Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 207 online gratis en español
🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Con el cabello suelto, Li Linquan blandió una espada larga envuelta en relámpagos azures contra los enemigos que lo rodeaban.
Vestía una túnica ajustada de color cian oscuro. Apuesto y de porte masculino, tenía orejas parecidas a las de un buey y una piel inusualmente clara, con marcas tostadas similares a las de un leopardo que se asomaban en varias partes de su cuerpo. Uno de sus ojos era común y corriente, pero el otro ardía repleto de relámpagos. Tras él se arrastraba una larga cola fantasmal, envuelta en feroces arcos plateados.
Él solo, únicamente con su espada, se enfrentaba a más de cien artistas marciales.
Avanzó sin un ápice de miedo; su espada de relámpago azur cortaba, rebanaba, hachaba y se alzaba en estocadas ascendentes, cobrándose una vida con cada movimiento. A sus espaldas, la cola fantasmal se transformó en un brillante látigo de relámpagos plateados que se agitaba y golpeaba como una segunda arma.
Tras un combate feroz, Li Linquan logró abrirse paso entre el grupo de combatientes. De pronto, sus ojos se toparon con una figura.
Era un hombre que vestía una túnica holgada de mangas anchas y llevaba una corona con crestas. Su rostro se veía borroso e indefinido, y sostenía una espada larga de hierro negro.
Sin decir una sola palabra, el desconocido lanzó una estocada directo a la garganta de Li Linquan.
Eufórico por la masacre, Li Linquan se limitó a girarse para proteger sus puntos vitales y devolvió el ataque con la misma agresividad. Su espada salió disparada como un rayo, esparciendo chispas azures hasta llenar el aire de pequeñas descargas eléctricas.
Sin embargo, la espada de hierro negro del hombre cambió de trayectoria a mitad del trayecto y trazó un arco con suma facilidad, manteniendo su rumbo firme hacia la garganta de Li Linquan.
Era un movimiento ordinario, un golpe que hasta un artista marcial del Reino Humano podría haber ejecutado. Aun así, a Li Linquan se le erizó el cabello de golpe.
¡Supo de inmediato que, antes de que su propia espada de relámpago pudiera alcanzarlo, el otro le habría cortado la garganta!
Pero cuanto mayor era el peligro, más se encendía la sangre de Li Linquan. En lugar de dar un salto hacia atrás, lanzó un rugido potente como el trueno de la primavera:
—¡AHHH!
Cual juicio atronador enviado por el Cielo, el grito aturdió por un instante a todo y a todos a su alrededor, dispersando las presencias nefastas del entorno.
La espada de hierro negro también vaciló un segundo.
Li Linquan aprovechó esa pequeña grieta y se lanzó hacia adelante. Su qi verdadero estalló de golpe, imprimiéndole una fuerza aún más demoledora a su hoja envuelta en relámpagos.
Aprovechando esa breve pausa, el hombre ladeó ligeramente el cuerpo, adelantó el hombro y lanzó un corte diagonal hacia abajo, apuntando directamente al brazo con el que Li Linquan sostenía la espada.
Li Linquan no tenía tiempo para pararlo con su hoja ni para bloquearlo con su cola de relámpago. Lo único que pudo hacer fue ajustar el paso y girarse hacia un lado.
Tras esa retirada, le fue imposible volver a tomar la ofensiva. Su oponente tomó el control absoluto del combate con cada movimiento, buscando siempre un defecto en sus desplazamientos o en su técnica. Por momentos, parecía incluso anticiparse a sus pensamientos y reacciones, provocando que el propio Li Linquan estuviera a punto de tropezar contra la espada de hierro. Se sucedieron los escapes por un pelo, uno tras otro, hasta que el sudor le empapó por completo la espalda.
Lo que le provocó un sudor frío en la frente fue darse cuenta de que, tras incontables intercambios, sus espadas todavía no se habían tocado ni una sola vez. No había tenido ni una sola oportunidad de aprovechar la naturaleza metálica de la hoja enemiga para canalizar su relámpago azur y electrocutar al usuario.
Después de luchar desesperadamente por mantenerse en pie durante lo que pareció una eternidad, Li Linquan finalmente vio una oportunidad.
Las constantes descargas de su espada y de su cola habían saturado el aire con pequeños rayos azures y plateados.
Mientras retiraba su espada para defenderse, atacó desde atrás con su cola fantasmal de relámpago, de casi cuatro metros de largo.
El relámpago destelló y las diminutas serpientes eléctricas que flotaban en el ambiente se reunieron de golpe atraídas por el ataque.
Crepitando y zumbando, se entretejieron hasta formar una inmensa red que cayó sobre el espadachín de la túnica de mangas anchas.
Li Linquan pudo ver con total claridad que, antes de que la red de relámpagos siquiera tocara a su oponente, a este se le erizaron todos los vellos del cuerpo. Su espada de hierro negro comenzó a vibrar de forma casi imperceptible.
Sin dudarlo, Li Linquan invirtió el movimiento de su espada en retirada y la lanzó con fuerza hacia adelante.
Se convirtió en un brillante destello de relámpago azur que siguió el camino de la red directo al rostro de su enemigo.
En ese mismo instante, el hombre de la túnica holgada y corona con crestas realizó un corte horizontal con su espada de hierro.
Aquel golpe tan simple pareció cortar la unión de qi vital de la red fantasmal. El relámpago crepitante se disipó de golpe, dejando el aire limpio otra vez.
Un instante después, la hoja golpeó la mano con la que Li Linquan sostenía el arma.
La espada de relámpago azur cayó sin fuerza al suelo. Li Linquan abrió los ojos de par en par mientras veía cómo la hoja de hierro se alzaba y se lanzaba directo a su garganta.
Se incorporó de golpe en la cama, jadeando en busca de aire.
El resplandor del atardecer llenaba el cielo a través de la ventana. Adentro, las mesas y las sillas permanecían sumidas en la penumbra.
Li Linquan se llevó la mano derecha a la frente y la sintió cubierta de un sudor frío.
Recordaba haber tenido una pesadilla, pero la mayoría de los detalles ya se le habían borrado de la mente.
Vagamente, recordaba haber luchado contra alguien que lo había atacado durante docenas, tal vez cien movimientos, sin haber tenido la necesidad de defenderse ni una sola vez. Él apenas había podido seguirle el ritmo, absolutamente incapaz de devolver un solo golpe.
—Esa esgrima... —Li Linquan frunció el ceño, sintiendo todavía el miedo rondándole el pecho.
Logró recordar algunos movimientos sueltos. Parecían los golpes más ordinarios con variaciones conocidas; sin embargo, tras darles vueltas en la cabeza unos instantes, saltó del sofá, corrió descalzo hacia un espacio despejado de la habitación y desenvainó su espada para ponerse a practicar.
«Este es el siguiente reino de esgrima con el que tanto he soñado... No, ¡es un reino que va más allá!»
Pero cuanto más practicaba, más se desanimaba. No conseguía atrapar esa sensación, y mucho menos entender los principios que la gobernaban.
A medida que la emoción inicial se disipaba, Li Linquan volvió a fruncir el ceño.
«¿De verdad soñé todo esto por mi cuenta? ¿O será que alguien entró a mi sueño usando un arte de sueño para ponerme a prueba con su espada?»
No obstante, jamás había oído hablar de ninguna secta en Gran Zhao con un linaje de artes de sueños que poseyera una esgrima tan extraordinaria...
Abrió la puerta, llamó a una doncella y le preguntó en voz baja:
—¿Quiénes están de visita en la casa ahora mismo? ¿Qué anomalías físicas tienen?
Se suponía que la Casa del Hilo de Colores debía guardar esa información con recelo. Sin embargo, al ver la belleza deslumbrante de Li Linquan, su rostro pálido y fatigado, y sus ojos ligeramente desorientados, la doncella sintió una profunda compasión por él.
«Le diré todo lo que quiera saber...», pensó ella y, bajando la voz, le describió a cada uno de los huéspedes que conocía.
«Ninguno encaja... ¿Entonces nadie entró en mi sueño?». Li Linquan se dio la vuelta y regresó al cuarto.
Incapaz de evitarlo, volvió a repasar los fragmentos de esgrima que recordaba.
«¿Sería posible que mis reflexiones estando despierto se hubieran trasladado al sueño, permitiéndome superar cada barrera mientras dormía? ¿O acaso un inmortal entró en mi sueño para enseñarme una esgrima divina?». Cuanto más intentaba recordar, más borroso se volvía todo. Le fue imposible reconstruir el combate.
La frustración lo invadió por completo. Lamentó amargamente no poder recordar más detalles.
—Esgrima enseñada por inmortales... Esgrima enseñada por inmortales... —murmuró Li Linquan, mirando con la vista perdida hacia el Río Hengbo tras la ventana, cuyas aguas reflejaban los colores del atardecer.
\*\*\*
En el baño, Ding Songyan derivo de nuevo el Qi Verdadero de la Llama de Vela, se acercó al tubo de bambú y se lavó las manos.
Sintiéndose relajado, se puso a reflexionar sobre el combate que acababa de librar en el sueño.
«La Espada de la Luz del Trueno que Parte el Cielo es realmente impresionante, pero también fue el enorme talento de Li Linquan lo que sacó a relucir todo su potencial... Es otro de esos luchadores que prefieren atacar antes que defenderse. Verse obligado a responder a ochenta y un movimientos consecutivos no debe de haber sido nada agradable para él... Menos mal que todo pasó en un sueño y duró poco tiempo. De lo contrario, el Quinto Xie habría terminado tocando la puerta para preguntarme si me había ahogado en mierda... Li Linquan es sin duda apuesto y masculino, pero tiene un encanto bastante particular en cada uno de sus gestos. Y con esa piel tan clara que tiene... Tch, el Maestro Xiaozhang hizo un trabajo increíble al capturar aunque fuera un poco de ese atractivo tan difícil de explicar en su retrato... Entrena artes marciales y pelea incluso cuando duerme, y encima tiene ese carácter tan explosivo. Su verdadera personalidad no pega para nada con su apariencia...»
Ding Songyan se secó las manos con un paño de seda, salió del baño y regresó a su asiento en la mesa.
Retomando la conversación que habían dejado a medias, le preguntó a Xie Fengchao con curiosidad:
—Cuando alcanzas el Reino del Hombre Celestial, ¿puedes reprimir los rasgos que obtuviste por consumir cosas como la hierba Yao?
—Sí —respondió Xie Fengchao con total seguridad, y luego agregó—: Aunque si ya te provocaron cambios físicos permanentes, no creo que puedas ocultarlos del todo.
—Entiendo, eso está bien —comentó Ding Songyan, quedándose pensativo por un momento.
—¿Por qué? ¿Acaso tú también quieres comer hierba Yao? —bromeó Xie Fengchao.
—No me hace falta —respondió Ding Songyan mientras alzaba su copa, la chocaba contra la de Xie Fengchao y se la tomaba de un trago.
Xie Fengchao sonrió entre dientes.
—Sé que no la quieres para ti. Lo que pasa es que, cuando te cases y tu esposa alcance el Reino del Hombre Celestial, le vas a buscar algo de hierba Yao para guardarte toda esa belleza solo para ti, ¿a que sí?
No mencionó ningún nombre por respeto; la reputación de una dama era algo delicado y, ni siquiera en broma, se debía hablar de ella a sus espaldas.
—En realidad, solo tenía curiosidad por saber si las características que dan las hierbas divinas y las frutas inmortales se pueden manifestar y ocultar a voluntad —explicó Ding Songyan.
—¿Lo ves? Ni siquiera lo negaste —se rio Xie Fengchao, dejando escapar un suspiro después—. Alcanzar el Reino del Hombre Celestial es mucho más difícil que llegar al Reino del Dharma. Yo solo me atrevo a soñar con eso...
—¿Y qué es la juventud sin un poco de ambición desmedida? Te toca beber tres copas de castigo por eso —dijo Ding Songyan chasqueando la lengua.
Xie Fengchao no protestó. Dejó que la joven a su lado le llenara la copa y se tomó las tres seguidas.
Durante el resto de la noche, las cuatro jóvenes se turnaron para sentarse junto a ellos, charlando y bromeando, mientras las demás tocaban sus instrumentos y cantaban a su lado.
Sin darse cuenta, la noche se les vino encima. Secándose la boca con un paño de seda, Xie Fengchao preguntó:
—Yang Shiduo también se ha ganado bastante fama aquí en la Capital de la Llama, ¿no te enteraste? ¿Por qué no lo invitaste para que se nos uniera a tomar vino y escuchar música?
—El Examen de Gracia de la Orquídea es dentro de solo dos meses y tengo varios asuntos que resolver. No quiero arrastrarlo a nada que pueda perjudicar sus posibilidades en el examen marcial. Lo iré a visitar una vez que resuelva todo eso o cuando termine el examen —explicó Ding Songyan de forma breve.
Se refería al asunto del Camino del Mal Acumulado. Ding Songyan no tenía mucho de qué preocuparse si el Espíritu Malévolo Fei Biru o alguien de su estilo lo ponía en la mira. Xie Fengchao estaba en una posición similar gracias al respaldo de su clan. Yang Shiduo, en cambio, sería mucho más vulnerable si terminaba metido en ese embrollo.
Xie Fengchao no indagó sobre lo que Ding Songyan planeaba hacer. Simplemente sonrió y dijo:
—Si surge algo interesante, avísame. Conozco esta ciudad como la palma de mi mano.
Luego, cambió de tema:
—Xing Chang está sirviendo en el Ejército de la Guardia Izquierda, custodiando el Campamento Zhukou. No puede salir sin permiso y solo le dejan venir a la ciudad un día al mes. Si quieres tomarte algo con él, vas a tener que atinarle justo al día en que tenga libre.
Ding Songyan asintió y se puso de pie antes de que Xie Fengchao pudiera hacerlo. Con una sonrisa, comentó:
—Bueno, ya se acabó el ambiente. Vámonos a casa.
—¡Hey, esa es mi frase! —se levantó Xie Fengchao riéndose.
«¿Acaso no me la copiaste a mí en primer lugar?», pensó Ding Songyan, lanzándole una mirada burlona al Quinto Xie.
Al salir de la Casa del Hilo de Colores, Xie Fengchao se subió al carruaje que lo esperaba en la calle y partió con elegancia hacia la residencia de la familia Xie.
En la Capital de la Llama abundaban los carruajes de alquiler, que cobraban unas cuatro monedas de plata por kilómetro.
Ding Songyan prefirió caminar y recorrer las calles de la Capital de la Llama a altas horas de la noche.
A su paso dejó atrás bulliciosos mercados nocturnos, con hileras de faroles iluminando ambos lados de las avenidas.
Mientras examinaba el terreno y memorizaba cada calle y callejón, Ding Songyan observaba a los transeúntes. La gente caminaba en grupos o conversaba alegremente en parejas; muy pocos andaban solos.
Los pasajes y callejones que conectaban los mercados nocturnos permanecían serenos y en absoluto silencio.
«Me pregunto si la Hermana Mayor ya habrá recibido la carta que le escribí antes de venir a la Capital de la Llama...». En medio del frío viento de otoño y bajo la suave luz de la luna, los pensamientos de Ding Songyan se desviaron lejos.

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La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 207
Estás leyendo el capítulo 207 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 18 de septiembre de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.