Leer La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 11 online gratis en español
Volvió cuatro días después, esta vez sin nada que devolver ni nada que dejar, solo con la curiosidad empujándolo más que la prudencia.
Y esta vez no fue solo una figura la que vio.
Eran tres, en plataformas distintas, a diferentes alturas, todas quietas, todas mirando hacia abajo, hacia él, sin ningún intento de ocultarse. Una era más baja que la primera que había visto, con el cabello recogido en un solo nudo alto en vez de trenzas. Otra, más pequeña —quizás más joven, quizás simplemente de otra complexión—, se asomaba desde detrás de un tronco, medio escondida, medio no.
Nadie saltó. Nadie se acercó.
Sevrin se quedó de pie en el mismo lugar de siempre, las manos abiertas a los costados, sin el bastón que ya no necesitaba.
—Hola —dijo, otra vez, sabiendo que no iba a servir de nada, sabiendo también que decirlo de todas formas era, de alguna manera, parte del gesto.
La más joven se movió primero. No hacia abajo. Hacia un lado, asomándose un poco más, los ojos grandes fijos en él con una curiosidad que no intentaba disimular.
La del cabello recogido dijo algo. Una sola palabra, o lo que sonó como una sola palabra, dirigida a la más joven, con un tono que Sevrin reconoció de inmediato aunque no entendiera ni una sílaba.
Un tono de advertencia. El mismo que usaría cualquier adulto con cualquier niño.
La joven no bajó. Pero tampoco se escondió del todo.
Ella —la de ojos ámbar— voló despacio hacia adelante, alejándose del hombro de Sevrin por primera vez desde que habían llegado, y se detuvo en el aire, a medio camino entre él y las plataformas.
Las tres figuras la miraron.
Algo pasó entre ellas que Sevrin no pudo seguir del todo: un intercambio de miradas, un gesto pequeño de la del cabello recogido, casi un asentimiento.
Y entonces la más joven bajó.
No de un salto largo como el primero. Bajó por el tronco, usando salientes de corteza como si fueran peldaños, con una agilidad que igual dejaba en ridículo cualquier cosa que Sevrin pudiera hacer trepando, hasta quedar de pie sobre una raíz gruesa, a unos cinco metros de él.
Arriba, las otras dos no se movieron. La del cabello recogido tenía la vista fija en la joven. La otra, la más baja, miraba a Sevrin. Ninguna de las dos intervino.
Se quedaron mirándose.
De cerca, Sevrin pudo ver mejor los detalles: la piel marrón rojiza, más clara en las palmas de las manos; los dedos, ligeramente más largos que los suyos; los ojos, grandes, oscuros, con una forma alargada en las esquinas que no era exactamente humana ni exactamente animal.
No debía tener más de doce o trece años, si es que su especie envejecía de forma parecida a la humana. Lo cual, pensó Sevrin, no tenía ninguna razón para asumir.
La joven señaló hacia Sevrin. Después se señaló a sí misma. Después hizo un gesto con la mano, un movimiento corto, hacia arriba y hacia abajo, que Sevrin no supo interpretar.
Lo intentó de todas formas.
Se señaló a sí mismo.
—Sevrin —dijo.
La joven ladeó la cabeza. Repitió el sonido, deformado por una boca que no estaba hecha para esas sílabas exactas, casi de la misma forma torpe en que él había intentado repetir el nombre de ella hacía días.
—Se... vrin.
No fue perfecto. Pero fue lo más cerca de una palabra compartida que Sevrin había tenido desde que llegó a ese mundo.
La del cabello recogido dijo algo desde arriba, más corto esta vez, más firme.
La joven miró hacia atrás, después otra vez hacia Sevrin, y retrocedió un paso hacia el tronco. No huyendo. Simplemente obedeciendo.
Antes de trepar de vuelta, se agachó y tomó algo del suelo —una vaina larga, de un verde brillante, caída de alguna rama— y la lanzó hacia él con un movimiento suave, sin fuerza, calculado para que llegara sin golpearlo.
Sevrin la atrapó.
La joven ya estaba trepando cuando él levantó la vista para agradecer, y para cuando terminó de decir "gracias" —una palabra que sabía perfectamente que no iban a entender, otra vez, y que dijo de todas formas— las tres figuras ya se habían perdido entre las hojas.
Sevrin se quedó mirando la vaina en su mano. Por dentro, semillas pequeñas y oscuras, alineadas en una fila perfecta.
No sabía si se comían. No sabía si eran un regalo o una curiosidad que le mostraban, como quien enseña algo nuevo a un extraño sin esperar que haga nada con eso.
Se la guardó junto a la talla de madera.
Ella voló de regreso a su hombro, y por primera vez desde que la conocía, Sevrin notó algo parecido a la relajación en la forma en que se acomodó ahí. Como si la tensión de los últimos días —el ataque, la costilla, el humo, las plataformas vacías— se hubiera aflojado un poco con esa sola palabra deformada, "Sevrin", repetida por una boca que no era la de ella.
Caminó de regreso al refugio con dos objetos nuevos en el bolsillo y una certeza que todavía no sabía qué hacer con ella:
el bosque no solo estaba habitado.
Estaba empezando, muy despacio, a fijarse en él.

Continúa leyendo
La Forma de un Monstruo (Novela)
Capítulo 12
La Forma de un Monstruo (Novela) Capítulo 11
Estás leyendo el capítulo 11 de La Forma de un Monstruo (Novela), un novela. Sevrin no era nadie. Una vida vacía. Un mundo que no le ofrecía nada. Hasta que todo terminó. Despertó en un mundo que no entiende. Dos soles, dos lunas y criaturas que observan en silencio desde lugares que no puede… Este capítulo tiene publicado el 21 de septiembre de 2026. La Forma de un Monstruo (Novela) tiene 60 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.