Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 39 online gratis en español
Lo encontró en el balcón tallado, el mismo desde donde lo había mirado bajar el primer día, sentado en un taburete bajo con una taza entre las manos que ya no despedía vapor.
—Se te enfrió el té —dijo Sevrin, sin saber muy bien si era el tipo de cosa que se le decía a un patriarca.
—Siempre se enfría —dijo Ashan, sin levantar la vista—. Lo preparo, me distraigo, y para cuando me acuerdo de tomarlo ya está frío. Llevo así cuarenta años. Siéntate, si quieres.
Sevrin se sentó en el borde del balcón, las piernas colgando hacia la ciudad, Tii acomodándose en su regazo casi de inmediato.
Se quedaron un rato en silencio, mirando la ciudad despertar debajo de ellos: el humo de las primeras cocinas, alguien discutiendo el precio de algo en el mercado, un grupo de niños corriendo por una de las plataformas más bajas.
—¿Cómo va tu estancia? —preguntó Ashan, al fin, con el tono de quien pregunta por preguntar, no porque necesite realmente la respuesta.
—Bien. Mejor de lo que esperaba, la verdad.
—¿Esperabas que fuera mal?
—Esperaba que me echaran el primer día.
Ashan se rió, un sonido bajo, rasposo, que sonó como si no lo usara tan seguido como debería.
—Casi lo hacen —dijo—. Voren quería que te fueras esa misma tarde. Le costó bastante convencerme de esperar.
—¿Por qué esperaste, entonces?
Ashan se quedó mirando su té frío un momento, como si la respuesta estuviera ahí, flotando en la superficie.
—Porque Zecoy te trajo hasta mi puerta —dijo—. Y en toda su vida, nunca había traído a nadie hasta aquí. Ni una sola vez.
—¿Siempre fue así? —preguntó Sevrin, con cuidado—. ¿Zecoy, digo?
—¿Así cómo?
—No sé. Ruidosa. Impredecible. De las que se te caen encima desde un árbol sin avisar.
Ashan volvió a reírse, esta vez con más ganas.
—Desde que sabe caminar —dijo—. Antes incluso. Se caía de todo antes de aprender a no caerse. Los árboles, las rocas, una vez un puente entero que todavía no estaba terminado de construir.
—Suena peligroso.
—Lo era. —Ashan bebió un trago de su té frío, sin ninguna mueca de disgusto por la temperatura—. Pero siempre se levantaba antes de que alguien llegara a ayudarla. Eso no cambió con los años.
Se quedó callado un momento, la mirada perdida hacia algún punto de la ciudad que Sevrin no podía identificar.
—Es más fuerte de lo que aparenta —dijo, al final, más para sí mismo que para Sevrin—. Aunque a veces me cuesta recordarlo.
—En tres días se va a la Travesía, ¿no?
Ashan asintió.
—Sí.
—¿Y estás tranquilo con eso?
La pregunta hizo que Ashan tardara un poco más en responder.
—No —admitió finalmente—. Pero estar tranquilo no cambia que tenga que hacerlo.
Sevrin lo miró de reojo.
—Pensé que no querías dejarla ir.
—No quiero. —Ashan soltó una pequeña risa por la nariz—. Pero una cosa es no querer y otra creer que puedes detenerla para siempre.
Giró la taza entre las manos.
—La Travesía es parte de lo que somos. Todos los que llegan a la edad correspondiente deben hacerla. No voy a convertir a mi nieta en la única excepción solo porque me preocupa.
—¿Te preocupa que algo salga mal?
Ashan negó lentamente con la cabeza.
—No durante la Travesía. Van dos inspectores con ellos. Los dos son más fuertes que cualquiera de esos muchachos, y conocen el lugar mejor que nadie. Nunca hemos perdido a nadie allí. Ni una sola vez.
—Entonces, ¿qué te preocupa?
Ashan miró hacia el bosque, más allá de las plataformas y de la muralla.
—Lo que viene después.
Sevrin guardó silencio.
—Cuando regresen, la tradición les permite elegir —continuó Ashan—. Algunos se quedan. Otros piden permiso para conocer el mundo exterior. Y sé perfectamente qué quiere hacer Zecoy.
—Salir.
—Sí.
Ashan bebió otro poco de su té.
—Lleva años mirando más allá de estos árboles. Ahora tendrá una razón todavía más fuerte para hacerlo.
Sevrin pensó inmediatamente en Kaia, aunque Ashan no la mencionó.
—¿Y vas a dejarla?
—Voy a intentar no impedírselo. —La respuesta salió más despacio—. No significa que me guste.
Sevrin sonrió apenas.
—Eso suena más honesto.
—Soy su abuelo. Tengo derecho a ser un poco insoportable.
Sevrin soltó una risa corta.
Ashan sonrió también, pero la expresión desapareció poco después.
—Cuando era pequeña, podía seguirla por los árboles. Si se caía, estaba a unos pasos. Si se metía en problemas, podía sacarla de ellos. Ahora va a bajar a una cueva, sobrevivir una semana con otros jóvenes y después quizá marcharse a lugares donde yo no pueda verla.
—Eso sí suena difícil.
—Lo es.
Ashan dejó la taza sobre el taburete.
—Pero supongo que llega un momento en que proteger a alguien significa aceptar que ya no puedes hacerlo estando a su lado.
Sevrin no respondió.
La frase se quedó entre ambos durante unos segundos.
—¿Y tú? —preguntó Ashan, cambiando de tema con la naturalidad de quien ha tenido esta conversación muchas veces con muchas otras personas—. ¿Extrañas tu casa?
La pregunta lo tomó desprevenido, más de lo que hubiera querido admitir.
—A veces —dijo Sevrin, después de un momento—. Anoche, por ejemplo.
—¿Y quieres volver?
—No lo sé —admitió, y fue la primera vez que lo decía en voz alta, a alguien más—. Extraño ciertas cosas. Pero no creo que quiera la vida que tenía ahí. Ya no.
Ashan asintió, despacio, como si esa respuesta le resultara más familiar de lo que Sevrin hubiera esperado.
—Esa es la parte que nadie te explica sobre irse —dijo—. Que puedes extrañar un lugar y no querer volver a él al mismo tiempo. La gente cree que son cosas contrarias. No lo son. Simplemente son dos verdades incómodas que a veces hay que cargar juntas.
Sevrin no dijo nada, pero algo en el pecho se le aflojó un poco, de una forma que no supo explicar del todo.
—Gracias —dijo, después de un rato.
—¿Por qué?
—No sé. Por el té. Por dejarme quedarme. Por esto —dijo, señalando vagamente entre los dos—. No tenías por qué.
Ashan levantó su taza, como en un pequeño brindis silencioso, y bebió el resto del té ya completamente frío sin ninguna queja.
—No —dijo—. No tenía por qué. Pero Zecoy confió en ti, y hace mucho que decidí que confiar en su criterio, aunque me cueste, es mejor que no hacerlo.
Se puso de pie, con el mismo esfuerzo lento de siempre, y le puso una mano —enorme, cálida, pesada— sobre el hombro un segundo, antes de dirigirse de vuelta hacia el interior de la casa.
—Disfruta lo que te queda aquí, forastero —dijo, sin mirar atrás—. No sé si volverás a tener un techo tan cómodo por un buen tiempo.
Sevrin se quedó en el balcón un rato más, Tii todavía en su regazo, el té frío de Ashan ya olvidado sobre el taburete vacío, pensando en lo fácil que había sido, esa mañana, hablar con alguien de algo que llevaba semanas sin decir en voz alta.

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Estás leyendo el capítulo 39 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 7 de octubre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.