arrow_back

Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 12 online gratis en español

Volvió muchas veces más de las que podía contar. No todas terminaban en algo. Algunos días las plataformas estaban vacías, sin ningún movimiento arriba, y Sevrin se quedaba un rato bajo el mismo árbol antes de volver al refugio sin nada nuevo que guardarse en el bolsillo. Otros días, la joven bajaba —siempre ella, nunca la del cabello recogido, nunca ninguna otra— y se quedaban un rato mirándose, probando sonidos que ninguno de los dos terminaba de pronunciar bien. Ella le enseñó una palabra, al fin y al cabo. O algo parecido a una palabra. Señalaba el suelo y decía un sonido corto, casi un chasquido seguido de una vocal cerrada. Sevrin lo intentó. Le salió mal. Ella se rió —un sonido agudo, distinto a la risa de las hadas, más parecido a una serie de golpes de aire— y él lo intentó otra vez. Le salió menos mal. Señalaba un árbol y decía otro, más largo. Este le costó más. La boca se le trababa en la parte del medio, y ella tuvo que repetirlo tres veces antes de que Sevrin lograra algo que sonara ni siquiera parecido. Ella no se rió esta vez. Solo ladeó la cabeza, como si estuviera evaluando el resultado, y después asintió. Sevrin sintió que había ganado algo. No sabía qué. Pero algo. Señalaba el agua de un charco cercano y decía un tercero, líquido, casi cantado. Ese le salió bien casi de inmediato. Ella abrió los ojos, sorprendida, y Sevrin se dio cuenta de que había sonreído. No lo había decidido. Simplemente había pasado. Ella también le enseñó una cuarta. La más difícil. La repitió señalándose a sí misma una y otra vez, hasta que Sevrin logró acercarse lo suficiente a su sonido. No sabía si era su nombre o simplemente la palabra para "niña" o "persona joven". No tenía forma de preguntarlo. La usó de todas formas, la siguiente vez que la vio bajar por el tronco. Ella se detuvo en seco, lo miró, y por primera vez desde que se conocían, no se rió. Solo asintió. Sevrin no supo qué había dicho exactamente. Pero había acertado en algo. Y eso, por algún motivo, fue suficiente. Ella también le enseñó dónde no ir. No con palabras. Con el cuerpo. Un día, mientras probaban sonidos nuevos, Sevrin señaló hacia el este, hacia donde recordaba haber visto la columna de humo desde la colina, mucho tiempo atrás. Hizo el gesto que ya conocía de las hadas: la mano abierta, un movimiento hacia esa dirección, y después una pregunta sin palabras en la cara. La joven dejó de sonreír. Miró hacia donde señalaba, después miró hacia arriba, hacia la plataforma donde la del cabello recogido observaba, y volvió a mirar a Sevrin. Negó con la cabeza. Un gesto brusco, nada parecido a la negación tranquila con la que rechazaba una palabra mal pronunciada. Sevrin insistió, señalando otra vez, más despacio. Ella retrocedió un paso. Desde arriba, la voz de la mayor cortó el aire, corta y firme, la misma que usaba cuando la llamaba de vuelta al tronco. La del cabello recogido no apartó la vista de Sevrin mientras llamaba a la joven. No parecía enojada. Parecía otra cosa. Algo más parecido a la cautela. O al miedo. La joven no esperó a que se lo repitiera. Trepó rápido, sin mirar atrás esta vez, y no volvió a bajar en todo el resto del día. Sevrin se quedó solo, con la mano todavía a medio bajar. Ellos también, pensó. Recordó el gesto del guerrero hada, señalando el humo y después el bosque en dirección contraria. No vamos allí. Y no es porque no queramos. Es porque tenemos miedo. Ahora sabía que no eran los únicos. No eran solo las hadas. No era solo un cuento que se contaban entre sí en un rincón del bosque. Dos especies completamente distintas, que ni siquiera compartían idioma entre ellas, coincidían exactamente en una sola cosa: nadie iba hacia el este. Nadie decía por qué. Nadie necesitaba decirlo. Ella —la de ojos ámbar— voló hasta su hombro cuando ya se alejaba del árbol, y se quedó ahí, más callada que de costumbre. —¿Ustedes también le tienen miedo? —preguntó Sevrin, sin esperar respuesta, sabiendo perfectamente que no la iba a tener. Ella no respondió, claro. Pero tampoco voló hacia adelante como solía hacer cuando quería que caminara más rápido. Se quedó quieta en su hombro, las alas plegadas, mirando hacia atrás, hacia el este, durante un buen rato antes de que Sevrin retomara el camino. Caminó de regreso pensando en las cuatro palabras que ya conocía —suelo, árbol, agua, y esa cuarta que quizás era un nombre— y en la única cosa que nadie, en ningún idioma que hubiera escuchado hasta ahora, había querido enseñarle. Lo que fuera que estuviera hacia el este, no tenía nombre todavía. O lo tenía, y nadie se atrevía a decírselo.
La Forma de un Monstruo (Novela)

Continúa leyendo

La Forma de un Monstruo (Novela)

Capítulo 13

Siguiente Capítulo ›

La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 12

Estás leyendo el capítulo 12 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 21 de septiembre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.