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Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 25 online gratis en español

Siguieron caminando por un sendero que ella parecía conocer, o al menos reconocer lo suficiente como para no dudar en las bifurcaciones, mientras el sol grande subía despacio entre los árboles ya más espaciados de esa parte del bosque. Sevrin flexionaba el brazo cada tanto, casi sin darse cuenta, un gesto que había empezado a repetir desde la mordida sin proponérselo del todo. La zona firme bajo la piel seguía ahí. No había desaparecido con el sueño ni con el paso de los días, como una magulladura cualquiera. Pero tampoco se sentía exactamente igual que el día anterior. Cuando estiraba el brazo por completo, hacia arriba o hacia un lado, sentía algo distinto justo en esa zona: no dolor, no exactamente, sino una tensión rara, como si el músculo de ahí tirara de algo que el resto de su brazo no tenía. —Qué raro —murmuró, más para sí mismo que para nadie, deteniéndose un momento a mitad del camino para estirar el brazo del todo y sentir de nuevo esa tirantez extraña. Ella voló hasta posarse en su antebrazo, justo sobre la marca, y se quedó ahí un momento, presionando con las dos manos, como si estuviera examinando algo que a Sevrin le resultaba invisible. —¿Qué? —preguntó él, mirándola—. ¿Ves algo? Ella no respondió, claro. Pero volvió a presionar, esta vez en un punto ligeramente distinto, y ladeó la cabeza con esa expresión suya que Sevrin ya sabía leer como preocupación genuina, no simple curiosidad. —Sí, ya sé —dijo Sevrin, con media sonrisa—. También me parece raro. Ella se quedó ahí un rato más, sin volar a ningún otro lado, y Sevrin la dejó hacer, sintiendo el peso diminuto de sus manos sobre la piel, hasta que finalmente ella pareció darse por satisfecha —o rendirse, no había forma de saber cuál de las dos cosas— y volvió a su hombro de siempre. Descansaron a mediodía junto a un tronco caído, y Sevrin aprovechó para examinarse el brazo con más calma, sin la prisa de estar caminando al mismo tiempo. Presionó la zona firme con dos dedos. Dolía un poco, un dolor sordo y profundo, distinto al ardor superficial de un golpe normal. No es que me haya vuelto más fuerte sin más, pensó, tratando de ordenar la idea. Es que ahora tengo algo ahí que antes no tenía. Y eso tiene un precio. No es gratis. Se acordó, sin quererlo, de un profesor de su antigua vida —hacía tanto que ya le costaba ponerle cara— que solía decir que el cuerpo no regala nada, que cada músculo que se fortalece le quita recursos a otra cosa. En su momento le había parecido una frase más, dicha para sonar sabio delante de adolescentes aburridos. Ahora la entendía de una forma completamente distinta. —No sé qué aprendiste de esa mordida —le dijo a su propio brazo, en voz alta, sintiéndose ridículo apenas terminó la frase—, pero espero que haya valido la pena, porque ahora me duele cuando lo estiro del todo. Ella, sentada a su lado sobre el tronco, ladeó la cabeza hacia él, y por un segundo Sevrin habría jurado que la expresión en su cara se parecía sospechosamente a la burla. —No te rías —dijo, sin poder evitar reírse él mismo. Retomaron el camino después de un rato, el sol ya empezando a inclinarse hacia el otro lado del cielo. En algún momento, Sevrin resbaló levemente sobre una raíz cubierta de musgo, el mismo tipo de traspié que habría ignorado sin pensarlo dos veces antes de todo esto. Ahora, en cambio, se quedó atento un segundo, esperando que el cuerpo reaccionara solo, como había pasado en la pendiente. No pasó nada. Simplemente recuperó el equilibrio con sus propios reflejos normales, sin ninguna ayuda extraña. No siempre, pensó. No es automático. Solo pasa cuando quiere pasar, no cuando yo quiero que pase. Se preguntó, sin encontrar ninguna respuesta satisfactoria, si eso también tenía algo que ver con el cansancio, con cuánto había usado el brazo ese día, con algo tan simple como que su cuerpo ya había "gastado" lo que fuera que gastara en esas situaciones. No tenía forma de comprobarlo. Solo tenía la certeza incómoda de que su cuerpo estaba operando bajo reglas que él todavía no conocía, y que cada intento de entenderlas terminaba, por ahora, en más preguntas que respuestas. Acamparon esa noche junto a un pequeño desnivel del terreno que los protegía del viento, y mientras Sevrin encendía el fuego, notó que el brazo ya no le tiraba tanto como al mediodía. —Se me está pasando —dijo, flexionándolo con cuidado—. O me estoy acostumbrando al dolor. No sé cuál de las dos. Ella se acomodó en su regazo, como cada noche, y por primera vez desde la mordida, tocó la marca sin esa preocupación tensa de antes, con algo más parecido a la costumbre. Sevrin la dejó hacer, mirando el fuego, pensando en lo poco que sabía todavía sobre lo que fuera que le estuviera pasando por dentro, y en lo mucho que, aun así, ya había aprendido a convivir con esa ignorancia sin que lo paralizara del todo. Mi cuerpo está cambiando, pensó, ya sin la sorpresa de los primeros días, más parecido a alguien que constata un hecho del clima. Y va a seguir cambiando. Lo único que puedo hacer es prestar atención. Se durmió esa noche antes de lo habitual, el brazo todavía apoyado sobre el pecho, ella acurrucada contra su cuello, el fuego reduciéndose despacio a brasas. No soñó con agua. Soñó con huellas. Con alguien caminando delante de él, siempre a la misma distancia, sin dejarse alcanzar.
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La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 25

Estás leyendo el capítulo 25 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 24 de septiembre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.