Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 5 online gratis en español
🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
La tenue luz de la luna se filtraba a través del papel encerado de la ventana, derramando un resplandor suave que, en lugar de acentuar la oscuridad de la habitación, la volvía más apacible y silenciosa, invitando poco a poco al sueño.
Ding Songyan permaneció acostado durante un rato, inmerso en sus pensamientos. Finalmente giró la cabeza hacia el biombo y llamó en voz baja:
—Hermanita.
No obtuvo respuesta. Solo escuchó el débil y constante ritmo de una respiración tranquila, tan suave que apenas podía percibirse si uno no contenía la suya para prestar atención.
«Ya se quedó dormida...» Ding Songyan apartó la mirada.
Acababa de darse cuenta de que había olvidado preguntar por la familia Zhen: qué clase de casa era, qué posición ocupaba dentro de la prefectura de Dingjiang y si recientemente se había visto involucrada en algún conflicto.
Cuanto más lo pensaba, más convencido estaba de que lo ocurrido al anterior Ding Songyan, un simple narrador según todos los indicios, probablemente guardaba alguna relación con la familia Zhen.
«No tiene caso darle más vueltas ahora. Preguntaré mañana por la mañana...» Cerró los ojos e intentó conciliar el sueño, pero este se resistía a llegar.
Tras graduarse, había trabajado durante dos años antes de pasar muchos más levantando su propio negocio. Vivía lejos de casa y rara vez regresaba más de dos veces al año. Hubo noches como aquella, en las que permanecía despierto hasta altas horas de la madrugada, sintiendo el vacío doloroso de extrañar su hogar. Sin embargo, la mayor parte del tiempo apenas experimentaba algo parecido y hasta se burlaba de sí mismo por ello, llamándose una persona de corazón frío. Pero ahora era distinto. En este momento, una melancolía profunda se había asentado sobre él y no encontraba forma de apartarla.
Los antiguos poetas todavía podían decir: “Que ambos vivamos largamente y compartamos esta misma luz de luna a través de mil kilómetros”. Pero para él, aquella luna ya no era la misma luna. Y la luna de esa noche no pertenecía a ninguna vida que hubiera conocido.
Entonces, al otro lado del biombo, Ding Qingyan dejó escapar un murmullo adormilado.
—Quiero aprender artes marciales...
Las palabras se desvanecieron en el silencio sin que nada las siguiera.
«¿Habla dormida...?» Ding Songyan abrió los ojos y, por reflejo, dirigió la mirada hacia el sencillo biombo.
Pasaron varios segundos y en silencio, respondió para sí mismo:
«¿Quién no?»
Volvió a contemplar las vigas sumidas en la penumbra.
Entonces Ding Qingyan murmuró una vez más, las palabras todavía envueltas en el sueño.
—Madre... Segundo Hermano... No dejaré que nadie vuelva a meterse con ustedes...
Ding Songyan se quedó inmóvil al escucharla.
Pasó un largo momento antes de que dejara escapar una risa baja, cargada de amargura y ternura.
Los suaves sonidos de la muchacha moviéndose entre sueños llenaron la habitación. Poco a poco, su mente también fue calmándose. Y finalmente, el sueño llegó.
\*\*\*
A la mañana siguiente, el carro de los excrementos llegó para llevarse la oscuridad de la noche, sacudiendo la mañana hasta despertarla.
Ding Songyan salió al patio con su orinal y encontró a su padre, Ding Shengyi, abriendo ya la puerta principal.
Los mosquitos que descansaban cerca del olmo se dispersaron de golpe, arrastrando consigo a varias polillas nocturnas que parecían haber estado ocultas en algún rincón cercano.
Uno tras otro vaciaron los orinales en el carro y luego utilizaron el agua de enjuague para regar el árbol. Cuando terminaron, Ding Songyan oyó a su padre, que ya se había colocado el gorro de cuatro esquinas, decirle a Liu Yuzao con admiración nada disimulada:
—El capataz de los excrementos de ahí fuera lleva tela basta por fuera, pero por dentro todo es seda. En el día a día vive mejor que el jefe de los alguaciles de la oficina. ¡El negocio de los excrementos sí que es un buen negocio!
—La gente capaz de monopolizar un negocio así no puede ser gente corriente —respondió Liu Yuzao sin mostrar demasiada emoción.
—Si me preguntas a mí, el verdadero benefactor de todos los hogares es el Templo de Dangkang. No solo se encarga de orar por bendiciones y por abundantes cosechas, y de realizar rituales para armonizar con los fenómenos celestiales; sino que también hace que sus discípulos recorran los campos y las aldeas enseñando técnicas de cultivo y el arte del compostaje. Desde que Su Majestad ascendió al trono, las cosechas han sido abundantes año tras año, y el precio de los excrementos no ha dejado de subir. —Ding Shengyi permanecía de pie junto al olmo, cepillándose los dientes con su cepillo de cerdas mientras hablaba.
Y así transcurrió la mañana, entre la charla familiar y un sencillo desayuno de gachas acompañado de algunos platillos.
Mientras Liu Yuzao y los demás recogían los cuencos y limpiaban la mesa cuadrada, Ding Shengyi apartó a Ding Songyan a un lado.
—Hoy tienes asuntos que atender. No te prives de nada. Toma estas dos monedas de plata. —El erudito de mediana edad lanzó una mirada a la espalda de Liu Yuzao y le deslizó en la mano un pequeño trozo de plata fragmentada mientras bajaba la voz—. Esto no es dinero de la casa. Son mis propios ahorros. Guárdalos para ti.
Ding Songyan, que no poseía ni una sola moneda propia, no rechazó la oferta.
Ding Shengyi guardó silencio durante un par de respiraciones antes de añadir en voz baja:
—Ten cuidado hoy. No bajes la guardia solo porque el guardaespaldas de la familia Zhen vaya a vigilarte desde las sombras.
Dicho eso, le dio una palmada en el brazo, tomó su abanico plegable y salió por la puerta del patio.
Ding Songyan todavía no había terminado de ayudar a su madre y a su hermana cuando Daniu se acercó rascándose la cabeza con expresión avergonzada.
—Songyan, no llevo mucho dinero encima. Ya se lo entregué todo a Madre. Si al mediodía no encuentras nada que comer, ven a buscarme al muelle. Compartiremos lo que tenga.
—De acuerdo. —Ding Songyan asintió.
Cuando Daniu se marchó, Liu Yuzao terminó de ordenar y se acercó a él con el sombrero de velo de gasa negra en la mano.
—Hoy voy a dedicarme a copiar sutras budistas. Aquí tienes otras dos monedas de plata. —Su tono era práctico, como si quisiera evitar que él sintiera cualquier carga por ello—. Si te limitas a merodear por el Templo de Dangkang todo el día, parecerá sospechoso. Compra algo de comer si te entra hambre. Y si ves algo que te guste, cómpralo.
Al recibir otro pedazo de plata fragmentada, Ding Songyan se quedó sin palabras.
Observó a su madre salir por la puerta del patio y cerrarla tras de sí. Entonces Ding Qingyan, que ya llevaba el cabello recogido en sus característicos moños dobles en espiral, apareció en el umbral de la sala principal y le hizo señas con aire conspirador.
—Segundo Hermano, ven aquí. Rápido, ven.
Ding Songyan se acercó y soltó una risita.
—No voy a aceptar tus ahorros.
La muchacha frunció los labios.
—¿Qué pasa? ¿Me menosprecias? ¿Ya no me consideras tu hermana?
Puso una expresión lastimera, con los labios temblorosos, como si estuviera a punto de echarse a llorar.
Al ver que Ding Songyan permanecía completamente impasible, resopló con desagrado.
—Solo pensaba darte unas cuantas monedas de cobre. Hoy vas al Templo de Dangkang. Seguro que querrás escuchar a los narradores hablar de historias antiguas y de las leyendas del jianghu. ¿No me digas que piensas darles propinas en plata?
«Muy bien pensado…» Ding Songyan ya estaba pensando en pasar el día entre los puestos de narradores para empezar a hacerse una idea de cómo funcionaba realmente este mundo.
Lo meditó un instante antes de responder:
—Está bien. Dame algo.
El rostro de Ding Qingyan se iluminó al instante. Salió corriendo hacia el ala oeste y regresó poco después con un monedero bordado que desprendía un suave aroma dulzón.
Dentro había varias pequeñas piezas de plata y una buena cantidad de monedas de cobre.
—Estas son las que me dio la Hermana Nuansheng, y estas otras son las que tú solías traerme después de terminar de narrar historias. Siempre decías que debía ahorrar algo por mi cuenta en lugar de depender únicamente de Padre y Madre. Todavía queda bastante guardado en la caja...
Mientras hablaba, Ding Qingyan iba contando las monedas una por una. Su voz continuó sonando durante un buen rato.
Poco a poco, sin embargo, se fue apagando.
Cuando Ding Songyan tomó las monedas de su mano, la sonrisa regresó al rostro de la muchacha. Levantó un pequeño puño con determinación.
—Segundo Hermano, aunque tú lo hayas olvidado todo, yo no. ¡Y tampoco voy a olvidarlo nunca!
Ding Songyan soltó un suspiro silencioso. Al final, solo pudo responder con un tono indulgente:
—Quizá algún día lo recuerde todo de nuevo.
Hizo girar las monedas entre los dedos. Había dos tipos distintos: unas llevaban grabado “Tesoro Pesado de Xingping” junto a la inscripción “vale cinco”, mientras que las otras mostraban “Tesoro Circulante de Jianwu”. En total sumaban alrededor de cincuenta monedas de bronce.
«Los caracteres están escritos en estilo regular y en escritura tradicional. Puedo leerlos sin problemas... Escribirlos ya sería otra historia...»
Guardó los dos trozos de plata fragmentada en el bolsillo interior cosido a la manga, cerca del codo de su túnica clara, y metió las monedas de cobre en la bolsa que colgaba de su cintura.
Luego alzó la vista.
—¿Madre es creyente budista?
—No. —Ding Qingyan negó con la cabeza—. Eso es simplemente parte de su trabajo. Muchas familias adineradas, para demostrar su devoción, encargan copias de grandes cantidades de sutras budistas o escrituras taoístas. A veces las copian miembros de la propia familia y otras veces contratan a alguien para hacerlo. Como este tipo de encargos suelen interesar más a las mujeres de la casa, prefieren buscar mujeres de familias respetables que sepan leer y escribir. Cuando tenga la edad suficiente, yo también podré aceptar trabajos así.
—Entonces, ¿Madre gana dinero copiando sutras y escrituras? —Ding Songyan ahora lo entendía. Además, aquello confirmaba que en este mundo coexistían tanto el budismo como el taoísmo.
—Ese trabajo no aparece todos los días. Normalmente surge cerca de festividades religiosas o cuando alguna matriarca importante celebra su cumpleaños. —Ding Qingyan levantó el monedero, cuyo peso era considerable. —La mayor parte del tiempo, Madre trabaja como peluquera. Va a los aposentos interiores de las familias acomodadas para ayudar a las señoras con sus peinados. También realiza depilaciones faciales, limpieza de oídos y otros cuidados similares. Cuando no hay trabajo, se queda en casa conmigo lavando ropa y encargándose de la comida.
Ding Songyan asintió antes de mirarla con cierta preocupación.
—Entonces pasas mucho tiempo sola en casa.
Ding Qingyan soltó una carcajada.
—Segundo Hermano, no tienes que preocuparte por eso. Aquí hay cinco torres de vigilancia. Tanto las artes de la Secta Noche-Brillante y del clan Yi son fuertes en la visión a larga distancia. Nadie se atrevería a buscarme problemas.
Levantó el puño una vez más enderezó la espalda con orgullo.
—Además, soy bastante formidable. Todos los chicos y chicas del Callejón Chengyu hacen lo que yo digo. ¡Soy el terror del Callejón Chengyu!
Antes de que Ding Songyan pudiera responder, la muchacha parpadeó y su sonrisa floreció como una flor abriéndose al sol.
—Pero que te hayas preocupado por mí me hace muy feliz. ¡Significa que, aunque lo hayas olvidado todo, Segundo Hermano, el vínculo entre nosotros sigue ahí!
Toc. Toc. Toc. Llamaron a la puerta del patio.
—¡Hermano Ding, es hora de irnos! —gritó una voz juvenil desde el exterior.
Ding Songyan miró a Ding Qingyan. Ella asintió ligeramente.
Él cruzó el patio y abrió la puerta.
Fuera lo esperaba un joven vestido con una túnica verde de mangas estrechas y el cabello recogido bajo una banda de tela negra. Según calculó Ding Songyan, no llegaba al metro setenta. Sus facciones eran aceptables, pero tenía un aire escurridizo. Sus ojos se movían constantemente de un lado a otro, dándole un aspecto furtivo, parecido al de una comadreja.
—Ah, Qingyan también está en casa. —La mirada del joven pasó por encima de Ding Songyan y se posó directamente sobre ella.
«¿Y dónde se supone que iba a estar?» Ding Songyan arqueó una ceja mientras lo observaba.
El joven encogió los hombros y soltó una risa incómoda.
—Hermano Ding, deberíamos ponernos en marcha. Por cierto, escuché que ayer tuviste algunos problemas.
En ese momento, Ding Qingyan llamó desde unos pasos más atrás.
—Xu Chang'an, espera un momento. Tengo que decirle algo a mi Segundo Hermano.
—Por supuesto, Hermana Qingyan. —Xu Chang'an asintió de inmediato y agitó una mano.
Ding Qingyan lo arrastró hasta la sala principal, una vez dentro Ding Songyan le indicó que hablara, la muchacha bajó la voz.
—Ese es Xu Chang'an. También vive en el Callejón Chengyu, cerca del pozo. Antes te gustaba ir con él al Templo de Dangkang. Él… él es un ladrón.
—¿Ladrón? —La mano de Ding Songyan se movió instintivamente hacia la manga, donde guardaba la plata.
Ding Qingyan se echó a reír.
—No se atrevería a robarte a ti. ¡No si quiere responder ante el terror del Callejón Chengyu! Por cierto, mientras estés fuera hoy, ¿podrías ayudarme a elegir un regalo para Qu Zhongheng? Ayer se esforzó mucho por nosotros y deberíamos mostrarle algo de agradecimiento. No es bueno acumular demasiados favores sin devolverlos. Recuerda que le encantan los juguetes mecánicos y los artefactos curiosos. Esta tarde te daré el dinero.
«Es lo correcto.» Ding Songyan aprobó la idea en silencio.
Su hermana añadió algunos recordatorios más y le explicó brevemente la situación de la familia Zhen. Solo entonces permitió que él saliera junto a Xu Chang'an y abandonara el Callejón Chengyu.
—Hermano Ding, ¿qué fue exactamente lo que te pasó ayer? —preguntó Xu Chang'an mientras caminaban, incapaz de contener más tiempo su curiosidad.
La preocupación era sincera, por supuesto. Después de todo, en su cabeza ya se veía como el futuro cuñado de la familia.
Ding Songyan no tenía prisa por responder. En lugar de eso, devolvió la pregunta.
—¿A qué hora te marchaste ayer del Templo de Dangkang?
—Después del mercado vespertina. Fui a buscarte, pero para entonces ya te habías ido. —Xu Chang'an respondió sin la menor sospecha.
«Los movimientos del antiguo Ding Songyan eran realmente sospechosos...» Ding Songyan no explicó nada. Simplemente siguió haciendo preguntas, sonsacando información poco a poco mientras completaba el rompecabezas mental que estaba construyendo sobre este mundo.
Entre conversación y conversación, bromeando de vez en cuando mientras avanzaban, los dos llegaron al Templo de Dangkang, situado en el sector oriental de la ciudad prefectural.
El mercado que rodeaba el templo era inmenso. La multitud se apretujaba hombro con hombro, formando un mar de gente que parecía extenderse sin fin.
Había puestos de frutas y verduras, carnes curadas, adornos de perlas y colgantes de jade, dagas y armas, abanicos plegables, peces de azúcar y brochetas de fruta caramelizada. Todo estaba expuesto a la vista.
Escupefuegos y magos taoístas realizaban espectáculos. Jugadores de pelota y acróbatas atraían a los curiosos. Cantantes y bailarines competían por llamar la atención. Los puestos de apuestas y los juegos de lanzamiento de flechas intentaban atraer a los transeúntes, mientras vendedores ambulantes de remedios milagrosos ofrecían medicinas dudosas y simples raíces de regaliz como si fueran tesoros.
Todo ocurría al mismo tiempo.
En todas partes.
Rodeados por el estruendo de pregones, gritos y voces superpuestas, Ding Songyan y Xu Chang'an se detuvieron frente al puesto de un narrador.
—La última vez nos quedamos cuando Jin Shaochong, discípulo de linaje directo de la Escuela Eterna del Reino de Gan, partió de su escuela con espada en mano para desafiar a los héroes del jianghu. Sin embargo, antes siquiera de llegar a Nueva Yu o a nuestra Gran Zhao, fue interceptado en la Montaña de las Cinco Colinas del Reino de Gan por Su Yunzhang, cuarto discípulo de linaje directo de la Escuela de la Doncella Celestial. Allí, Su Yunzhang destrozó el Arte de la Espada de los Siete Asesinatos con sus Doce Caminos del Gran Vacío y le señaló sin rodeos cuál era su mayor debilidad: una intención asesina insuficientemente firme.
—Aquel día, el nombre de Su Yunzhang sacudió el mundo entero. Los aficionados a clasificar a los héroes del jianghu lo incluyeron inmediatamente en la Clasificación de los Hombres Apuestos del Jianghu \[1\], acompañando su nombre con una sola valoración: "Claro y elegante; brillante y libre como el viento".
\*\*\*
\[1\] La “Clasificación de los Árboles de Jade” (武林玉树榜) se ha traducido como “Clasificación de los Hombres más Apuestos” para facilitar la comprensión. En la tradición literaria china, "Árbol de Jade" (Yùshù) es una metáfora que describe a un hombre excepcionalmente atractivo, elegante y distinguido. La adaptación conserva así la función original del término: designar un ranking de la élite masculina del Jianghu (Mundo Marcial).

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Estás leyendo el capítulo 5 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 2 de junio de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.