Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 34 online gratis en español
🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Después de que la familia de cinco miembros disfrutara de una armoniosa cena en compañía y cada uno se dedicara a sus propios asuntos al caer la noche, Ding Songyan dispuso una vez más sus cofres de madera, encendió la lámpara de aceite y se preparó para comenzar su jornada de trabajo.
Qingyan se había portado sumamente bien el día de hoy. No le insistió para que le narrara una nueva entrega de la historia; se limitó a charlar animadamente con él sobre el rumbo futuro que tomarían los acontecimientos en La Leyenda de la Serpiente Blanca antes de quedarse profundamente dormida.
Sentado sobre el pequeño cofre de madera, Ding Songyan no tomó el pincel de inmediato. En su lugar, prefirió desviar sus pensamientos hacia otros asuntos que lo inquietaban.
Al conectar el arte secreto que le habían enseñado hoy con el comportamiento previo de Yan Changqing, comenzó a sospechar, con sobrados argumentos, que este supuesto “Anciano Poderoso” poseía en realidad el rostro de un estafador veterano. Era muy probable que sus constantes ocultamientos no se debieran únicamente a que estuvieran en juego asuntos de vida o muerte.
«Me impresionaría bastante que tan solo la mitad de sus historias y de sus orígenes resultara ser verdad. El haberme tentado para que fuera al barrio del placer del Callejón del Norte a esperar mi supuesto encuentro fortuito tenía como único objetivo atraerme hacia el tablero de juego. De eso no me cabe la menor duda. Pero ¿podría ser que la oportunidad fortuita en sí misma también oculte algún problema subyacente? ¿Es Yan Changqing verdaderamente tan diestro en las artes adivinatorias?».
«Si Ren Youyang no fuera un discípulo legítimo y confirmado de la Secta del Espíritu Verdadero que además figura en la prestigiosa Clasificación de la Joven Orquídeas, llegaría a sospechar que Yan Changqing influyó en sus pensamientos desde la distancia durante su visita a la propiedad de los Zhen, y que de esa manera fue como orquestó el encuentro fortuito... O tal vez, Ren Youyang esté compinchado con Yan Changqing. Aunque sus modales y su comportamiento no sugieren tal cosa, a menos que su aparente falta de astucia sea una actuación tan sumamente perfecta que me resulte imposible encontrarle un solo defecto...».
«Un momento. El primer día, cuando yo aún no había recibido la 'semilla', ¿acaso ya estaba siendo sutilmente influenciado por Yan Changqing? ¿Fue esa la verdadera razón por la que pasé por alto los enormes riesgos que corría y decidí encaminarme al barrio del placer? Sí, tiene todo el sentido del mundo. Él terminó plantando la 'semilla' en mi mente sin molestarse en considerar mi consentimiento. Entonces, ¿por qué aguardó hasta el segundo día para hacerlo? ¿Por qué no la implantó desde el primer momento? ¿Y qué habría ocurrido si yo hubiera sido demasiado cobarde y hubiera elegido no poner un pie en el barrio del placer? En ese escenario, jamás me habrían arrojado al tablero de juego. Dada su extrema cautela y la delicada situación en la que se encuentra, no era el tipo de hombre que apostaría su destino a una simple carta al azar. Por lo tanto, la primera jornada tuvo que implicar una influencia encubierta. Una vez que descubrí la evidente intención maliciosa de la casa Zhen, procedió a plantar la 'semilla'. De este modo, su propia malicia parecía un poco menos severa ante mis ojos, reduciendo significativamente mi resistencia a cooperar con él más adelante...».
«Por otra parte, Yan Changqing parece genuinamente hábil en las artes adivinatorias, considerando que fue capaz de deducir que yo había estado leyendo recientemente el Clásico Secreto de las Montañas y los Mares. Sin embargo, también albergo serias dudas al respecto. ¿Por qué razón adivinó de manera tan específica que había leído precisamente ese texto? Hacía ya bastante tiempo que yo no dedicaba un solo pensamiento al contenido de ese libro. Si su verdadera intención era pegarme un susto de muerte para ganar ventaja sobre mí, habría sido muchísimo más efectivo adivinar que soy en realidad un alma extranjera que se ha apoderado del cuerpo de otra persona. Yo me encontraba justo frente a él; deducir un secreto de tal magnitud a partir de mi cuerpo físico y de mi alma habría tenido, evidentemente, mucho más sentido».
Ding Songyan se negaba a creer que Yan Changqing fuera capaz de determinar su condición de transmigrador basándose únicamente en la adivinación. Semejante proeza implicaría un nivel de existencia perteneciente a un mundo completamente diferente. Si Yan Changqing poseyera verdaderamente la facultad de percibir algo así, su poder rivalizaría con el de los mismísimos dioses antiguos. De ser ese el caso, ¿cómo es posible que hubiera fallado tan estrepitosamente a la hora de predecir su propio porvenir, terminando encadenado en un calabozo?
Un ser de semejante magnitud, incluso si quedara reducido a la insignificancia de una simple uña, infundiría en Zhen Qianfan un temor tan pavoroso que ni siquiera se atrevería a acariciar la sola idea de la traición.
A mitad de sus reflexiones, Ding Songyan captó la esbelta silueta de Xiaoqing por el rabillo del ojo. El día de hoy, la joven se había recogido el cabello en unos encantadores moños dobles en espiral; vestía una chaqueta de botones frontales en tonos verde y blanco en la parte superior y una falda plisada de un verde pálido abajo. Una faja de seda verde ceñía con delicadeza su cintura, confiriéndole un aspecto sumamente fresco y cautivador.
—Señorita Xiaoqing, ¿es usted versada en las artes adivinatorias? —preguntó Ding Songyan con un deje de vacilación.
Xiaoqing se aproximó lentamente hacia la cama y se sentó, al tiempo que un rastro de sospecha asomaba en sus ojos.
—No. ¿A qué viene esa pregunta?
—¿Conoce al menos algo sobre el tema? —insistió Ding Songyan, buscando profundizar.
Xiaoqing esbozó una leve sonrisa.
—Solo un poco.
—Al realizar una adivinación cara a cara, ¿qué es lo que la adivinación puede llegar a deducir con mayor precisión y facilidad? —Ding Songyan intentó reconstruir mentalmente la escena que había vivido, manteniéndose dentro de los estrictos límites que la "semilla" le permitía revelar.
Xiaoqing soltó una pequeña risa.
—No me digas que has terminado siendo engañado por algún adivino de la calle. Nueve de cada diez adivinos que se instalan fuera del Templo Dangkang confían exclusivamente en mantener los ojos bien abiertos y en emplear trucos. Veamos... la adivinación cara a cara resulta ser más certera para asuntos concretos, tales como los matrimonios, los funerales, el estado de la condición física y los vaivenes de la fortuna dentro del transcurso del mes.
Ding Songyan frunció el ceño ligeramente, sopesando la respuesta.
—¿Y sería posible que un experto dedujera qué libro específico he estado leyendo recientemente?
La expresión en el rostro de Xiaoqing se tornó sumamente divertida.
—De verdad te tomaron el pelo, ¿no es así? Yo jamás he conocido a un adivino que sea verdaderamente hábil, de modo que ignoro si a ese nivel tan elevado se puede lograr una proeza semejante. Por debajo de esa cumbre, lo máximo que un adivino promedio podría llegar a discernir es si has estado leyendo textos de carácter histórico, sagas de grandes héroes o manuales de artes marciales. Si lo tuyo fue una estafa, entonces la explicación es sumamente simple: se encargaron de investigarte de antemano. Es muy probable que su cómplice fuera, incluso, la misma persona que te vendió el libro en su momento.
«¿Una estafa... vendido por un cómplice...?». El corazón de Ding Songyan dio un vuelco al verse asaltado por una sospecha repentina.
«¿Podría ser que aquella rarísima versión del Clásico Secreto de las Montañas y los Mares guarde alguna clase de conexión oculta con Yan Changqing? Si existiera tal vínculo, esa sería la razón por la cual fue capaz de deducir a través de la adivinación que yo lo había leído. Y si realmente está conectado con él, entonces por extensión también guarda relación con la casa Zhen... ¿Acaso esto no explicaría, en parte, el comportamiento levemente anormal que ha mostrado la familia Zhen con respecto al Clásico Secreto? Me refiero al hecho de que parecía no importarles demasiado; mostraban muy poca urgencia por recuperarlo y jamás se molestaron en hacer un seguimiento formal...».
Al llegar a esta conclusión, Ding Songyan sintió que su mente se despejaba considerablemente. De inmediato, volvió a concentrar toda su atención en la escritura de las páginas. ¡La señorita Xiaoqing todavía aguardaba por él!
Habiendo sido iluminado por la agudeza de sus observaciones, estuvo a punto de soltarle una frase como: "Haberla conocido, señorita Xiaoqing, es una fortuna que debo de haber acumulado a lo largo de varias de mis vidas pasadas". Después de todo, ella le había proporcionado una inmensa cantidad de información valiosa y de provechosa experiencia sobre el jianghu.
Sin embargo, era plenamente consciente de que tales palabras jamás debían pronunciarse en voz alta, pues rozarían peligrosamente el terreno del coqueteo.
Por lo tanto, Ding Songyan se limitó a elogiarla con cortesía:
—Señorita Xiaoqing, es usted una verdadera enciclopedia viviente de los asuntos del jianghu. Parece saberlo absolutamente todo.
Xiaoqing sonrió, mostrando una evidente muestra de satisfacción personal:
—Además de las viejas leyendas y las grandes sagas, lo cierto es que me fascinan las anécdotas del jianghu, las crónicas del mundo marcial y toda clase de rumores callejeros. Y no creas que solo me dedico a escuchar a los narradores de historias de las plazas; también me paso el día acosando a preguntas a mi padre, a mi tía, a mi segundo tío, a mi hermano mayor, a mi primo, a mi tío marcial, a mis tíos abuelos marciales, a mi gran maestro y a mi gran maestra, así como a todos mis hermanos y hermanas mayores de la secta...
Por cada fuente que enumeraba, la joven doblaba un dedo con entusiasmo. Hacia el final de la lista, casi se quedó sin dedos disponibles, por lo que se vio en la necesidad de repetir el conteo.
«Una chica con un corazón infantil... Lo cierto es que resulta bastante entrañable...», pensó Ding Songyan, sacudiendo la cabeza con una leve sonrisa interior.
Para la sesión de hoy, necesitaba redactar el pasaje donde Xu Shilin y la reina del Reino de las Mujeres lograban obtener la preciada perla del buey Kui. Con el propósito de encajar toda la trama dentro de la narración de una sola mañana, dispuso que los protagonistas tuvieran que superar únicamente tres grandes pruebas.
Dos de estos obstáculos provenían directamente de las películas de animación que había visto y de los videojuegos que había disfrutado en sus años de juventud en su antiguo mundo: la Vanguardia del Tigre bloqueando el sendero y la Ceja Amarilla haciéndose pasar por un falso Buda. La tercera y última prueba consistió en una ilusión nacida del espejismo de un dragón, diseñada específicamente con la intención de profundizar los lazos románticos entre ambos protagonistas.
Por supuesto, con el fin de exhibir el talento innato y la valentía que caracterizaban a la Estrella Wenqu, Xu Shilin no optaría por correr a suplicar el auxilio de terceros a la menor provocación. Él y la reina unieron sus fuerzas en el combate, golpeando con tal fiereza a la Vanguardia del Tigre hasta transformarla en una auténtica "Vanguardia de Carbón", y bombardeando a la Ceja Amarilla hasta dejarla reducida a una "Ceja Quemada". Asimismo, una vez atrapados en el interior de la ilusión del dragón del espejismo, ambos lograron despertar el recuerdo de su conexión en una existencia pasada: él era la Estrella Wenqu en los altos cielos, mientras que ella era una modesta hierba escarlata que crecía junto al Estanque de Jade y que en su día había recibido sus atentos cuidados. Ella había tomado la firme decisión de descender voluntariamente al mundo mortal con el único propósito de consumar aquel lazo destinado.
—¡Brillante! ¡Cómo se atreve un apestoso yao-tigre a interponerse en el camino! —Xiaoqing devoraba las páginas una a una, emitiendo vívidos comentarios a medida que avanzaba en la lectura.
Cuando llegó al punto de la trama donde Xu Shilin consumía la perla del buey Kui, alcanzando la grandeza en un solo paso, depositó las hojas sobre la mesa con un semblante de profunda satisfacción. Giró el rostro para mirar a Ding Songyan, quien permanecía sentado de costado, y sus ojos se entrecerraron arrastrando una pícara sonrisa.
—Ding Songyan, dime una cosa. ¿Qué es lo que la casa Zhen está intentando tramar en realidad? Han estado ganando tiempo de manera deliberada durante todo este proceso.
«Una respuesta, por fin. Es muy probable que esto sea exactamente lo que los mayores y superiores de Xiaoqing ansiaban averiguar...», dedujo Ding Songyan. Decidió no mortificarse por aquello que la "semilla" le hacía olvidar y optó por compartir únicamente lo que aún conservaba con nitidez en su memoria.
—Es muy factible que lo que la casa Zhen ambicione no sea plata ni riquezas materiales, sino asistencia oportuna en un momento sumamente crítico. Aquel que demuestre estar dispuesto a brindar su ayuda en ese preciso instante logrará alcanzar su cometido.
Hizo énfasis en las palabras "momento crítico".
Xiaoqing asintió a medias, mostrando que captaba el trasfondo de la advertencia, y sonrió de lado.
—Ding Songyan, de repente me he percatado de que eres un hombre un tanto... bueno, parece ser que hay mucho más en ti de lo que salta a la vista en la superficie.
—Sin el respaldo de las artes marciales reales, cualquier muestra de ingenio es en vano —respondió Ding Songyan recurriendo a esa vaga evasiva, deslizando el verdadero peso de su significado.
Sin importarle demasiado si Xiaoqing había logrado captar el matiz de sus palabras o no, la joven se puso de pie con ligereza y señaló con el dedo hacia el marco de la ventana de papel aceitado.
—Es hora de marcharme.
—Yo también aprovecharé para salir a despejarme y tomar un poco de aire fresco —anunció Ding Songyan, apresurándose a recoger sus pinceles, la tinta, el papel y la piedra de entintar.
—¿Acaso requieres que te eche una mano? —Xiaoqing detuvo sus pasos, regalándole una sonrisa.
—No es necesario, muchas gracias. Ya le he avisado a mi familia que saldría.
Ding Songyan guardó los cofres de madera en su sitio, abandonó el ala oeste de la vivienda, abrió la puerta de la habitación principal y procedió a cerrarla con llave desde el exterior. Hizo exactamente lo mismo con la gran puerta que daba acceso al patio. No albergaba el menor temor de que sus parientes pudieran quedar atrapados en el hipotético caso de que se desatara un incendio mientras la entrada permanecía clausurada; después de todo, una cerradura ordinaria probablemente no sería capaz de resistir ni un solo golpe de la fuerza bruta de su hermano mayor.
Para cuando salió a la calle, Xiaoqing ya se encontraba esperando en el Callejón Chengyu, con su pequeña sirvienta plantada firmemente a su lado.
—El tramo que se extiende desde este callejón hasta llegar al Puente Fengshui es sumamente fresco y agradable por las noches —mencionó Xiaoqing una vez más, empleando el tono cómplice de quien comparte un secreto muy celosamente guardado, mientras comenzaba a abrir la marcha.
«No será fresco debido a que los espíritus errantes y las almas en pena acostumbran a deambular por aquí con regularidad, ¿verdad?», pensó Ding Songyan, barriendo con la mirada a izquierda y derecha. Sin embargo, por más que se esforzó, todavía no lograba activar de manera voluntaria sus esquivos ojos yin.
A decir verdad, su auténtico propósito al salir a "despejarse" a estas horas de la noche consistía en hallar un método confiable que le permitiera activar sus ojos yin a voluntad. En la precaria situación en la que se hallaba, ignoraba si dicha facultad mística le resultaría de utilidad más adelante, pero era consciente de que debía intentarlo. En su posición, cada pequeña ventaja sumaba.
La brisa de la noche barrió con presteza el bochorno y la agobiante humedad que habían imperado durante el día. Ding Songyan y Xiaoqing pasearon con calma a través de los callejones y las avenidas principales, cobijados por la densa sombra de los árboles y avanzando en paralelo a las aguas fluyentes del canal, mientras conversaban amenamente sobre diversos cuentos y leyendas del jianghu.
Antes de que se dieran cuenta, la silueta del Puente Fengshui recortó finalmente ante ellos. En ese lugar se alzaba un vibrante mercado nocturno que no comenzaba a dispersarse sino hasta bien entrada la tercera vigilia; de los puestos colgaban hileras de linternas rojas, naranjas, rosas y amarillas que brillaban con un fulgor espléndido. Multitudes de hombres y mujeres enamorados se agolpaban en las orillas para lanzar al agua pequeñas linternas de colores con delicadas formas de barca. A pesar de que no se celebraba ningún festival oficial de linternas en esa fecha, la escena entera lucía tan radiante y magnífica que daba la impresión de que todavía era pleno día.
Diversas miradas, algunas sumamente obvias y otras tantas discretas, se desviaban con frecuencia hacia la figura de Xiaoqing a medida que avanzaban. La joven parecía no percatarse de la atención que despertaba; se limitaba a sonreírle a Ding Songyan.
—No te acerques demasiado a Ren Youyang.
—¿Acaso no se trata de una buena persona? —preguntó Ding Songyan, desconcertado.
«¿Es que sus respectivas facciones se encuentran en malos términos? Bueno, después de todo, el grupo al que perteneces ni siquiera es originario del Gran Zhao...»
Xiaoqing balanceó sus manos con ligereza, sin perder la sonrisa.
—Oh, lo cierto es que es un sujeto bastante agradable. El problema radica en que su reputación lo precede a dondequiera que va. Es el tipo de hombre que podría soltarte en cualquier momento expresiones como: "La vida es corta, Ding Songyan. ¿Quién sabe cuándo llamará la muerte a nuestra puerta? Uno debería vivir con absoluto abandono. Ven conmigo, déjame llevarte a una casa de placer para pasar un buen rato". O bien: "La vida es corta y el mañana es incierto; uno debe entregarse al desenfreno. Ding Songyan, acompáñame a una reunión sin ropa". O incluso: "La vida es efímera y el destino es caprichoso. Ding Songyan, ¿qué te parecería probar cómo se sienten los hombres? ¿Qué tal si me pruebas a mí? ¿O qué tal si yo te pruebo a ti?"...
Su imitación de los gestos y los amaneramientos característicos de Ren Youyang resultó ser extrañamente precisa y vívida.
—Eh... —la comisura de la boca de Ding Songyan se contrajo ante la descripción —¿De verdad las cosas llegan a tal extremo con él?
—¿Quién sabe? —el tono de voz de Xiaoqing se elevó un poco, acompañado de una radiante sonrisa.
Tras un par de intercambios de palabras más, alcanzaron finalmente el extremo opuesto del Puente Fengshui. El bullicio del mercado nocturno en esa zona no se sentía ni demasiado abarrotado ni excesivamente desierto.
—Yo debo desviarme por este camino. ¿Y tú qué harás? —Xiaoqing señaló con su mano en una dirección específica.
—Yo tengo que volver a casa —respondió Ding Songyan, intuyendo que había demasiada gente congregada en los alrededores como para intentar forzar la activación de sus ojos yin con éxito.
Antes de que Xiaoqing pudiera articular palabra alguna para despedirse, se dio la vuelta y se aproximó al puesto de un vendedor ambulante. Extrajo quince monedas de su bolsa y adquirió tres palitos de espino confitado. Acto seguido, le ofreció uno de ellos a Xiaoqing y le confesó con total sinceridad:
—Señorita Xiaoqing, lo cierto es que he estado extrayendo información de usted de manera deliberada durante estos últimos días. No me atrevería a presentar un simple palito de espino confitado como una disculpa formal por mis actos, pero la verdad es que lo último que deseo es que llegue a sentirse molesta conmigo por esa razón.
Xiaoqing parpadeó un par de veces, sorprendida; de inmediato, su hermosa sonrisa floreció de golpe, ofreciendo un espectáculo tan sublime que evocaba la imagen de mil perales estallando en flor al unísono. Incluso Ding Songyan se quedó momentáneamente absorto ante su belleza.
La joven aceptó el dulce y le dio una alegre lamida.
—En realidad, yo también sentía ganas de contarte todas esas cosas.
Ding Songyan exhaló un profundo suspiro de alivio y procedió a entregarle el segundo palito a la sirvienta que las acompañaba.
—¿Acaso yo también recibo uno? —la pequeña sirvienta se mostró gratamente sorprendida.
—Usted se ha encargado de aguardar afuera fielmente a la señorita Xiaoqing todas las noches. Estoy seguro de que también debe de haber sido una tarea dura y cansada para usted —comentó Ding Songyan con amabilidad.
Xiaoqing asintió con la cabeza y le indicó a su subordinada:
—Anda, acéptalo.
Solo ante la aprobación de su ama, la pequeña sirvienta recibió el espino confitado, mostrando una indiscutible sonrisa de gratitud en su rostro.
Radiante, Xiaoqing se despidió de Ding Songyan con un gesto y se encaminó a paso ligero en dirección al Salón Tianyang, con su sirvienta siguiéndole los pasos de cerca.
Ding Songyan comenzó a saborear su propio espino confitado mientras se daba la vuelta para desandar el camino, cruzando de vuelta al otro lado del Puente Fengshui, directo hacia aquellas zonas donde la noche se tornaba profunda, lúgubre y silenciosa. Lo intentó una y otra vez en el trayecto, recurriendo a diversos métodos, pero continuaba fracasando en su empeño por activar voluntariamente sus ojos yin.
«Un elemento tan sumamente inestable e impredecible no puede ser tomado en consideración para formar parte de ningún plan estratégico...», meditaba Ding Songyan a medida que avanzaba con paso firme por la penumbra.
De pronto, un pensamiento audaz cruzó por su mente, vislumbrando una posible solución al dilema.
«La 'semilla' que implantó Yan Changqing en mi mente posee la facultad de disipar y atravesar las ilusiones cuando logro dirigir su energía concentrada hacia mis ojos. Si consiguiera combinar esa influencia con la naturaleza inestable de mis propios ojos yin... ¿acaso no podría cambiar la situación a mi favor? ¿Sería viable utilizarla para estabilizarlos de una vez por todas?».

Continúa leyendo
La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela)
Capítulo 35
La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 34
Estás leyendo el capítulo 34 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 16 de junio de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.