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Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 49 online gratis en español

El cuarto pozo los dejó en un lugar distinto a todos los anteriores. Las paredes ya no eran del cristal azulado y liso de los niveles previos, sino de un cuarzo áspero, tallado en facetas irregulares que multiplicaban la luz en mil direcciones a la vez, proyectando destellos blancos y violáceos sobre cada superficie. El suelo crujía bajo las botas, cubierto de fragmentos diminutos del mismo material, como si algo hubiera estado rompiendo las paredes desde siempre y nadie se hubiera molestado en barrer los restos. —Bonito, al menos —dijo Tarek, aunque la voz le salió más tensa que la broma pretendía. Nadie tuvo tiempo de responder. \--- Salieron de entre las formaciones de cuarzo sin ningún aviso: cuerpos robustos, no más altos que la cintura de un Leonin adulto, pero anchos, macizos, la piel gris y agrietada como la propia roca que los rodeaba. No tenían ojos. No tenían boca, ni nariz, ni ninguna de las marcas que Zecoy hubiera esperado en una cara. Solo una superficie lisa, ligeramente cóncava, donde debería haber estado un rostro. Y aun así, sabían exactamente hacia dónde atacar. —¡Formación! —gritó Fenrik, y los doce se agruparon por instinto, la espalda de unos contra el costado de otros, sin dejar ningún ángulo completamente abierto. \--- La pelea fue distinta a las anteriores. Estas criaturas no caían con un solo corte. Su piel absorbía los golpes con una densidad que hacía doler los brazos con cada impacto, y avanzaban sin miedo, sin dudar, empujando con una fuerza bruta que mandó a más de uno al suelo. Zecoy sintió el Éter tirándole de los brazos antes de decidirlo conscientemente, la fuerza extra permitiéndole hundir la hoja un poco más hondo de lo que su brazo solo hubiera logrado, y la criatura frente a ella finalmente se desplomó, agrietándose por la mitad como una piedra golpeada demasiadas veces. —¡Sigan así! —gritó Kessa, esquivando un golpe que le hubiera roto el brazo, contraatacando con un corte limpio al costado. Minutos después, los cuerpos de las criaturas caídas se apilaban entre el cuarzo esparcido, y las pocas que quedaban en pie retrocedieron, sin ningún sonido, perdiéndose entre las formaciones de roca de donde habían salido. Los doce quedaron de pie, jadeando, algunos con cortes que ya empezaban a sangrar, pero todos en pie. —Bien hecho —dijo Yara, revisando rápidamente al grupo, evaluando heridas—. Descansen un momento. Después tenemos que hablar de lo que sigue. \--- Se sentaron entre los fragmentos de cuarzo, curando lo que podían curar con lo poco que llevaban, mientras Fenrik se paraba frente a todos con una seriedad que no había mostrado en ningún nivel anterior. —El siguiente nivel no es como los demás —dijo—. Es mar. Agua, hasta donde alcanza la vista. No van a caminar sobre tierra firme. Van a estar de pie sobre pilares, columnas de piedra que sobresalen del agua, separados entre sí, y van a tener que moverse entre ellos sin caer. —¿Y si caemos? —preguntó Tarek. —No caigan —dijo Yara, sin ninguna suavidad—. Porque ahí abajo están las Nagas. Nadie preguntó qué eran. Algo en el tono de Yara ya lo dejaba claro: no era algo que quisieran encontrarse. —Humanoides —siguió Fenrik, de todas formas—. Del tamaño de cualquiera de ustedes, pero con la piel viscosa, cubierta de manchas oscuras, y una cara que no debería pertenecer a nada con forma de persona: la boca demasiado ancha, los ojos saltones, hundidos a los costados como los de un sapo, la piel de la garganta hinchándose y desinflándose todo el tiempo, incluso cuando no hablan. Porque hablan. O hacen un sonido que se le parece. Zecoy sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío de los niveles anteriores. —Si uno los agarra en el agua, no van a poder usar la mitad de su fuerza —terminó Fenrik—. Por eso los pilares. Por eso no caigan. \--- —Instructor —dijo Bal, levantando una mano, la voz un poco tensa—. ¿Puedo... antes de bajar? Fenrik entendió de inmediato, y señaló con la cabeza hacia un grupo de formaciones de cuarzo más altas, a unos metros del resto. —Rápido. Bal asintió, y se alejó del grupo, rodeando las formaciones hasta perderse de vista detrás de ellas, buscando algo de privacidad que el nivel, por lo demás, no ofrecía mucho. El resto del grupo siguió revisando armas, bebiendo lo poco que quedaba de agua en los odres, sin prestarle mucha atención a los segundos que pasaban. \--- El grito llegó sin ningún aviso. No fue un grito de sorpresa. Fue otra cosa, algo crudo, desgarrado, el tipo de sonido que un cuerpo hace cuando el terror le gana a cualquier otra cosa que pudiera estar pensando. Todos se pusieron de pie a la vez, armas en mano, corriendo hacia las formaciones donde Bal había desaparecido. Zecoy llegó entre los primeros. Y se quedó paralizada. \--- Detrás de las rocas de cuarzo, algo se había alzado en la oscuridad más profunda del nivel, algo que ninguna antorcha alcanzaba a iluminar del todo, y que aun así se distinguía con una claridad espantosa: más de cinco metros de altura, el cuerpo cubierto de músculos tensos bajo una piel gris agrietada, cuatro brazos —o más, Zecoy no llegó a contarlos, no quería contarlos— terminando en manos demasiado grandes, con dedos que se doblaban en ángulos que no deberían existir. No tenía cara. Donde debería haber estado una cabeza, solo había una continuación lisa del cuello, sin ojos, sin boca. La boca estaba en otro lado. En el centro del vientre, una abertura enorme se abría y cerraba, bordeada de algo que parecía dientes irregulares, oscuros, y de ella salía un sonido húmedo, constante, como una respiración que nunca terminaba de completarse. Bal ya estaba atrapado en una de esas manos. \--- Gritó otra vez, un sonido que se cortó a la mitad cuando otra de las manos lo sujetó por la pierna, tirando en dirección contraria, y Zecoy vio, sin poder apartar la mirada, sin poder moverse, cómo el cuerpo de Bal era llevado hacia esa boca imposible en el vientre de la criatura. —¡BAL! Alguien —Tarek, quizás, la voz irreconocible de puro horror— gritó su nombre, y el grupo entero se lanzó hacia adelante, armas en alto, aunque ninguno de ellos tuviera todavía un plan real de qué hacer contra algo tan grande. No llegaron a tiempo. La boca se cerró alrededor de uno de sus brazos, y el sonido que hizo Bal entonces no fue un grito. Fue algo peor. Algo que pedía ayuda, todavía consciente, todavía sintiendo, mientras la criatura seguía sosteniéndolo en el aire, el resto de su cuerpo todavía intacto, todavía vivo, los ojos abiertos y fijos en sus compañeros que corrían hacia él sin poder llegar lo bastante rápido. —¡Aguanta! —gritó Kessa, las lágrimas ya corriéndole por la cara sin que se diera cuenta—. ¡Aguanta, ya vamos! Bal no pudo responder. La criatura giró la cabeza inexistente hacia el sonido de sus voces, y Zecoy comprendió, con una claridad helada que le paralizó las piernas por completo, que la pelea que estaba a punto de empezar no se iba a parecer en nada a ninguna de las que habían tenido hasta ahora.
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La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 49

Estás leyendo el capítulo 49 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.