Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 6 online gratis en español
🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
—Ahora bien, queridos oyentes, quizá se estén preguntando, ¿cómo es que la Escuela de la Doncella Celestial tiene discípulos varones?
—Las palabras “Doncella Celestial” se refieren únicamente al origen de las artes de la escuela, no a quienes la integran hoy en día. Lo mismo ocurre con la Secta de la Hija Imperial, que remonta su linaje a Nüwa, hija del Emperador de la Llama, y aun así cuenta entre sus discípulos tanto a hombres como a mujeres.
—En cuanto a Su Yunzhang, procede de una familia de profunda tradición marcial. Su tía, Su Liudan, fue la mujer que el jianghu reconoció de forma unánime como “la mujer más hermosa bajo el cielo” de su generación hace treinta años.
—Ahora bien, queridos oyentes, como dice el refrán, cada flor encuentra a quien la admire, y las orquídeas de primavera y los crisantemos de otoño tienen cada uno su encanto. Siempre que los aficionados elaboran listas de grandes bellezas o hombres apuestos, surgen disputas. Quién merece entrar, quién debería ocupar un puesto más alto que otro... todos tienen sus propias opiniones. Y quienes discrepan rara vez se quedan en las palabras. Más de una vez se han iniciado rencillas por ello, y más de una vez ha corrido la sangre. Por eso, desde hace mucho tiempo, esas listas dejaron de tener un orden estricto. Solo incluyen a quienes gozan de un reconocimiento indiscutible.
—Desde que la corte imperial se trasladó al sur han transcurrido casi doscientos sesenta años. En todo ese tiempo, marcado por guerras y turbulencias, solo dos mujeres han sido reconocidas por héroes y heroínas de todas las naciones como “la mujer más hermosa bajo el cielo” sin que nadie lo discutiera. Una fue Su Liudan, de la Escuela de la Doncella Celestial, hace treinta años. La otra fue Feng Yining, de la Secta de los Cinco Santos, hace apenas diez.
—Feng Yining se tragó un huevo de fénix cuando era niña. Para cuando se adentró en el jianghu a los dieciséis años, ya había alcanzado el Reino del Dharma y obtenido el rango de Gran Maestra. Durante cuatro años brilló con una intensidad cegadora, deslumbrando a todo aquel que la contemplara con su talento y belleza; no fueron pocos los héroes que juraron seguirla dondequiera que fuera. En su última batalla antes de regresar a la Secta de los Cinco Santos, se enfrentó a Ji Hanyi, la Demonia Hereje del Camino de la Extinción de los Santos. Con su Lanza de la Rectitud y su Puño del Honor, destrozó el Arte Divino de la Transmutación del Cielo y la Tierra de su oponente y dejó una grieta permanente en su espíritu. Una herida de la que Ji Hanyi jamás se recuperó y que le cerró para siempre el camino hacia el Reino del Hombre Celestial y el rango de Maestra Suprema.
—Quizá algunos de ustedes piensen que perder una batalla no debería condenar a una persona a quedar estancada de por vida. Pero Ji Hanyi también era un talento extraordinario, y en aquel entonces apenas tenía diecinueve años. Cultivaba el Sutra de la Sabiduría del Corazón Celestial, uno de los tres grandes textos secretos del Camino de la Extinción de los Santos, y fue ella misma quien buscó a Feng Yining para desafiarla, impulsada por el orgullo de su corazón. Aquella derrota no fue simplemente perder un combate. El arte fundamental del Sutra de la Sabiduría del Corazón Celestial es el Arte Divino de la Transmutación del Cielo y la Tierra, este "exige grabar el propio corazón sobre el Corazón Celestial". Si el propio corazón está agrietado, ¿cómo podría fusionarse con el Corazón Celestial y alcanzar el Reino del Hombre Celestial?
—Si hubiera logrado derrotar a Feng Yining en un encuentro posterior, quizá esa grieta habría sanado. Pero Feng Yining regresó a la Secta de los Cinco Santos y entró en un retiro entre la vida y la muerte para buscar el Reino del Hombre Celestial Han pasado ya ocho años sin noticias suyas. Y, a juzgar por los precedentes, lo más probable es que ya no siga entre nosotros. Como suele decirse: qué lástima para las almas enamoradas del jianghu, que jamás volverán a escuchar el canto del fénix.
—Y no crean que me estoy inventando todo esto. A las sectas ortodoxas les encanta divulgar las técnicas y debilidades de los caminos heréticos para que los suyos puedan mantenerse alerta. Pero será mejor dejar el asunto aquí. Si algún Demonio Hereje del Camino de la Extinción de los Santos pasa por la prefectura de Dingjiang y se entera de lo que he estado contando, podría presentarse en mi puerta en mitad de la noche... y ni siquiera concederme una muerte rápida.
—Queridos oyentes, ese es un riesgo que prefiero no correr. Así que, si les ha gustado la historia, invítenme al menos una comida caliente. Los que tengan monedas, les agradezco las monedas. Los que no tengan nada, les agradezco igualmente la compañía. ¡Toda muestra de generosidad es bienvenida, y este humilde narrador se las agradece de corazón!
Ding Songyan arrojó unas cuantas monedas de cobre a la bandeja de bambú que circulaba entre la multitud y permaneció allí un rato más, escuchando las historias del jianghu que siguieron.
Cuando la sesión terminó, Xu Chang'an estaba tan absorto que no pudo evitar volverse hacia él con los ojos brillantes de emoción.
—Hermano Ding, ¿crees que algún día podría convertirme en un gran ladrón? Ya sabes, uno de esos que se mueve bajo la luz de la luna y roba tesoros justo delante de las narices de un puñado de maestros.
«¿Tú?» Ding Songyan le lanzó una mirada de reojo y respondió con calma:
—Enderézate.
Xu Chang'an pestañeó, confundido, pero obedeció.
Ding Songyan lo observó durante unas cuantas respiraciones. Poco a poco, una sonrisa apareció en la comisura de sus labios.
—Ahí lo tienes. Ese sí es el porte de un gran ladrón.
«Los halagos no cuestan nada y generan buena voluntad. ¿Por qué no aprovecharlos?»
Xu Chang'an se llenó de alegría al instante. En ese momento decidió que el Hermano Ding era, sin duda alguna, el mejor amigo que había tenido en toda su vida. Mantuvo la espalda recta y empezó a caminar de un lado a otro con una satisfacción imposible de ocultar.
Ding Songyan siguió escuchando un poco más, pero pronto decidió dirigirse al narrador que relataba las crónicas históricas. Necesitaba reunir toda la información posible sobre aquel mundo.
Durante todo ese tiempo había estado observando discretamente a la multitud que lo rodeaba, atento a cualquier expresión de sorpresa o reconocimiento que pudiera delatar a alguien al verlo con vida.
Apenas había avanzado siete u ocho pasos cuando un hombre se le acercó con sigilo y le tendió un cuadernillo delgado mientras hablaba en voz baja.
—¿Le interesa, señor? Retratos de las Grandes Bellezas del Jianghu. Con ilustraciones. El artista tiene una mano extraordinaria. Solo tres monedas de plata o veinticuatro de cobre.
Ding Songyan observó al vendedor sin decir una palabra.
El hombre, de rostro joven pero con unos ojos curtidos por la vida que parecían pertenecer a alguien del doble de su edad, echó una rápida mirada a ambos lados.
—¿No le interesa ese? Entonces quizá este sí. Hombres Apuestos del Jianghu.
Sacó otro cuadernillo de entre sus ropas.
Con cierta diversión, Ding Songyan señaló el volumen de las Grandes Bellezas.
—¿Son retratos fieles?
El vendedor comprendió enseguida a qué se refería. Estaba a punto de soltar su habitual discurso de ventas cuando notó a Xu Chang'an, que observaba la escena desde un lado, y en la sonrisa ambigua de Ding Songyan, que parecía esconder intenciones difíciles de descifrar.
Vaciló un instante.
—El artista nunca las vio en persona. Solo pudo basarse en los rumores que circulan por el jianghu. Si ustedes caballeros desean algo más cercano a la realidad, tendrían que conseguir una copia del Maestro Xiaozhang en la Capital de la Llama. Él sí ha visto personalmente a dos o tres de las personas retratadas.
Ding Songyan dejó pasar el asunto y preguntó, pensativo:
—¿Tienes algo relacionado con la Secta Noche-Brillante?
Ya había tomado una decisión: aprender artes marciales.
Entre todas las opciones a su alcance, la más prestigiosa parecía ser la Secta Noche-Brillante. Ingresar en ella seguramente sería extremadamente difícil, con probabilidades casi inexistentes. Sin embargo, Ding Songyan siempre había creído que apuntar a lo más alto te daba la oportunidad de alcanzar al menos algo intermedio, mientras que conformarte desde el principio con un objetivo modesto solo garantizaba un resultado aún peor. Por eso había decidido que todas sus preparaciones debían orientarse, al menos en apariencia, hacia la posibilidad de entrar en la Secta Noche-Brillante.
Y para eso necesitaba información.
Al escuchar la pregunta, el vendedor retrocedió un paso de golpe y negó con la cabeza con firmeza.
—¡Nada!
Ding Songyan arqueó una ceja.
El vendedor volvió a mirar nerviosamente a ambos lados antes de inclinarse hacia él y susurrar apresuradamente:
—¡Porque ellos están aquí, en la prefectura de Dingjiang!
«Tomarse libertades con los maestros en las Clasificaciones y los retratos está bien ya que se encuentran a cientos o miles de kilómetros de distancia y no podían venir a pedirte cuentas, ¿verdad? Pero con la Secta Noche-Brillante eso era otra historia» Ding Songyan chasqueó la lengua para sí mismo y siguió avanzando junto a Xu Chang'an hacia el siguiente puesto de narración.
Escuchó durante bastante tiempo. A medida que iba encajando lo que oía con los relatos anteriores sobre el mundo marcial y con todo lo que Ding Qingyan le había contado acerca de la casa Zhen, empezó a formarse una imagen preliminar de aquel mundo.
Este mundo era conocido como el Gran Yermo, o también como el Reino de las Montañas y los Mares.
Después de que Qi, hijo de Yu el Grande, fundara la dinastía Xia, la historia parecía haberse desviado de la de su mundo original. La mitología resultaba familiar en términos generales, pero extraña en sus detalles.
Había existido un Qin. También había existido un Primer Emperador que unificó el Gran Yermo y sometió a las cien especies bajo su dominio. Sin embargo, en este mundo aquella dinastía había perdurado más de doscientos años.
Incluso varios poemas que Ding Songyan recordaba de su vida anterior existían aquí también, aunque de orígenes poco claros. El narrador al que escuchaba estaba relatando principalmente la historia de la dinastía actual, por lo que solo había mencionado brevemente las épocas más antiguas.
La dinastía reinante era el Gran Zhao. La familia imperial afirmaba descender de Zhurong, el Dios del Fuego, y llevaba el apellido Hong. En otro tiempo había gobernado todo cuanto existía bajo el cielo. Sin embargo, hacía casi doscientos sesenta años los Gigantes Daren, colosos de fuerza descomunal; los Pigmeos, diminutos y ágiles; los Tres Cuerpos, nacidos con tres torsos unidos; los Tres Cabezas, dotados de tres rostros y tres voluntades; los Jingren, un pueblo reservado de las tierras australes; los Junzi, orgullosos de su nobleza y rectitud; los Shouma, errantes de los áridos páramos occidentales; los Quanrong, hombres de cabeza canina que custodiaban las fronteras del norte; y muchas otras razas se alzaron en rebelión al mismo tiempo, provocando que el imperio se desmoronara y el mundo quedara sumido en el caos.
Finalmente, un descendiente del linaje Hong logró restaurar la dinastía al sur del gran río, estableciendo su capital en la Capital de la Llama, mediante alianzas y diplomacia consiguió contener el colapso. Mientras tanto, el norte quedó sumido durante décadas en conflictos entre los distintos pueblos rebeldes, con el paso del tiempo, aquellas luchas acabaron cristalizando en tres grandes naciones.
Yu, fundada por los Tres Cuerpos, que afirmaban descender del Emperador Shun, en alianza con los Shouma y los Jingren. El narrador se refería a ella como Nueva Yu.
Gan, dominada por los Gigantes Daren, los Junzi y los Pigmeos.
Y Feng, establecida por los Tres Cabezas, los Quanrong y los Wenrong.
Esta última se encontraba separada del Gran Zhao por los territorios de Yu y Gan, por lo que ambos estados ni siquiera compartían frontera.
Más allá de las cuatro grandes potencias existían otros reinos menores, entre ellos Ba y Tiandu, dispersos por las regiones más remotas de los confines del Gran Yermo.
Desde la migración hacia el sur, la dinastía había visto cómo la prosperidad daba paso poco a poco a la decadencia. Sectas y clanes nobles competían ferozmente por la influencia, mientras los caminos heréticos sembraban el caos por doquier. Aquella situación se prolongó hasta que el difunto emperador Chengzu Wen logró restaurar cierta estabilidad mediante la reconciliación con las grandes sectas y una serie de reformas que devolvieron parte del antiguo esplendor al reino. El emperador actual fue aún más lejos: bajo el lema de la era Jianwu, fortaleció el poder militar con la esperanza de recuperar en vida los territorios perdidos del norte.
En cuanto a las artes marciales, nada de lo que había oído hasta el momento sugería la existencia de un poder al nivel de dioses, demonios o inmortales. El Reino del Dharma marcaba el umbral de los Grandes Maestros; el Reino del Hombre Celestial correspondía a los Maestros Supremos; y el Reino del Altar Espiritual era el dominio de los Sabios. Según la sabiduría popular, un Gran Maestro podía sostener una prefectura, un Maestro Supremo proteger una provincia y un Sabio salvaguardar una nación. En todo el mundo no había más de catorce Sabios: diez pertenecientes a los caminos ortodoxos y cuatro a los caminos heréticos.
La distinción entre ortodoxos y herejes no tenía nada que ver con la lealtad a una nación. Se consideraba herejes a quienes abrazaban el caos como propósito, disfrutaban propagando la calamidad o cultivaban artes especialmente crueles y sangrientas. Eran perseguidos en todos los reinos, aunque algunos gobiernos no dudaban en utilizarlos en secreto para desestabilizar a sus enemigos.
Solo las facciones que contaban con al menos un Maestro Supremo podían considerarse verdaderas potencias de primer nivel. En la actualidad, las grandes potencias del Gran Zhao son las Seis Sectas y las Cuatro Escuelas, las Dos Órdenes y los Tres Clanes, los Dos Terrenos Sagrados, las Dos Casas Ocultas, la Sociedad Agraria de Dangkang, la Secta Heterodoxa del Cuerpo y la Voluntad, y el Clan de Xingtian.
Las naciones de Gan, Yu y Feng poseían sus propios equivalentes. La Escuela Eterna y la Escuela de la Doncella Celestial figuraban entre las fuerzas más prominentes de Gan.
Los caminos heréticos también tienen su propia jerarquía. Las facciones que pueden considerarse de primer nivel son conocidas colectivamente como los Veintiún Caminos Heréticos Demoniacos: nueve superiores y doce inferiores. El Camino de la Extinción de los Santos es uno de los nueve superiores.
La Secta Noche-Brillante de la prefectura había sido una potencia de primer nivel en tiempos remotos, pero sufrió pérdidas devastadoras durante la gran convulsión de hacía dos siglos y perdió parte de sus enseñanzas fundamentales. Un puñado de discípulos supervivientes logró mantener viva la tradición durante los años más difíciles y, con el tiempo, la restablecieron al sur del gran río, en la prefectura de Dingjiang, dentro de la provincia de Ning. Tras varias generaciones de esfuerzo, la secta había recuperado parte de su antigua gloria y contaba ahora con varios Grandes Maestros entre sus filas.
El patriarca de la casa Zhen, Zhen Qianfan, era además el Gran Anciano de la Hermandad de las Cuatro Aguas, una organización cuya influencia se extendía por las rutas fluviales de toda la provincia de Ning. Aunque la Hermandad había entrado en declive en los últimos años y apenas conservaba dos Grandes Maestros, el Patriarca Zhen era uno de ellos y seguía ocupando una posición de gran relevancia dentro de la prefectura de Dingjiang.
Cada año, el Gran Zhao publicaba una nueva edición de la Clasificación de las Orquídeas del Mundo \[1\], en ella se clasifican los héroes y talentos destacados del mundo. Estas clasificaciones no guardaban relación con el reino de cultivo, ni con el rango oficial, sino que se basaban exclusivamente en las capacidades demostradas por cada uno, acompañadas con breves comentarios valorativos. Hasta el momento, el narrador solo había mencionado que los Grandes Maestros se dividían en dos rangos: los Sintonizados con la Sutileza, considerados el rango inferior, y los Resonantes con el Espíritu, pertenecientes al rango superior. En cuanto a los Maestros Supremos y los Sabios, eran demasiado escasos y extraordinarios para ser clasificados.
Ding Songyan aún seguía reflexionando sobre toda aquella información cuando decidió dirigirse al siguiente puesto de narración.
Apenas acababa de girarse cuando se encontró mirando directamente un par de ojos.
Tenían iris oscuros y estaban separados entre sí, situados a izquierda y derecha sobre un pecho de piel bronceada. Debajo de ellos, un enorme ombligo se abría y cerraba como una boca. Más abajo, unos labios curvados en una leve sonrisa estaban marcados por un llamativo lunar negro, como si ocuparan el lugar donde debería haber estado una nariz.
«¿Eh...?» La mirada de Ding Songyan ascendió lentamente, recorriendo el borde irregular del cuello hasta el lugar donde debería encontrarse una cabeza. Y no había absolutamente nada.
«Una persona viva... sin cabeza. Espera. ¿El Clan de Xingtian?»
La figura sin cabeza, vestida con un jubón azul oscuro abierto que dejaba al descubierto músculos duros y marcados, medía más de dos metros. Al parecer ya iba de camino a alguna parte. Le lanzó una mirada rápida a Ding Songyan y continuó caminando hacia el Templo de Dangkang.
—Ese es uno de la raza Sin Cabeza de la provincia de Qian —murmuró Xu Chang'an a su lado—. El emperador actual quiere fortalecer el ejército combinando las artes marciales de Xingtian con la estrategia militar. Por eso envió a ese comandante de caballería a la prefectura de Dingjiang, para instruir a la guarnición local. —Hizo una breve pausa antes de añadir —Los Sin Cabezas sueñan cada noche con abrirse paso de regreso al norte.
«Las artes marciales de Xingtian. Vale la pena considerarlo...» Aquella idea golpeó a Ding Songyan con una intensidad inesperada.
Por ahora, era solo un interés pasajero.
Pero donde nace el interés, tarde o temprano le sigue la acción. Decidió que encontraría la manera de entablar relación con aquel comandante de caballería Sin Cabeza.
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\[1\] Nota de traducción: “Orquídeas” o 芝兰 (zhī lán), significa literalmente "hongos lingzh y orquídeas", es una expresión de la literatura clásica china que alude a personas con gran talento y virtud.

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