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Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 219 online gratis en español

🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Tras obtener el permiso de Ding Songyan, Li Baima y Fan Chunlin abandonaron el patio lateral a toda prisa para informarle la situación a un administrador. Ding Songyan tomó asiento y colocó a Sombra Gélida sobre la mesa de piedra. Poco a poco, sus pensamientos se concentraron en repasar cada detalle de la conversación que sostuvo con Sun Feiyang sobre la Espada Asesina de la Fidelidad, repasando también las notas de cultivo más relevantes del principal Enviado del Mal. Mientras el sol caía por el oeste, Wu Mo regresó al patio para hacer su entrenamiento diario. Al poco tiempo, Li Baima y Fan Chunlin volvieron apresurados. —¿Ya te enteraste? —preguntó Fan Chunlin con entusiasmo. —¿De qué? —respondió Wu Mo relajando su postura, sin entender bien a qué se refería. Al notar que el Hermano Ding también los observaba, Fan Chunlin habló con el tono de quien acaba de presenciar un hito histórico en el jianghu: —¡El Mal sin Medida Sun Feiyang está muerto! ¡Semejante demonio, liquidado de la noche a la mañana! —¿Muerto? —exclamó Wu Mo. Recordaba con claridad cómo el Cuarto Fan se maravillaba apenas anoche de que Sun Feiyang mereciera su lugar como el séptimo herético de la Prisión del Dios Malévolo; un hombre que no solo había frenado de frente una flecha lanzada desde las alturas por el Subdirector Yi, sino que aprovechó el impacto para huir por el agua. «¿Y menos de un día después ya está muerto?». Li Baima lucía igual de eufórico, como si el simple hecho de haberse enterado el mismo día de la noticia lo volviera parte del acontecimiento: —¡De verdad lo mataron! Le cortaron la cabeza y la arrojaron al patio. ¡Tuvo un final peor que el de un perro en la calle! —Después de todas las atrocidades que cometió, ¿no era justamente lo que merecía? —dijo Ding Songyan esbozando una sonrisa. Li Baima y Fan Chunlin guardaron silencio unos instantes, recordando sin duda los crímenes más nefastos de Sun Feiyang. —¡Claro que se lo merecía! —respondieron los dos al mismo tiempo. Wu Mo preguntó lleno de curiosidad: —¿Y quién lo mató? ¿Acaso fue un Maestro Supremo? —Nadie lo sabe. Dicen que llevaba una máscara de Muchacho Dorado —explicó Fan Chunlin mientras se sentaba a la mesa de piedra. —Acabar con Sun Feiyang es un mérito enorme, ¿por qué querría ocultar su identidad? —volvió a preguntar Wu Mo, intrigado. Li Baima también tomó asiento y reflexionó: —¿Tal vez teme una venganza del Soberano Demonio o de los otros Maestros Supremos del Camino del Mal Acumulado? Si es así, no debe de ser un Maestro Supremo... —O podría tratarse de un ajuste de cuentas entre las propias facciones heréticas, y por eso prefieren no revelar los detalles a los extraños —sugirió Fan Chunlin. Ding Songyan sonrió: —Coincido con el Hermano Li. —Debe de tener sus motivos. ¿Quién renunciaría así como así a las recompensas que ofrecían por Sun Feiyang? Sumando lo que prometían las autoridades, los gremios comerciantes y la gente que le tenía rencor, la suma debe de andar rozando el millón de taeles —comentó Li Baima con tono añorante. Dada la fuerza, el nivel de cultivo y los crímenes de Sun Feiyang, la suma por su cabeza siempre se mantuvo entre las más altas. Por supuesto, nadie ofrecía recompensas por matar a los Maestros Supremos de las facciones heréticas; cualquiera capaz de derrotar a un Maestro Supremo carecía de motivos para preocuparse por una bolsa de dinero, ya que en cualquier reino se le daría un trato digno de un príncipe con feudo propio. Lo que la corte sí gratificaba muy bien era la información sobre los movimientos de esos Maestros Supremos heréticos. —Dejó la cabeza tirada en el patio y llevaba una máscara —añadió Fan Chunlin—. Cuando los narradores cuenten esta gran hazaña, ni siquiera podrán dar su nombre para proclamar al mundo lo fuerte que es. Si no busca fama ni dinero, ¿qué es lo que pretende? Por cierto, Hermano Ding, te ves un poco pálido. —Solo estoy cansado. Anoche me quedé despierto hasta tarde conversando a la luz de las velas con un amigo y también nos pusimos a entrenar —se justificó Ding Songyan logrando una sonrisa leve—. Sun Feiyang hizo demasiado daño; tal vez alguien solo quería cobrar venganza. Todos coincidieron en que esa explicación tenía sentido. De pronto, a Li Baima se le iluminó el rostro y bajó la voz: —¿Saben cuál fue la conclusión preliminar de la Oficina de Prohibición Marcial? —¿Cuál? —preguntó Ding Songyan, con curiosidad genuina. Li Baima miró a Fan Chunlin y soltó una risita: —Al parecer, Sun Feiyang conservaba todos sus objetos de valor; lo único que le faltaba eran los billetes de banco. En un asesinato común la conclusión sería evidente, así que la Oficina de Prohibición Marcial cerró el informe provisional bajo la etiqueta de... ¡«Asesinato por robo»! Fan Chunlin estalló en carcajadas: —¡El principal de los Enviados del Mal, asesinado para robarle dinero! ¡La gente se va a morir de la risa cuando se entere! «¿Y si un gran Maestro Supremo muriera por una cirugía fallida, te morirías de la risa en el suelo?», pensó Ding Songyan para sus adentros. Al volver a pensarlo, la idea le pareció bastante adecuada. Un ser tan malvado como Sun Feiyang merecía tener un final absurdo y humillante, más parecido al de un payaso que al de un gran villano. Tras conversar un rato más sobre la muerte de Sun Feiyang, cada uno tomó su camino. Ding Songyan regresó a su habitación y lo primero que hizo fue revisar los alrededores con cautela. Aunque la Demonia Ji le había dicho que no volvería a visitarlo por un tiempo, ¿quién podía fiarse de la palabra de la líder del Camino de la Extinción de los Santos? Una vez seguro de que estaba a solas, sacó de entre sus ropas la máscara de Muchacho Dorado: frente blanca, rostro dorado, ojos elevados y cejas rectas. Tras pensarlo unos instantes, buscó también la máscara de Doncella de Jade con su maquillaje rojo flor de durazno y guardó ambas dentro de su túnica. Ya no era seguro dejarlas en la habitación. Desconocía si la Demonia Ji las había visto durante su última visita, pero si continuaba apareciendo, terminaría por descubrirlas tarde o temprano. Lo mejor era cambiarlas de lugar y buscar un nuevo escondite. De lo contrario, si la Demonia Ji llegaba a sostener la máscara de Doncella de Jade y le preguntaba: «Segundo Hermano, ¿para quién es esto?», temía que la única respuesta capaz de salvarlo sería decir: «Para ti, hermanita». Y si se le ocurría contestar: «Es para mí», conociendo la personalidad de la Demonia, sin duda lo obligaría a vestirse de mujer. «¿Dónde debería esconderlas?», reflexionó Ding Songyan analizando el problema con seriedad. Su primer impulso fue tirarlas, pues siempre podía comprar otras; pero acababa de matar a Sun Feiyang llevando puesta la máscara de Muchacho Dorado. Si las desechaba en cualquier sitio, alguien podría encontrarlas e investigar. «¿Será mejor disolverlas en la unidad usando el Qi de las Diez Mil Formas Presencia-Ausencia? ¿O esconderlas en un lugar donde a la Demonia no se le ocurra buscar, o donde no pueda acceder por el momento?». «Tendrá que ser con alguien que ya sepa que yo maté a Sun Feiyang. De lo contrario, sería prácticamente una confesión...». «¿Con la Duodécima Dama o con el Maestro Xiaozhang?». «La Duodécima Dama es más fuerte que el Maestro Xiaozhang; de hecho, aún no logro comprender todo su poder. Viene de Ditai y conoce el Camino del Nombre y la Realidad. Quizá ella pueda mantener a raya a la Demonia...». Ahí tenía una buena excusa para volver a molestar a la Duodécima Dama Luo; intercambiar favores serviría para estrechar su relación. Con esa idea en mente, desechó la opción de disolver las máscaras. Con ambas guardadas bajo la túnica, salió de la finca y caminó directo hacia el Callejón Cola de Tigre. Como aún no era hora de cenar, dio la vuelta hasta la puerta lateral del patio trasero y tocó tres veces con suavidad. —¡No estoy! —rezongó desde adentro la voz molesta de la Duodécima Dama Luo. Ding Songyan se aclaró la garganta: —Me gustaría dejar algunas cosas a su cuidado, Duodécima Dama. La puerta se abrió con un crujido. La Duodécima Dama Luo ladeó la cabeza y le lanzó una mirada fulminante, tan exasperada que terminó por soltar una risa amarga: —¿Acaso no te da miedo que alguien nos escuche? —Estando usted aquí, Duodécima Dama, la gente solo escuchará lo que deba escuchar —respondió Ding Songyan devolviéndole el elogio con una sonrisa. —¿Qué cosas? —preguntó ella poniendo los ojos en blanco mientras suspiraba. Ding Songyan deslizó levemente las máscaras de Muchacho Dorado y Doncella de Jade fuera de su túnica para que Luo Mingyin pudiera verlas un instante. Tras reflexionar un segundo, dijo: —Si alguien viene a intentar robar estas máscaras, evalúe usted misma si le conviene intervenir, Duodécima Dama. Podría ser peligroso. —Está bien. Déjalas en el baúl vacío que está en el extremo oeste del ala este —asintió la Duodécima Dama Luo, suavizando la expresión al notar la seriedad del asunto. Ding Songyan obedeció sus indicaciones sin intentar curiosear en ninguno de los otros baúles o cajas del lugar. Al salir, vio a la Duodécima Dama Luo sentada en un taburete de piedra y le dirigió una amplia sonrisa: —Duodécima Dama, le prometí que si alteraba mi nombre y mi realidad para ayudarme a matar a Sun Feiyang, me pondría a su entera disposición. ¿Hay algo en lo que pueda servirle? —¿Tengo cara de necesitar algo de ti? —soltó Luo Mingyin con una risita, agitando la mano como quien ahuyenta un mosquito—. Ya te buscaré cuando se me ofrezca algo. La intención inicial de Ding Songyan era despedirse para no seguir importunándola, pero le pareció demasiado frío limitar la conversación a un simple intercambio de favores. Así que, haciendo acopio de descaro, insistió con una sonrisa: —Duodécima Dama, ¿no me dirá qué piensa sobre el hecho de que haya matado a Sun Feiyang? La Duodécima Dama Luo lo miró de reojo: —Conociendo la situación de Sun Feiyang y la naturaleza de sus artes marciales, lo único que me habría sorprendido es que no lo hubieras matado. —¡Agradezco mucho su aprobación, Duodécima Dama! —aprovechó Ding Songyan la oportunidad para inclinarse con una sonrisa. A la Duodécima Dama Luo se le contrajo la comisura de la boca: —¡Definitivamente jamás debí haberte respondido! Esas palabras hicieron que Ding Songyan se quedara pensativo por un instante y dejara de lado las bromas. —¿Qué te pasa? —preguntó la Duodécima Dama Luo, extrañada por el cambio repentino en su actitud. Ding Songyan soltó un suspiro y sonrió: —Es que me sonó familiar. Alguien me dijo algo muy parecido hace tiempo. —Conociéndote, me imagino que te lo habrá dicho mucha gente —dijo la Duodécima Dama Luo sin mostrarse muy convencida. —Cualquiera pensaría eso, pero lo cierto es que solo dos personas me han dicho algo así en toda mi vida —respondió Ding Songyan negando con la cabeza y dedicándose una sonrisa burlona a sí mismo. De pronto perdió las ganas de seguir conversando solo para ganarse la simpatía de aquella poderosa figura. Se despidió, dio media vuelta y abandonó el patio trasero de la Tienda de Vino Barato. La Duodécima Dama Luo lo contempló alejarse con la misma mirada que ponía cuando escuchaba los rumores del jianghu. Sintiendo un toque de curiosidad, pensó para sus adentros: «Vaya, un raro destello de emoción sincera de su parte...». \*\*\* En algún lugar de la Capital de la Llama, dentro de una pequeña edificación en un patio trasero. La Espíritu Malvado, Fei Biru, vio entrar a toda prisa a una de sus discípulas personales. —¿Por qué vienes tan alterada? —preguntó alzando la vista. Su discípula respondió con angustia: —Maestra, ¡el Mal sin Medida ha muerto! Fei Biru se le quedó mirando un momento y de pronto soltó una carcajada: —¿Está muerto? «¿Al fin se murió ese viejo miserable?». «Qué lástima que no fui yo quien lo mató; solo por cometer ese acto malvado habría llevado mi Arte Divino del Mal Acumulado hasta el Reino del Dharma perfeccionado». —Sí. Le cortaron la cabeza y la arrojaron a un patio —explicó la discípula llena de nerviosismo—. Dicen que el fantasma de Sun no aparece por ningún lado, así que es muy probable que haya sido destruido. —¿Le destruyeron el alma? —exclamó Fei Biru poniéndose de pie de un salto. «¡Muy pocos por debajo del Reino del Hombre Celestial tendrían el poder para hacer algo así!». Muy lejos de temer que pudiera tocarle un destino similar al de Sun Feiyang, Fei Biru se alegraba de su desgracia e incluso le habrían dado ganas de comprar una tira de petardos para celebrar. Sin embargo, no se atrevía a poner en riesgo los planes del Soberano Demonio, por lo que al menor indicio fuera de lo común prefirió tomarse las cosas en serio. La discípula le dio un informe detallado de todo lo que se sabía, sin guardarse nada. —Una máscara de Muchacho Dorado... ¿Acaso estaba ocultando su verdadera identidad? —meditó Fei Biru mientras le temblaba una ceja—. ¿Será alguien con quien estamos colaborando? Solo un cultivador de gran poder, capaz de ahuyentar el mal, habría podido matar a ese viejo miserable estando herido y sin hacer mucho estruendo. O tal vez... De pronto, Fei Biru recordó su propia experiencia. En el inframundo, un torrente de qi de espada de decenas de metros de largo la golpeó de lleno, dejándola a punto de quedar atrapada allí para siempre; apenas si logró escapar con vida. «El fantasma de ese viejo miserable también fue destruido, lo que significa que el inframundo vuelve a estar involucrado... ¿Acaso habrá sido la misma persona que me hirió a mí?». A Fei Biru se le erizaron los vellos de la nuca. «¿Un Maestro Supremo?». «Y por lo visto no se trata de ninguno de los Maestros Supremos del Reino de Zhao...». «¿Quién demonios vino en secreto a la Capital de la Llama para convertirse en enemigo de nuestro Camino del Mal Acumulado?».
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Estás leyendo el capítulo 219 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 25 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.