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Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 247 online gratis en español

🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Wu Zheng, transformado en «Lin Chong», aprovechó el instante en que el mesero entró a recoger la mesa para escabullirse y bajar las escaleras del reservado. Con el corazón en la garganta, quería apresurarse; pero recordó los consejos de su benefactor Ding Songyan y obligó a sus pasos a mantener un ritmo pausado, usando la respiración y la regulación de su qi para evitar que el corazón le martilleara desbocado. Tras salir a salvo a la calle, Wu Zheng, en parte acostumbrado a este estado y en parte tranquilizado porque nadie le prestaba atención a «Lin Chong», se relajó bastante, se orientó y tomó rumbo hacia el norte de la ciudad. No ocurrió nada en el camino, pero él siguió al pie de la letra las instrucciones de su benefactor: caminaba y se detenía a ratos. De vez en cuando miraba mercancías que le llamaban la atención y otras veces le preguntaba la dirección a algún transeúnte, sin diferenciarse en nada de la gente común que iba y venía. Transcurrida aproximadamente una hora, llegó a la Calle de la Academia. El Estudio de la Terraza del Fénix se encontraba justo allí. Era un recinto compuesto por una tienda al frente y un patio trasero, pero abarcaba una extensión enorme que ocupaba casi la mitad de la calle. Su portón permanecía abierto de par en par: allí se vendían pinceles, tintas, papeles, piedras de afilar tinta y caligrafías famosas; funcionaban escuelas de todo tipo para niños pequeños y distintas aulas donde se enseñaba la antigua escritura de bronce junto a otros saberes. De pie a la entrada de la calle, Wu Zheng ya podía escuchar el murmullo de las recitaciones proveniente del interior del estudio. Alcanzaba a distinguir a algunas personas de colores apagados y a otras radiantes y deslumbrantes. Adentro se congregaban todas las tonalidades, mientras que afuera todo se extendía en una franja gris. Al pensar en los posibles obstáculos que su benefactor Ding Songyan le había advertido que podría encontrar allí, Wu Zheng volvió a tensarse. En su mente continuaba repitiendo el mantra de ocho palabras que él le había enseñado: «Ni rápido ni lento, ni apresurado ni pesado». «Ni rápido ni lento, ni apresurado ni pesado...». Con el pensamiento fijo en esas ocho palabras, Wu Zheng dominó sus emociones y caminó paso a paso hacia el Estudio de la Terraza del Fénix. Mucha gente entraba y salía, lo que hacía que su figura pasara del todo desapercibida. De vez en cuando se percibían ligeras alteraciones en el aire, pero ninguna lo afectó mientras recitaba el mantra en silencio. Por fin llegó al portón del estudio, levantó las piernas como si llevara una carga pesada atada a ellas y cruzó el umbral. Dentro del estudio, amplio y luminoso, al contemplar a los discípulos de la Secta de los Cinco Santos rodeados de matices vivos, el corazón de Wu Zheng por fin volvió a su lugar, invadido por una sensación de calidez y seguridad. De pronto recordó la muerte trágica de sus padres, su huida desesperada, la confusión y el dolor de aquellos días, y sus propias maldiciones contra el cielo y el mundo. Todo resurgió en su memoria con fuerza desbordante, como si se precipitara hacia un final largamente anhelado. Las lágrimas rodaron por el rostro de Wu Zheng. A través de la visión borrosa, vio a una joven llamativa y radiante, con trazos rojizos y coloridos en el rostro, acercarse con desconcierto y preocupación, al tiempo que escuchaba cómo las recitaciones volvían a resonar en el estudio: —Habitar en la amplia morada del mundo, ocupar el asiento correcto del mundo y caminar por el gran camino del mundo; cuando alcanza su deseo de cargo, practicar sus principios para el bien del pueblo; y cuando ese deseo se frustra, practicarlos en soledad; no dejarse corromper por el poder de las riquezas y los honores, no desviarse de los principios por la pobreza y la condición humilde, ni doblegarse ante el poder y la fuerza: estas características constituyen al gran hombre... \*\*\* A la entrada de la Calle de la Academia. La Duodécima Dama Luo estaba en cuclillas frente a un puesto, comparando varios textos antiguos copiados por otros. Ding Songyan, a su lado, echó una mirada hacia el Estudio de la Terraza del Fénix y sonrió: —El temperamento de Wu Zheng es adecuado. No cometió ningún desliz. Tanto él como la Duodécima Dama Luo habían dado un rodeo hasta las cercanías del Estudio de la Terraza del Fénix precisamente para atraer la atención de cualquier posible rastreador; así, aun si Wu Zheng cometía un error y dejaba traslucir su nerviosismo, nadie notaría nada extraño. —Vámonos —la Duodécima Dama Luo se puso de pie y se dirigió hacia otra calle, con Ding Songyan caminando a su lado. Ambos pasearon sin prisa por el mercado cercano, intercambiando palabras de vez en cuando. El lugar más concurrido del mercado era donde un narrador contaba La Leyenda de la Serpiente Blanca. La Duodécima Dama Luo se detuvo a escuchar un momento, suspiró suavemente y murmuró: —Los predestinados se encuentran desde lejos; los que no lo están no pueden tomarse de la mano ni estando cara a cara... Giró la cabeza hacia Ding Songyan y dijo con sincero aprecio: —Este es el mejor libro de historias que he escuchado en los últimos cinco años. Hm, si tu libro de historias logra mantener su nivel actual y termina sin contratiempos, debería estar a la par. Ding Songyan se rio con cierta sorpresa y juntó las manos en gesto de saludo: —Agradezco el elogio, Duodécima Dama. —No te pones presuntuoso. Cualquiera puede empezar, pero pocos pueden terminar. Ni siquiera has escrito la mitad de ese libro todavía, ¿verdad? Si algún día lo vas a concluir sigue siendo una incógnita —lo reprendió la Duodécima Dama Luo con diversión. Ding Songyan se rio entre dientes: —Te agradezco la frase anterior de todos modos. La sonrisa de la Duodécima Dama Luo se fue desvaneciendo y sus ojos se abrieron con sorpresa: —¿Acaso tú escribiste La Leyenda de la Serpiente Blanca? —Fue nada menos que este humilde servidor —respondió Ding Songyan con calma—. Fue precisamente con La Leyenda de la Serpiente Blanca que me hice un nombre por primera vez en la prefectura de Dingjiang. La Duodécima Dama Luo lo examinó de nuevo, recordando la historia del viaje hacia el oeste que había leído el día anterior y encontrando estilos bastante parecidos: —¿Esas baladas también las escribiste tú? —preguntó Luo Mingyin, sin ocultar su curiosidad. —Las escuché en el pasado y luego las adapté un poco. Quienes las convirtieron en melodías fueron otras personas —respondió Ding Songyan de forma vaga. La Duodécima Dama Luo le lanzó una mirada aguda: —No me estás diciendo toda la verdad. Ding Songyan prefirió cambiar de tema: —Últimamente he pensado que una flauta le sentaría muy bien a Bai Suzhen al pie de la Montaña Qingcheng. La Duodécima Dama Luo lo reflexionó con seriedad, con la mirada fija en el vacío: —Melodiosa y sinuosa, serena y ajena al mundo... De verdad le sentaría de maravilla. Y se puso a discutir el tema con entusiasmo junto a Ding Songyan. Tras arrojarle unas cuantas monedas de cobre al narrador, ambos caminaron hacia donde se representaba una obra teatral de aldea al ritmo de gongs y tambores, charlando a medida que avanzaban. De pronto, la expresión de la Duodécima Dama Luo cambió ligeramente. Se hizo a un lado en un rápido movimiento y entró directo al callejón más cercano. Ding Songyan frunció el ceño, desconcertado. Miró a su alrededor sin notar nada fuera de lo común y la siguió a toda prisa. La Duodécima Dama Luo no dijo una sola palabra y emprendió el regreso hacia la finca del Príncipe Kang por calles y callejones tranquilos. Ding Songyan no hizo preguntas y simplemente caminó en silencio a su lado. \*\*\* En el Estudio de la Terraza del Fénix. Yu Chongyuan, de cejas afiladas como espadas, ojos expresivos y una nariz recta y heroica, acababa de cruzar el portón cuando vio a su Hermana Menor, Zhang Yingbo, acercarse a prisa. Este Maestro Supremo solía reprimir rasgos como Todos los Colores Bajo el Cielo Convergen en Ti, pero aun así atraía miradas llenas de afecto a su paso. Cuando Zhang Yingbo se acercó, los colores a su alrededor no perdieron ni un ápice de brillo. Un hombre apuesto y una belleza deslumbrante formaban una combinación estética perfecta; era una escena de la que nadie podía apartar la vista y en la que ni siquiera tenía cabida la envidia. Zhang Yingbo alzó ligeramente el rostro y bajó la voz al decirle a Yu Chongyuan: —Hermano Mayor, alguien vino a buscar refugio. Parece que no se trata de un asunto sencillo. Yu Chongyuan asintió levemente sin indagar en el acto. Con calma, conversó con su hermana sobre otros temas mientras caminaba a paso firme hacia el patio interior. Poco después, en una habitación tranquila, se encontró con Wu Zheng, quien ya se había quitado el disfraz. La fama de Yu Chongyuan lo precedía, por lo que Wu Zheng se emocionó de inmediato: —¡Héroe Yu! Cayó de rodillas, a punto de postrarse para suplicar protección. Yu Chongyuan, con su túnica holgada y amplias mangas, extendió ambas manos y lo sostuvo con firmeza: —No me atrevo a aceptar una reverencia tan grande. Amigo, primero explica el asunto con claridad. Wu Zheng recuperó la compostura y relató con detalle lo sucedido con sus padres, las artes marciales de sus perseguidores, el nombre de He Jin y el origen del arte de su familia. —El legado de Wu Hui, Señor Divino de la Virtud del Fuego... —Yu Chongyuan dirigió la mirada hacia su hermana. Zhang Yingbo asintió suavemente, indicando que ya había puesto a prueba sus bases. En efecto se trataba del arte de Wu Hui, y aquel Sable Sin Derecha resultaba bastante extraordinario. Yu Chongyuan murmuró las palabras «Virtud del Fuego» y luego le preguntó a Wu Zheng con aire pensativo: —¿Cómo sabes que uno de los Grandes Maestros que te perseguían se llama He Jin? Quienes realizaban esa clase de trabajos sucios jamás revelarían sus nombres. —Héroe Yu, fueron mis benefactores, los que me salvaron la vida, quienes me lo dijeron —respondió Wu Zheng con franqueza—. Se trata de una pareja de maestros ocultos que no desean involucrarse en los asuntos del mundo. Me pidieron expresamente que no revelara su paradero; les ruego que lo entiendan. Yu Chongyuan asintió: —Te quedarás en el estudio por ahora y nadie te molestará. Una vez que aclaremos este asunto y confirmemos tu historia, discutiremos qué haremos después. ¿Te parece bien? Al ver que Yu Chongyuan estaba dispuesto a acogerlo, Wu Zheng sintió de nuevo una oleada de emociones contenidas y juntó las manos con los ojos enrojecidos: —Muchas gracias, Héroe Yu. Cuando ambos terminaron de hablar, Zhang Yingbo preguntó con curiosidad: —Joven Héroe Wu, ¿esa pareja de maestros ocultos fue la que te hizo el disfraz? ¡Fue algo prodigioso! Yu Chongyuan observó en silencio y no interrumpió la conversación. —Sí —respondió Wu Zheng, quien ante la presencia radiante de Zhang Yingbo se descubrió incapaz de agregar más. Fuera de la habitación tranquila, Yu Chongyuan esperó con paciencia a que su hermana tocara el tema por iniciativa propia. Zhang Yingbo dijo con los ojos brillantes: —Hermano Mayor, el disfraz de Wu Zheng era sumamente misterioso y prodigioso. Era una caracterización muy sencilla y, sin embargo, nos hizo tomarlo a todos por otra persona, hasta que él mismo lo aclaró y cambió de golpe. Yu Chongyuan indagó sobre algunos detalles y luego murmuró para sí mismo: —¿Acaso será alguien de Ditai? \*\*\* Al entrar al patio trasero de la Tienda de Vino Barato por la puerta lateral, la Duodécima Dama Luo, que había permanecido callada durante todo el camino, se sentó en el columpio, el cual comenzó a mecerse suavemente por sí solo a pesar de que no corría viento. Ding Songyan la miró, entró al edificio principal y al ala este para revisar todo con cuidado, y solo entonces regresó al patio para decir: —Ese grupo estuvo por aquí, pero no alteraron nada. En cuanto a tu habitación, no sabría decirte. Él llevaba las máscaras y las cartas consigo en todo momento. La Duodécima Dama Luo giró la cabeza hacia Ding Songyan y respondió con la mirada perdida: —No importa. Ding Songyan prefirió no molestarla. Puso a hervir una tetera con agua y preparó té en la mesa de piedra del patio. No procuró no hacer ruido ni caminó con cautela desmedida; actuó como en cualquier día común de las últimas semanas. Cuando terminó de servirse la primera tetera, la Duodécima Dama Luo, mientras se mecía suavemente en el columpio, movió la mirada y pareció volver en sí. La tendera suspiró y, contemplando el juego de té sobre la mesa, dijo: —Casi me cruzo con alguien a quien no quería ver. Ding Songyan asintió con un murmullo: —Si no quieres encontrarte con esa persona, entonces no lo hagas. Él no había percibido a ninguna figura destacada en los alrededores del mercado hace un momento, por lo que solo pudo atribuirlo a que su propio reino todavía no estaba a esa altura. La Duodécima Dama Luo guardó silencio de nuevo. Solo cuando Ding Songyan terminó de beberse otra tetera de té, ella apretó los labios y preguntó con la mirada fija: —¿Alguna vez has querido olvidar a alguien sin poder hacerlo? ¿O has deseado acercarte a alguien mientras por dentro sientes que debes resistirte? Ding Songyan se quedó sorprendido y permaneció ensimismado un buen rato antes de esbozar una sonrisa amarga: —Sí. La Duodécima Dama Luo nunca había esperado que respondiera, ni lo pretendía. Al escucharlo, se quedó paralizada; luego curvó los labios y sonrió con cierta autoburla: —No me parece que así sea. Del mismo modo en que los demás tampoco podían adivinar que ella guardaba un pasado así. Ding Songyan suspiró levemente: —En aquel entonces, yo todavía era joven y de sangre caliente.
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Estás leyendo el capítulo 247 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 11 de octubre de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.