Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 208 online gratis en español
🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Provincia de Du, prefectura de Changhua.
Zheng Zhuxi vestía de blanco liso, con su largo cabello negro recogido con una sencilla tira de tela de cáñamo. Aunque su brillo natural lucía un tanto apagado, su belleza parecía volverse aún más pura y etérea por ello.
—Señorita, la Compañía Comercial Hongxin acaba de entregar otra carta —dijo la ama de llaves luciendo una sonrisa.
«¿La Compañía Comercial Hongxin?». Zheng Zhuxi, con la piel tan blanca y delicada como el jade, se quedó desconcertada por un instante.
Apenas ayer había recibido una carta de su hermano menor. ¿Cómo podía haber llegado otra tan pronto?
Entonces lo entendió.
Su hermano menor debía de haberle escrito de nuevo apenas unos días después de pisar la Capital de la Llama.
La provincia de Du se encontraba al este de la provincia de Ming, de la cual se había separado la Capital de la Llama. Las cartas que viajaban desde la prefectura de Dingjiang, en la provincia de Ning, hasta la prefectura de Changhua, en la provincia de Du, solían pasar primero por la capital. Si su hermano menor había viajado hasta allí a bordo de una nave voladora, habría llegado bastante antes que su primera carta. Que hubiera vuelto a escribir pocos días después explicaba perfectamente por qué ambas correspondencias habían llegado con tan poca diferencia.
Las comisuras de los labios de Zheng Zhuxi se elevaron sin que ella misma se diera cuenta. Aceptó la carta y le dio las gracias cortésmente a la ama de llaves.
De regreso al salón del ala este, aminoró el paso, abrió el sobre y comenzó a leer las líneas a la luz del día.
A medida que avanzaba en la lectura, dos tenues hoyuelos se le dibujaron en las mejillas. Murmuró para sus adentros: «¿Acaso mi hermano menor tiene miedo de que más adelante me lleguen rumores y piense mal de él? ¿Ha escrito antes de tiempo solo para explicarse?».
«Si los clientes no dejan de importunar a la Duodécima Dama Luo, desde luego no debe de ser tan común como él la describe. Mmm, solo dice que tiene "un rostro habitualmente hinchado y una figura bastante rellenita". Nunca aclara cómo es en realidad... Mi hermano menor no ha cambiado nada. Todo lo que dice es verdad, pero solo cuenta la mitad. Esa Duodécima Dama Luo debe de ser bastante bonita. Y "bastante rellenita" tranquilamente podría significar que es voluptuosa...».
«Ya no soy tan fácil de engañar como antes. Cuando se entere, ¿se arrepentirá de haber enseñado tan bien a su discípula?».
«Aun así, me alegra que se haya tomado la molestia de escribirme esta carta. Hasta está empezando a preocuparse por su propia reputación. Y las artes de Ditai realmente le sientan bien; vale la pena estudiarlas...».
Zheng Zhuxi se detuvo a las puertas del salón del ala este y volvió a leer con detenimiento la carta completa una vez más. Solo entonces la dobló, la guardó con cuidado y entró al salón con paso ligero.
Allí se encontraban seis o siete jóvenes sentadas entre sofás y sillas; eran todas primas suyas que permanecían solteras.
La gente del jianghu solía guardar únicamente tres meses de luto. Sin embargo, la familia Zheng, profundamente arraigada en la tradición confuciana, acostumbraba a guardarlo durante tres años. Zheng Zhuxi era libre de optar por cualquiera de las dos costumbres. Tenía pensado permanecer de luto hasta que su padre fuera restituido en su cargo, para luego acompañarlo a su nuevo destino y quedarse a su lado entre seis meses y un año. Después de eso, partiría de verdad a recorrer el jianghu, conocer el mundo y buscar el paso al Reino del Dharma.
De hecho, durante este último año y pico de tranquilo luto, también había logrado llevar el Arte Ilimitado Menor hasta el Reino de la Gran Derivación perfeccionado. Su corazón solía serenarse con frecuencia y su mente se volvía clara y serena. Podía percibir vagamente los movimientos del qi en el vacío, aunque sentía que algo todavía se le escapaba.
Su progreso marcial no fue lo único que Zheng Zhuxi obtuvo durante este periodo. Poco a poco se había ido volviendo más cercana a sus primas de la familia Zheng, dejando de ser parientes solo de palabra.
Esta era la estancia más larga que hacía en Changhua desde que tenía uso de razón. Cuando era niña, su padre solía ocupar cargos en otros lugares; más tarde, vivió junto a su madre en la Montaña del Lago Alpino. Rara vez pasaba más de medio mes al año en Changhua, por lo que casi no conocía a sus primas.
Ahora que habían estrechado lazos, sus primas solteras la visitaban a menudo para charlar y hacerle compañía, evitando que se sintiera sola.
Zheng Zhuxi acababa de acomodarse de nuevo en su taburete afelpado cuando escuchó a su Cuarta Prima preguntarle a la prima Mu:
—Tú y ese hombre pronto van a hablar de matrimonio, ¿verdad?
Zheng Zhuxi conocía bien la historia de la prima Mu. La familia Mu provenía de una secta marcial y tenía normas mucho menos estrictas que los Zheng. Mientras viajaba por las provincias y prefecturas cercanas, la prima Mu había conocido a un héroe errante. Tras compartir varias experiencias juntos, descubrieron que los padres de él eran viejos conocidos del padre de ella, y con el tiempo su relación había avanzado hasta el punto de planear la boda.
—Mmm —asintió con timidez la prima Mu, quien solía ser una joven de carácter enérgico y alegre.
—¿Qué sientes exactamente por él? Nunca nos lo has contado —insistió la Cuarta Prima. Al ser todas jóvenes solteras, la curiosidad por estos temas era natural.
La prima Mu bajó la cabeza y respondió en un susurro apenas audible:
—Yo... pienso en él muy seguido y hasta sueño con él.
—¡Entonces estás profundamente enamorada! —exclamó la Cuarta Prima, versada en toda clase de novelas y romances, mientras le dedicaba una amplia sonrisa.
Zheng Zhuxi se quedó desconcertada.
—¿Pensar en alguien a menudo y soñar con él significa estar profundamente enamorada?
—No necesariamente. —respondió la Cuarta Prima, volviendo su mirada risueña hacia la prima Mu—. Tienen que darse otros síntomas. Verlo te pone feliz y, cuando está lejos, lo extrañas mucho. A veces te alegras por sus logros, a veces te preocupas por su bienestar y a veces te hace enojar tanto que te darían ganas de morderlo. Gran parte de tus alegrías y tristezas terminan girando en torno a él. ¿A poco no es así, Yunying?
Abrumada por la vergüenza, Mu Yunying la reprendió entre risas, pero en ningún momento lo negó.
Zheng Zhuxi parpadeó despacio. Su rostro se fue congelando progresivamente, como si un rayo la hubiera impactado de lleno.
La Cuarta Prima continuó molestándola:
—Además, cuando te imaginas casándote con él, la idea no te causa rechazo ni incomodidad. Al contrario, la esperas con ansias. Te sientes feliz, segura y con un toque de timidez.
Zheng Zhuxi no pudo evitar imaginárselo. Un repentino rubor le tiñó las mejillas de jade blanco.
«¿Acaso... acaso de verdad me he enamorado del Hermano Menor Ding?».
«Pero...».
\*\*\*
En su segundo día libre, Ding Songyan se quedó en el patio lateral de la residencia, alternando el entrenamiento marcial con la escritura de su historia.
Aunque estuviera inventando disparates, se aseguraba de no caer en la vulgaridad ni en lo obsceno. Un toque de sensualidad ayudaba a que el relato se volviera atractivo y se difundiera, pero un exceso lo volvería impropio para la gente respetable y le impediría alcanzar la popularidad de obras como La Leyenda de la Serpiente Blanca. La moral pública seguía siendo bastante conservadora; muchos leían relatos eróticos en privado, pero las historias que la gente recomendaba abiertamente eran aquellas con tramas apasionantes y romances genuinamente conmovedores.
El vínculo del jade con la yao del árbol, Xiaoqian; un juramento entre madera y piedra traído desde una vida pasada; su enredo con la hierba escarlata del Estanque de Jade a lo largo de tres vidas; o su matrimonio predestinado con la Princesa Abanico de Hierro, como una unión perfecta de oro y jade... Cada arco argumental tendría su propio encanto.
Tras terminar dos capítulos más, Ding Songyan salió al patio y adoptó una postura de combate. Recordando la Espada de la Luz del Trueno que Parte el Cielo, comenzó a repasar y practicar las variaciones de sus movimientos.
«Así que esta es otra gran ventaja de entrar en los sueños de los demás. Si quiero analizar las artes marciales de alguien pero no puedo revelar mi identidad para desafiarlo formalmente, puedo hacer exactamente esto...».
«Incluso podría guiarlos para que me muestren el arte completo. No incluiría los métodos para forjar aperturas e instalar vísceras, pero de todos modos no los necesito...».
«No, no, no. ¿En qué me diferenciaría eso de un sinvergüenza como Chen Jindong?».
«Tengo que ponerme una regla estricta: en los sueños solo voy a combatir, jamás a robar las artes de los demás. A menos que se trate de los Demonios Herejes, claro. A esos cualquiera tiene derecho a ejecutarlos, ¡ahí el código de honor del jianghu no aplica!».
«Pensándolo bien, todavía necesito conseguir un arte que destaque en el sigilo y la infiltración. Es un área en la que flojeo bastante...».
En ese preciso momento, Ding Songyan vio regresar a Fan Chunlin, el hombre con cabeza de leopardo.
«Bueno... su Escuela del Asesinato en las Sombras es bastante buena para el ocultamiento y el sigilo...». Apenas ese pensamiento le cruzó la mente, Fan Chunlin le dijo luciendo una amplia sonrisa:
—Hermano Ding, el Administrador Peng quiere vernos. Dice que ya decidieron nuestras recompensas por el asunto de la Casa de Apuestas del Gancho de Plata.
«La finca resuelve las cosas rápido...». Ding Songyan había calculado que tendría que esperar entre diez y catorce días.
Siguió a Fan Chunlin hasta el pequeño salón contiguo al estudio exterior, donde los aguardaba el Administrador Peng Jushan, con su rostro de gallo luciendo un tono inusualmente rubicundo.
—Ambos manejaron de maravilla el asunto de la Casa de Apuestas del Gancho de Plata. Supieron reconocer la oportunidad, actuaron con firmeza y eliminaron una amenaza seria para la finca... —Tras dedicarles unas palabras de elogio, el Administrador Peng sacó un fajo de billetes bancarios y dos frascos de porcelana azul—. Su Alteza se interesó personalmente en el caso y les ha otorgado a cada uno mil taeles de plata y una Píldora de Sustento Vital. Esta medicina es un remedio curativo milagroso. No va a revivir a los muertos, ni a hacer crecer carne sobre los huesos, ni a arrebatarle a alguien de las garras de la Diosa Houtu, pero puede reducir heridas graves a lesiones comunes, y transformar heridas comunes en simples rasguños.
«La finca sí que es generosa...», pensó Ding Songyan, asintiendo en silencio con aprobación.
Tanto él como Fan Chunlin le expresaron su gratitud al Príncipe y al Administrador Peng, pero este último los detuvo antes de que se retiraran.
—Una cosa más. Voy a tener que molestarlos de nuevo para que se presenten en la Oficina de Prohibición Marcial —les dijo el Administrador con una sonrisa—. No se preocupen por el turno de guardia de la puerta de mañana, ya está cubierto.
—Díganos, Administrador Peng —pidió Fan Chunlin, algo desconcertado.
Peng Jushan asintió levemente.
—Gracias al retrato tan claro que hizo la Señorita Zhang, la Oficina de Prohibición Marcial finalmente dio con una pista sobre el vendedor de objetos funerarios, luego de enviar a sus hombres a investigar por todas partes.
—El sujeto frecuenta el Mercado del Tesoro. De hecho, alguien lo vio por allí apenas ayer. Este hombre podría estar vinculado al asunto de la Casa de Apuestas del Gancho de Plata, y las habilidades de ustedes dos son las más adecuadas para rastrearlo. Ya que se han estado encargando del caso desde el principio, bien podrían llevarlo hasta las últimas consecuencias.
El Mercado del Tesoro, ubicado en el sur de la ciudad, era uno de los mercados más célebres de la Capital de la Llama. Junto a mercancías traídas de cada provincia de Gran Zhao, se exhibían productos de los tres reinos del norte, de Ba, e incluso de Tiandu, Heshi, Fanye y otras tierras en los confines del Gran Yermo. Puestos abarrotados de tesoros de toda clase ofrecían un espectáculo deslumbrante.
«La Oficina de Prohibición Marcial sí que es eficiente. Ya han hecho progresos...». Ding Songyan quería llegar al fondo del asunto de los objetos funerarios por su propia cuenta. Adoptando un aire de solemne rectitud, juntó las manos en señal de respeto.
—Esto es justo lo que deseaba, aunque no me atrevía a pedirlo.
Fan Chunlin también aceptó la misión, aunque con cierto aire de decepción.
Él guardaba la esperanza de que fuera la Señorita Zhang quien encontrara la pista; de ese modo le habría tocado acompañar a la Lanza del Fénix Carmesí, en lugar de colaborar con la Oficina de Prohibición Marcial.
Él y Ding Songyan partieron de inmediato, cruzando el Callejón Cola de Tigre y la Calle Pingnan hasta llegar al Mercado del Tesoro, situado a orillas del río Xiaming.
El mercado se extendía a lo largo de dos o tres avenidas principales y los callejones que las interconectaban. La multitud iba y venía en oleadas, caminando prácticamente hombro con hombro.
—¡Abran paso! ¡Abran paso! —resonaron unos gritos, haciendo que la gente se apartara rápidamente. El repiqueteo de cascos se escuchó cada vez más cerca.
Ding Songyan dirigió la mirada hacia el origen del ruido, pero no vio jinetes, sino a dos hombres vestidos como guardias que pasaban a toda prisa.
Ambos llevaban prendas ajustadas con las perneras del pantalón enrolladas, dejando al descubierto un tupido vello castaño que les cubría las piernas por debajo de la rodilla. No usaban calzado: tenían los pies en forma de cascos de caballo, completos con herraduras de hierro clavadas.
Sus cascos resonaban en un rápido repiqueteo sobre el suelo, permitiéndoles correr a mayor velocidad que un caballo.
«Dingling...». Ding Songyan notó que, a medida que se acercaba al corazón del Mercado del Tesoro, la presencia de seres de otras especies se volvía más frecuente.
El Reino Dingling se había erigido en los confines del norte del Gran Yermo antes de ser anexado por el Reino Feng. Su gente, perteneciente a una de las Cien Especies, lucía ese característico vello por debajo de las rodillas y cascos de caballo aptos para el galope. Podían recorrer quinientos kilómetros de día y cuatrocientos de noche, lo que les otorgaba una ventaja natural para cultivar ciertas artes sobrenaturales de movimiento.
«Mientras otros se hacen la pedicura, ellos se recortan los cascos...». Ding Songyan apartó la mirada. Siguiendo las indicaciones del director de la Oficina de Prohibición Marcial, él y Fan Chunlin comenzaron a inspeccionar los locales de las calles y callejones cercanos, uno por uno, bajo el pretexto de estar persiguiendo a un fugitivo.
Continuaron con las indagaciones de tienda en tienda. Al caer la noche, entraron en un establecimiento especializado en ingredientes medicinales traídos de los reinos del norte.
Entre los intensos aromas a hierbas que impregnaban el lugar, los ojos de Ding Songyan se entrecerraron de golpe.
¡Algo siniestro había reaccionado a Desterrar Demonios y Ahuyentar el Mal, provocando una sutil perturbación en su Reino del Caos!
No provenía de su izquierda ni de su derecha, ni de enfrente ni de atrás, tampoco de arriba.
Estaba exactamente 5,3 metros por debajo de él.

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La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela)
Capítulo 209
La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 208
Estás leyendo el capítulo 208 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 20 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.