Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 17 online gratis en español
Fue la última vez que caminó hasta el árbol de las plataformas, y lo supo desde el primer paso.
No sabía cómo explicarles que se iba. No tenía gestos para "adiós", ni para "no voy a volver mañana, ni la semana que viene, ni quizás nunca". Todo lo que tenía eran cuatro palabras aprendidas a fuerza de repetición torpe, y ninguna de ellas servía para esto.
Lo intentó de todas formas.
La joven bajó antes de que terminara de acercarse, como si hubiera estado esperando en alguna rama baja, atenta al sonido de sus pasos entre las raíces.
Sevrin se quedó de pie frente a ella, el morral nuevo colgado del hombro, y señaló primero hacia sí mismo.
—Sevrin —dijo, aunque ya no hiciera falta.
Después señaló el morral. Después hizo un gesto largo con el brazo, un arco amplio que abarcaba el bosque entero, terminando en un punto impreciso, muy lejos de donde estaban.
La joven ladeó la cabeza.
Sevrin repitió el gesto, más despacio, y esta vez señaló primero el suelo bajo sus propios pies, y después trazó una línea imaginaria alejándose de ahí, hacia ningún lugar concreto.
—Me voy —dijo, sabiendo que la palabra tampoco iba a servir de nada—. No sé adónde. Pero me voy.
Algo cambió en la cara de la joven. No tristeza exactamente. Algo más parecido a la comprensión llegando tarde, a destiempo, sin previo aviso.
Miró hacia arriba, hacia la plataforma donde la del cabello recogido observaba en silencio, como hacía siempre, y después volvió a mirar a Sevrin.
Señaló hacia el oeste. Después se señaló a sí misma. Después señaló el bosque entero, un gesto circular, amplio.
Sevrin no supo interpretarlo del todo. Podía significar "¿vas hacia allá?" o podía significar "yo me quedo aquí, en todo esto" o podía no significar nada que él pudiera traducir jamás.
—No sé —respondió, con la única honestidad que tenía disponible—. No sé hacia dónde voy.
La joven se quedó mirándolo un momento más, y después hizo algo que Sevrin no esperaba.
Se llevó la mano al pequeño saco de fibra que llevaba atado a la cintura —el mismo tipo de bolsa que usaban las recolectoras de las hadas, aunque tejido de forma distinta, más fina— y sacó algo pequeño, envuelto en una hoja ancha.
Se lo entregó, extendiendo el brazo entero para alcanzar la altura de la mano de Sevrin.
Él lo desenvolvió con cuidado.
Adentro había una tira delgada, seca, de algo que parecía carne curada o quizás un hongo tratado de alguna forma que no reconocía, del largo de su dedo meñique. Olía intensamente, un aroma ahumado y un poco dulce que le recordó, sin razón aparente, al fuego de la primera noche en su cocina, en su mundo, en otra vida.
—Gracias —dijo, y esta vez la palabra le salió más pesada de lo que esperaba.
La joven no sonrió, pero tampoco apartó la mirada.
Sevrin buscó en el morral algo para darle a cambio, algo que tuviera sentido, y encontró la vaina de semillas que la propia joven le había regalado semanas atrás, todavía intacta, las semillas oscuras alineadas en su fila perfecta.
Se la devolvió.
Ella la miró, sorprendida, y Sevrin hizo el gesto que ya conocía de las hadas: la palma abierta, un pequeño empujón hacia adelante.
Para ti. De vuelta.
No sabía si el gesto significaba lo mismo para ella que para las hadas. Pero la joven la tomó de todas formas, y la guardó junto al pecho, en un gesto que a Sevrin le pareció, contra toda lógica, casi idéntico al que hacía él mismo con sus propios objetos guardados.
Desde arriba, la voz de la mayor cortó el aire, no brusca esta vez, más suave que las anteriores.
La joven miró hacia arriba, después otra vez a Sevrin.
Levantó una mano, con los dedos abiertos, y la sostuvo así un momento, sin tocarlo, sin acercarse más.
Sevrin hizo lo mismo.
Sus manos no llegaron a tocarse —la distancia era demasiada, ninguno de los dos dio el paso final— pero se quedaron así, las palmas abiertas en el aire, durante varios segundos.
Después, ella retrocedió, trepó por el tronco con la misma agilidad de siempre, y no volvió a bajar.
Sevrin se quedó mirando las plataformas vacías un largo rato.
La de los árboles, pensó. Así la llamaría en su cabeza, si alguna vez volvía a pensar en ella. No sabía su nombre. No sabía si tenía uno. Pero "la de los árboles" era algo. Algo mejor que "la joven".
Tii —en su hombro desde que habían salido del refugio esa mañana— tocó su mejilla con una mano diminuta, un gesto que nunca había hecho antes. Sevrin no supo si era consuelo, o prisa, o simplemente su manera de decir que ya era hora. Pero se quedó ahí, con la mano en su cara, un segundo más de lo necesario.
—Ya está —dijo Sevrin, guardándose la tira de carne curada junto a la talla de madera—. No creo que los vuelva a ver.
Se equivocaba, aunque todavía no tuviera forma de saberlo.
Pero por ahora, dio media vuelta, y caminó de regreso hacia el refugio por última vez, con cuatro palabras aprendidas, un regalo que olía a fuego, y la sensación extraña de haberse despedido de algo que apenas había empezado a conocer.

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Estás leyendo el capítulo 17 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 24 de septiembre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.