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Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 32 online gratis en español

🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Capítulo 32 Aquel que comprende las circunstancias es el verdadero sabio Tras despedir a Xiaoqing y cambiar de nuevo el pasaje de "sumergirse" en el Río Madre e Hijo por el tradicional "beber", Ding Songyan, quien por poco se ahoga en su propio sudor frío, se sentó a la mesa y apagó la lámpara de aceite con un soplido. En medio de la penumbra, se dedicó a repasar minuciosamente cada detalle de la conversación de esa noche. Su objetivo principal no era recordar lo que se había dicho, sino examinar a fondo qué preguntas pretendía plantear y que, en última instancia, terminó "olvidando" mencionar. «El asunto de una persona misteriosa encarcelada en el calabozo de la casa Zhen... no lo dije...» «El Clásico de la Espina de Pez del Mar del Norte que mencionó Yan Changqing... no pregunté sobre él...» «Si existe un arte de cultivo que pueda proyectar por la fuerza el espíritu de uno en el mar de conciencia de otra persona, dejando atrás una "semilla" para influir en sus pensamientos... tampoco pregunté eso... Del hecho de que no se me permita preguntar sobre ello, ¿significa que tales artes son raras y pocas en número, lo que facilita identificar la verdadera identidad de Yan Changqing? ¿Y una vez que sepa quién es realmente, si esa información se filtra, muchas de sus contingencias preparadas fallarían?» «Después de consumir un uso del qi, la influencia de la "semilla" sobre mi pensamiento no se ha debilitado notablemente...» Cotejando estas reacciones con sus propias inquietudes, Ding Songyan analizó los hilos de su charla con Xiaoqing y logró descifrar a grandes rasgos qué era lo que Yan Changqing intentaba ocultar o qué verdades no debían salir a la luz. «¡Lo que el enemigo teme es precisamente lo que yo necesito perseguir y encontrar formas de eludir!» Ding Songyan soltó un suspiro, ordenó los cofres, guardó los pinceles junto a la tinta y se recostó de nuevo en la cama. Aunque estaba exhausto tanto en cuerpo como en mente, su cerebro permanecía demasiado activo como para permitirle conciliar el sueño durante un buen rato. \*\*\* Al despertar de su sueño, Yang Shiduo descubrió que la imponente imagen del relámpago de ayer continuaba grabada a fuego en su mente: el maniquí de madera estallando en mil pedazos y aquella silueta alejándose a paso lento con ambas manos entrelazadas a la espalda. La escena le había causado una impresión tan honda que incluso se había colado en sus fantasías nocturnas. Con frecuencia solía imaginar cómo sería obtener un arte marcial supremo, dominarlo hasta alcanzar la perfección y vagar sin rivales por el jianghu. Pero aquellos anhelos siempre habían sido borrosos y carentes de sustancia. Ahora, en cambio, la silueta en su mente poseía una nitidez absoluta. ¡Era la viva imagen de Ding Songyan el día anterior! Impulsado por ese súbito pensamiento, Yang Shiduo saltó de la cama, se arrojó un cuenco de agua fría en el rostro y comenzó de inmediato su rutina de templado corporal en el pequeño y abarrotado patio; sus puños rasgaban el aire provocando un silbido similar al del viento. Hacía más de un año que había completado el refinamiento de sus aperturas. Su cultivo en el Reino Humano había alcanzado la perfección hacía bastante tiempo, pero al carecer de las monedas de plata necesarias, le había sido imposible obtener de su maestro el arte de cultivo avanzado requerido para el "Puño de la Herida de Hierro". No le quedaba más remedio que ver pasar los días en balde. Un año atrás, Yang Shiduo desbordaba orgullo y confianza en sí mismo. Había concluido el refinamiento de sus aperturas dos meses antes de cumplir los veintidós años. Aunque no podía compararse con los genios naturales, su ritmo estaba a la par con el de los discípulos más destacados de la prestigiosa Secta Noche-Brillante. Aquello era un logro soberbio, considerando que no contaba con el respaldo de ninguna familia influyente ni de un clan, y que a duras penas lograba reunir la mensualidad para el salón marcial. Además, su repertorio se limitaba al básico y común "Puño de la Herida de Hierro". En aquellos días, el maestro de salón, Liu Yuxuan, reconoció de verdad su talento y su férrea voluntad, prometiéndole que si Yang Shiduo lograba conseguir varios materiales clave por sus propios medios, lo aceptaría formalmente como su discípulo, lo guiaría en el forjado de aperturas y le transmitiría los métodos avanzados de refinamiento. Sin embargo, la búsqueda de dichos materiales se había prolongado ya por más de un año. Yang Shiduo había contemplado con impotencia cómo diversos discípulos de la Secta Noche-Brillante, que antes se encontraban a su mismo nivel, iniciaban el forjado de sus aperturas. A estas alturas, aquellos jóvenes ya habían forjado tres o más, y su fuerza bruta progresaba a pasos agigantados. Mientras tanto, lo único que él podía hacer era mantener su condición física día tras día, desarrollar su resistencia, visualizar y refinar sus aperturas estancadas, y practicar una y otra vez aquel Puño de la Herida de Hierro que no destacaba por su complejidad, desglosando cada movimiento, volviéndolo a ensamblar y descomponiéndolo de nuevo en una rutina eterna. Al recordar que Ding Songyan era un hombre corriente hasta hace apenas unos días y que ahora era capaz de desplegar semejante golpe de palma divino, Yang Shiduo se habría mentido a sí mismo si negara el profundo ramalazo de envidia y celos que le oprimía el pecho. «¿Por qué no me ocurrió algo así a mí?», se cuestionaba amargamente. Tras concluir su entrenamiento matutino, Yang Shiduo se aseó, calentó las sobras del día anterior para desayunar y se encaminó hacia el Salón Marcial del Estanque de Piedra, ubicado en las inmediaciones del Templo Dangkang. Su maestro ya les había advertido con severidad la víspera: estaba estrictamente prohibido difundir una sola palabra sobre los relatos de Ding Songyan o el pavoroso golpe de palma que había ejecutado. Cualquiera que osara abrir la boca sería castigado implacablemente bajo las reglas del salón. Al incorporarse al bullicioso mercado que rodeaba el Templo Dangkang, los pasos de Yang Shiduo lo guiaron de manera inconsciente hacia el rincón donde Ding Songyan solía congregarse a narrar sus historias. La multitud se apiñaba en un círculo cerrado de cuatro o cinco filas de profundidad. Los que se encontraban al fondo no alcanzaban a ver absolutamente nada, por lo que debían conformarse con aguzar el oído. Valiéndose de su estatura y su fuerza física, Yang Shiduo se abrió paso a empujones hacia el frente hasta que la silueta de Ding Songyan entró en su campo de visión. El narrador gesticulaba con viveza, poniéndose de pie por momentos y sentándose al siguiente mientras se abanicaba con soltura. Por instantes hablaba con un torrente de elocuencia incontenible, y al segundo siguiente golpeaba su badajo de madera para relatar la entrega titulada: "El apuesto caballero bebe agua y concibe un hijo fantasma; la bella reina exorciza el mal y agita su corazón", desplegando un estilo espectacular repleto de sugerentes matices. Sin embargo, Yang Shiduo se quedó completamente paralizado. El humilde narrador que se plantaba ante sus ojos difería de forma radical del extraordinario e imponente maestro que permanecía grabado a fuego en su memoria. Parecían dos individuos totalmente ajenos el uno del otro. Por un instante, el joven se descubrió dudando seriamente de si los acontecimientos del día anterior habían sido reales o fruto de su imaginación. Apenas transcurrieron unas pocas respiraciones antes de que Yang Shiduo notara que la mirada de Ding Songyan se desviaba hacia él. Sus ojos se encontraron. El Ding Songyan que recortaba en su campo de visión le dedicó una sonrisa leve, cargada de una elocuencia silenciosa. Yang Shiduo sintió un estremecimiento y, por puro instinto, dio un paso atrás para perderse entre la multitud. ¡No se atrevió a sostenerle la mirada a Ding Songyan! Aquel artista marcial de piel oscura y buen porte se alejó a toda prisa del Templo Dangkang, doblando a toda velocidad hacia la entrada del Salón Marcial del Estanque de Piedra. Solo al cruzar el umbral pareció recuperar un poco la compostura. «Es evidente que ya ha alcanzado su extraordinaria fortuna y ha ascendido a los cielos en un solo paso. ¿Por qué sigue contando historias para entretenerse? Si yo estuviera en su lugar, ya habría ido en busca de la gloria para que se me concedieran tierras que abarcaran cien kilómetros» Inmerso en aquel torbellino de pensamientos, Yang Shiduo se adentró en el salón marcial. —Buenos días, hermano mayor Yang. —Hermano mayor Yang, sigo ejecutando mal este movimiento. ¿Podrías echarle un vistazo más tarde? —Hermano mayor Yang, quiero entrenar contigo hoy. Yang Shiduo fue asintiendo con la cabeza en reconocimiento a cada uno de ellos. Durante el último año, se había encargado de impartir las clases en nombre de su maestro. El beneficio de este esfuerzo era la exención completa de su matrícula, lo que le permitía ahorrar dinero para adquirir los materiales clave que tanto necesitaba. Por esta razón, se sentía profundamente agradecido con su mentor; después de todo, se trataba de un salón marcial privado y no de una secta oficial. Sin embargo, mientras se dirigía hacia el campo de entrenamiento y cruzaba el patio lateral, el recuerdo de Ding Songyan volvió a despertar en él una profunda inquietud, tornándolo irritable. Una energía violenta y reprimida comenzó a bullir en su interior. «¿Por qué no me tocó a mí? ¡Esto no es justo!» Yang Shiduo forzó la marcha para sofocar aquellos sentimientos, experimentando una punzada de vergüenza por los oscuros pensamientos que habían aflorado de forma tan repentina a medida que se aproximaba a la zona de prácticas. «Parece que la ascensión de Ding Songyan de la noche a la mañana me ha sacudido mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir...», reflexionó para sus adentros. \*\*\* Por su parte, habiendo dado por terminada la sesión de narración de hoy, Ding Songyan se despidió de Xiaoqing y de su sirvienta. Se encaminó de inmediato hacia la Calle Agua del Norte, con la intención de buscar algo de comer en el trayecto. En realidad, albergaba la esperanza de que Xiaoqing trajera consigo hoy algunas preguntas formuladas por los ancianos de su familia o por los altos mandos de su secta, motivadas por las sutiles insinuaciones que él mismo había dejado caer la noche anterior. Sin embargo, no había recibido señal alguna. Reprimiendo su decepción, Ding Songyan se adentró en una callejuela que no destacaba precisamente por su anchura, pero que estaba plagada de puestos de comida barata. Mientras avanzaba con la mirada puesta en los locales, un alboroto repentino llamó su atención unos metros más adelante; parecía tratarse de un altercado callejero. —Eh, madre... —La vista de Ding Songyan barrió la escena hasta que divisó a Liu Yuzao en los márgenes de la multitud, ataviada con su sombrero de velo negro y un delantal doble. El pequeño caos originado por la disputa había provocado que un transeúnte tropezara accidentalmente con ella, haciendo que el bollo al vapor que sostenía en la mano rodara por el suelo. Liu Yuzao se agachó con presteza, recogió el bollo, le dio una sacudida para limpiarlo y se dispuso a llevárselo de nuevo a la boca, ocultándolo bajo el velo. —¡Madre! —Ding Songyan se aproximó a grandes zancadas. Al escuchar su voz, Liu Yuzao aceleró aún más el ritmo. Aunque daba pequeños mordiscos, se las arregló para embutirse por completo el bollo sucio en la boca en un abrir y cerrar de ojos. —Si terminas con dolor de estómago por hacer eso, los honorarios del médico van a costar muchísimo más que el bollo —le recriminó Ding Songyan con un tono de impotencia al llegar a su lado. Su plan inicial era invitar a su madre a comer con él. Durante todo el tiempo que llevaba viviendo en este hogar, la persona con la que más interactuaba era su hermana Qingyan, seguida muy de cerca por su hermano mayor. Quizás por el hecho de ser contemporáneos y porque todavía no se habían forjado lazos emocionales demasiado profundos, el trato con ellos resultaba bastante fluido y relajado. Sin embargo, en comparación con su padre Ding Shengyi, su madre Liu Yuzao siempre se había mostrado como una mujer sumamente callada y reservada. Más allá del día en que aconteció el grave incidente de Ding Songyan y la jornada en que este se resolvió, apenas había exteriorizado emoción alguna. Incluso cuando le tocaba disciplinar a Ding Daniu, se limitaba a mantener un rostro gélido mientras sus manos golpeaban con implacable firmeza. Por todo ello, Ding Songyan cruzaba palabras con ella en contadas ocasiones. —Estoy bien —respondió Liu Yuzao en un hilo de voz de tono bajo. Ding Songyan observó de reojo a la patrulla que comenzaba a personarse en el lugar del altercado y luego inquirió a su madre con genuina curiosidad: —Madre, ¿hacia dónde vas? Se percató de que ella no llevaba consigo sus herramientas de peluquería, y su semblante tampoco encajaba con el de alguien que regresaba de la sesión matutina de copia de sutras. Liu Yuzao alzó una mano y señaló en dirección a la oficina del condado. —Al asilo de pobres. —¿Al asilo de pobres? —Ding Songyan repitió las palabras, quedándose un tanto desconcertado. Al notar su confusión, Liu Yuzao se limitó a aclararle con sencillez: —Es el lugar donde el gobierno municipal ofrece refugio a los ancianos que carecen de familia: viudos, viudas, huérfanos y aquellos que no tuvieron descendencia, así como a los enfermos y discapacitados que no tienen ningún otro sitio a donde ir. —¿Vas a realizar trabajos comunitarios de forma voluntaria? —Ding Songyan pareció comprender la situación a grandes rasgos. Liu Yuzao se giró lentamente y clavó su mirada en él. Su voz fría llevaba, por una vez, un rastro de profunda emoción: —Después de lo que te ocurrió aquel día, hice un voto silencioso mientras copiaba los sutras. Prometí que, al menos un día de cada diez, vendría a hacer una buena acción. No lo hago para pedir una gran riqueza ni un estatus elevado para ti, para Qingyan o... para ustedes tres. Solo lo hago para que estén siempre libres de calamidades y de cualquier daño. Ding Songyan abrió la boca, pero con las emociones a flor de piel y un nudo en la garganta, se sintió incapaz de articular una respuesta. Tras despedirse de Liu Yuzao, buscó un lugar para disfrutar de una comida bastante barata: un tazón grande de arroz estofado con múltiples ingredientes. Pasado el mediodía, Ding Songyan caminó a paso pausado hasta llegar a la propiedad de la familia Zhen. Siguiendo el riguroso procedimiento ya establecido, le vendaron los ojos, lo guiaron a través de aquellos pasajes sinuosos y finalmente lo sentaron frente a Yan Changqing. En un abrir y cerrar de ojos, la conocida energía fresca descendió una vez más sobre su mente. Valiéndose de la brumosa influencia de la "semilla", Ding Songyan dividió su conciencia en dos partes. Una mitad de su mente se concentró en narrar la historia con esmero, mientras que la otra mitad se adentró en su propio mar de la conciencia para encontrarse con Yan Changqing, quien vestía su característico gorro taoísta Huayang y su túnica cian. El demacrado Yan Changqing clavó la mirada en Ding Songyan y dejó escapar una ligera risa entre dientes. —¿Has tomado ya una decisión, joven amigo? —La he tomado —respondió Ding Songyan, ahuecando las manos en señal de respeto—. Estoy dispuesto a prestarle mi ayuda, señor. Yan Changqing soltó una carcajada. —¡Aquel que comprende las circunstancias es el verdadero sabio! Joven amigo, sin duda alguna lograrás grandes cosas en el futuro —hizo una breve pausa y luego añadió—: Por lo tanto, primero te enseñaré ese arte secreto, tómalo como una muestra de mi sinceridad. «¿Acaso tendré que... convertirme formalmente en su discípulo?», pensó Ding Songyan. Aunque no le importaría cometer patricidio en el futuro si la situación lo requería, la idea de jurar lealtad como discípulo todavía lo hacía sentir profundamente incómodo. Era mejor evitarlo si existía la posibilidad. Sintiendo su vacilación, Yan Changqing esbozó una leve sonrisa. —No hay ninguna necesidad de que me reconozcas como tu maestro todavía. Si te exigiera que me llamaras "Maestro" en este preciso momento, seguramente lo harías con desgana y resentimiento. Una vez que recupere mi libertad y te haya brindado esa gran oportunidad para cambiar tu vida por completo, no será demasiado tarde para formalizar nuestra relación. —Le quedo muy agradecido, señor —dijo Ding Songyan, volviendo a juntar las manos. Esta vez, sus palabras llevaban un rastro de genuina sinceridad. Yan Changqing dio un par de pasos con las manos entrelazadas a la espalda y habló con una voz profunda y resonante: —Cada arte de cultivo que existe en este mundo desciende directamente de los Emperadores Celestiales y de los dioses, o bien se deriva de las bestias divinas y de las criaturas extrañas. Todas ellas enfatizan la creación de aperturas anormales y la metamorfosis del ser humano en algo completamente diferente. —Este es un conocimiento común en el jianghu, y no es que sea incorrecto ni deficiente en sí mismo. Sin embargo, está incompleto; olvida por completo lo que es verdaderamente fundamental. —El arte secreto que estoy a punto de enseñarte proviene de un método supremo. ¡Y la mismísima primera línea de ese método reza: El hombre es supremo!
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Estás leyendo el capítulo 32 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 14 de junio de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.