Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 211 online gratis en español
🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Ding Songyan tenía ya edad y experiencia de sobra como para no dejarse llevar por el calor del momento y perder la cautela. En lugar de preguntar de inmediato dónde se escondía el Mal sin Medida Sun Feiyang, miró a Ji Hanyi con evidente suspicacia y le preguntó sin rodeos:
—¿Qué es lo que buscas conseguir con todo esto?
Sabiéndose superado por completo tanto en fuerza como en posición, había comprendido que andarse con juegos de palabras no lo llevaba a ninguna parte con Ji Hanyi. Por eso prefirió probar con un enfoque más directo.
Ji Hanyi alzó su hermoso e inocente rostro y le dedicó una amplia sonrisa.
—En primer lugar, eres mi Segundo Hermano y quiero darte la oportunidad de cobrar tu venganza. Con un lazo tan profundo como el que nos une como hermanos, ni siquiera hace falta que me des las gracias; sería demasiado formal de tu parte.
—La segunda posibilidad es que, si nuestro Camino de la Extinción de los Santos actuara directamente, otros podrían malinterpretar la situación, y eso interferiría con nuestros planes futuros. Pero como tampoco podemos desaprovechar una oportunidad tan buena para debilitar al Camino del Mal Acumulado, necesitamos que tú hagas el trabajo por nosotros.
—La tercera posibilidad es que haya usado esta oportunidad para tenderte una trampa. Así te atraparán colaborando con nuestro Camino de la Extinción de los Santos y no tendrás forma de limpiar tu nombre. Te verás empujado a los heréticos, forzado a romper cualquier lazo con tu Hermana Mayor Zheng, y no te quedará más remedio que depender de mí, tu hermanita.
—Dime, Segundo Hermano, ¿cuál de las tres crees que es?
Cada destello en los brillantes ojos de Ji Hanyi resplandecía con una belleza pura y delicada. Sin embargo, sus palabras y su tono la hacían parecer una auténtica hechicera, capaz de manipular los corazones y cautivar a cualquiera que la mirara.
Antes de que Ding Songyan pudiera responder, ella cambió de postura, apoyó la mejilla sobre su mano derecha y volvió a preguntar con una sonrisa despreocupada:
—¿O tal vez sean las tres juntas?
—Eso era justo lo que suponía —respondió Ding Songyan, aunque en el fondo pensaba que podía descartar la primera opción, por más que no pudiera decírselo en la cara.
Al mismo tiempo, logró captar un detalle oculto entre las palabras de su hermana.
«¿Que otros podrían malinterpretarlo? ¿Por qué tendría que importarles eso? El Camino de la Extinción de los Santos y el Camino del Mal Acumulado siempre han sido enemigos. No aprovechar una oportunidad así para acabar con el principal Enviado del Mal resultaría mucho más sospechoso. A menos que... las facciones heréticas estén intentando colaborar en secreto de cara a la selección de consortes».
«Pero ¿de verdad alguien querría aliarse con el Camino del Mal Acumulado? Esa gente nunca cumple su palabra, son adictos a la traición y podrían arruinarlo todo en cualquier momento solo por el gusto de hacer el mal... Viéndolo así, es inevitable que los Enviados del Mal, los Enviados de Intención Maligna y los Enviados de los Ocho Vientos no se lleven bien entre sí. ¿Cómo podría una facción que rinde culto a la deslealtad, la traición, la mala fe y la crueldad trabajar en equipo de manera sincera? Si consiguen no sabotearse los unos a los otros, eso ya demuestra bastante la habilidad del Soberano Demonio. No hay ninguna esperanza de que se tienten el corazón y dejen de pisotearse entre sí cuando ven a uno caído...».
«Por lo tanto, es muy probable que mi hermanita no estuviera mintiendo sobre que Sun Feiyang no cuenta con la protección de los Enviados de Intención Maligna ni de los Enviados de los Ocho Vientos. Ahora, que tenga cerca a otros guerreros poderosos de los Enviados del Mal ya es otro asunto...».
En ese preciso instante, Ji Hanyi volvió a hacerle una seña con una sonrisa juguetona:
—Segundo Hermano, deja que te lo susurre al oído. Acércate un poco.
Ding Songyan se sintió exactamente igual que el gato Tom, totalmente a merced de su hermanita. Aun así, no podía darse el lujo de negarse rotundamente por pura terquedad. Lo único que pudo hacer fue inclinarse hacia un lado y acercar la oreja a la mejilla de Ji Hanyi.
«En fin. Cuando alguien te supera ampliamente en fuerza y además es igual de astuto que tú, ¿qué más puedes hacer? Toca apelar a sus sentimientos y seguirle el juego por ahora con tal de mantenerse con vida».
Un aliento tibio y de un perfume delicado le rozó la oreja. La voz de Ji Hanyi conservaba ese matiz fresco y vivaz propio de una joven:
—Sun Feiyang se está recuperando en la antigua residencia de Qian Shulong, en el Callejón Fengjia, al este de la ciudad. Solo lo custodian cuatro de sus discípulos personales, y ninguno de ellos ha alcanzado el Reino del Dharma.
Qian Shulong, un célebre calígrafo y pintor, había fallecido treinta años atrás, y sus descendientes terminaron vendiendo la propiedad a cambio de plata.
Soportando la sensación de cosquilleo, Ding Songyan frunció ligeramente el ceño y preguntó:
—¿Y qué hay de los Grandes Maestros de segundo rango que le sirven?
Ji Hanyi continuó explicándole en un suave susurro:
—Sun Feiyang se encuentra gravemente herido, así que no se arriesga a mantener a esos Grandes Maestros cerca de él. Si lo traicionaran y consiguieran matarlo, la acumulación de mal de quien lo haga se dispararía por encima de sus límites, provocando un avance inmediato. En muy poco tiempo podrían alcanzar el Reino del Dharma perfeccionado y tomar su lugar como Enviado del Mal.
—Tan Guanchan no los castigaría por eso; al contrario, los recompensaría. Así son las cosas en el Camino del Mal Acumulado. Los actos atroces no solo les producen placer, sino que les otorgan avances reales en su cultivo, mayor poder y mejoras en sus artes marciales. Técnicas como el Dedo de Oro Fundido y el Perforador de Palabras Maliciosas se vuelven más fuertes a medida que sus actos son más numerosos y aberrantes.
«Qué entorno tan despiadado. A menos que seas un sociópata hecho y derecho, ¿cómo podrías soportar vivir dentro del Camino del Mal Acumulado? Aunque, si lo piensas bien, pasar el tiempo suficiente ahí dentro y cultivar sus artes terminaría convirtiendo a cualquiera en uno... Para haber sobrevivido más de mil años de esa forma, sin desmoronarse ni destruirse desde las entrañas, el Camino del Mal Acumulado tiene que poseer algún mérito especial...». Pero mientras reflexionaba sobre esto, Ding Songyan no dejaba de quejarse internamente de su hermana:
«No había ninguna necesidad de acercarme tanto solo que me susurres todo esto, ¿o sí?».
«Tengo la ligera impresión de que solo estás coqueteando conmigo...».
Finalmente, Ji Hanyi se cansó de molestarlo. Le hizo una seña para que pudiera volver a sentarse erguido y le dijo con una sonrisa tenue:
—La decisión de arriesgarte a cobrar tu venganza o no, depende enteramente de ti, Segundo Hermano. Como mucho en dos días, Sun Feiyang se habrá recuperado lo suficiente y se mudará a otro escondite. Para ese entonces, ni siquiera yo podré rastrearlo.
La hermosa y etérea joven se puso de pie mientras hablaba y le dedicó una última sonrisa a Ding Songyan:
—Segundo Hermano, nuestro Camino de la Extinción de los Santos también va a intentar infiltrar a alguien en el palacio durante la selección de consortes. Si consigues descubrir a nuestra gente, te revelaré cuáles de las cosas que te dije antes eran ciertas y cuáles eran mentira.
«Aunque me lo dijeras, no me atrevería a creerte de todas formas... Tendría que comprobarlo por mis propios medios...», pensó Ding Songyan mientras se levantaba junto a ella y forzaba una sonrisa amarga.
—Haré el intento —respondió.
«Y si todo lo demás falla, buscaré la forma de arruinar por completo la selección de consortes».
«Si no puedo identificar quién es quién, lo mejor será patear el tablero».
—Ya vendré a jugar contigo otro día —dijo Ji Hanyi con una sonrisa mientras caminaba con gracia hacia la salida, haciendo ondear el borde de su falda.
«¿Jugar conmigo? Más bien soy tu juguete en todo esto, ¿no?». Al observar cómo se alejaba, Ding Songyan la llamó de repente:
—Qingyan.
Ji Hanyi se detuvo en seco y se giró a medias, fijando sus hermosos ojos en él.
Ding Songyan sonrió suavemente:
—Todavía me resulta más natural llamarte así.
Ji Hanyi dejó escapar una risita baja:
—Sé que no lo dices enserio, Segundo Hermano, pero aun así me gusta escucharlo.
Sin perder la sonrisa, caminó hacia la puerta. El espacio a su alrededor comenzó a oscurecerse gradualmente, como si múltiples capas de barreras invisibles empezaran a superponerse.
Al instante siguiente, Ji Hanyi se desvaneció por completo de la vista de Ding Songyan. Fue exactamente como si hubiera dado un paso hacia otra dimensión, saliendo del patio a través de ella.
«¿Acaso esa es una aplicación del Reino del Hombre Celestial sobre el rasgo de Establecer las Seis Direcciones? Me pregunto qué limitaciones tendrá. Si son pocas, significa que, salvo por el palacio interior y otros sitios cruciales resguardados por Maestros Supremos, no hay lugar en toda la Capital de la Llama al que mi hermanita... digo, la Demonia Ji, no pueda entrar a su antojo...». Ding Songyan sintió que acababa de presenciar un atisbo de la versión de Establecer las Seis Direcciones que siempre había soñado dominar.
Antes, había sentido el temor de que la Demonia Ji hubiera derivado en secreto algún arte extraordinario capaz de espiar incluso su mar de consciencia, el cual mantenía sellado en el oscuro Caos. Por esa razón se había obligado a referirse a ella mentalmente como su hermana o su hermanita, evitando llamarla la Demonia Ji.
Al final, aquello también había sido una forma de autoengañarse.
Ding Songyan caminó hacia la puerta siguiendo el mismo trayecto que había hecho Ji Hanyi, buscando cualquier pequeña pista. Sin embargo, ni las Pupilas de Vela y Estrella ni la marca del Corazón Celestial le revelaron el menor rastro.
Cualquier vestigio parecía haberse disuelto por completo regresando a la unidad.
«Solo un Gran Maestro que cultive las artes del Caos puede comprender lo aterradoras que se vuelven estas artes al alcanzar el Reino del Hombre Celestial...». Cuanto más lo pensaba, más preocupación sentía.
Había llegado a calcular que, si la Demonia Ji se hubiera mantenido en el Reino del Dharma perfeccionado, las probabilidades entre ambos habrían sido de un siete a tres: siete para ella y tres para él. Pero ahora que su inmerecida hermana había dado el salto al Reino del Hombre Celestial, él no tenía la más mínima oportunidad de ganar.
Ding Songyan se detuvo junto al marco de la puerta y vio a Li Baima y a Wu Mo sentados en la mesa de piedra del patio. Ambos escuchaban a Fan Chunlin presumir sobre los eventos del día en el Mercado del Tesoro y cómo habían obligado a salir de su escondite al Mal sin Medida Sun Feiyang.
Ninguno de los tres se había percatado de que una de las aclamadas de la Clasificación de las Grandes Bellezas del Jianghu acababa de estar en su habitación. Ni siquiera habían alcanzado a oír voces dentro del cuarto del hermano Ding.
Ding Songyan volvió a entrar al espacio. Una fragancia sutil todavía flotaba en el aire, tan tenue que estaba a punto de desaparecer.
—¿Desde cuándo me dedico a identificar a las mujeres por su aroma? —se dijo a sí mismo con una sonrisa burlona antes de regresar a la cama.
Solo en ese momento contó con la tranquilidad necesaria para revisar su habitación.
Un vistazo rápido le bastó para notar dos objetos sobre su almohada: la copia manuscrita que Ji Hanyi había hecho de La Leyenda de la Serpiente Blanca y la carta que ella misma le había dejado tiempo atrás en el valle del Viejo Jiang.
Ambos escritos daban la impresión de haber sido releídos recientemente.
Ding Songyan suspiró en silencio.
«Al final, esos dos objetos sí resultaron ser de utilidad...».
Antes de partir hacia la Capital de la Llama, Ding Songyan había meditado sobre sus futuros viajes por el jianghu. Un enfrentamiento imprevisto contra un oponente de su mismo nivel podía terminar destruyendo el equipaje que llevara consigo. Por esa razón, prefirió dejar las cartas de la Hermana Mayor y de la señorita Xiaoqing en su residencia de la Montaña del Lago Alpino, guardadas en una caja de cobre bajo llave.
Únicamente había traído consigo la carta de su inmerecida hermana y su copia manuscrita de La Leyenda de la Serpiente Blanca. Si tenía la mala suerte de topársela, pensó que esos recuerdos podrían salvarle la vida al apelar a sus sentimientos.
¿Quién iba a imaginar que Ji Hanyi los revisaría por su cuenta antes de que él tuviera la oportunidad de mostrárselos?
«Tal parece que mi hermanita andaba de buen humor...», pensó Ding Songyan, alzando una ceja.
Guardó ambos papeles con sumo cuidado y se sentó al borde de la cama para analizar el asunto del Mal sin Medida Sun Feiyang.
Transcurrido un tiempo, dejó ir un profundo suspiro. Ya había tomado una decisión.
Iría a buscar y a matar al Mal sin Medida Sun Feiyang.
Sin embargo, antes de actuar, necesitaba preparar todo con detalle.
Ding Songyan salió de la habitación y se dirigió al patio.
En medio de la penumbra, Fan Chunlin continuaba relatando la extraña actitud del vendedor de objetos funerarios y cómo la polilla roja había salido de su boca y su nariz tras desplomarse.
Al ver que Ding Songyan se acercaba, Fan Chunlin le dijo con tono serio:
—Hermano Ding, tú también estuviste ahí y lo viste. Esa criatura era sumamente siniestra. Me pregunto qué tipo de arte marcial podrá generar semejante monstruosidad.
—Se trata de la Escritura del Dios Polilla —respondió Ding Songyan con tranquilidad mientras tomaba asiento.
—¿Tú... tú la conoces? —tartamudeó Fan Chunlin, sorprendido.
Li Baima y Wu Mo también se giraron hacia Ding Songyan con clara fascinación.
Ninguno de los tres tenía la menor idea de qué representaba esa siniestra polilla.
—Proviene de la Secta del Dios Polilla, en el Reino Feng —les explicó Ding Songyan de forma breve—. El vendedor no era más que una marioneta, un hombre-polilla que llevaba una semilla de polilla en su interior. Un patriarca polilla o una matriarca polilla lo estaba manipulando desde las cercanías.
Ese era el funcionamiento del arte original. Sin embargo, con la marca del Corazón Celestial integrada, Ding Songyan estaba convencido de que la matriarca polilla Ji Hanyi ya no necesitaba permanecer cerca. Podía estar a una distancia enorme mientras su hombre-polilla seguía actuando como una persona totalmente real y llena de vida.
—De verdad se nota que has recorrido mundo y aprendido bastante, Hermano Ding —comentó Li Baima con franca admiración.
Ding Songyan sonrió levemente.
—Hubo un tiempo en que conviví y compartí la mesa con un patriarca polilla durante más de medio año. Por aquel entonces, ni siquiera había comenzado a entrenar artes marciales.
«¿Qué...?». Fan Chunlin y los otros dos se le quedaron viendo fijamente, con las pupilas dilatadas por el asombro.
¿Acaso se había topado con artes marciales tan siniestras incluso antes de iniciar su camino en el cultivo y había salido completamente ileso?

Continúa leyendo
La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela)
Capítulo 212
La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 211
Estás leyendo el capítulo 211 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 20 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.