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Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 15 online gratis en español

El zumbido lo despertó antes que cualquier otra cosa. No el de advertencia normal, el que ya conocía de memoria, el que usaban los guerreros para avisarse entre ramas. Este era distinto: más grave, más largo, repetido sin pausa, como si quien lo emitiera no pudiera permitirse dejar de hacerlo ni un segundo. Un sonido bajo, casi gutural, que vibraba en el pecho más que en los oídos. Sevrin salió del refugio con el corazón ya acelerado antes de entender por qué. Ella no estaba en su hombro. No estaba en ninguna parte cercana. Corrió hacia el tronco hueco, guiado por el sonido, por primera vez sin que nadie lo llevara ni lo detuviera. El claro estaba iluminado de una forma que no debería estarlo a esa hora. No por las lunas. Por algo en el suelo, un resplandor bajo, anaranjado, que se movía despacio entre las raíces, como brasas que respiraran. Sevrin se detuvo en el borde del claro. La cosa —no encontraba otra palabra— tenía una forma vagamente humanoide, pero mal proporcionada, los brazos demasiado largos, la cabeza demasiado pequeña para el cuerpo. La piel, si es que era piel, parecía carbón agrietado, y cada grieta dejaba escapar ese mismo resplandor naranja tenue, como si por dentro todavía ardiera algo que nunca terminaba de apagarse del todo. No tenía pelo. No tenía ojos que Sevrin pudiera distinguir con claridad, solo dos hendiduras oscuras en el lugar donde deberían estar. Se movía mal. Erráticamente. Daba dos pasos hacia el tronco, se detenía, giraba la cabeza pequeña hacia un lado como si escuchara algo que no estaba ahí, y volvía a avanzar en una dirección ligeramente distinta. No sabe adónde va, pensó Sevrin. Se mueve como... como si estuviera perdido. Los guerreros lo rodeaban a distancia, las lanzas en alto, pero ninguno atacaba todavía. La criatura no parecía estar cazando. No se lanzaba contra nada, no perseguía a ninguna de las hadas que huían hacia el interior del tronco. Las jóvenes estaban apiladas cerca de las entradas, más quietas que nunca, ni siquiera temblando. Las recolectoras se habían metido dentro del tronco sin hacer ruido. Una de ellas, la que siempre le dejaba la pasta, se asomó un segundo por el borde del hueco, lo miró a él, y volvió a desaparecer. Los guerreros, en cambio, no huían. Flotaban en posiciones cerradas, esperando algo. Esperando una orden. O esperando a ver qué hacía la criatura. Solo caminaba. Erráticamente. Hacia las cenizas. Sevrin lo entendió un segundo antes de que pasara. Junto al tronco, entre dos raíces, había un pequeño montón de restos de un fuego que las recolectoras usaban para secar hierbas —Sevrin lo había visto arder ahí varias veces, siempre pequeño, siempre vigilado. La criatura se detuvo frente a las cenizas frías. Y se arrodilló. Hundió las manos alargadas en ellas, despacio, casi con delicadeza, y las llevó hacia su propio pecho agrietado, como quien recoge agua de un río después de mucho caminar sin beber. No atacaba a nadie. Buscaba ceniza. Necesita eso, pensó Sevrin. No sabía por qué esa idea le parecía tan evidente. Quizás era la forma en que había recogido la ceniza. Quizás la forma en que las grietas de su pecho habían brillado después. No podía asegurarlo. Uno de los guerreros, el de armadura gris de siempre, avanzó un paso, la lanza baja, evaluando. La criatura levantó la cabeza hacia él. Y por un instante, quedó completamente inmóvil. Nadie se movió durante lo que pareció mucho más tiempo del que probablemente fue. Sevrin observó cada detalle: la forma en que la cabeza pequeña se inclinaba, como escuchando algo distante; la manera en que las grietas de su piel palpitaban, más brillantes, después más tenues, sin ningún ritmo que Sevrin pudiera reconocer como intencional. No era como Kaelan. No era como el felino de la vez anterior, que había atacado con un propósito claro, defendiendo algo suyo. Esto no parecía tener ningún propósito en absoluto. Solo hambre, y una especie de desorientación que a Sevrin le recordó, incómodamente, a un animal que ha perdido a su manada y ya no sabe hacia dónde caminar. El guerrero avanzó otro paso. La criatura reaccionó entonces, no con furia, sino con algo más parecido al miedo: retrocedió, torpe, las manos todavía manchadas de ceniza, y se giró hacia el bosque, en dirección al este, del que probablemente había venido. Antes de desaparecer entre los árboles, se detuvo una última vez y giró la cabeza pequeña hacia atrás. No hacia el guerrero. Hacia Sevrin. Las hendiduras oscuras se quedaron fijas en él durante un segundo, dos. Sevrin no supo por qué. Y después se fue, tropezando entre las raíces, dejando un rastro tenue de ceniza en el aire que se disipó casi tan rápido como había aparecido. El claro quedó en silencio. Un silencio distinto al de después del felino: no de alivio, sino de algo más parecido a la confirmación de un temor. Ella apareció en algún momento, posándose en su hombro sin el saludo habitual, sin ningún gesto de calma. Miraba hacia el este con las alas completamente quietas. —Vino de allá —dijo Sevrin, más para sí mismo que para ella—. Y no sabía ni adónde iba. Buscó las palabras que había aprendido, intentó ordenarlas en su cabeza. Este. No tenía una palabra para eso todavía, ni de las hadas ni de la niña de los árboles. Solo el gesto: la mano abierta, el movimiento hacia esa dirección, la negativa inmediata de cualquiera que la viera. Ahora entendía un poco más ese gesto. No era una regla. No era una superstición vieja repetida sin razón. Era una advertencia sobre algo que existía de verdad, que se estaba quedando sin lo que fuera que lo mantenía en su sitio, y que empezaba —despacio, erráticamente, como quien tropieza en la oscuridad— a salir de donde fuera que hubiera estado antes. Sevrin se quedó mirando hacia el este mucho después de que el resplandor naranja hubiera desaparecido del todo entre los árboles. Y por primera vez, no fue solo curiosidad lo que sintió al mirar en esa dirección. Fue la misma certeza fría que ya había visto en los ojos de dos especies distintas, en dos idiomas distintos, sin que ninguna de las dos necesitara explicarle por qué. Ahí había algo. Y lo que fuera, ya no se estaba quedando quieto.
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La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 15

Estás leyendo el capítulo 15 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 21 de septiembre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.