Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 210 online gratis en español
🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Al contemplar a la belleza extraordinaria sentada al borde de su cama, con su encantadora sonrisa y sus ojos centelleantes, Ding Songyan sintió un frío helado que le caló hasta los huesos.
Su Reino del Caos abarcaba un radio de veinte metros, lo que le otorgaba una percepción de su entorno mucho más aguda que la de la mayoría de los Grandes Maestros. Por eso mismo, debería haber notado la presencia de una persona viva escondida en su habitación cuando todavía estaba en el patio.
Sin embargo, no había sentido absolutamente nada.
«Solo puede haber una explicación...».
Dos llamas de vela aparecieron en las pupilas de Ding Songyan mientras examinaba a Ji Hanyi.
Sin orejas de tigre, sin garras afiladas y sin cola de tigre. Seguía luciendo como una joven "normal", tan deslumbrante como una doncella inmortal, vivaz y llena de encanto.
El corazón de Ding Songyan se hundió lentamente. Un único pensamiento permaneció en su mente:
«La Demonia Ji... no, mi hermana... ha alcanzado el Reino del Hombre Celestial...».
Él siempre lograba mantener cierta calma en medio de las crisis, así que evaluó su posición rápidamente. ¿Podría resistir uno o dos ataques de Ji Hanyi, lo suficiente para gritar: "¡La Demonia de las Nueve Maldades está aquí!"? ¿Podrían entonces los Grandes Maestros de guardia en la finca del Príncipe Kang contenerla hasta que llegaran los Maestros Supremos de la Capital de la Llama, o al menos forzarla a retirarse ante esa amenaza?
Mientras sus pensamientos volaban a toda velocidad, escuchó a Ji Hanyi soltar una risita entre dientes:
—Segundo Hermano, no te gustaría que el Emperador Jianwu y el Príncipe Kang se enteraran de que consumiste los restos del Caos y de que la Secta Noche-Brillante te ayudó a ocultarlo, ¿verdad?
Tenso como la cuerda de un arco a punto de disparar, Ding Songyan forzó una sonrisa algo torcida.
—¿Por qué esa frase me suena tan familiar?
—Usaste una expresión parecida para molestarme en el Callejón Chengyu —respondió Ji Hanyi mientras se levantaba y caminaba con paso ligero hacia la mesa. Volteó una taza, se sirvió un poco del té que llevaba rato frío y se sentó a beberlo, sintiéndose tan cómoda como si estuviera en su propia casa.
La mirada de Ding Songyan se desvió ligeramente. Caminó hacia Ji Hanyi y dejó ir un suspiro.
—Hermanita, hasta te vestiste igual que el día en que nos conocimos. Pero ya estamos a finales de otoño, casi en invierno. ¿No tienes frío?
Ji Hanyi alzó la vista hacia Ding Songyan y de repente estalló en carcajadas. Por un momento, fue como si cien flores hubieran florecido al mismo tiempo en la habitación, deslumbrando a cualquiera.
Su voz conservaba tanto la ligereza de una joven como el encanto de una mujer.
—Segundo Hermano, ¿estás intentando conmoverme? ¿Acaso pretendes mostrar preocupación para que nos volvamos más cercanos? ¿Se te olvidó que el calor y el frío dejaron de afectarme desde que ingresé al Reino del Dharma en mi adolescencia?
Ding Songyan se sentó frente a Ji Hanyi sin avergonzarse en lo más mínimo por haber sido descubierto. Simplemente comentó:
—Es que nunca te he visto con ropa de invierno. Tal vez te verías un poco menos etérea, pero un poco más encantadora.
Ji Hanyi sonrió levemente y se tocó la delicada mejilla con la punta de un dedo.
—Pero no tengo hoyuelos cuando sonrío. ¿Eso me hace menos bonita que tu Hermana Mayor Zheng?
Al instante, un sudor frío le brotó a Ding Songyan por toda la espalda, aunque logró mantener el rostro completamente inexpresivo. Respondió con tono suave:
—Los hoyuelos no te sentarían bien. Le restarían valor a tu gracia natural y a tu belleza de otro mundo.
Ji Hanyi apretó los labios mientras sus mejillas temblaban ligeramente. Intentó contenerse durante un largo momento, pero al final terminó estallando en risas, sacudiéndose como una rama florecida al viento.
—Segundo Hermano, tienes la espalda empapada de sudor.
—... —Ding Songyan se quedó en absoluto silencio. Apenas podía mantener la compostura.
Ji Hanyi se rozó con un dedo sus labios rosados y sutilmente brillantes, comentando con una sonrisa:
—Sabes perfectamente qué hace tan especial al Reino del Caos, Segundo Hermano. ¿De verdad crees que puedes ocultarle a tu hermanita el más mínimo cambio en tu cuerpo?
Ding Songyan no tuvo respuesta. Solo después de un largo silencio se atrevió a preguntar:
—¿Alcanzaste el Reino del Hombre Celestial?
—Si no fuera así, no me habría arriesgado a venir a la Capital de la Llama —asintió Ji Hanyi, con los ojos brillando como aguas de otoño.
Ding Songyan no tuvo más remedio que reconocer que su hermana era extraordinariamente hermosa. Cada sonrisa, cada gesto y cada mirada tenían el poder de dejar hechizado a cualquier hombre. Sin embargo, sentía como si una enorme montaña le pesara sobre el pecho, sofocándolo por completo. No estaba de humor para admirar su belleza. Buscando desesperadamente una salida a la situación, hizo la pregunta que ya había preparado con anterioridad:
—¿Hace cuánto tiempo lo alcanzaste?
—Hace más de un año, justo en el aniversario luctuoso del Maestro —respondió Ji Hanyi de manera despreocupada.
—El Maestro Yan seguro estaría complacido —comentó Ding Songyan, sabiendo que ese era un tema seguro. Si se sumaba a algunas burlas sobre el Maestro Yan, tal vez lograría salir ileso.
Las comisuras de los labios de Ji Hanyi se elevaron ligeramente, y sus hermosos ojos miraron hacia un lado.
—Es una pena que el relámpago del inframundo lo haya destruido antes de que pudiera presenciarlo.
«Así que sabe perfectamente que el relámpago del inframundo destruyó el alma del Maestro Yan...», dedujo Ding Songyan al instante.
Ji Hanyi volteó otra taza, la llenó de té y se la acercó a Ding Songyan.
—Segundo Hermano, se te ven los labios muy secos. Bebe un poco de té.
«Tengo la boca seca porque estoy aterrorizado...». Sin embargo, Ding Songyan no se negó. Tomó la taza y se la bebió de un solo trago.
Incluso le hizo un gesto a su hermana para que le sirviera más.
Ji Hanyi se levantó con elegancia, tomó la tetera de porcelana y se inclinó hacia delante para volver a llenarle la taza, exactamente igual a como lo había hecho tiempo atrás en el Callejón Chengyu. La única diferencia era que el té ordinario de aquel entonces había sido reemplazado por un té verde de bastante buena calidad.
«Bueno, si salgo vivo de esta, al menos podré presumir de que una Maestra Suprema me sirvió el té...», intentó consolarse Ding Songyan ante su precaria situación.
Ji Hanyi volvió a sentarse, recostó la mejilla sobre su mano izquierda y le sonrió a Ding Songyan.
—Segundo Hermano, ¿por qué no me pides un hilo de qi verdadero para ayudarte a condensar esa apertura externa? Aún no lo has conseguido, ¿verdad?
En su momento, Ji Hanyi había consumido suficientes restos del Caos, incluso un poco más de lo necesario. La transformación de su cuerpo se había completado con éxito y todas sus aperturas estaban verdaderamente condensadas, por lo que no necesitaba ayuda externa ni corría el riesgo de deteriorarse.
—No me atrevería —respondió Ding Songyan con total sinceridad.
Por un lado, no se atrevía a pedirle un favor así a su hermana. Por el otro, temía que ella aprovechara la oportunidad para manipularlo. ¿Quién sabía qué tipo de artes extrañas se le podrían ocurrir ahora?
Le parecía mucho más seguro buscar a un discípulo de la Orden del Abismo Retornante.
Ji Hanyi ladeó ligeramente su barbilla finamente perfilada, manteniendo una sonrisa en el rostro.
—Pero si usas mi qi verdadero para condensar esa apertura externa, te resultará más fácil buscar el Reino del Hombre Celestial.
—¿Y eso por qué? —no pudo evitar preguntar Ding Songyan.
Ji Hanyi soltó una risita suave antes de explicar:
—Cuando Zhulong, el Dragón Antorcha, abrió los cielos, el Caos se dividió en yin y yang.
—Tras la separación entre el cielo y la tierra, no quedaron seres divinos en este mundo. Para poder soportar el poder del cuerpo del Caos, una mujer y un hombre deben compartirlo: uno aporta el yin y el otro el yang \[1\]. El problema del Maestro no fue solo haber consumido demasiado; tampoco tenía a nadie con quien compartir esa carga, así que todo el poder del Emperador Celestial se concentró únicamente en él. Por esa razón terminó destruido.
—Yo recién entendí esto gracias a su ejemplo y a la advertencia que me dio cierto Mayor. Por eso calculé el tiempo con mucho cuidado y esperé a que dieras tu salto ascendente antes de consumir los restos del Caos, Segundo Hermano.
«¿En serio? ¿Será verdad todo esto? El principio del yin y el yang compartiendo el Caos encaja bien con el Gran Camino (Dao)... Si ella tiene razón, significa que actué de manera imprudente por pura ignorancia y estuve a punto de terminar como el Maestro Yan... Pero ¿qué Mayor fue el que la advirtió? ¿Habrá sido Jiang Weichen?». Ding Songyan no se atrevía a creerle del todo, pero tampoco podía descartar sus palabras así como así.
La mirada de Ji Hanyi se volvió dulce de pronto, y sus ojos se notaban brillantes y cristalinos.
—Si usas un hilo de mi qi verdadero para ayudarte a condensarla, tendrás el yin dentro del yang, lo que te aproximará mucho más al Caos. Eso te facilitará el camino hacia el Reino del Hombre Celestial. Con el tiempo, tú y yo tendremos que unir el yin y el yang, aportando cada uno lo que al otro le falta para que el Caos vuelva a ser uno solo. Únicamente de esa forma podremos hallar el sendero hacia el Altar Espiritual.
«¿Qué?», se descolocó totalmente Ding Songyan.
«¿No es esa una interpretación demasiado distorsionada del Gran Camino del Yin y el Yang?».
«¿Es por este motivo que Ji Hanyi me ha dejado vivir todo este tiempo, amenazándome siempre con matarme pero sin llegar a hacerlo jamás?».
«¿Será que aún no ha llegado el momento adecuado?».
«Una vez que nos unamos, me temo que solo quedará un Caos...».
Sin saber exactamente qué responderle a su hermana, Ding Songyan tomó la taza y ganó algo de tiempo bebiendo té.
De pronto, un rubor apareció en el rostro de Ji Hanyi, volviendo su belleza delicada algo deslumbrante y radiante.
Habló entonces, aparentando sentirse muy avergonzada:
—No, no, eso no está bien. Somos hermanos. ¿Cómo podríamos hacer algo tan indecoroso?
—¡Pfff...! —Ding Songyan no pudo contenerse y escupió todo el té que tenía en la boca.
Sin embargo, cuando las gotas volaron hacia Ji Hanyi, simplemente cayeron sobre la mesa, incapaces de avanzar más allá.
«Señorita... digo, Hermana... ¿no te divierte demasiado hacerte la graciosa?», pensó Ding Songyan. Tenía mil cosas para decirle, pero no se atrevió a soltar ni una sola palabra.
—Segundo Hermano, no te lo habrás tomado en serio, ¿verdad? —Ji Hanyi ya se estaba riendo con picardía.
Ding Songyan dejó ir un largo suspiro.
—Entonces, ¿me estabas mintiendo? ¿Todo lo de que el yin y el yang debían compartir los restos para soportar el poder y luego unirse para completar el Caos era falso?
Los hermosos ojos de Ji Hanyi se veían limpios y claros, con sus labios perfilando una tenue sonrisa.
—Una parte era verdad y otra parte era mentira. Segundo Hermano, ¿puedes adivinar cuál era cuál?
—No —negó Ding Songyan con la cabeza, sin ganas de malgastar energías atormentándose con eso.
Ji Hanyi no le ofreció ninguna aclaración. Con una leve sonrisa, prefirió cambiar de tema:
—Cuando me enteré de que los discípulos de la Secta Noche-Brillante asignados a la finca del Príncipe Kang se iban a rotar, supe de inmediato que vendrías a la Capital de la Llama, Segundo Hermano. Por eso envié gente a esperarte por las calles cercanas. ¿Quién diría que primero te pondrías a coquetear con una tabernera y después terminarías involucrado con Zhang Yingbo? De verdad eres un libertino de nacimiento.
—¿En qué momento coqueteé yo con la Duodécima Dama Luo? —protestó Ding Songyan de inmediato.
Ji Hanyi soltó una risita suave.
—No pasa nada, siempre y cuando no te enamores. Si únicamente deseas el cuerpo de tu Hermana Mayor Zheng, eso es algo natural en los hombres y puedo hacer la vista gorda. Pero si te enamoras de verdad de ella y te empeñas en no casarte con nadie más, tu hermanita va a tener que ayudarte a cortar ese lazo mundano.
«¿Otra vez amenazándome con la Hermana Mayor?». La expresión de Ding Songyan se volvió rígida, pero no se atrevió a discutir el punto.
Eligió sus palabras con suma cautela:
—¿Enviaste al vendedor de objetos funerarios para darme una advertencia?
De pronto, Ji Hanyi alzó la mano derecha y le hizo una seña con una gran sonrisa en el rostro:
—Segundo Hermano, ven aquí.
Le señaló el taburete que estaba justo al lado de la mesa cuadrada.
Ding Songyan no quería obedecer, pero tampoco se atrevió a negarse. Lleno de dudas, terminó sentándose en el lugar indicado. Ji Hanyi se giró hacia él y le acercó los labios al oído.
Él puso todo su cuerpo en tensión, preparándose para reaccionar ante cualquier ataque repentino.
Ji Hanyi le susurró entre risitas:
—Efectivamente, yo lo envié. Él quería traicionar a nuestro Camino de la Extinción de los Santos, así que lo transformé en un hombre-polilla. Lo mandé en parte para darte una advertencia y causarles problemas a los del Camino del Mal Acumulado, y en parte para jugarte una broma.
Su tibio aliento le rozó la oreja mientras le hablaba, haciendo que Ding Songyan encogiera un poco el cuello por la sensación de cosquilleo.
Ji Hanyi volvió a erguirse, dejando flotar en el aire una delicada y dulce fragancia a orquídeas y almizcle.
«Eso fue otra broma, ¿no...?». Ding Songyan había llegado a pensar que su hermana estaba a punto de confesarle algún secreto.
Luciendo extraordinariamente hermosa y del todo inofensiva, Ji Hanyi se sirvió otra taza de té con absoluta tranquilidad y prosiguió:
—Si esto llega a arruinar los planes del Camino del Mal Acumulado, a nuestro Camino de la Extinción de los Santos no le molesta para nada darle un pequeño aviso a la Oficina de Prohibición Marcial y a la finca del Príncipe Kang. Segundo Hermano, no vine solamente a disfrutar de un momento de dicha familiar; también quería contarte que sé exactamente dónde se oculta el Mal sin Medida Sun Feiyang para curar sus heridas.
Ding Songyan fijó su mirada con atención en los ojos brillantes y astutos de su hermana.
Se notaba un tono divertido en la voz de Ji Hanyi mientras continuaba:
—Tan Guanchan aún no ha llegado a la Capital de la Llama. Como los Enviados de Intención Maligna y los Enviados de los Ocho Vientos siempre han tenido diferencias con los Enviados del Mal, Sun Feiyang no se atreve a buscar su protección. Por eso no le queda más opción que esconderse en una vivienda que compró uno de sus subordinados para curarse él mismo. No tiene guerreros poderosos que lo estén cuidando.
Giró sus ojos hacia Ding Songyan, que estaba a su lado, y con una sonrisa llena de inocencia le preguntó:
—Segundo Hermano, ¿te gustaría cobrar tu venganza?
\*\*\*
\[1\] N/T: Yin y Yang (阴阳). Principio filosófico chino de dos fuerzas opuestas y complementarias. El Yin representa lo femenino, la oscuridad, el frío, el inframundo y la pasividad; mientras que el Yang simboliza lo masculino, la luz, el calor, la vida y la actividad. Su equilibrio sostiene el orden natural.

Continúa leyendo
La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela)
Capítulo 211
La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 210
Estás leyendo el capítulo 210 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 20 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.