Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 43 online gratis en español
Los alcanzó antes de lo que esperaba, jadeando, el corazón golpeándole el pecho con una fuerza que no tenía nada que ver con Éter ni con nada más que el simple esfuerzo de haber corrido a toda velocidad.
Rehk se giró al escucharlo llegar. El resto del grupo lo miró también, deteniéndose apenas un segundo.
—¿Qué haces aquí, forastero? —preguntó Voren, con más sorpresa que hostilidad.
—Voy con ustedes.
—¿Ashan lo sabe?
—Fue idea de Ashan que me dejara ir —mintió, a medias, porque técnicamente había sido idea suya, y Ashan solo había dejado de oponerse.
Celine lo miró de arriba abajo, sin decir nada, la misma evaluación fría de siempre. Doreth, en cambio, le dio una palmada en el hombro que casi lo tira al suelo por segunda vez en su vida.
—¿Estás seguro de esto? —preguntó Rehk, directo, sin rodeos, los ojos —uno dorado, uno opaco— fijos en él con una seriedad que no dejaba espacio para bromas.
—Sí.
Rehk lo estudió un momento más, y después asintió, una sola vez, sin más comentarios.
—Entonces no te quedes atrás —dijo, y echó a correr otra vez, el resto del grupo siguiéndolo de inmediato.
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No se quedó atrás, al principio.
Los días de práctica con el Éter le habían dado algo real, notó Sevrin casi de inmediato: las piernas respondían más rápido de lo que recordaba, la respiración se acomodaba a un ritmo que antes le hubiera costado sostener más de unos minutos. Era más rápido de lo que había sido nunca en su propio mundo, más rápido de lo que se sentía humanamente posible.
Pero los Leonin eran, sencillamente, más rápidos todavía.
Corrían entre los árboles con una fluidez que Sevrin no podía igualar, saltando raíces y rocas sin perder velocidad, la distancia entre él y el grupo abriéndose poco a poco, metro a metro, hasta que Sevrin se encontró corriendo solo en la oscuridad, guiándose más por el sonido de sus pasos adelante que por poder verlos.
«No te quedes atrás», había dicho Rehk.
Se quedó atrás de todas formas. No tenía forma de evitarlo.
Apretó los dientes y siguió corriendo, el pecho ardiendo, las piernas protestando, sin permitirse la idea de detenerse ni un segundo.
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Llegó al puente mucho después de que el resto del grupo ya se hubiera detenido ahí, esperándolo, aunque ninguno lo dijera en voz alta.
Era de madera vieja, tendido sobre una garganta profunda que la oscuridad no dejaba medir del todo, las cuerdas que lo sostenían tensas, gastadas por generaciones de uso.
Y había manchas.
Sevrin las vio antes de que nadie dijera nada: oscuras, extendidas sobre las tablas del puente, algunas ya secas, otras todavía con un brillo húmedo bajo la luz de las antorchas que el grupo había encendido. Marcas de manos, también, arrastradas hacia el otro lado, como de alguien que se había impulsado para cruzar sin poder ponerse de pie del todo.
—Es de ellos —dijo Vrass, agachándose junto a una de las marcas, tocándola apenas con dos dedos—. Reciente.
Nadie dijo nada más.
Cruzaron en silencio, Sevrin sintiendo cada tabla ceder ligeramente bajo su peso, el sonido del agua invisible mucho más abajo llenando el aire con un rugido constante.
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Al otro lado, el terreno cambiaba.
Los árboles se abrían de golpe, dando paso a un descenso de roca desnuda, y ahí, hundido en la tierra como una herida abierta, estaba el calabozo.
No era lo que Sevrin había imaginado.
Se había hecho una idea vaga, basada en lo poco que Zecoy le había contado: un hueco, una fosa, algo contenible. Esto era otra cosa. Una boca enorme en la roca, tan ancha que las antorchas del grupo no alcanzaban a iluminar el otro extremo, la oscuridad ahí abajo tan densa que parecía tener peso propio, tragándose la luz antes de que pudiera llegar muy lejos.
Alrededor de la entrada, más manchas. Más marcas de manos, arañazos en la piedra, como de alguien intentando aferrarse a algo mientras lo arrastraban hacia adentro o hacia afuera, Sevrin no sabía distinguir cuál de las dos cosas.
«Aquí fue donde salió el instructor», pensó, sintiendo el estómago revolvérsele otra vez. «Arrastrándose. Con un solo brazo.»
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Rehk se acercó al borde, la espada todavía en su espalda, y se quedó mirando hacia la oscuridad un largo momento.
—Ahí abajo —dijo, señalando con el bastón que todavía llevaba, aunque ahora colgado del cinturón junto a la espada— hay algo que no debería estar en un calabozo de iniciación.
—¿Podemos bajar? —preguntó Sevrin, acercándose también, con más cuidado.
Fue entonces cuando los vio.
Gruesas sogas, ancladas a la roca con clavos de metal oxidado, colgaban hacia el interior de la oscuridad, perdiéndose de vista antes de llegar a ningún fondo visible. Más de una decena, algunas todavía tensas, otras rotas a mitad de camino, los extremos deshilachados colgando sueltos.
—Bajaremos por ahí —dijo Rehk, sin ninguna vacilación en la voz, aunque algo en su postura —los hombros un poco más rígidos, la mano cerrándose despacio sobre la empuñadura de la espada— dejaba ver que él tampoco sabía, con certeza, qué los esperaba al final de esas cuerdas.
Sevrin se asomó al borde, la oscuridad devolviéndole solo silencio, ningún sonido que indicara si abajo había algo vivo, algo esperando, o simplemente la nada absoluta.
Tragó saliva, y se preparó para bajar.

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La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 43
Estás leyendo el capítulo 43 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 9 de octubre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.