Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 3 online gratis en español
🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Ding Qingyan no siguió por la calle principal. Sujetó la manga de Ding Songyan y lo condujo hacia un callejón lateral.
En dirección contraria avanzaba un grupo de hombres y mujeres vestidos de negro ajustado, con luz estelar plateada bordada en el puño izquierdo y llamas de vela anaranjadas en el derecho. Pasaron como una ráfaga y desaparecieron tan deprisa como habían llegado, dejando tras de sí una leve ondulación en el aire, como la superficie del agua después de ser perturbada.
Al notar que Ding Songyan seguía con la mirada las figuras que se alejaban, Ding Qingyan frunció los labios.
—La Secta Noche-Brillante. Probablemente van hacia el lugar donde ocurrió la infracción marcial de hace un momento.
—¿Las sectas también se encargan de cosas así? —preguntó Ding Songyan, pensativo.
Ding Qingyan soltó una risita.
—Sí. Es así desde la dinastía Youqiong. El emperador fundador de nuestra dinastía firmó un Pacto del Pergamino de Jade con las sectas principales, permitiéndoles a las grandes sectas ortodoxas y clanes nobles “reducir los impuestos y los tributos, supervisar los procesos judiciales y las prisiones, y colaborar en las patrullas urbanas”. La prefectura de Dingjiang y los tres condados al norte están bajo la jurisdicción de la Secta Noche-Brillante. Segundo Hermano, fuiste tú quien me contó todo esto después de tus clases de narración...
A medida que hablaba, pareció recordar el estado actual de su hermano. Su voz fue apagándose poco a poco hasta quedar en silencio.
—¿Narración? ¿En las clases de narración enseñan cosas así? —preguntó Ding Songyan, sorprendido al descubrir cuál era su oficio.
«Vaya. No recuerdo ni una sola habilidad profesional. Tampoco es como si pudiera ponerme a hacer una presentación con diapositivas delante del público.»
Ding Qingyan asintió y siguió caminando.
—Existen cuatro escuelas de narración. Las crónicas históricas, que tratan de la historia antigua; los relatos del jianghu \[1\]; las leyendas y sagas; y los casos judiciales. Antes de venir a Dingjiang, estabas estudiando crónicas históricas.
—Ya veo... —Ding Songyan le dio vueltas a aquella información.
Ding Qingyan le lanzó una mirada de reojo. —Segundo Hermano, no podíamos permitirnos provocar a ninguno de esos artistas marciales de antes. Aunque, dicho sea de paso, tampoco eran de los realmente peligrosos. A esos se los reconoce de inmediato.
—¿De inmediato? ¿Llevan escrito “soy un maestro” en la cara? —Ding Songyan mantuvo un tono ligero mientras intentaba sonsacarle más información.
Ding Qingyan arrugó la nariz.
—Claro que no. Ve a escuchar a los narradores del Templo de Dangkang algún día y lo entenderás. Bueno, la mayoría de las artes marciales tienen su origen en los dioses celestiales y seres extraordinarias de antes de que el Emperador Zhuanxu cortara la conexión entre el cielo y la tierra. Cuando alguien las cultiva hasta cierto nivel, el cuerpo empieza a transformarse. A algunos se les vuelven las orejas como las de un tigre. A otros les brotan plumas doradas. Otros desarrollan una piel completamente azul. Hay quienes hacen crecer dos pares de cuernos de buey, o una cola de zorro. Segundo Hermano, si ves a alguien así, ¡o pertenece a otra raza o es un auténtico maestro!
«¿El Emperador Zhuanxu...? ¿También existe en este mundo?» Ding Songyan decidió aparcar esa duda por el momento.
—¿Y qué anomalías físicas produce cultivar las artes de la Secta Noche-Brillante hasta un nivel elevado?
Si surgía la oportunidad, era mejor aprender a reconocer a las potencias locales antes de cruzarse con una por accidente.
Ding Qingyan se lo pensó con detenimiento.
—No creo que tengan anomalías demasiado evidentes... Dicen que sus artes descienden de dos Diosas; Noche Brillante y Luz de Vela, hijas del Emperador Shun, así que conservan una apariencia completamente humana. ¡Ah, la doble pupila! Padre mencionó una vez que conoció a un maestro de la Secta Noche-Brillante que tenía doble pupila. Más allá de eso, no lo sé.
«¿El Emperador Shun también...?» Ding Songyan volvió a quedarse pensativo.
Al cabo de un rato, los hermanos doblaron por un callejón del que se elevaban finos hilos de humo procedentes de las cocinas.
—¿Ding Songyan? ¡Ya has vuelto!
—¿Dónde diablos te habías metido? ¡Tu padre y tu madre te han estado buscando por todas partes!
—¿Qué pasa? ¿Te fugaste con alguna muchacha?
Los vecinos reunidos junto al pozo, a la entrada del callejón, les lanzaban preguntas y bromas. Algunos hablaban con genuina preocupación; otros, con la familiaridad despreocupada de quienes se conocen desde hace años.
Ding Qingyan respondió con vaguedad, tiró de Ding Songyan y se abrió paso rápidamente entre la multitud hasta llegar a una casa situada al fondo del callejón.
Sacó una llave de color bronce que llevaba colgada al cinto, abrió el candado y empujó hacia dentro las dos hojas de la puerta de madera.
En cuanto su hermano cruzó el umbral, cerró las puertas casi por completo tras él, se dio una palmada en el pecho y soltó un largo suspiro de alivio.
Ding Songyan aprovechó para observar los alrededores.
Era un patio modesto. A la izquierda se alzaba un olmo. Entre su tronco y un poste situado junto a una tina de agua se tendían varias cuerdas de las que colgaba ropa puesta a secar. A la derecha, un rudimentario cobertizo de madera protegía un montón de carbón y leña, oculto tras unos escalones de piedra desgastados y manchados por el uso.
Al fondo se encontraba la construcción principal, flanqueada por una habitación lateral a cada lado. La sala central albergaba toda clase de utensilios y enseres domésticos. Sobre una mesa cuadrada descansaban cuatro platos y un cubo de madera lleno de arroz, cubiertos con una sencilla tela de gasa a cuadros verdes.
Ding Songyan se acercó al umbral de la sala principal y dejó que su mirada se posara sobre un espejo de bronce colocado encima de un arcón de almacenamiento, tan pulido que reflejaba la luz con claridad.
Por fin pudo verse a sí mismo.
Vestía una túnica de erudito de color blanco lunar. No llevaba gorro formal ni pañuelo en la cabeza; únicamente una cinta azul recogía su cabello hacia atrás. No era una belleza capaz de derribar ciudades ni poseía un porte particularmente distinguido, pero seguía siendo un joven erudito de rasgos armoniosos, aspecto pulcro y tez clara.
«Ya me lo imaginaba. Con una hermana como Ding Qingyan, este cuerpo difícilmente podía haber salido feo...» Ding Songyan exhaló en silencio.
«Bueno, si vas a transmigrar, lo mínimo es que te toque una cara decente, ¿no?»
Ding Qingyan se había quitado el sombrero de velo y ahora estaba sentada en un taburete redondo junto a la mesa. Apoyaba la barbilla sobre una mano mientras observaba a Ding Songyan con sus oscuros ojos fijos en él, tranquila y atenta.
Al sentirse observado de aquella manera, Ding Songyan se removió ligeramente y buscó algo que decir.
—El nombre de Padre es Ding Shengyi —dijo Ding Qingyan antes que él —El de Madre es Liu Yuzao. Y el Hermano Mayor se llama Ding Daniu. No los olvides. Se pondrían muy tristes.
«¿Ding Daniu \[2\]? Ese nombre no encaja en absoluto con los otros cuatro...»
Desconcertado, Ding Songyan preguntó:
—Hermanita, ¿a qué te refieres?
Ding Qingyan dejó escapar un largo suspiro.
—Quiero decir que, aunque hayas olvidado todo lo demás, al menos todavía recuerdas sus nombres. Eso les dará algo de consuelo.
Ding Songyan guardó silencio.
«¿Llorarán por mí los del mundo que dejé atrás?»
En medio de aquel silencio, la puerta del patio, que había quedado entreabierta, se abrió de golpe.
Una mujer y un hombre entraron uno detrás del otro.
La mujer vestía como la señora de la casa. Tenía facciones refinadas y un porte sereno que ocultaba una frialdad tranquila bajo su compostura. No aparentaba más de treinta y cuatro o treinta y cinco años. Llevaba una chaqueta verde de cuello redondo y cierre cruzado, decorada con discretos estampados, una falda plisada de tono gris azulado y, en la mano, un sombrero de velo confeccionado con gasa negra.
El hombre rondaba los cuarenta. Llevaba un gorro de cuatro esquinas bien ajustado y una túnica gris de corte recto. Sus facciones eran corrientes y transmitía una impresión dócil y reservada.
—¡Madre, Padre, el Segundo Hermano lo ha olvidado todo! —exclamó Ding Qingyan, poniéndose en pie de un salto y corriendo hacia el patio.
«Hermanita, ¿qué era eso que estabas diciendo hace un momento? Me gustaría volver a escuchar la parte del “consuelo”»
Ding Songyan no pudo evitar pensarlo.
—¡Pero todavía recuerda sus nombres! —añadió rápidamente Ding Qingyan.
La expresión de Liu Yuzao se congeló. Atravesó el patio en apenas unos pasos y examinó con atención el lunar oscuro que había detrás de la oreja derecha de Ding Songyan.
Solo entonces levantó una mano y le tocó la cabeza.
—¿Te duele algo?
—No —respondió Ding Songyan con sinceridad.
Por la edad aparente de aquel cuerpo y el hecho de que tuviera un hermano mayor, calculó que Liu Yuzao debía de haber superado ya los cuarenta años. Sin embargo, la naturaleza había sido generosa con ella. Parecía al menos cuatro o cinco años más joven de lo que correspondía a su edad real.
Liu Yuzao frunció ligeramente el ceño.
—Entonces, ¿cómo ha podido olvidarlo todo?
—¿Podría tratarse de la Enfermedad del Desprendimiento del Alma? —aventuró Ding Shengyi, que ya había comenzado a examinarlo por su cuenta.
Ding Songyan reflexionó unos instantes antes de preguntar:
—Padre, Madre, ¿qué fue lo que me ocurrió antes de esto?
Ding Shengyi empezó a caminar lentamente alrededor de él mientras hablaba.
—Hace más de medio año nos trasladamos a la prefectura de Dingjiang para alojarnos con la familia de tu tía materna. Tu prima Nuansheng utilizó las conexiones de la familia Zhen para ayudarme a conseguir un puesto de escribano en la oficina del condado. También habló con el jefe del gremio local de narradores para que pudieras instalarte a contar historias frente al Templo de Dangkang. Hoy deberías haber regresado a casa las cuatro de la tarde. Te estuvimos esperando durante mucho tiempo, pero nunca apareciste. Cuando fuimos al Templo de Dangkang a preguntar por ti, nos dijeron que te habías marchado por tu cuenta bastante antes. Nadie sabía adónde habías ido.
Cuando Ding Shengyi terminó de hablar, Liu Yuzao se volvió hacia Ding Qingyan.
—¿Dónde lo encontraste?
—En el templo en ruinas del camino al cementerio... —respondió ella, relatando todo lo ocurrido con pelos y señales.
«Se marchó por su cuenta... No parece un suicido. Si hubiera querido morir, la orilla del río estaba mucho más cerca y era mucho más accesible. Y cuando desperté no había ninguna cuerda colgando de las vigas ni tampoco frascos de medicina cerca... Entonces, ¿qué hacía solo en un templo abandonado fuera de la ciudad? Espera... ¿Fue allí directamente después de terminar de narrar historias? Entonces, ¿por qué no llevaba ni una sola moneda encima? Era imposible que hubiera pasado todo el día sin ganar nada. ¿Se detuvo en algún lugar por el camino? ¿O alguien le quitó el dinero después?» Cuanto más lo pensaba, más extraño le parecía todo.
Finalmente, escogió sus palabras con cuidado.
—Padre, Madre... ¿es posible que alguien quisiera hacerme daño?
Sospechaba que el verdadero Ding Songyan se había visto involucrado en algún asunto problemático; que su viaje al templo en ruinas formaba parte de aquello y que la persona implicada lo había eliminado y, de paso, le había robado el dinero que llevaba encima.
—Apenas llevamos un tiempo en Dingjiang. ¿Cómo íbamos a habernos buscado enemigos tan pronto...? —murmuró Ding Shengyi. El hombre, con el aspecto típico de un erudito de mediana edad, frunció el ceño mientras reflexionaba.
La compostura de Liu Yuzao se quebró de repente.
—Songyan, vamos a la casa de los Zhen a buscar a tu prima Nuansheng. Si alguien realmente intentó hacerte daño y descubre que sobreviviste, es poco probable que se dé por vencido.
«Tiene razón. Podría seguir habiendo un peligro considerable acechando en las sombras...»
Era una cuestión de vida o muerte, y Ding Songyan no se atrevía a tomársela a la ligera. Asintió de inmediato.
—De acuerdo.
—Espera un momento. —Ding Shengyi entró apresuradamente en la sala principal y se dirigió a la habitación lateral del este.
No tardó en regresar con un monedero bordado y gastado entre las manos. Se lo entregó a Liu Yuzao y, acto seguido, se dio una palmada en un lado de la cabeza, como si acabara de recordar algo importante.
—La familia Zhen no solo cuenta con maestros de artes marciales a su servicio; también tienen a un médico muy reputado. Si la Enfermedad del Desprendimiento del Alma de Songyan tiene tratamiento, no escatimes en gastos.
—¡Padre, yo también he ahorrado algo de dinero! —exclamó Ding Qingyan mientras se daba la vuelta, lista para salir corriendo hacia su habitación.
—Espera a escuchar primero lo que diga el médico. —Liu Yuzao la detuvo.
¡Bum! La puerta del patio se abrió de golpe.
Una voz resonó inmediatamente después, tan fuerte como un trueno.
—¡Madre! ¿Songyan está bien?
La figura que irrumpió en el patio superaba el metro noventa de altura. Vestía un jubón corto de tela basta gris, y llevaba el cabello recogido con una tira de tela azul oscuro, igual que Ding Songyan. Tenía los ojos grandes como campanas de bronce, una mandíbula prominente y el rostro cubierto por una sombra de barba incipiente. Su aspecto era feroz, tosco e intimidante.
«¿Madre? ¿Ese coloso es mi hermano mayor?» La mirada de Ding Songyan fue de Ding Daniu a Liu Yuzao, luego a Ding Shengyi y finalmente a Ding Qingyan.
Podía reconocer en sí mismo una combinación equilibrada de los rasgos de sus padres. Ding Qingyan, por su parte, parecía haber heredado únicamente las mejores cualidades de ambos, como si el cielo hubiera decidido favorecerla especialmente. Incluso así, entre los cuatro existía un evidente parecido familiar. Daniu era otra historia. No parecía guardar ninguna relación visible con el resto de la familia. Era como un enorme buey negro que hubiera acabado por accidente en medio de un rebaño de ovejas.
Y si a eso se le sumaba su nombre que tampoco encajaba con el de los demás. Ding Songyan no pudo evitar preguntarse si lo habrían recogido del río cuando era un bebé.
Liu Yuzao dirigió una mirada fría hacia Ding Daniu.
—¡Has vuelto tan tarde que, aunque a Songyan le hubiera ocurrido algo, no habrías llegado a tiempo para ayudar!
Daniu se irguió de golpe. Los brazos, que habían permanecido tensos a los costados, parecieron perder toda su fuerza.
—Tengo las piernas largas, así que fui a buscar más lejos... —explicó con voz apagada.
Liu Yuzao apartó la vista sin suavizar la expresión.
—Busca algo con lo que defenderte y acompáñanos a Songyan y a mí a la casa de los Zhen.
—¡Sí, Madre! —Daniu se animó de inmediato. Corrió hasta el montón de leña y, tras rebuscar un momento, extrajo una barra de hierro tan gruesa como el brazo de un hombre adulto.
La superficie del metal era rugosa y desigual, llena de hendiduras y protuberancias, como si hubiera sido fundida a partir de chatarra. A simple vista parecía extraordinariamente pesada. En las manos de Daniu, sin embargo, daba la impresión de no pesar más que un juguete infantil.
«¿Fuerza divina innata?» Ding Songyan se sintió considerablemente más tranquilo. Siguió a Liu Yuzao hacia la puerta del patio.
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\[1\] Jianghu (江湖): Significa literalmente "Rios y lagos" pero se refiere a El "mundo marcial"; la comunidad de sectas, artistas marciales y expertos que existe fuera del control directo del gobierno.
\[2\] Dàniú (大牛): El nombre del hermano mayor de Ding Songyan. Literalmente significa "Gran Toro" o "Gran Buey"

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Estás leyendo el capítulo 3 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 31 de mayo de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.