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Leer La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 171 online gratis en español

🏴 Grupo: Limitless - Derk10✍️ Traducción: Limitless - Derk10
Con un jadeo ahogado, Bai Zhaolin finalmente sintió las verdaderas emociones de Ding Songyan. Poco después, exhaló su último aliento. Murió con los ojos abiertos de par en par y la cabeza caída hacia un lado, resentido con su propio destino. «¿Perdí? ¿Así, sin más? La Estrella Calamitosa en lo Alto de verdad me mató...». En medio de la noche oscura, Ding Songyan contempló el alma fantasmal que flotaba frente a él con el rostro en blanco y preguntó en voz baja: —¿Quién te dijo que vinieras a la Montaña del Lago Alpino a desafiar a mi maestra justo en este momento? Bai Zhaolin tenía motivos de sobra para retar a Tao Wenshu a un duelo a muerte en cualquier oportunidad. Sin embargo, que lo hiciera coincidir con la operación de los Dos Rostros resultaba demasiado sospechoso. El fantasma de Bai Zhaolin, teñido de un verde enfermizo, se retorció de dolor. Tras varias respiraciones, respondió: —Fue el Mal Sin Medida, Sun Feiyang, el Enviado del Mal del Camino del Mal Acumulado. Aquel hombre encabezaba a los Diez Enviados del Mal. Era un Gran Maestro de Resonante con el Espíritu de primer rango y se decía que tenía probabilidades de alcanzar el Reino del Hombre Celestial. En la Clasificación de las Nueve Prisiones, ocupaba el séptimo lugar en la Prisión del Dios Malévolo. Aquel registro clasificaba a los Grandes Maestros heterodoxos tanto por su fuerza como por sus actos atroces. «El Mal Sin Medida, Sun Feiyang...». Ding Songyan memorizó el nombre. Tal como imaginaba. Volvió a interrogar al fantasma: —¿Fue el Soberano Demonio Tan Guanchan quien le ordenó a Sun Feiyang que te buscara? —No lo sé —respondió el fantasma sacudiendo la cabeza. Era evidente que no quería tocar el tema. Si contestaba con la verdad era solo por el temor que le infundía la técnica Desterrar Demonios y Ahuyentar el Mal, pero no ofreció más detalles. —¿Por qué le hiciste caso al Camino del Mal Acumulado? —presionó Ding Songyan. El alma de Bai Zhaolin habló con dificultad: —Hace varios años vi a Tao Wenshu luchar contra alguien y me di cuenta de que no era rival para ella. Incluso si alcanzaba el Reino del Dharma perfeccionado, a lo sumo podría sacarle un empate. Pero no podía renunciar a mi venganza. Soñaba a menudo con mi padre gimiendo y maldiciendo... ¿Cómo podía yo, su hijo, pretender que nada de eso había pasado? —En su momento juré que no formaría una familia hasta haberlo vengado. Sin embargo, para un artista marcial, perder la confianza no solo debilita la fuerza, sino que estanca el cultivo. Fue entonces cuando Sun Feiyang me encontró. Me dijo que la Estrella Calamitosa en lo Alto, un movimiento del Arte de Espada de las Estrellas Celestiales tenía un defecto fatal: si chocaba contra una técnica poderosa capaz de invocar una calamidad real, se volvería parte de esa misma calamidad y se giraría en contra de quien la ejecutara. —Sun Feiyang también me dijo que tenía una copia de Cielo y Tierra en Calamidad. Compartía origen con la Estrategia de las Ocho Tierras Salvajes de Viento y Lluvia de mi familia, pero contenía la variación de Calamidad Sobre el Cielo y la Tierra que a nuestro arte le faltaba. Me aseguró que podría dominarla en tres años y que, mientras no la usara, Tao Wenshu jamás sospecharía que poseía semejante técnica. «La Maestra no lo anticipó, pero yo sí. Como nunca había oído hablar de la Estrategia de las Ocho Tierras Salvajes de Viento y Lluvia, no tenía idea de si incluía o no esa variación... La experiencia pasada puede nublarte la vista y distorsionar tu juicio», suspiró Ding Songyan para sus adentros. Tras pensarlo un momento, volvió a preguntar: —¿Qué más te pidió hacer el Camino del Mal Acumulado? —Aparte de seguir sus instrucciones sobre cómo retar a Tao Wenshu a un duelo a muerte, jamás me pidieron nada más. Yo solo quería venganza. ¡Nunca cometería actos malévolos! —Aun después de muerto, a Bai Zhaolin le importaba demasiado su reputación. «Je. En cuanto las autoridades confirmen que colaboraste con el Camino del Mal Acumulado, tu reputación quedará arruinada para siempre y la familia Bai sufrirá la misma vergüenza...», se burló Ding Songyan en su mente. Las respuestas de su rival le confirmaban varios puntos. «El Camino del Mal Acumulado se le acercó hace cuatro años, le entregó Cielo y Tierra en Calamidad y lo preparó para acabar con la Maestra. Eso significa que todo este plan no se puso en marcha por mi culpa...» «Si la adivinación fuera tan poderosa, ¿qué necesidad habría de la separación entre el cielo y la tierra?» «Incluso el Maestro Yan, que era un experto en la materia, mostró límites evidentes...» «Si no me buscaban a mí, su objetivo era la Maestra y la Secta Noche-Brillante. ¿Por qué el Soberano Demonio no actuó en persona?» «Para un Maestro Supremo del Reino del Hombre Celestial, destruir la Secta Noche-Brillante sería difícil mientras los ortodoxos mantengan una ventaja tan clara. Sin embargo, matar a una Gran Maestra abrumada por los asuntos de la secta y con una ruta predecible debería ser bastante viable. Tan Guanchan solo tendría que haber aguardado en un punto estratégico del camino...» «¿Acaso no quería que nadie supiera que el Camino del Mal Acumulado estaba detrás de esto para no revelar su verdadero propósito?» «¿Y cómo podría un Dos Rostros infiltrarse en la Secta Noche-Brillante si mucha gente aquí posee las Pupilas de Vela y Estrella?». Ding Songyan dejó de lado esas cavilaciones y buscó un último dato: —¿Hace cuántos años te contactaron por primera vez? —Hace cuatro años —respondió el alma de Bai Zhaolin con total sinceridad. Reprimiendo el impulso de seguir indagando, Ding Songyan extendió a Sombra Gélida y atravesó el cuello del cadáver. «No puedo dejar que el alma de Sable Sombra del Viento se disipe todavía. Debo interrogarlo de nuevo ante las autoridades para proteger la reputación de la secta». \*\*\* Salón de las Diez Mil Estrellas, recinto de luto. Xue Xian echó un vistazo a la profunda oscuridad de la noche y preguntó desconcertada: —¿Qué clase de ofrenda fue a buscar el Hermano Menor Ding? Ya lleva tres días enteros fuera. Zheng Zhuxi observaba el brasero encendido frente a ella. Alimentaba el fuego con papel moneda mientras hacía todo lo posible por contener el temblor de su voz: —Quizá lo retrasó algún imprevisto. Debería estar de vuelta en uno o dos días. «¿Por qué no ha regresado aún? ¿Acaso no alcanzó a Bai Zhaolin, o le pasó algo en el camino...? No, estará bien. Es demasiado astuto... ¿Y si terminó herido? ¿Dónde estará ahora...?» Al no notar nada raro en la expresión de Zheng Zhuxi, Xue Xian guardó sus dudas y siguió velando a su lado. Dos horas después, Yan Jingxian entró al salón y le hizo una seña a Xue Xian para que fuera a descansar y regresara al amanecer. La Gran Maestra miró la tablilla conmemorativa negra y el dolor volvió a embargarla. Se arrodilló junto a Zheng Zhuxi, quemó algunas ofrendas de papel durante un rato y comentó: —Las oficinas del condado y de la prefectura no han dado con el paradero de Bai Zhaolin. Piden que enviemos a discípulos hábiles en el arte secreta de la Orientación de la Osa Mayor para ayudarlos. Por cierto, ¿aún no hay noticias del Sobrino Marcial Ding? Otra punzada de angustia le atravesó el pecho a Zheng Zhuxi, pero se obligó a responder: —Quizá esté esperando a que Bai Zhaolin se recupere de sus heridas antes de atacar. Yan Jingxian miró a su sobrina y suspiró suavemente: —Si me lo dijeras de cualquier otro, te creería, pero ese muchacho no parece de los que actúan así. Aun así, no te preocupes. Bai Zhaolin domina la Estrategia de las Ocho Tierras Salvajes de Viento y Lluvia y destaca por sus artes de desplazamiento. Es normal que el Sobrino Marcial Ding tarde varios días en atraparlo, esperando a que baje la guardia. —Entiendo —logró articular Zheng Zhuxi desde el fondo de la garganta. «Con el reino, la fuerza y el ingenio del Hermano Menor, aunque no consiga matar a Bai Zhaolin, dudo que se ponga en peligro...» «Pero ¿y si se topó con quien envió a Bai Zhaolin a la montaña... el Soberano Demonio Tan Guanchan?» «No, él ya debió haber previsto esa posibilidad. Le tiene tanto miedo a Tan Guanchan que, si viera la menor pista, se retiraría de inmediato a esperar una mejor oportunidad. Mientras los dos sigamos con vida, tarde o temprano le ofreceremos la cabeza de Bai Zhaolin a Madre. No hay necesidad de apresurarse...» «¿Y si el Soberano Demonio se ocultó cerca de Bai Zhaolin con alguna arte secreta, esperando a que alguien de la Secta Noche-Brillante fuera a buscar venganza...?» «Hermano Menor... Hermano Menor...». Apretó las ofrendas de papel y sintió un ligero temblor en las manos. Una neblina de lágrimas amenazó con nublarle la vista otra vez. Anhelaba ponerse en pie, seguir el rastro y descubrir la verdad, pero logró contenerse. Con la voz ronca de tanto llorar, le habló a Yan Jingxian en un murmullo aún más bajo: —Tía Maestra Yan, si el Hermano Menor no regresa para mañana por la tarde, por favor pídale al Tío Abuelo Maestro Wang que salga a buscarlo. Y dígale que tenga muchísimo cuidado. Podría haber alguien poderoso del Camino del Mal Acumulado cerca de Bai Zhaolin. —Haremos exactamente eso —asintió Yan Jingxian, que pensaba lo mismo. El silencio volvió a adueñarse del salón de luto, interrumpido solo por el silbido ocasional del viento al pasar sobre el brasero. Zheng Zhuxi se sentía cada vez más ansiosa y dominada por el miedo, aunque procuró no demostrarlo para no alterar a la Tía Maestra Yan. Cada parpadeo y cada respiración se convertían en una tortura. Solo deseaba que amaneciera pronto para que el Tío Abuelo Maestro Wang pudiera traer de vuelta al Hermano Menor Ding. Sin poder evitarlo, echó una mirada hacia el fondo del recinto y pensó en su padre. Durante los últimos tres días, Zheng Ziming se había quedado sentado junto al ataúd sin moverse de allí. Solo esa tarde, cuando los funcionarios cercanos subieron a presentar sus respetos, había salido a cruzar unas palabras con ellos. En ese momento se encontraba en el Patio de las Diez Mil Quebradas ordenando las pertenencias de su esposa. «A mí me cuesta contenerme al ver las cosas cotidianas de Madre y no puedo parar de llorar... ¿Cómo lo estará soportando Padre?». Sus pensamientos pasaron de su padre a su madre, y luego volvieron inevitablemente al Hermano Menor y a la preocupación que sentía por él. La vida era impredecible. Aunque confiaba plenamente en Ding Songyan, no podía evitar imaginar tragedias inesperadas y toda clase de escenarios horribles. El corazón le empezó a latir a toda prisa, se le secó la boca y hasta respirar le resultaba difícil. Tenía miedo de ver cómo traían de vuelta al hermano menor cubierto de manchas de sangre. Le recordaría el aspecto de su madre al morir, cuando ni la ropa negra lograba ocultar el rojo vivo de las heridas. Se le volvieron a enrojecer los ojos. Inhaló y exhaló hondo, valiéndose de la técnica de respiración más básica para calmarse. En medio de semejante tormento, percibió de pronto un alboroto a lo lejos. Era un ruido muy familiar: el sonido de los discípulos con más de un año en la secta cargando cubos de estiércol colina abajo. Aquello marcaba el comienzo de un nuevo día. Durante los últimos tres días, y a lo largo de incontables años atrás, esa rutina jamás se había interrumpido. Por un instante, Zheng Zhuxi se quedó aturdida, recordando su infancia. Cada vez que escuchaba ese bullicio, se levantaba de un salto, arrastraba su pequeña espada de madera al patio y se ponía a practicar las posturas más básicas. Aunque en ese entonces todavía no había templado formalmente su cuerpo, siempre era muy meticulosa. Tao Wenshu solía sentarse en un banco de piedra a mirarla, sonriendo con dulzura mientras le corregía con paciencia cada error... Más tarde, la acompañaba a la Cámara Prohibida Púrpura, se sentaba sola en un rincón a leer, escribir o jugar, y en cuanto su madre se liberaba un momento, corría a sus brazos a buscar mimos y charlar un rato... Aquellos recuerdos se presentaron ante ella con absoluta nitidez. Se le volvió a nublar la vista, velada por las lágrimas. Las gotas le rodaron por las mejillas una a una hasta caer sobre el papel moneda que sostenía y sobre el suelo de piedra frente al brasero. Afuera, el cielo comenzó a aclararse poco a poco y los primeros rayos del amanecer iluminaron el salón, pero ella no alcanzaba a ver nada con claridad. De pronto, percibió un leve olor a sangre y escuchó unos pasos que le resultaron sumamente familiares. Alzó la mirada por instinto hacia la entrada del Salón de las Diez Mil Estrellas. A través de la bruma de sus ojos, vio una cabeza cubierta de sangre con cuernos de cabra. Vio a su hermano menor con la ropa negra desgarrada y una expresión grave y apenada. Detrás de él, se desplegaba el cielo azul pálido del amanecer.
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La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) Capítulo 171

Estás leyendo el capítulo 171 de La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela), un novela. **Zhulong, el Dragón Antorcha.** El resultado de consumirlo: Abre el caos primordial; Ilumina las nueve tinieblas; Gobierna el día y la noche; Alterna las cuatro estaciones; Convoca el viento y la lluvia. **Xiangliu, la… Este capítulo tiene publicado el 24 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Limitless - Derk10. La Espada Ilumina el Gran Yermo (Novela) tiene 255 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.