esquivar, el enjambre entero empujándola de vuelta hacia donde estaba, sin dejarle ni un segundo de espacio para acercarse a los instructores que la habían visto crecer. \--- Fenrik logró llegar hasta Yara, finalmente, esquivando el peor de los golpes del monstruo por apenas un margen que le pareció obsceno de estrecho. Se agachó junto a ella. Todavía respiraba, aunque con dificultad, un hilo de sangre oscura saliéndole de la boca. —Vete —dijo Yara, la voz apenas audible, aunque la mirada, sorprendentemente, todavía firme—. Alguien tiene que salir de esto. Alguien tiene que contarlo. —No te voy a dejar aquí. —No estoy pidiéndote permiso. Yara se puso de pie, tambaleándose, la sangre corriéndole por el costado, y se giró hacia el monstruo con una determinación que no dejaba lugar a ninguna discusión más. —Yo lo distraigo —dijo—. Tú sal de aquí. Y encuentra a alguien que pueda con esto, porque nosotros no podemos. \--- Fenrik no llegó a responder. Un dolor agudo, imposible de ignorar, le atravesó la pierna izquierda justo cuando se distrajo mirando a Yara, y cuando bajó la vista, vio el corte —profundo, limpio, hecho por algo que ni siquiera había visto acercarse— y sintió el impacto que le siguió, un golpe lateral que lo mandó volando varios metros, el mundo dando vueltas antes de estrellarse contra el suelo de cuarzo. Se quedó ahí, medio consciente, el dolor de la pierna subiendo en oleadas, viendo, borroso, cómo el monstruo se giraba de nuevo, cómo Yara se interponía entre él y su cuerpo caído, cómo empezaba a atacar con todo lo que le quedaba, sin ninguna intención de retroceder. «Levántate», pensó Fenrik, la mente todavía nublada. «Levántate.» Se levantó. Le costó cada gramo de fuerza que le quedaba, la pierna herida negándose a sostener su propio peso, pero se levantó, mirando hacia Yara una última vez. Ella lo miró también, un segundo, dos, y en esa mirada no hubo ni súplica ni despedida. Solo la misma orden de antes, repetida sin palabras. \*Vete.\* \--- Fenrik se giró hacia el pozo, cojeando, cada paso un esfuerzo que le arrancaba algo por dentro, no queriendo irse, sabiendo que tenía que hacerlo, que quedarse a morir junto a ella no iba a salvar a nadie más. No miró atrás. No podía permitirse mirar atrás. Llegó al pozo tambaleándose, la pierna dejando un rastro oscuro sobre el cuarzo blanco, y empezó a subir, cada tramo de cuerda un infierno distinto, los brazos temblando, la sangre haciéndole perder el agarre más de una vez. En el nivel anterior, algo lo esperaba entre las formaciones de roca desnuda: una de las criaturas pequeñas y robustas, quizás rezagada, quizás atraída por el olor de la sangre. No tuvo fuerzas para una pelea limpia. Peleó de todas formas, sucio, desesperado, un brazo cediendo bajo el peso de un golpe que no logró esquivar del todo, el dolor tan grande que por un momento perdió la noción de dónde estaba. Pero siguió subiendo. Nivel tras nivel, herida tras herida, cada uno cobrándole algo que no iba a poder recuperar, hasta que finalmente, mucho después, con el cuerpo hecho pedazos y la determinación siendo lo único que todavía funcionaba en él, salió a la superficie, hacia un bosque oscuro que ya no reconocía del todo, tambaleándose en dirección a la única cosa que le quedaba por hacer. Encontrar ayuda. Antes de que fuera demasiado tarde para todos los que había dejado atrás.
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Estás leyendo el capítulo 51 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 15 de octubre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.