Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 38 online gratis en español
Zecoy apareció esa noche sin avisar, como solía hacer, y en vez de arrastrarlo a algún lado o llenar el cuarto de preguntas, se sentó directamente en el suelo, la espalda contra la pared, y se quedó ahí, en silencio, mirando el techo tallado.
Sevrin la dejó estar un rato así, sin preguntar nada, aprendiendo, después de tantos días, que Zecoy hablaba cuando quería hablar, no cuando alguien se lo pedía.
—¿Puedo contarte algo? —dijo ella, al fin, sin mirarlo.
—Claro.
—Tenía una hermana —dijo, y la frase salió despacio, como si cada palabra pesara un poco más de lo que Zecoy hubiera querido—. Mayor que yo. Se llamaba Kaia.
Sevrin se sentó en el borde del catre, sin decir nada, dejando que ella siguiera a su propio ritmo.
—Desapareció hace tres años. Salió a cazar sola, una tarde, y no volvió. —Zecoy se abrazó las rodillas, apoyando la barbilla encima—. Buscaron durante semanas. Rehk estuvo en la partida de búsqueda, ¿sabes? Casi no habla de eso. Nunca encontraron nada. Ni rastro, ni cuerpo, ni nada que explicara qué había pasado.
—Lo siento —dijo Sevrin, porque no sabía qué otra cosa decir.
—No es tu culpa.
—Ya sé. Pero lo siento igual.
Zecoy levantó la vista un momento, y algo en su cara se suavizó, como si esa respuesta simple, sin intento de arreglar nada, fuera exactamente lo que necesitaba escuchar.
—Mis padres no lo soportaron —siguió, la voz bajando de volumen—. Se fueron. No de la ciudad, exactamente. Se fueron de todo. Dejaron de hablar, dejaron de salir, dejaron de ser ellos, casi. Un día simplemente ya no estaban ahí, ni siquiera cuando estaban ahí, ¿entiendes?
Sevrin asintió, despacio.
—Mi abuelo me crió después de eso —dijo Zecoy—. Y no habla de ello casi nunca. Pero a veces lo pillo mirando el bosque, hacia donde ella salió esa tarde, y sé que todavía piensa en eso, aunque no lo diga.
Se quedó callada un momento, mirando sus propias manos.
—Por eso quiero salir, cuando me toque la Travesía —dijo, más bajo—. No solo por ver el mundo. Quiero buscarla. O al menos encontrar qué le pasó. Alguien tiene que buscarla de verdad, no solo unas semanas y después ya está, se acabó, hay que seguir viviendo.
Sevrin se quedó en silencio un rato, dejando que la historia se asentara, sintiendo el peso de lo que acababa de escuchar como algo real, algo que merecía todo el respeto que pudiera darle.
—¿Tu abuelo sabe que quieres buscarla? —preguntó, con cuidado.
—No así, con esas palabras —dijo Zecoy—. Pero creo que lo sospecha. Por qué si no me iba a dejar hacer la Travesía sabiendo que después voy a querer irme de verdad, no solo unos días.
—¿Y si no la encuentras?
Zecoy se quedó callada un momento largo.
—Entonces al menos lo habré intentado —dijo, al final—. Es mejor que quedarme aquí, preguntándome para siempre.
—¿Puedo preguntarte algo? —dijo Sevrin, con cuidado.
—Ya me preguntaste "¿puedo contarte algo?" y te dejé hacerlo. Es justo que yo también pueda decir que no.
—Está bien. No preguntaré, entonces.
Zecoy lo miró, sorprendida, como si hubiera esperado que insistiera.
—Puedes preguntar —dijo, al final, con media sonrisa—. Solo estaba viendo si lo harías igual.
—¿Y?
—Pasaste la prueba —dijo, y por primera vez en todo el relato, algo parecido a su energía normal volvió a asomar—. La mayoría de la gente insiste cuando les dices que no quieres hablar de algo. Tú no.
—No es asunto mío insistir.
—Ya lo sé. Por eso te lo estoy diciendo.
Se quedaron en silencio un rato más, Tii posada en el borde del catre, su cola quieta detrás de ella, mirando a Zecoy con la misma atención tranquila con que miraba cualquier otra cosa en ese cuarto.
—Gracias por contármelo —dijo Sevrin, finalmente.
—No se lo cuento a cualquiera —dijo Zecoy, poniéndose de pie, sacudiéndose algo de la ropa que no estaba ahí—. Así que no te sientas tan especial.
—No me siento especial.
—Bien. Porque no lo eres.
Se rió, un sonido más suave que su risa habitual, y se acercó antes de irse, apoyando una mano un segundo sobre el hombro de Sevrin, un gesto simple, sin ninguna broma detrás.
—Espero encontrarla —dijo Sevrin.
—Yo también —dijo Zecoy, y por un instante su voz sonó más pequeña de lo que Sevrin la había escuchado nunca.
Se despidió con la mano antes de salir del cuarto, dejando a Sevrin solo con Tii y con la sensación cálida, incómoda, de haber recibido algo que pocas personas en esa ciudad debían conocer.
Tii voló hasta su hombro, y se quedó ahí, en silencio, mirando hacia la puerta por donde Zecoy acababa de salir.

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Estás leyendo el capítulo 38 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 7 de octubre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.