Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 46 online gratis en español
Descansaron un par de horas en el nivel cristalino, tal como Fenrik había prometido, sin que ningún gusano ni ninguna otra cosa se molestara en interrumpirlos. El lugar seguía tan vacío como cuando habían llegado, la luz azulada de las paredes constante, casi aburrida en su tranquilidad.
—Bien —dijo Fenrik, poniéndose de pie cuando el descanso terminó—. Bajamos al siguiente.
Un segundo pozo, más pequeño que el primero, esperaba en un extremo del espacio cristalino. Yara bajó primero otra vez, la cuerda deslizándose entre sus manos, y desapareció en una oscuridad distinta a la anterior: más densa, sin ningún resplandor propio que la iluminara desde dentro.
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Uno por uno, los demás la siguieron. Zecoy bajó cerca del principio, Kessa un par de puestos después, Tarek casi al final, todos agarrándose con fuerza a sus propias sogas.
Esta vez, cuando la oscuridad se rompió, no fue por ninguna luz propia de las paredes. Alguien encendió una antorcha, y el fuego reveló algo que no tenía nada que ver con el cristal de arriba: arena, kilómetros de arena ondulada en dunas bajas, un calor seco y pesado que se les pegó a la piel apenas tocaron el suelo, y sobre sus cabezas, una oscuridad tan completa que parecía un cielo nocturno sin ninguna estrella.
Esparcidos entre las dunas más cercanas, cuerpos. Varios, pequeños, segmentados, ya inmóviles, la carne oscura y seca, como si llevaran ahí más tiempo del que cualquiera de ellos podía adivinar.
—¿Gusanos? —preguntó Tarek, acercándose a uno con más curiosidad que precaución.
—De otros grupos, probablemente —dijo Fenrik, bajando al final, aterrizando con el mismo golpe seco de siempre—. O de algo que pasó por aquí antes que nosotros. No importa. Vamos a pasar aquí el día completo. Y vamos a sobrevivirlo.
Lo dijo con una seguridad tan simple que nadie dudó de que fuera cierto.
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No tardaron en aparecer.
Salieron de la arena en varios puntos a la vez, cuerpos alargados, dentados, mucho más pequeños que los que Sevrin encontraría más tarde en ese mismo nivel, en algún punto imposiblemente lejano de ese mismo desierto, pero igualmente decididos a atacar.
—¡Ahí!
Zecoy no esperó a que nadie diera la orden. Sacó las dos hojas curvas y se lanzó hacia el más cercano, cortándolo limpio con un solo movimiento, el cuerpo del gusano cayendo en dos mitades sobre la arena.
—¡Eso fue fácil! —gritó, casi decepcionada.
Kessa se ocupó del siguiente con la misma facilidad, un giro completo del cuerpo que terminó con la punta de su lanza atravesando al gusano de lado a lado. Tarek, más torpe pero igual de efectivo, simplemente pisó a uno que se había acercado demasiado, aplastándolo contra la arena antes de que llegara a levantar la cabeza.
En cuestión de minutos, los doce habían dado cuenta de todo lo que había salido a atacarlos, sin que ninguno recibiera más que algún rasguño superficial.
—Esto no es tan terrible como decían —dijo Tarek, limpiándose algo de tierra oscura del brazo, la sonrisa todavía intacta.
—No te confíes —dijo Fenrik, sin mucha calidez—. Este nivel tiene más de esto esperando bajo la arena. Y en algún momento del día, va a hacer más frío del que cualquiera esperaría en un desierto.
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Las horas pasaron despacio, el grupo explorando entre las dunas sin alejarse demasiado de las antorchas clavadas en la arena, matando algún gusano ocasional que se atrevía a asomar la cabeza, hasta que el calor pesado del aire empezó a ceder, poco a poco, a algo mucho más frío.
—Se está poniendo helado —dijo Kessa, frotándose los brazos, la voz cargada de una incredulidad genuina—. ¿Cómo es posible? Hace unas horas me estaba asando.
—Los desiertos son así —dijo Yara, sin ninguna intención de suavizar la noticia—. Arden de día, se congelan de noche. Nadie les dijo que trajeran algo para cubrirse, porque parte de la Travesía es aprender a sobrevivir sin eso.
Un murmullo de protesta recorrió el grupo, apagándose rápido ante la mirada firme de los dos instructores.
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Pasaron la noche como pudieron, apretados unos contra otros contra el costado de una duna que al menos los protegía del viento, mientras los gusanos, cada tanto, volvían a asomar la cabeza con menos fuerza que antes, fáciles de despachar incluso a medio dormir.
Zecoy se acurrucó entre Kessa y Tarek, los tres compartiendo el calor de sus propios cuerpos.
No durmió bien. Nadie durmió bien.
Cada vez que cerraba los ojos, el frío la despertaba de nuevo, o el sonido de un gusano emergiendo cerca, o simplemente los nervios de saber que, más abajo, esperaba algo que los instructores insistían en no describir con demasiado detalle.
En algún momento de esa noche eterna, sin poder dormir, pensó en Sevrin. En su Pix, dormida contra su cuello, en la forma en que él siempre parecía más tranquilo de lo que cualquiera tenía derecho a estar en un mundo que no era el suyo.
«Cuando vuelva», pensó, «le voy a contar todo esto. Y no le va a creer ni la mitad.»
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El amanecer —si es que podía llamarse así, bajo un cielo sin estrellas y sin ningún sol propio— llegó solo porque Fenrik lo anunció, no porque nada en el aire cambiara demasiado, y con él, los doce jóvenes visiblemente agotados, los ojos hinchados, los movimientos más lentos de lo que habían sido el día anterior.
—Recompónganse —dijo Fenrik, sin mucha compasión—. Bajamos en unos minutos.
Zecoy se puso de pie, estirando el cuerpo entumecido, y miró a Kessa, que le devolvió una mirada cansada pero decidida.
—Un día menos —dijo Kessa.
—Seis más —respondió Zecoy, con una sonrisa que le costó más esfuerzo del que hubiera querido admitir.
Se acomodaron los morrales, revisaron las armas una última vez, y se acercaron al tercer pozo, donde Fenrik ya esperaba, listo para bajar primero, como siempre.

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La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 46
Estás leyendo el capítulo 46 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.