Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 84 online gratis en español
🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Después del susurro, Zheng Zhuxi volvió a quedarse callada y no dijo nada más. Apoyó las manos en el alero, inclinándose levemente hacia adelante, contemplando en trance la luna gibosa.
Ding Songyan no preguntó. Simplemente miró hacia el horizonte, con el resplandor claro de la luna reflejado en sus ojos. La noche era profunda y el mundo estaba en silencio, con la luna brillante como su única compañía.
Después de un tiempo indeterminado, Zheng Zhuxi de pronto retiró la mirada. Miró de reojo a Ding Songyan, con sus ojos aclarándose poco a poco.
—Ejem —Zheng Zhuxi se aclaró la garganta—. Hermano Menor, se está haciendo tarde. Debería volver a mi habitación.
Con un leve impulso de su mano derecha, flotó suavemente hacia abajo hasta aterrizar en el patio. Sin siquiera mirar a Ding Songyan, quien saltó de inmediato detrás de ella, se dio la vuelta y se dirigió directo hacia el ala este.
—Hermana Mayor —dijo Ding Songyan en un tono deliberadamente grave—. Controla un poco más tu forma de beber en el futuro.
Zheng Zhuxi se dio la vuelta en un instante, con la barbilla levemente alzada.
—Solo bebí más de lo habitual porque tú estabas aquí, Hermano Menor. ¡Eso se llama confiar en ti!
El resplandor de la luna caía sobre su rostro, revelando sus contornos entre luces y sombras junto a un rubor rosado que aún persistía.
—¿Y si no fuera un caballero? —preguntó Ding Songyan con una sonrisa.
Zheng Zhuxi irguió el cuello con orgullo.
—¡De todas formas no me ganarías!
—¿Y si pudiera ganarte? —insistió Ding Songyan con una sonrisa burlona.
—¡Entonces no habría bebido tanto! —Zheng Zhuxi soltó un resoplido, se dio la vuelta con la espalda perfectamente recta y caminó hacia el ala este a paso firme.
Sin embargo, en cuanto el ala este apareció a la vista, sus pasos se aceleraron de manera inconsciente, cada vez más rápido. Entró de un salto, cerró la puerta de madera de un tirón y pasó el cerrojo con un chasquido seco.
Ding Songyan contempló la silueta de su hermana mayor hasta que la puerta la ocultó de la vista; luego, sonrió y sacudió la cabeza. Regresó a su habitación, aprovechó el agua caliente que la Tía Wang le había dejado lista y se dispuso a descansar.
A la mañana siguiente, al levantarse e ir al comedor, la Tía Wang ya lo estaba esperando.
—Segundo Amo, la Heroína Zheng se despertó muy temprano. En cuanto se lavó y se cambió de ropa, dijo que tenía asuntos pendientes en la oficina y se marchó a toda prisa, sin siquiera comer —le informó la Tia Wang.
«Está demasiado avergonzada para darme la cara por ahora...», pensó Ding Songyan con una sonrisa antes de asentar con la cabeza.
—No se preocupe.
«Es una mujer adulta. ¿Qué necesidad hay de preocuparse por si come o no?».
Tras el desayuno, Ding Songyan salió al patio para repasar, una a una, las Nueve Artes Primordiales, la Circulación Directa-Inversa y las artes de espada que dominaba hasta la fecha. Solo después de terminar su práctica se aseó, se vistió con una túnica de erudito limpia y se recogió el cabello de forma sencilla con una cinta de tela azul pálido.
Tomó sus cartas, agarró a Sombra Gélida y salió a pasear a paso tranquilo. Se detuvo primero en el Pabellón Debao, que pertenecía a la Secta del Espíritu Verdadero, para confiarle al dueño su carta para Ren Youyang, y después se dirigió hacia el Salón Tianyang, en la Calle Yupei, ubicada al este de la ciudad.
Era una casa gremial de comerciantes, frecuentada por comerciantes de seda y brocado. El edificio tenía una apariencia antigua y tranquila. Parecía nada del otro mundo, pero cada ladrillo y cada teja, cada flor y cada brizna de pasto tenían su propia procedencia y valían una suma nada desdeñable.
Ding Songyan no entendía del todo la conexión entre el Salón Tianyang y la familia Su o la Escuela de la Doncella Celestial. ¿Con qué base bastaba entregar una carta acá? ¿Acaso la familia Su controlaba una buena parte del comercio de la seda? Pero ya que la señorita Xiaoqing lo había dicho así, no tenía razón para dudarlo.
—¿En qué puedo ayudarlo, honorable huésped? —El portero del Salón Tianyang se acercó a recibirlo.
—Tengo una carta que me gustaría que enviaras —Ding Songyan sacó la carta para la señorita Xiaoqing del bolsillo oculto detrás del codo.
El portero no mostró ninguna negligencia, ni preguntó a quién iba dirigida la carta.
—Por favor, espere en el salón de entrada, honorable huésped. Voy a hacer que alguien traiga al administrador.
«Muy bien entrenado, con un fino sentido del decoro...», Ding Songyan asintió y entró a esperar en el salón de entrada.
Desde el primer patio le llegó el eco de puñetazos, patadas y el chocar de hojas metálicas. Atraído por la curiosidad, avanzó hacia el corredor cubierto y asomó la mirada hacia el patio inferior, el cual era lo bastante amplio como para servir de campo de entrenamiento.
De un solo vistazo reconoció a un viejo conocido. Aquel hombre de piel oscura era fornido y de contextura imponente, con una altura de 1,92 metros. Su aspecto recordaba más al de un granjero curtido por el sol que al de un artista marcial; era, sin lugar a dudas, el Hermano Mayor Yang, del Salón de Artes Marciales "Estanque de Piedra".
Al recordar dicho salón, Ding Songyan sintió cierta gratitud hacia ellos. Si el maestro del salón no hubiera tenido vínculos con la Banda del Bote Pequeño ni hubiera filtrado aquella información, lo que desencadenó el caos en la casa Zhen, tal vez él jamás habría tenido la oportunidad de matar a Yan Changqing ni de experimentar su espectacular salto cuántico.
En ese instante, el Hermano Mayor Yang se encontraba enfrascado en un feroz combate contra un espadachín. Tenía los pies firmemente plantados, ejecutando cada paso con una fuerza sólida y devastadora. Con cada golpe brutal que lanzaba, su piel adoptaba un brillo negro férreo, dando la impresión de haberse vuelto tan gruesa como el cuero. Su oponente, en cambio, evitaba el choque frontal; dependía enteramente de su juego de pies y de su agilidad para esquivar y cambiar de posición mientras atacaba de forma constante los ojos, los oídos, el pecho, la garganta y la ingle de Yang.
Ding Songyan entrelazó las manos detrás de la espalda, sosteniendo su espada, y observó la contienda con gran interés. Las enseñanzas de su maestra, Tao Wenshu, afloraron de inmediato en su mente:
«Cuando enfrentes a un enemigo diestro en artes de puño y palma, no mires solo los puños y las palmas. Toda su arte reside o bien en volverse impermeable a la hoja y la lanza, o mayormente en sus pies, en su juego de pies, en sus técnicas de movimiento. Cuanto más corto el alcance, mayor el peligro. Por más poderosos que sean tus puños y palmas, si no puedes cerrar la distancia con tu oponente y no puedes conectar un golpe, ¿de qué sirven? Cuando enfrentes a un enemigo así con una espada larga, lo que más tienes que vigilar es su juego de pies. Controla la distancia entre los dos, y controlas su vida y su muerte. Por el mismo principio, cuando enfrentes armas como lanzas, tienes que hacer pleno uso de tus propias técnicas de movimiento».
Respaldado por este conocimiento y recurriendo a Manifestar el Camino y su Virtud, Ding Songyan fue capaz de descifrar el transcurso de la batalla con total facilidad.
El Puño de la Herida de Hierro del Hermano Mayor Yang basaba su efectividad en técnicas de endurecimiento corporal similares a la Camisa de Hierro, pero él aún no había alcanzado la cumbre de dicha disciplina. Más allá de arrastrar varias debilidades innatas, su cuerpo por el momento solo lograba amortiguar el impacto de los ataques en lugar de conseguir una auténtica inmunidad ante los filos y las lanzas. Además, su juego de pies priorizaba una postura estática y descendente que resaltaba la fuerza bruta, pero carecía por completo de agilidad y sutileza.
Por el contrario, el espadachín se desplazaba con rapidez de un lado a otro, alternando entre posiciones altas y bajas, rodeando al Hermano Mayor Yang sin concederle el menor espacio para acortar la distancia. Tampoco se limitaba a evadir; cada desplazamiento iba acompañado de una estocada dirigida con precisión a los puntos débiles de su rival, impidiendo que el Hermano Mayor Yang pudiera limitarse a resistir a la espera de que el otro se fatigara.
Puño contra espada, fuerza bruta contra destreza. Ding Songyan observó el intercambio unos momentos más. Al notar cómo brotaban varios cortes superficiales en el cuerpo del Hermano Mayor Yang, supo que el destino de la batalla estaba sellado. Desde su perspectiva, la única alternativa que le quedaba a Yang para alzarse con la victoria consistía en sacrificar su propio físico: valerse de su piel endurecida y su técnica especial para exponer deliberadamente un punto ciego, asumiendo el costo de una herida de gravedad a cambio de una oportunidad real de romper la distancia y forzar un combate cuerpo a cuerpo. Sin embargo, esto no era un duelo a muerte, y resultaba evidente que el Hermano Mayor Yang no pretendía arriesgarlo todo.
«Como su propio nombre indica, Puño de la Herida de Hierro: ¿cómo pretendes lastimar a otros si no estás dispuesto a lastimarte a ti mismo primero?», dictaminó Ding Songyan para sus adentros, negando con la cabeza.
Justo en ese momento, el administrador del Salón Tianyang se aproximó a paso apresurado, guiado por un sirviente, y saludó a Ding Songyan juntando las manos con una sonrisa afectuosa.
—Joven señor, ¿a quién le gustaría que enviara esta carta?
Ding Songyan retiró la mirada del combate y le entregó la carta al administrador.
—Para la Señorita Su Qingli. Me dijo que si le respondía, podía entregar la carta en el Salón Tianyang.
El administrador, con un gorro cuadrado de erudito, se congeló por un instante, y luego se le dibujó una sonrisa y recibió la carta.
—Quédese tranquilo, joven señor. Esta carta va a llegar a la Señorita Su sana y salva.
«Entonces sí que están vinculados con la familia Su...». Por la sutil reacción del hombre, Ding Songyan dio su sospecha por confirmada.
Mientras tanto, al otro lado del patio, Yang Shiduo había perdido de forma inevitable. Contrajo los músculos para contener la hemorragia de sus heridas y abandonó el Salón Tianyang con la moral por los suelos. No obstante, una figura familiar se plantó de pronto ante sus ojos. Bajo la sombra de un sauce, se encontraba aquel joven de túnica blanca como la luna, facciones regulares y mirada serena. Llevaba el cabello recogido con una cinta azul y las manos cruzadas a la espalda, sosteniendo una espada envainada.
—Ding Songyan... —exclamó Yang Shiduo, sin poder contenerse.
Apenas un mes atrás, todavía se permitía fantasear con convertirse en una verdadera potencia como él. Durante las últimas semanas, sin embargo, ni siquiera se había atrevido a albergar semejante pensamiento.
Ding Songyan esbozó una leve sonrisa.
—Hermano Mayor Yang, confío en que te encuentres bien.
Yang Shiduo guardó silencio un momento, asimilando el saludo.
—Bastante bien, supongo... —Luego, añadió—: Solo llámame Yang Shiduo.
El hombre que tenía delante ya no era el simple narrador que frecuentaba los exteriores del Templo Dangkang. ¡Era una verdadera potencia que había alcanzado la perfección en el camino marcial!
—¿No estabas a cargo de los estudiantes en el Salón de Artes Marciales "Estanque de Piedra" en ausencia de tu maestro? —preguntó Ding Songyan, dando un par de pasos al frente con tono casual.
Como Xu Chang'an había vuelto a visitar el lugar recientemente, Ding Songyan poseía un panorama bastante claro de la situación.
El semblante de Yang Shiduo demudó varias veces antes de responder en voz baja:
—Mi maestro se vio implicado en el asunto de la Banda del Bote Pequeño. Por fortuna su vida no corrió peligro, pero el salón ya no puede operar. Solo nos quedamos un puñado de discípulos. Hoy el Salón Tianyang está contratando capitanes de escolta para una caravana comercial, así que vine a probar suerte.
—Ya veo... —Ding Songyan ya intuía que el desenlace habría sido parecido.
Desde su perspectiva, el Maestro de Salón Liu, del Salón de Artes Marciales "Estanque de Piedra", no había hecho nada malo. Había prestado un servicio, haciendo su propia contribución indispensable al salto a los cielos de Ding Songyan.
Yang Shiduo lo miró de reojo, incapaz de reprimir una duda:
—Se suponía que ya habías alcanzado la cima... ¿Por qué decidiste unirte también a la Secta Noche-Brillante?
«Je, je. En aquel entonces mi supuesto salto a los cielos era una farsa, pero hoy es un hecho absoluto. Aunque, a fin de cuentas, la vieja mentira bien puede pasar por verdad. Mientras yo no lo aclare, para Yang Shiduo y los de su clase, mi hazaña pasada es una realidad incuestionable... ¿Será este el modo en que una farsa se vuelve real?», sonrió Ding Songyan para sus adentros antes de responder en voz alta:
—Dar un gran salto en el camino marcial es una fortuna, pero si uno apunta demasiado alto antes de estar listo, cuanto más alta sea la subida, más dura será la caída. Carezco de un fundamento sólido, por lo que necesito forjar mis cimientos como corresponde.
Yang Shiduo lo escuchó atónito, conmovido por una profunda oleada de respeto.
«Ding Songyan tiene las ideas tan claras, no posee el más mínimo rastro de arrogancia...».
Al principio, el repentino éxito de Ding Songyan había despertado en él cierta envidia sazonada con amargura; sin embargo, ante semejante prudencia y madurez, todo su recelo se transformó en pura admiración.
«¡Ding Songyan de verdad se merece esta fortuna!».
—¿Ya comenzaste con la forja de aperturas? —indagó Ding Songyan a modo de consulta.
Yang Shiduo encontró esta manera de tratarlo completamente apropiada.
—Cuando nos quedamos solos unos cuantos discípulos, mi maestro, conmovido por nuestra lealtad, me guio para forjar mi primera apertura. Ahora he ingresado formalmente al Reino de la Gran Derivación.
Ding Songyan abordó la conversación desde otro ángulo:
—¿Sabes por qué has perdido hace un momento?
Yang Shiduo meditó la pregunta unos instantes y bajó la cabeza.
—No fui capaz de seguir el ritmo de su juego de pies, y la técnica de endurecimiento de mi Puño de la Herida de Hierro todavía no está plenamente dominada.
Ding Songyan lo contempló en silencio durante unos segundos y luego sonrió con serenidad.
—No. Perdiste porque te aferraste rígidamente a las normas y te negaste a ir más allá de los métodos antiguos.
Ahora que tenía a Xu Chang'an probando las Nueve Artes Primordiales y otros manuales secretos, Ding Songyan sentía que todavía necesitaba más gente para verificar sus ideas e intuiciones marciales. Después de todo, tenía que mantener un perfil bajo y tenía pocas oportunidades de combate real por el momento. En ese caso, "enseñaría" a unas cuantas personas a pelear en su nombre como sustitutos. La Hermana Mayor Zheng era una, el Hermano Mayor Wan era otro, Xu Chang'an era otro, y este Hermano Mayor Yang, que no conocía ninguna de las artes de la Secta Noche-Brillante pero "sabía" que él era una potencia, podía ser otro más.
—Aferrarme rígidamente a las normas, negarme a ir más allá de los métodos antiguos... —Yang Shiduo repitió las palabras de Ding Songyan.
No sintió ningún impulso de cuestionarlo. Sabía con perfecta claridad que Ding Songyan era una potencia mayor que su propio maestro.
Ding Songyan dio unos pasos y sonrió levemente.
—Si te doy algunos consejos, podrías vencer al oponente de hoy en menos de 10 movimientos.

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La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela)
Capítulo 85
La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 84
Estás leyendo el capítulo 84 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 16 de julio de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.