arrow_back

Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 7 online gratis en español

🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Ding Songyan apenas había dado un paso cuando sus ojos, acostumbrados a examinar lo que lo rodeaba, captaron de pronto un rostro con una expresión completamente trastornada. Pertenecía a un hombre de poco más de treinta años, con un pañuelo de tela anudado a la cabeza, la barba cuidadosamente afeitada y la punta de la nariz ligeramente enrojecida y moteada, rasgos propios de alguien aficionado a la bebida. Miraba a Ding Songyan como quien contempla un monstruo que jamás debería estar allí. El sobresalto y el miedo eran tan evidentes en su rostro que resultaban imposibles de ocultar. En el instante en que sus miradas se cruzaron, el hombre dio media vuelta y se abrió paso a empujones entre la multitud del mercado. En apenas unos segundos desapareció por completo, tragado por el mar de gente. El primer impulso de Ding Songyan fue perseguirlo y capturarlo. Sin embargo, al carecer de artes marciales, sus reflejos reaccionaron un instante demasiado tarde. Cuando pensó en moverse, ya no quedaba nadie a quien seguir. «Encontrarse con alguien que creía muerto caminando tan tranquilo frente al Templo Dangkang bastó para hacerle perder por completo la compostura. Parece que el plan está funcionando... Ahora algo se moverá. No hay necesidad de perseguirlo todavía... Solo espero que el Maestro Yu esté preparado.» Ding Songyan permaneció mirando la dirección por la que había huido el hombre de la nariz enrojecida, sumido en sus pensamientos. —Hermano Ding, ¿qué estás mirando? —preguntó Xu Chang'an con curiosidad. Ding Songyan volvió en sí. El comadante de caballería Sin Cabeza que había visto antes ya se había marchado hacía rato. —Parece que atraparon a un carterista —improvisó Ding Songyan, dirigiéndose precisamente a Xu Chang'an. ¡Ser ladrón nunca acaba bien! El primer teléfono que había conseguido comprarse a base de sacrificios y ahorros se lo había robado un carterista. Aquello le amargó la existencia durante varios meses. Xu Chang'an palideció al instante. Se puso de puntillas y miró una y otra vez hacia aquella dirección. —No veo nada. ¿Dónde? ¿Qué pasó? —Ya se lo llevaron —respondió Ding Songyan con indiferencia. Luego se volvió hacia otro puesto de narración. Por fuera parecía tranquilo y despreocupado; por dentro, sin embargo, permanecía tenso y completamente alerta. Xu Chang'an lo siguió algo distraído, dejando temporalmente de lado su costumbre de buscar posibles objetivos. «No parece que lo hayan atrapado nunca... Los que han pasado varias veces por la oficina son viejos zorros; no se asustan con facilidad.» Ding Songyan lanzó una mirada de reojo a su vecino y luego se acomodó entre la multitud. Escuchaba a medias las leyendas y aventuras que relataba el narrador mientras sus ojos recorrían los alrededores de forma aparentemente casual. Quizá porque las historias del mundo marcial ya eran lo bastante extraordinarias por sí solas, los narradores de romances y relatos populares solían recurrir a la mitología y a las historias de la gente común. Y precisamente porque estas últimas eran experiencias cercanas y reconocibles para los oyentes, atraían a una multitud enorme, tan apretada alrededor del puesto que apenas quedaba espacio libre. Entonces Xu Chang'an le dio un codazo. El corazón de Ding Songyan se tensó de inmediato. Se giró. El joven, de rasgos agradables pero mirada escurridiza, señalaba discretamente hacia un lado mientras hablaba en voz baja. —Hermano Ding, mira allí. La multitud era demasiado densa para ver con claridad. Ding Songyan retrocedió un par de pasos y buscó un mejor ángulo. No necesitó que Xu Chang'an dijera nada más. Comprendió al instante a quién se refería. Era una muchacha de dieciséis o diecisiete años. Vestía una sencilla chaqueta blanca de cuello redondo y solapa cruzada, combinada con una falda plisada de bordes verdes y ribetes blancos. Su cabello estaba recogido en dos bucles colgantes que descendían sobre los hombros, aportándole un encanto juvenil y delicado. Las comisuras de sus ojos se elevaban ligeramente hacia arriba. Tenía una barbilla fina y elegante, una nariz pequeña y recta de punta suave y redondeada, y una piel clara y tersa como la crema. En su manera de mirar convivían la vivacidad propia de la juventud y la belleza floreciente de una muchacha que aún no había alcanzado su plenitud. Pureza y seducción se combinaban en ella de forma natural, sin la menor contradicción. La pequeña flor de jade verde que adornaba la horquilla de plata de su cabello se balanceaba suavemente con cada movimiento, haciendo juego con los colgantes de jade que tintineaban en su cintura al caminar. Bastaba con que permaneciera allí de pie para atraer incontables miradas. Aquellas miradas acudían hacia ella desde todas direcciones. Se posaban sobre su figura, se apartaban por pudor... y terminaban regresando una vez más. —Es realmente hermosa, ¿verdad, Hermano Ding? —murmuró Xu Chang'an con admiración—. Si ya es así a esta edad, dentro de unos años tendrá el tipo de belleza capaz de derribar reinos. Luego, al notar la mirada de Ding Songyan, añadió apresuradamente: —Claro que, comparada con la hermana Qingyan, todavía le falta un poco. Solo un poco. «Je. Al menos sabes qué decir. Aunque sí que le falta un poco. En altura, concretamente... Son estilos completamente distintos; en realidad, ni siquiera se pueden comparar. Una es brillante y delicada; la otra, pura y seductora...» Mientras Ding Songyan seguía dándole vueltas a aquello, el narrador terminó su sesión y comenzó a recoger las propinas. La muchacha sacó una pieza de plata y lo dejó caer en la bandeja de bambú. Por su tamaño, debía de ser un tael \[1\] entero. —¡Cielos, qué generosidad! —El narrador se iluminó al instante y comenzó a deshacerse en elogios. La joven alzó ligeramente la barbilla, visiblemente satisfecha consigo misma. —Mañana volveré a escuchar el resto. «Tan desprendida con el dinero y sin la menor cautela... Sigue siendo bastante inocente. Se nota que lleva poco tiempo recorriendo el mundo...» Por un momento, Ding Songyan se preguntó si podría encontrar la forma de ganarse un poco de la plata de aquella muchacha. «Si no la gano yo, la ganará otro. ¡Mejor yo que cualquier otro!» Solo entonces notó en la sirvienta que caminaba a su lado, una muchacha esbelta y agraciada vestida con una falda de seda verde. Bajo el resplandor de la belleza de su maestra, todos los presentes la habían pasado por alto de forma instintiva. Mientras las observaba alejarse, Ding Songyan se volvió hacia Xu Chang'an. —¿La habías visto antes por aquí? —Nunca —respondió Xu Chang'an, genuinamente desconcertado—. Si la hubiera visto, todo el Callejón Chengyu ya estaría hablando de ella. —No parece ser de esta ciudad —comentó Ding Songyan. Xu Chang'an, manteniendo aquella espalda sorprendentemente recta, respondió con absoluta seguridad: —Seguro que no. Con una cara así, viajando sin velo y sin cubrirse como hace la hermana Qingyan... si fuera de Dingjiang, ya sería tan famosa como Zheng Zhuxi, de la Secta Noche-Brillante. Y Zheng Zhuxi ni siquiera es tan guapa. El interés de Ding Songyan por ganar dinero desapareció rápidamente, sustituido por una leve arruga en el ceño. Cuando había llegado a este mundo y visto por primera vez a Ding Qingyan, se había quedado impresionado por su apariencia, pero no le había dado demasiadas vueltas. Había asumido, de manera casi automática, que este era simplemente un mundo donde la gente hermosa abundaba. Dos días recorriendo las calles bastaron para corregir aquella impresión. La belleza de su hermana era algo raro, quizá incluso excepcional. En todo el tiempo que llevaba allí, no había visto a nadie remotamente comparable. Y ahora, de la nada, aparecía otra muchacha del mismo nivel. ¿No era demasiada coincidencia? ¿Acaso todas las grandes bellezas del reino habían decidido reunirse en la prefectura de Dingjiang? Y había algo más. Aquella joven claramente disfrutaba escuchando a los narradores. Sin embargo, Xu Chang'an jamás la había visto por allí en días anteriores. Eso significaba que probablemente había llegado a Dingjiang hacía apenas uno o dos días. Y en esos mismos días había ocurrido otra cosa. El segundo hijo de la familia Ding había desaparecido en circunstancias extrañas y había aparecido muerto en un templo abandonado fuera de la ciudad. «Puede que ambas cosas no tengan relación directa. Pero la coincidencia temporal me incomoda. Da la sensación de que algo está convergiendo en la prefectura de Dingjiang. Corrientes procedentes de todas partes reuniéndose en un mismo lugar...» Ding Songyan reflexionó en silencio. Mientras tanto, Xu Chang'an ya había comenzado a desviarse en la dirección por la que se marchaban la muchacha de blanco y su sirvienta. ¡Zas! La mano de Ding Songyan salió disparada y le sujetó el hombro. —¿Y tú adónde crees que vas? Xu Chang'an se sobresaltó y quedo atónito antes de responder: —Esa chica lleva bastante plata encima y parece completamente distraída. Tampoco tiene guardaespaldas visibles. Pensé que quizá podría hacer un pequeño negocio. Al ver que Ding Songyan se limitaba a mirarlo en silencio, añadió con cierta vergüenza: —Sí, es muy guapa. Pero yo también tengo que comer. Si no voy yo, irá otro. Además, no es la hermana Qingyan. No le debo nada. Ding Songyan chasqueó la lengua. —Una chica así, viajando sola hasta Dingjiang, sin mostrar el menor rastro de cautela y ni siquiera llevando velo. ¿De verdad crees que es una presa fácil? Los caminos son peligrosos. Cuanto más largo es el viaje, peor. Fuera de las ciudades no hay torres de vigilancia. Yo lo veo así: o pertenece a una familia poderosa que tiene luchadores hábiles siguiéndola de cerca, o ella misma no es alguien con quien convenga meterse. Si tienes tantas ganas de morir, al menos no tiene por qué ser hoy. La expresión de Xu Chang'an cambio al instante. —¡Tienes razón! Luego se volvió hacia Ding Songyan con una admiración casi reverencial. —Hermano Ding, hablas igual que mi maestro. En nuestro oficio, la habilidad es importante, pero no es lo más importante. Lo más importante es saber leer a la gente. Quién puede convertirse en objetivo y quién no. Quién es fácil de tratar y quién no. Hay que entender todo eso antes siquiera de mover un dedo. Mi maestro siempre dice que esa es precisamente mi mayor carencia. «No es la habilidad ni el juicio. El verdadero problema es que todavía te falta madurar un poco...» Ding Songyan se guardó ese comentario para sí mismo. Le dio una palmada en el hombro y dijo: —Deja de ir detrás de vendedores de fruta y ancianas con cestas de costura. Alguien destinado a convertirse en un gran ladrón no puede rebajarse a eso. Aunque llegaras a hacerte famoso, solo conseguirías que todos te despreciaran. Xu Chang'an se quedó mirándolo fijamente. Tras unos instantes, preguntó: —Entonces, ¿cómo voy a ganarme la vida? «De verdad que no puedes evitarlo... En un mundo donde el comercio está tan desarrollado, tiene que haber alguna forma honrada de ganarse la vida.» Ding Songyan soltó un suspiro. —Roba a los ricos para ayudar a los pobres. Y roba únicamente a aquellos que hayan amasado su fortuna mediante la crueldad y la codicia. Todavía no conocía a Xu Chang'an lo suficiente como para decirle mucho más. Lo dejó reflexionando sobre aquellas palabras, se despidió y siguió vagando por los alrededores del Templo Dangkang, atento a cualquier movimiento provocado por el sobresalto del hombre de la nariz enrojecida, con la esperanza de que aquello obligara al peligro oculto a salir antes o después a la superficie. —¡Ding Songyan! ¡Ding Songyan! Alguien lo llamó desde no muy lejos. Ding Songyan se tensó levemente. Se giró hacia la voz con una sonrisa apenas visible. Era un hombre que aún no había cumplido los treinta. Llevaba la cabeza envuelta en una tela negra y tenía pegado en la cara un parche de hierbas medicinales de elaboración propia que le daba un aspecto bastante cómico. En la mano sostenía un estandarte de tela con dos líneas escritas: “Cura garantizada para golpes y caídas”. “Un parche, una moneda de cobre”. «Nada de florituras literarias, pero admirablemente directo...» Ding Songyan no dijo nada y esperó a que el hombre revelara sus intenciones. El vendedor de parches rebosaba entusiasmo. —¡Ding Songyan! ¿Cómo es que hoy no estás en tu puesto? Señaló el espacio vacío cercano. «Así que ese es el puesto que conseguí gracias a la influencia de la casa Zhen dentro del gremio... Me pregunto si podría subarrendarlo y sacar algo de dinero. Ya no me queda ninguna habilidad de narración de la que presumir… Aunque, por lo que escuché hace un rato, los narradores de este mundo no parecen recurrir a las técnicas refinadas ni a las fórmulas tradicionales que conocía en mi vida anterior. Parece que basta con hablar con claridad y contar una historia coherente... Pero mi objetivo es aprender artes marciales, no ganarme la vida como narrador.» Antes de que Ding Songyan pudiera responder, el vendedor de parches ya había retomado la palabra a toda velocidad. —¡Hace un momento una señorita estuvo preguntando por ti! ¡Una belleza salida de una pintura! «¿Ah?» Antes de que pudiera evitarlo, una imagen apareció en la mente de Ding Songyan. —¡Señorita! ¡Señorita! —gritó ya el vendedor de parches a pleno pulmón—. ¡Ding Songyan está aquí! ¡En toda la prefectura de Dingjiang, sus relatos históricos están fácilmente entre los tres mejores! «Gracias por el cumplido. Así funciona el comercio: todos promocionándose mutuamente.» Tal como esperaba, Ding Songyan volvió a encontrarse frente a la muchacha de falda blanca, acompañada por su sirvienta. La joven se acercó con rapidez, sin mostrar la menor reserva. Su expresión era luminosa y rebosaba entusiasmo. —Ding Songyan, ¿a qué hora vas a contar historias hoy? Quiero escucharte. Ding Songyan parpadeó. Sus pensamientos se pusieron en marcha al instante. Juntó las manos en un saludo marcial, cubriendo el puño con la palma. —Señorita, estos últimos días no me he encontrado muy bien y pensaba tomarme un descanso. Sin embargo, ya que desea escucharme, puedo improvisar un relato. Eso sí, no será una crónica histórica. Será una historia que aprendí recientemente. Si no resulta de su agrado, no hace falta que deje ninguna propina. Las crónicas históricas estaban fuera de su alcance. Las historias, en cambio, eran otro asunto. Disponía del material de un mundo entero del que sacar inspiración. Sus intenciones eran simples y directas. No le interesaba su plata. Tampoco la muchacha en sí. Lo único que quería era establecer una conexión y dejar una impresión favorable. Considerando cuál podía ser el trasfondo de aquella joven, un poco de buena voluntad obtenida en el momento adecuado quizá valiera más que cualquier cantidad de dinero. \*\*\* \[1\] Tael (两, liǎng): Unidad de peso de plata equivalente a unos 37,5 g. Término aceptado en el contexto histórico-chino.
La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela)

Continúa leyendo

La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela)

Capítulo 8

Siguiente Capítulo ›

La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 7

Estás leyendo el capítulo 7 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 4 de junio de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.