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Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 45 online gratis en español

El bosque, camino a la entrada, era distinto al que rodeaba la ciudad. Los árboles se hacían más bajos a medida que se alejaban de las plataformas, más retorcidos, las raíces sobresaliendo de la tierra en nudos que obligaban a mirar bien dónde se pisaba. El aire olía a resina y a tierra húmeda, y cada tanto, entre las ramas, se escuchaba el chillido lejano de algo que ninguno de los doce se molestaba en identificar. Ya lo habían escuchado antes, en entrenamientos, en historias de otros que habían hecho el mismo camino. No iban hacia un calabozo propio de la ciudad. Eso Zecoy lo sabía desde niña, aunque nunca le hubiera parecido tan real como ahora, caminando hacia allá: la entrada a la que se dirigían era solo una puerta más, una de tantas repartidas por el mundo, todas conectadas al mismo sistema profundo que nadie había visto completo ni entendido del todo. Lo que hubiera del otro lado de esa puerta, en teoría, podía estar a miles de kilómetros de cualquier otra entrada que llevara al mismo nivel. No que eso le importara mucho a nadie del grupo en ese momento. Para ellos, era simplemente el camino de siempre, el mismo que habían recorrido generaciones antes. Caminaban en formación, dos filas ordenadas, los instructores al frente y al final, marcando un ritmo constante que nadie se atrevía a romper. Cada uno cargaba un arma distinta, según su propio estilo: la lanza corta de Kessa, el hacha de mano de Tarek, la espada curva de Bal, el arco de Ilan al hombro, y así, doce formas distintas de pelear caminando juntas hacia el mismo destino. Nadie, salvo Zecoy. \--- Se había salido de la fila por tercera vez en la última hora, esta vez para trepar a una rama baja y mirar algo brillante entre las hojas que resultó ser, decepcionantemente, solo una araña. Fenrik no se giró a buscarla. No hacía falta. —Zecoy —dijo, sin alzar mucho la voz, sin siquiera mirar hacia la rama donde ella colgaba, con la misma certeza cansada de quien ya sabe exactamente dónde va a estar la persona que está llamando. —¡Voy, voy! Bajó de un salto, aterrizando con gracia junto a Kessa, que la esperaba con los brazos cruzados y una expresión que oscilaba entre la diversión y el hartazgo genuino. Nadie más en la fila se molestó en girarse siquiera; ya estaban acostumbrados, todos, a que Zecoy entrara y saliera de la formación como si las reglas se aplicaran a todos los demás, menos a ella. —Un día de estos te van a dejar atrás —dijo Kessa, sin mucha convicción, retomando el paso. —No se atreverían. Soy demasiado encantadora para dejarme atrás. —Eres demasiado ruidosa para no notar que te fuiste. Zecoy le sacó la lengua, y las dos siguieron caminando, la fila cerrándose de nuevo alrededor de ellas como si nunca se hubiera roto. \--- —¿Y bien? —dijo Kessa, después de un rato, la voz bajando, casi un susurro, aunque nadie cerca pareciera prestarles atención—. ¿Vas a contarme lo del humano, o vas a seguir haciéndote la interesante? —No hay nada que contar. Lo encontré. Lo traje. —Ya. —Kessa la miró de reojo, las orejas girando apenas hacia adelante, un gesto pequeño que Zecoy conocía bien—. ¿Y cómo es? —¿Cómo es qué? —Él. El humano. —Kessa se encogió de hombros, con un cuidado demasiado estudiado para ser tan despreocupado como pretendía—. Nunca vi uno. Dicen que son raros. Sin garras, sin pelaje, todo liso. —Es raro —admitió Zecoy, sonriendo—. Pero no del mal tipo de raro. Es callado. Observa mucho antes de hablar. Y tiene una Pix que lo sigue a todas partes, ¿puedes creerlo? —¿Una Pix? —Kessa se detuvo un segundo, genuinamente sorprendida—. Eso no puede ser cierto. —Lo es. La vi. Casi me apuñala el primer día. Kessa se quedó callada un momento, procesando eso, y después volvió a la pregunta anterior con una insistencia que no se molestó en disimular del todo. —¿Y es... —buscó la palabra, las orejas bajando un poco, avergonzada de preguntarlo— agradable? ¿De ver, digo? —¿Te gusta un humano que ni conoces? —¡No dije eso! —No hacía falta que lo dijeras. —Zecoy se rió, un sonido que hizo que dos cabezas en la fila de adelante se giraran a mirarlas—. Cuando volvamos te lo presento, si tanto te interesa. Kessa no respondió, pero sus orejas se quedaron giradas hacia adelante un rato más de lo normal, y Zecoy decidió, generosamente, no seguir molestándola por el momento. \--- —Espera —dijo Kessa, al cabo de un rato, frunciendo el ceño—. Le dijiste a los guardias de la entrada que lo encontraste desmayado. Herido. En el bosque. —Sí. —Eso no es lo que me acabas de contar. Zecoy no respondió enseguida. —No —admitió, finalmente, sin ninguna vergüenza visible—. Mentí. Sonaba mejor que "me caí de un árbol encima de él y su Pix casi me mata". —Zecoy. —¿Qué? Funcionó, ¿no? Lo dejaron pasar. Kessa negó con la cabeza, aunque algo en su expresión se parecía sospechosamente a una sonrisa contenida. —Un día vas a mentir sobre algo que sí importa, y nadie te va a creer cuando más lo necesites. —Qué dramática. —Alguien tiene que serlo. Tú gastas todo tu drama en trepar árboles. \--- Tarek se unió a ellas poco después, sin haber escuchado nada de la conversación anterior, la cola moviéndose rápido, nerviosa, el paso un poco más largo de lo necesario. —¿No están nerviosas? —preguntó, sin preámbulo—. Yo estoy nervioso. Muy nervioso. —Un poco —admitió Kessa. —Yo no —dijo Zecoy, aunque la mano que llevó, sin pensarlo, hasta el mango de una de sus hojas curvas, contradecía un poco la afirmación. —Es que llevo toda la vida esperando esto —siguió Tarek, sin darse cuenta, o sin importarle, que nadie le había preguntado tanto—. Mi hermano hizo la Travesía hace cuatro años. Volvió con una cicatriz en la ceja y no dejó de hablar de eso durante meses. Quiero mi propia cicatriz que contar. —Cuidado con lo que pides —dijo Kessa. —¡Lo dices como si algo pudiera salir mal! Zecoy y Kessa se miraron, un segundo, sin decir nada, y siguieron caminando. \--- Llegaron al pozo cuando el sol grande ya empezaba a bajar. Era una abertura ancha en la roca, rodeada de un círculo de piedras más antiguas que cualquier construcción de la ciudad, con varias sogas gruesas ya ancladas al borde, colgando hacia una oscuridad que ninguno de los doce podía medir con la vista. Fenrik levantó una mano, y todos se detuvieron. —Escuchen —dijo, la voz cortando los últimos murmullos nerviosos del grupo—. El primer nivel está vacío. Sin monstruos. Ahí es donde van a pasar la noche, para acostumbrarse a la oscuridad y al aire de abajo antes de que empiece lo difícil. Bajamos por las sogas, de uno en uno. Yara va primero. Yo voy al final. Nadie preguntó nada. Ya lo habían escuchado antes, en las charlas previas a la partida, pero escucharlo ahí, al borde del pozo, con la oscuridad real esperando abajo, sonaba distinto. \--- Yara bajó primero, desapareciendo en la oscuridad sin ningún titubeo, la cuerda tensándose y aflojándose con su peso. Después bajaron los doce, uno por uno, Zecoy antes que Kessa, Tarek casi al final, cada uno agarrándose con fuerza a su propia soga, la piedra fría y húmeda rozando los brazos en el descenso. La oscuridad al principio era total, tan densa que Zecoy perdió la noción de cuánto llevaba bajando, solo el roce de la cuerda entre las manos diciéndole que seguía en movimiento. Y entonces, de golpe, todo se volvió claro. Una luz azulada, uniforme, salía de las propias paredes, iluminando un espacio tan amplio que Zecoy tardó un momento en encontrar el suelo con los pies, y cuando lo hizo, se quedó mirando alrededor con la misma sorpresa muda que el resto del grupo, ninguno de ellos preparado del todo para la escala de lo que tenían delante. Fenrik bajó al final, aterrizando con un golpe seco, sin ninguna prisa. \--- —Este nivel está limpio —dijo, mirando alrededor con la misma calma profesional de siempre—. Aquí van a estar seguros. Descansen. En unos minutos bajamos al siguiente, y ahí sí van a ver algo con lo que valga la pena pelear. Un murmullo de emoción recorrió el grupo, los doce reacomodándose los morrales, revisando armas que ya habían revisado media docena de veces durante la caminata. Tarek sonreía de oreja a oreja, ya imaginándose la cicatriz que se iba a llevar de regreso. Zecoy miró a Kessa, que le devolvió la mirada con algo parecido a la calma que ninguna de las dos sentía del todo, y las dos sonrieron, casi al mismo tiempo, la misma energía nerviosa de siempre disfrazada de seguridad. Ninguno de los doce sabía todavía que, unos niveles más abajo, algo mucho más viejo que cualquier historia que hubieran escuchado sobre la Travesía las estaba esperando.
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La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 45

Estás leyendo el capítulo 45 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.