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Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 31 online gratis en español

Los tres se quedaron ahí, en la cima de la colina, mirando la ciudad que se extendía ante ellos. El valle se abría como un enorme cuenco verde, y en el centro, entre los árboles gigantes, estaba ella. Las torres de vigilancia se alzaban en los puntos más altos, conectadas por puentes elevados que colgaban sobre las calles como telas de araña. Las murallas de madera reforzada rodeaban buena parte del perímetro, más altas en algunos tramos que en otros, como si se hubieran construido por partes, a lo largo de generaciones. Y en el centro de todo, dominando la ciudad como un rey silencioso, el árbol gigante. Tan enorme que su copa se perdía entre las nubes. Zecoy fue la primera en hablar. —Bajemos —dijo, con una sonrisa que le ocupaba toda la cara—. Te va a encantar. Bueno, no sé si te va a encantar. Pero al menos es interesante. Sevrin no se movió. Miraba la ciudad. Las torres. Las pasarelas. El árbol. Y por primera vez desde que había llegado a ese mundo, sintió algo parecido al miedo. —No sé si es buena idea —dijo. Zecoy lo miró. —¿Por qué no? —Porque soy humano. —Sevrin señaló la ciudad con la barbilla—. Y tú misma dijiste que nunca habías visto uno de cerca. Si nadie ha visto un humano en... no sé, ¿mucho tiempo? No sé si van a recibirme con los brazos abiertos. Zecoy se quedó callada un momento. Después se encogió de hombros. —No te van a hacer nada. Los leonin no somos así. —¿Así cómo? —Agresivos. —Zecoy buscó la palabra—. No somos como los humanos. No conquistamos. No matamos por gusto. —Hizo una pausa—. Pero no somos indefensos. Tenemos guerreros. Tenemos cazadores. Tenemos reglas. Sevrin la miró. Quería creerle. Pero no del todo. —¿Y si se asustan? —¿Asustarse de ti? —Zecoy se rio—. Eres más pequeño que cualquiera de nosotros. No das miedo. —Gracias. —No era un cumplido. Sevrin suspiró. Miró a Tii, en su hombro. Tii lo miró a él. No dijo nada. No podía. Pero sus alas se tensaron un poco. Como si tampoco estuviera segura. —Está bien —dijo Sevrin, al fin—. Bajemos. Zecoy sonrió, más grande todavía, y empezó a caminar colina abajo. Sevrin la siguió. Tii se quedó en su hombro, vigilante. \--- El descenso fue más largo de lo que parecía. La ciudad no se veía igual de cerca. Las torres eran más altas. Las pasarelas más anchas. Las plataformas más grandes. Y el árbol gigante, el que dominaba todo, era tan enorme que Sevrin no alcanzaba a ver su copa. Se perdía entre las nubes. Las construcciones eran de madera. Pero no de una madera tosca. Era madera trabajada. Pulida. Con diseños tallados en las vigas. Con ventanas de tela tensada. Con puertas de madera y metal. Había plataformas de varios pisos. Había puentes colgantes. Había escaleras talladas en los troncos, subiendo en espiral. Y todo estaba integrado en los árboles. No cortaban los árboles. Los usaban. Los respetaban. Los convertían en parte de la ciudad. Sevrin se quedó mirando, sin poder evitarlo. —Es... grande —dijo. —Es lo mismo que dijiste antes —dijo Zecoy, riéndose—. Pero sí. Es grande. Y esto es solo la entrada. Siguieron caminando. Y entonces Sevrin los vio. En las torres. En las plataformas altas. En las pasarelas. Leonin. Decenas de leonin. Todos mirándolo. Todos quietos. Todos con los ojos dorados fijos en él. —Zecoy —dijo Sevrin, en voz baja. —¿Sí? —Nos están mirando. —Claro que nos están mirando. Eres un humano. Nunca han visto uno. —Zecoy se encogió de hombros—. No te preocupes. Solo tienen curiosidad. —No parece curiosidad. —Es curiosidad. Confía en mí. Sevrin no confiaba en nadie. Pero siguió caminando. \--- Llegaron a la entrada. Las puertas eran enormes. De madera oscura. Reforzadas con metal. Con diseños tallados que representaban algo. Árboles. Garras. Un sol partido por la mitad. Y dos leonin. Dos guardias. Enormes. Más grandes que cualquier leonin que Sevrin hubiera visto hasta ahora. Medían más de dos metros y medio. Tenían hombros anchos. Brazos gruesos. Músculos marcados bajo el pelaje. El pelaje era gris oscuro, con manchas más claras en el pecho y el rostro. Las orejas puntiagudas, erguidas, atentas. Las colas largas, quietas, pero listas. Los ojos dorados, con pupila vertical, fijos en él. Llevaban armaduras. De cuero endurecido en el pecho y los hombros. Y placas de metal en los brazos y las piernas. Las garras asomaban bajo los guantes. Sevrin se detuvo. Antes de acercarse más. Antes de que fuera demasiado tarde. —Zecoy. —¿Qué? —No sé si deberíamos... Demasiado tarde. Los dos guardias se acercaron. Un paso. Dos. Hasta quedar a unos metros. Y entonces hablaron. La voz del primero era grave. Profunda. Como si saliera de una cueva. —¿Qué hace un humano aquí? Zecoy se adelantó un paso. —Yo lo traje. —¿Tú? —El guardia la miró—. ¿Por qué? —Lo encontré. En el bosque. Estaba desmayado. Herido. No podía dejarlo ahí. —No debiste traerlo aquí. —El segundo guardia habló. Su voz era más afilada. Más dura—. Este es un lugar sagrado. Solo para leonin. —Ya lo sé. Pero... —No hay peros. —El primer guardia dio un paso más—. Un humano no debería pisar este lugar. Sevrin los miró. A los dos. Y sintió algo en el pecho. No miedo. Cansancio. Un cansancio profundo. Como si todo lo que había pasado desde que llegó a ese mundo hubiera sido para nada. Debería haber seguido mi camino, pensó. Debería haber seguido solo. Y entonces. Corta. Sevrin parpadeó. No había sido un pensamiento. Había sido una palabra. Clara. Seca. Venía de algún lugar dentro de él. —¿Sevrin? —preguntó Zecoy. Él no respondió. Corta. Esta vez lo sintió con más claridad. No era una voz que escuchara con los oídos. Era algo que aparecía directamente en su mente. Y por primera vez desde que había llegado a ese mundo, Sevrin sintió un miedo que no podía explicar. Se quedó quieto. Muy quieto. Esperando. Pero la voz no volvió. No dijo nada más. Solo ese eco. Esa palabra. Corta. Y después, silencio. El guardia lo miró a él. Directo. A los ojos. —Regresa por donde viniste, forastero. No perteneces a este lugar. Sevrin no respondió. No tenía nada que decir. Solo quería irse. Pero entonces. El guardia miró hacia su hombro. Hacia Tii. Y algo cambió en sus ojos. No fue una duda cualquiera. Fue un reconocimiento. Como si acabara de ver algo que rompía todas las reglas que conocía. —¿Por qué llevas una Pix contigo? Sevrin lo miró. Tii se apretó contra su cuello. Y él respondió, con la voz más plana que tenía. —Viaja conmigo. El guardia frunció el ceño. Miró a Tii. Después otra vez a él. Y su voz, cuando volvió a hablar, ya no era dura. Era otra cosa. Algo más parecido a la incredulidad. —Eso no puede ser —dijo—. Las Pix no viajan con nadie. —mmm. —Sevrin se encogió de hombros—. Pero aquí estamos. El guardia abrió la boca para responder. La cerró. Miró a su compañero. El otro guardia tampoco dijo nada. Sus ojos iban de Tii a Sevrin. Y de Sevrin a Tii.
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Estás leyendo el capítulo 31 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 7 de octubre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.