Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 8 online gratis en español
🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
La joven del sencillo vestido blanco miró a Ding Songyan con una mezcla de expectación y preocupación.
—Si no se encuentra bien, quizá debería volver a casa y descansar primero. Yo... yo no tengo prisa.
Su voz era suave y melodiosa, agradable al oído.
Ding Songyan soltó una ligera risa.
—No es nada grave. Después de todo, llevo más de dos horas deambulando por los alrededores del Templo Dangkang. Simplemente estoy algo agotado mentalmente. Si más adelante me trabo al hablar o pierdo el hilo de la historia, espero que me disculpe.
Estaba allanando el terreno de antemano. Nunca había contado una historia ante un público y no tenía idea de cómo saldría.
Mientras hablaba, una serena melancolía se instaló en su interior.
Durante sus años de estudiante había despreciado todo aquello: las relaciones sociales, los favores, las conexiones cuidadosamente cultivadas. Estaba convencido de que la inteligencia y una comprensión profunda de las cosas bastaban para resolver cualquier problema y alcanzar cualquier éxito. Luego la realidad lo había golpeado de frente. Y después de reconstruirse pieza a pieza, aprender a leer a las personas, acercarse a quienes convenía y mantener esas relaciones se había convertido en algo casi instintivo.
En el último año o dos, con el negocio ya encaminado y sus ambiciones temporalmente satisfechas, cada vez se había sentido más cansado, tanto física como mentalmente.
Nunca había estado hecho para los negocios.
Más de una vez había imaginado una vida distinta: volver al mundo académico, investigar aquello que realmente le apasionaba sin tener que preocuparse por intrigas ni intereses ocultos, y pasar el tiempo libre bebiendo, charlando de cualquier tontería y compartiendo momentos con unos pocos amigos cercanos. Qué buena vida habría sido aquella.
Pero también sabía que era una fantasía indulgente. Si detrás de él no hubiese habido ya una fortuna considerable, dedicarse a investigar por pasión en lugar de por dinero lo habría dejado atrapado en preocupaciones constantes, incapaz de disfrutar de nada de eso.
Mientras esos pensamientos cruzaban su mente, Ding Songyan llegó al espacio que le correspondía. No había silla ni taburete, ni siquiera un simple accesorio.
Ordenó sus ideas y empezó a pensar qué historia contar.
Su mirada pasó por la joven de blanco y por la sirvienta de falda verde que la acompañaba, y de pronto se le ocurrió una idea.
Una leve sonrisa apareció en sus labios.
—Estimados oyentes, la historia que les traigo hoy se titula La leyenda de la Serpiente Blanca.
Mientras pronunciaba aquellas palabras, observaba discretamente a la joven, a su sirvienta y al vendedor de parches de las inmediaciones, atento a cualquier destello de reconocimiento en sus rostros. Quería comprobar si existía algo parecido en este mundo.
Aunque, en realidad, tampoco importaba demasiado. Ya había preparado una salida de antemano. Se trataba de una leyenda que había aprendido recientemente, no de una obra escrita por él.
Si alguien encontraba similitudes con otra historia, siempre podría atribuirse a una simple adaptación o reinterpretación.
Además del detalle de haberse inspirado en los colores de la ropa de las dos mujeres, Ding Songyan tenía otra razón práctica para elegir La leyenda de la Serpiente Blanca. La serie de televisión había sido emitida incontables veces durante su infancia, y la había visto junto a su familia. Ya de adulto, también había visto casi todas las adaptaciones posteriores. Conocía la estructura de la historia y todavía recordaba los principales puntos clave. Improvisar escenas concretas y diálogos sobre la marcha no le parecía mucho más difícil que presentar una visión grandiosa ante un grupo de inversores con una presentación de diapositivas de PowerPoint.
Esa era también una de las razones por las que no le preocupaba demasiado que lo acusaran de haberle “robado” la obra a alguien más. Aparte de los acontecimientos principales, todo lo demás tendría que inventarlo en el momento. Era imposible que existieran dos versiones exactamente iguales.
Al ver que los pocos espectadores reunidos a su alrededor mostraban expresiones de curiosidad, Ding Songyan exhaló en silencio. Al menos, La leyenda de la Serpiente Blanca no parecía existir en la prefectura de Dingjiang.
Durante las horas que había pasado escuchando romances y relatos heroicos, solo había oído historias sobre doncellas celestiales que descendían al mundo mortal para enamorarse de hombres. Nada acerca de amores, agravios y destinos entre yao \[1\] y seres humanos.
Aquel sector del mercado era relativamente tranquilo. No había músicos de gong y tambor cerca, ni artistas marciales atrayendo multitudes con demostraciones espectaculares. Era algo deliberado. El mercado estaba organizado de tal manera que los espectáculos literarios y silenciosos ocupaban una zona específica, mientras que las actividades más ruidosas y físicas se concentraban en otra. Entre ambas había una franja de puestos comerciales que actuaba como amortiguador para evitar que unas interfirieran con las otras.
De pie en aquel espacio abierto, Ding Songyan apenas sintió nervios. De forma extraña, casi desconcertante, la sensación era exactamente la misma que cuando encendía un proyector y abría una presentación de PowerPoint ante un grupo de inversores.
La familiar serenidad regresó a él. Como si hubiera pasado toda una vida. Y, en realidad, así había sido.
Habiendo identificado a la joven de ojos rasgados y delicada barbilla como su potencial “inversora”, Ding Songyan comenzó con calma.
—Hace muchísimo tiempo, en las tierras del sudoeste, al pie del monte Qingcheng, vivía una pequeña serpiente blanca...
Desde la primera frase situó la historia en tiempos remotos, para ahorrarse preguntas incómodas más adelante sobre dónde estaban el monte Qingcheng, el Lago del Oeste o el Templo Jinshan.
«La verdad es que ni yo lo sé. Todo ocurrió en tiempos antiguos.»
Comenzó con la historia de la vida pasada de Xu Xian, cuando salvó a la pequeña serpiente blanca.
Para rellenar los detalles, pues hacía años que había olvidado cómo lo desarrollaba la serie de televisión, añadió una escena de su propia cosecha.
La serpiente, medio congelada, había sido escondida entre las ropas de Xu Xian y calentada con el calor de su propio cuerpo.
Después de aquello, la serpiente blanca cultivó en su cueva durante mil años hasta alcanzar la iluminación y adoptar forma humana.
Guiada por una bodhisattva \[2\], partió junto a Xiaoqing para encontrar al Xu Xian reencarnado y devolverle aquella bondad, saldando así la deuda kármica que existía entre ambos.
Mientras narraba, Ding Songyan no dejaba de observar a la joven vestida de blanco. Ella escuchaba con absoluta atención.
Incluso su respiración se había vuelto ligera y silenciosa. Sus ojos oscuros brillaban intensamente; no contenían lágrimas, y sin embargo parecía que estuvieran llenos de ellas.
«Buena reacción... La potencial “inversora” está interesada.»
La confianza de Ding Songyan creció.
Ding Songyan sentía que la transición de la gratitud al amor en los sentimientos de la Dama Bai hacia Xu Xian necesitaba escenas adecuadas que mostraran de forma convincente ese cambio emocional. Pero no recordaba suficientes detalles de la obra original. Así que, discretamente, comenzó a incorporar fragmentos de su propia experiencia sentimental. Tomó algunas cosas que había hecho por una antigua novia y que realmente la habían conmovido, y las tejió dentro de la historia.
Primero, un encuentro casual bajo la lluvia en el Lago del Oeste, compartiendo refugio en la misma embarcación. Luego, el préstamo de un paraguas y el intercambio de nombres antes de separarse.
Más tarde, la Dama Bai afirmaba haber viajado a Lin'an para copiar sutras budistas como cumplimiento de una promesa, pero, al tener miedo de ir ella misma, solo pudo excusarse diciendo que no se sentía bien.
Xu Xian, compadecido por aquella aparente fragilidad, acudía al templo en su lugar y pasaba varios días copiando los sutras para ella.
Y después, cuando la relación entre ambos ya se había estrechado, humano y yao, habiendo desarrollado sentimientos mutuos, fueron a pedir un deseo bajo un gran árbol del que se decía que concedía el amor. Al levantar la vista, sus miradas se encontraron.
Levantaban la vista exactamente al mismo tiempo. Y sus miradas se encontraban.
Llegado ese punto, Ding Songyan decidió detenerse.
Si su objetivo era construir una relación con aquella joven a lo largo del tiempo, lo peor que podía hacer era terminar la historia demasiado deprisa. ¿Por qué acabarla en un solo día? Una semana como mínimo. Dos semanas sería aún mejor. Se verían a diario hasta convertirse en rostros familiares.
Y entonces, si surgía algún problema y ella tenía la capacidad de ayudar, ¿a quién estaría más dispuesta a tenderle una mano, a un desconocido o a alguien con quien ya hubiera forjado un cierto vínculo?
La respuesta era evidente.
Al plantearse el cierre, Ding Songyan sintió que la narración había avanzado quizá demasiado bien. La historia todavía no había acumulado suficientes conflictos ni altibajos. Ya había atraído a varias decenas de oyentes, pero en gran medida gracias a la novedad de su estilo y al frescor que aportaba un romance entre humanos y yao. Si permitía que Xu Xian y la Dama Bai llegaran al matrimonio sin obstáculos, no habría ningún motivo especial para que el público regresara al día siguiente.
Con aquello en mente, y especialmente pensando en darle a la joven de blanco una razón para volver, decidió cambiar el rumbo de la historia. Antes de que pudiera celebrarse la boda, introdujo a Fahai.
El monje apareció frente a la posada donde la Dama Bai y Xiaoqing se habían alojado tiempo atrás y murmuró para sí: “Percibo una energía yao”.
Ding Songyan observó cómo la inquietud aparecía simultáneamente en los rostros de sus oyentes. Y se detuvo justo ahí.
—Como dice el refrán: Encantador es el Lago del Oeste en marzo. La lluvia primaveral es como el vino, y los sauces como el humo. Quienes están destinados a encontrarse lo harán, aunque estén lejos. Quienes no lo están, ni siquiera frente a frente lograrán tomarse de la mano.\[3\] Si desean saber qué sucede después... ¡escuchen la próxima entrega!
La joven de blanco abrió ligeramente la boca. Su expresión era de absoluta frustración, era como si dijera:
“¿De todos los momentos posibles para detenerte, tenía que ser precisamente ahí?”
Ding Songyan recorrió la multitud con una satisfacción apenas perceptible y juntó las manos en señal de cortesía.
—Hoy he venido sin accesorios ni utilería, así que no hace falta dejar propina. Si la historia les ha gustado, vuelvan mañana.
No tenía intención de aceptar el dinero de la joven ese día. Quería causarle una impresión concreta. Pero no podía tratarla de forma especial. Hacer un favor gratuito y sin motivo aparente a una persona suele despertar más sospechas que buena voluntad. Por eso decidió extender el mismo trato a todo el mundo y no cobrar nada a nadie.
—¡Qué hombre tan modesto, Ding Songyan! —exclamó uno de los oyentes con aprobación.
La joven de blanco, que ya tenía unas monedas preparadas en la mano, no tuvo más remedio que guardarlas nuevamente.
Permaneció donde estaba mientras la multitud se dispersaba. Solo cuando la mayoría se hubo marchado avanzó junto a su sirvienta.
—Ding Songyan, ¿ese monje llamado Fahai encontrará a la Dama Bai y a Xiaoqing?
«Por supuesto que no. Si los descubre tan pronto, ¿cómo voy a seguir improvisando la historia? ¿Cómo voy a dejar que la Dama Bai y Xu Xian abran una farmacia, se enamoren, tengan hijos, o que Dama Bai y Xiaoqing utilicen sus artes yao para resolver problemas? Todavía necesito sembrar muchos momentos satisfactorios antes de llegar a eso. Mañana haré que el peligro se acerque y luego pase de largo. La verdadera crisis la reservaré para otro final.»
Ding Songyan sonrió.
—Vuelve mañana y lo descubrirás.
La joven infló ligeramente las mejillas.
—Está bien.
No insistió más. En cambio, preguntó con sincera preocupación:
—¿Todavía te encuentras mal? Conozco a varios médicos muy competentes.
«Será mejor que regreses mañana...»
—Ya estoy bien.
Los pensamientos de Ding Songyan dieron un giro.
—La verdad es que no hace mucho alguien intentó matarme. Aún no sé quién fue, y esa preocupación me ha estado rondando la cabeza. Desde entonces no he estado precisamente en mi mejor momento. Por eso no me había atrevido a salir a contar historias hasta hoy.
Lo dijo como quien comenta algo sin importancia. No estaba pidiendo ayuda. Solo quería plantar aquella información en su mente.
Los brillantes ojos de la joven se iluminaron de inmediato. Se giró y cruzó una mirada con la sirvienta de falda verde.
Todo lo que pensaba estaba escrito claramente en su rostro.
«¡Por fin! ¡Una oportunidad de hacer algo heroico!»
Se aclaró la garganta y sonrió a Ding Songyan.
—Bueno... sé pelear un poco. Si hay algo en lo que pueda ayudar, puedes encontrarme en el Gremio Tianyang. Pregunta por... pregunta por...
Se trabó a mitad de frase, lanzó una mirada a la sirvienta vestida con una falda verde y recuperó enseguida su sonrisa radiante. —¡Pregunta por Xiaoqing!
Ding Songyan apenas logró contener la alegría.
—Muchas gracias, joven heroína. Le estoy profundamente agradecido.
La sonrisa de la joven floreció todavía más. Sin embargo, se sintió algo avergonzada al no saber qué decir a continuación. Así que empezó a agitar la mano en señal de despedida, pero justo cuando iba a marcharse, sus ojos se posaron en un anciano que vendía brochetas de espino caramelizado cerca de allí.
Sacó unas monedas de cobre, compró dos brochetas y le tendió una a Ding Songyan.
—Hoy no aceptaste plata, pero tampoco puedo escuchar gratis. La mitad de esta brocheta es tuya. ¡Está riquísima!
Mientras hablaba, ya estaba mordisqueando la suya. Se dio media vuelta satisfecha antes de que Ding Songyan pudiera rechazarla.
«Ni siquiera me preguntó si me gusta el espino caramelizado...» pensó Ding Songyan, con cierta diversión.
Aun así, le dio un mordisco y masticó lentamente.
Ya se acercaba el mediodía y el hambre comenzaba a hacerse notar.
Reflexionó un momento. Desde que el hombre de la nariz enrojecida había huido, no había ocurrido nada más.
La explicación más probable era sencilla. Los alrededores del Templo Dangkang estaban abarrotados de gente y se encontraban bajo la constante observación de las torres de vigilancia. Quienquiera que estuviera detrás de aquello no se atrevería a actuar abiertamente en un lugar así.
Con esa idea en mente, Ding Songyan abandonó el templo y tomó dirección hacia los puestos de comida más baratos. Lo hizo de forma deliberada, dejando claras sus intenciones y eligiendo callejones cada vez más tranquilos y apartados.
Solo cuando había avanzado durante el tiempo que se tarda en beber una taza de té y estaba doblando hacia un callejón completamente desierto, fue que escuchó pasos a su espalda.
Ding Songyan se giró de inmediato. Allí estaba otra vez el hombre del pañuelo de tela.
El hombre de la nariz enrojecida. Su rostro mostraba una mezcla de miedo y furia. Lo miraba fijamente. Su voz sonó ronca y contenida.
—Ding Songyan ¿Por qué has vuelto?
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\[1\] Yao (妖) Significa «espíritu» o «demonio». Seres no humanos (animales, plantas u objetos) que obtienen intelecto, magia y apariencia humana tras un largo proceso de cultivo espiritual. No son seres malignos por naturaleza, sino entidades neutrales cuya moralidad depende de sus acciones individuales.
\[2\] Bodhisattva: Figura del Budismo; es cualquier ser que ha desarrollado la “bodhichitta” (la mente del despertar) y ha decidido consagrar su vida a alcanzar la iluminación espiritual, pero pospone su entrada al nirvana para ayudar a todos los demás seres a liberarse del sufrimiento.
\[3\] Cita de la canción “渡情” (Dù Qíng), tema de cierre de La nueva leyenda de la Dama Serpiente Blanca “新白娘子传奇”.

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Estás leyendo el capítulo 8 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 4 de junio de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.