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Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 218 online gratis en español

🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Al norte de la Capital de la Llama, en la Oficina de Prohibición Marcial. Yi Beiwang era un hombre alto e imponente que llevaba el cabello suelto y cargaba un enorme arco carmesí a la espalda. Salvo por su brazo izquierdo, que era visiblemente más largo que el derecho, no presentaba ninguna otra anomalía física. Aunque rondaba los sesenta años, su rostro, de facciones severas y fuertemente marcadas, no mostraba una sola arruga y proyectaba una expresión fría. —Subdirector Yi —dijo un miembro de la oficina mientras se acercaba a toda prisa sosteniendo un delgado informe. —¿Qué pasa? —preguntó Yi Beiwang, girándose desde la ventana donde había estado contemplando el sol. El subordinado respondió de inmediato: —El Mal sin Medida, Sun Feiyang, está muerto. Los ojos de Yi Beiwang, que reflejaban la luz dorada de la tarde, se abrieron con sorpresa. «¿El hereje que anoche bloqueó mi flecha de frente ya está muerto?». Sus heridas eran graves, eso era cierto, pero aparte de los Maestros Supremos, no había más de diez personas en toda la Capital de la Llama capaces de matarlo; entre ellas, quienes dominaban artes que contrarrestaban las del Camino del Mal Acumulado y a aquellos excepcionalmente diestros en el asesinato. Yi Beiwang preguntó con tono grave: —¿Dónde murió? ¿Sabemos quién lo mató? El agente consultó el informe en su mano. —Sucedió en la antigua residencia de Qian Shulong, ubicada en el Callejón Fengjia, al este de la ciudad. Encontraron su cuerpo en una cámara subterránea y su cabeza abandonada en el patio. Todo indica que su alma fue destruida. La causa de muerte fue una sola estocada de espada entre las cejas. Sobre la identidad del autor no sabemos nada; los sirvientes solo alcanzaron a ver una máscara de Muchacho Dorado. «¿Una máscara de Muchacho Dorado?». Yi Beiwang recordó vagamente haber oído hablar de ella hacía poco tiempo. Se quedó pensando un instante y preguntó: —Aparte de esa capacidad para destruir almas, ¿los rastros del combate revelan qué artes marciales utilizó? El subordinado negó con la cabeza. —Las únicas marcas en la cámara subterránea son cortes y perforaciones de espada hechos por Sun Feiyang. El asesino no dejó ningún rastro. Es como si... —El hombre tragó saliva antes de atreverse a continuar—: como si Sun Feiyang hubiera estado luchando con todas sus fuerzas durante un buen rato mientras su oponente se quedaba completamente inmóvil, hasta que, al momento de lanzar su estocada, Sun Feiyang murió al instante. Además, a pesar de todo su poder, Sun Feiyang ni siquiera pudo atravesar la pared para escapar por el pasadizo secreto, ni causó mayores destrozos en la habitación donde pelearon. Yi Beiwang se sumió en un profundo silencio. Le costaba imaginar cómo se había desarrollado semejante enfrentamiento. «Pase lo que pase, ¡alguien capaz de liquidar al Mal sin Medida Sun Feiyang no puede ser un peleador cualquiera sin nombre! Un guerrero de semejante nivel no aparece de la nada; incluso un cultivador que acaba de dar el salto ascendente necesitaría años de entrenamiento y experiencia para dominar su propia fuerza antes de poder medirse con un Gran Maestro del los mejores diez de la Prisión del Dios Malévolo». —¿Acaso se puso esa máscara de Muchacho Dorado a propósito para despistarnos? ¿O estará ocultando su identidad por temor a una venganza de Tan Guanchan? Después de todo, para la corte, cualquiera tiene derecho a matar a Sun Feiyang e incluso hay una recompensa bastante generosa de por medio... —tras cavilar en voz alta un momento, Yi Beiwang le ordenó a sus subordinados—: Investiguen a fondo quién se oculta tras esa máscara. Aunque la muerte del villano era un motivo de alegría, la repentina aparición en la Capital de la Llama de un experto tan formidable y con la capacidad de destruir almas, representaba una variable impredecible. La Oficina de Prohibición Marcial debía averiguar la verdad para mantener la situación bajo control. \*\*\* En el Distrito de la Estrella Marcial. Ou Luwen disfrutaba de un gran banquete en un restaurante cuando varios miembros de la Oficina de Prohibición Marcial llamaron a la puerta y entraron al lugar. «¿Me habrán descubierto? ¿Acaso mi verdadera identidad quedó expuesta?». Ou Luwen disimuló su nerviosismo, les hizo una seña tranquila a sus acompañantes para que se retiraran y, poniéndose de pie, preguntó: —¿En qué puedo servirles, oficiales? El hombre al mando le sonrió con amabilidad: —Disculpe la molestia, héroe Ou. Esas palabras le devolvieron la calma de inmediato. —Teníamos entendido que hace poco alguien con una máscara de Muchacho Dorado atravesó su Reino Inmortal de la Verdad Oculta, ¿es así? —fue directo al grano el oficial. —Así es —admitió Ou Luwen sin intentar ocultar nada; al haber ocurrido a plena luz del día y ante una multitud, de poco habría servido negarlo. —¿Qué tan fuerte era? ¿Qué artes marciales utilizó? ¿Tenía algún rasgo particular? —disparó el oficial, una pregunta tras otra. Ou Luwen hizo memoria. —Estaba muy cerca del Reino del Hombre Celestial y mostraba cierto dominio del qi en el vacío. Parecía un erudito vestido con túnica cian y no tenía ninguna anomalía física. Tenía un trato agradable, su voz sonaba joven y llevaba una espada larga, aunque como yo estaba controlando el Reino Inmortal de la Verdad Oculta a distancia, no alcancé a distinguir de qué tipo de espada se trataba... Dio una versión detallada de lo sucedido, reservándose únicamente un detalle: el hecho de que aquel hombre podía reprimir e intimidar a los yao. Como eso tocaba sus propios orígenes, prefirió guardárselo. Su relato coincidía punto por punto con las declaraciones de los demás testigos, por lo que los agentes no encontraron motivo para sospechar. Tras formular un par de preguntas de rutina, se dispusieron a retirarse. Antes de que se fueran, Ou Luwen preguntó por curiosidad: —¿Acaso el hombre de la máscara de Muchacho Dorado cometió algún delito? El oficial negó con la cabeza. —Todavía no podemos confirmar si se trata de la misma persona que atravesó su Reino Inmortal de la Verdad Oculta, aunque también llevaba una máscara de Muchacho Dorado, usaba espada y rozaba el Reino del Hombre Celestial. Y no, no cometió ningún delito. Más bien... fue una hazaña enorme. —¿Una hazaña enorme? —reiteró Ou Luwen, intrigado. Con una mezcla de emociones reflejada en el rostro, el oficial reveló: —Mató al Mal sin Medida Sun Feiyang y dejó su cabeza en el patio. «¿El Mal sin Medida Sun Feiyang?». Ou Luwen se quedó helado. Después de llevar tantos años recorriendo el jianghu, ¿cómo no iba a conocer semejante nombre? ¡Incluso entre la gente yao, era una figura cuyo solo nombre bastaba para hacer callar del susto a un niño! Aunque el propio Ou Luwen ya buscaba el camino para alcanzar el Reino del Hombre Celestial, jamás se le había pasado por la cabeza la idea de vencer a Sun Feiyang, un hombre que llevaba décadas aproximándose a ese nivel. La distancia entre ambos era tan grande como la diferencia entre los mejores tres y los mejores diez de la Clasificación de la Joven Orquídea. ¡Y resulta que el hombre que había cruzado su Reino Inmortal de la Verdad Oculta había matado a Sun Feiyang en combate! Un escalofrío recorrió el cuerpo de Ou Luwen al darse cuenta del peligro del que se había salvado, dejando paso a un profundo alivio. Por suerte, aquel sujeto había demostrado ser razonable y educado en lugar de prestarle oídos ciegos a Zhang Qiang; con semejante fuerza y un arte capaz de contrarrestar el suyo, Ou Luwen no habría durado ni un solo choque contra su espada. \*\*\* La luz de la tarde entraba a raudales por la ventana del estudio, envolviendo en un resplandor cálido a las hermosas mujeres retratadas en las pinturas. El Maestro Xiaozhang, que contemplaba los cuadros, se giró hacia la puerta al oír que su Feifei entraba corriendo a pasos silenciosos llevando una hoja de papel doblada en la boca. Con el rostro pálido pero sin dar muestras de enfermedad, Zhang Qiang tomó el papel, lo desdobló y leyó su contenido: «El Mal sin Medida, Sun Feiyang, fue ejecutado en la antigua residencia de Qian Shulong, en el Callejón Fengjia. El asesino llevaba una máscara de Muchacho Dorado». El Maestro Xiaozhang se quedó inmóvil. Solo tras una larga pausa enarcó una ceja. «¿Una máscara de Muchacho Dorado? El hombre que cruzó el Reino Inmortal de la Verdad Oculta de Ou Luwen llevaba la misma máscara... Y el Hermano Mayor fue justamente quien me pidió el mapa de los alrededores del Callejón Fengjia...». La imagen del joven de aquel día volvió a su mente. Tenía facciones bien trazadas, un rostro pulcro, una sonrisa afable y había pronunciado aquellas advertencias con total sinceridad. «Al final no eran simples amenazas...», meditó el Maestro Xiaozhang. Decir algo cuando se tiene la fuerza y la firmeza necesarias para llevarlo a cabo no es amenazar: ¡es hablar con la verdad! En su momento, el Maestro Xiaozhang supuso que ese joven tenía motivos de sobra para sentirse confiado y que debía de ser alguien poderoso, pero jamás imaginó hasta qué punto. Después de todo, Sun Feiyang llevaba décadas cometiendo atrocidades y saliendo impune de todas ellas, lo que por sí solo demostraba lo temible de sus artes marciales. \*\*\* En la residencia Liu, ubicada en el Callejón del Río Oculto. Liu Cheng caminaba a paso lento por su habitación, luciendo un aspecto algo más recuperado. Al escuchar que alguien se aproximaba, apuró el paso hacia la cama, se acostó y se embozó con las cobijas. —¡Joven jefe, traigo noticias importantes! —anunció uno de sus hombres de confianza al entrar. Liu Cheng preguntó con voz débil: —¿Qué sucedió? —¡El Mal sin Medida Sun Feiyang está muerto! —exclamó el subordinado, todavía incrédulo. «¿Un Gran Maestro veterano, el séptimo lugar en la Prisión del Dios Malévolo y el principal de los diez Enviados del Mal, muerto así de la nada?». Liu Cheng se incorporó de golpe, pero de inmediato se dejó caer hacia atrás soltando una mueca de dolor. —¿Quién lo hizo? —No se sabe. Dicen que llevaba una máscara de Muchacho Dorado —contestó el sirviente con la verdad. Múltiples pensamientos asaltaron a Liu Cheng. De pronto, recordó al atacante que intentó asesinarlo en el barco de placer. Nunca se había enfrentado a un enemigo tan destructivo; si no hubiese tomado precauciones para romper la pared a tiempo y dar la alarma a la torre de vigilancia, de seguro habría muerto allí mismo. «Aquel hombre probablemente era el propio Sun Feiyang... Recibió un flechazo del Subdirector Yi y huyó por el agua, ¿y apenas un día después ya lo han matado? Qué aterrador debe de ser su asesino...». Cuantas más vueltas le daba Liu Cheng, más inquieto se sentía. No le daba vueltas a los motivos que tendría el hombre de la máscara de Muchacho Dorado para liquidar a Sun Feiyang. Con la interminable lista de atrocidades que ese villano tenía a sus espaldas, la fila de personas con ganas de matarlo podría ir desde esa habitación hasta el río Hengbo, aun sin contar a sus propios rivales dentro del Camino del Mal Acumulado. Cuando su subordinado se retiró, Liu Cheng no pudo evitar soltar un suspiro: —Así son las cosas en el jianghu... Hasta un Gran Maestro de esa talla, situado en la cúspide de la Prisión del Dios Malévolo y respaldado por una facción formidable, podía encontrar una muerte violenta de la noche a la mañana. Mientras su mente vagaba, Liu Cheng frunció ligeramente el ceño. «Anoche, al caer la oscuridad, la Oficina de Prohibición Marcial acorraló al Mal sin Medida y este logró escapar malherido. Ya entrada la noche, el Hermano Ding vino a verme de improviso para pedirme prestado un manual de artes marciales que permite ocultarse entre la vegetación. Y hoy por la tarde, matan al Mal sin Medida y dejan su cabeza en un patio...». «¿Tienen alguna relación todos estos hechos?». Liu Cheng prefirió no profundizar en esa línea de pensamiento; no se atrevía a alimentar una sospecha tan audaz. «Si resulta que todo está conectado, no me quedaría más remedio que caer de rodillas en admiración...». \*\*\* De vuelta en su túnica de erudito, Ding Songyan regresó con absoluta tranquilidad a la finca del Príncipe Kang y se dirigió al patio lateral. Allí encontró a Fan Chunlin y a Li Baima sentados junto a la mesa de piedra, esperándolo. —Hermano Ding —dijo Fan Chunlin poniéndose de pie para recibirlo con una gran sonrisa—. Lo que nos contaste anoche sobre la Escritura del Dios Polilla y el Camino de la Extinción de los Santos es un asunto muy delicado. El Hermano Li y yo pensamos que deberíamos informar de esto tanto a la finca como a la Oficina de Prohibición Marcial. ¿Te parece bien? —La Oficina de Prohibición Marcial ya está al tanto. Solo repórtenlo a la finca —respondió Ding Songyan esbozando una sonrisa despreocupada. «¿Para qué se los habría contado si no fuera justamente para que lo reportaran a la finca?». «Al igual que ponerme la máscara de Muchacho Dorado para matar a Sun Feiyang a la vista de todos, todo esto no son más que señales hacia el exterior para dejar claro que actúo bajo las amenazas de la Demonia Ji». «Por ejemplo, en cuanto la Hermana Mayor se entere de que un hombre con la máscara de Muchacho Dorado acabó con el Mal sin Medida Sun Feiyang, sabrá de inmediato que fui yo. Si la Demonia Ji intenta usar ese homicidio para enemistarnos más adelante, la Hermana Mayor no caerá en su trampa porque ya le habré dejado un mensaje directo e inconfundible». «Llegado el momento, podré explicarle que la Demonia Ji me obligó a matar a Sun Feiyang disfrazado, y que me puse la máscara de Muchacho Dorado precisamente para que ella me reconociera. Fue un pedido indirecto de auxilio, sin la menor intención de aliarme con el Camino de la Extinción de los Santos». «O tomemos el caso del Maestro Xiaozhang. Puede que los demás no lo sospechen, pero en cuanto escuche lo de la máscara de Muchacho Dorado, ¿cómo no va a deducir que fui yo quien mató a Sun Feiyang? Haber evitado que el chef Shi supiera quién compraba el mapa del Callejón Fengjia no era para ocultarle la verdad a él, sino para montar un espectáculo ante la Demonia Ji por si me estaba vigilando en las sombras: "¿Ves? Me estoy portando bien, coopero en todo y mantengo el secreto de forma impecable"». «El Maestro Xiaozhang es un renegado de las facciones heréticas y jamás le venderá esa información al Camino del Mal Acumulado. Cuando las investigaciones de la Oficina de Prohibición Marcial lleguen hasta él y crucen su testimonio con lo que Fan Chunlin y los demás reporten a la finca, las autoridades comprenderán que he estado intentando dejar pistas por todos los medios a mi alcance». «Es exacto a lo que ocurrió en la residencia de los Zhen: al estar bajo el control de alguien más poderoso, no me queda más opción que pedir ayuda mediante rodeos». De momento, Ding Songyan no pretendía que estos pequeños movimientos solucionaran de golpe su problema con la Demonia Ji. Primero, quería acumular pruebas que demostraran su inocencia; segundo, estaba tanteando los límites de ella: qué estaba dispuesta a tolerar, qué pasaba por alto, de qué forma lo vigilaba, qué cosas le importaban y cuáles le daban completamente igual. Necesitaba conocer dónde estaba pisando antes de atreverse a bailar al borde del abismo.
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Estás leyendo el capítulo 218 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 25 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.