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Leer La Carrera Perfecta (Novela) Capítulo 98 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Encontró a Livia esperándolo en el motel Deadland. Ryan condujo hasta el punto de encuentro en su Plymouth Fury, tras haber reparado su coche tras el destrozo del Land; aunque tuvo que ahogarlo con perfume para disimular el hedor del desguace. El mensajero se había cambiado su ropa habitual por una elegante chaqueta negra con un polo morado debajo, sin ningún color llamativo a la vista; a Darkling le habría encantado. Una lástima que no pudiera asaltar la fábrica de cachemira de Dynamis sin poner a la compañía en alerta máxima o iniciar una guerra con los Augusti. Tampoco podía usar el replicador de materia de Mechron sin que Alchemo liberara primero la computadora central. Claro, Ryan siempre podría haber gastado dinero, pero un traje de cachemira no se compró. Se lo arrebató, ya sea por fuerza o por ingenio. Livia también se había esforzado mucho en su apariencia, más de lo que Ryan jamás la había visto. Llevaba un elegante vestido sin mangas y brazaletes dorados, además de medias negras, tacones rojos y aretes dorados. Se había puesto una preciosa rosa carmesí en el pelo y delineado negro alrededor de los ojos; contrastaba bien con sus ojos color zafiro y el cabello plateado que le caía por la espalda. Aunque no podía compararse con su mejor amiga Fortuna en belleza, Ryan encontraba a Livia encantadora. Una verdadera princesa. Ella aún no lo había visto debido a la oscuridad, así que la observó de lejos un rato. Livia esperaba en el estacionamiento, con las manos juntas. Se removió inquieta y dejó escapar un largo y profundo suspiro como para calmarse. Ella no había visto cómo terminaría la cita y eso la ponía nerviosa. Ryan condujo hasta su lado, poniendo fin a su silenciosa agonía. Livia corrigió su expresión al notarlo, sonriendo cálidamente a su llegada. "¿Encargaste un carruaje de calabaza, princesa?", preguntó el mensajero al detenerse frente a ella. "¿Tu coche se convertirá en un vegetal a medianoche?", bromeó ella, sentada a su lado. Su perfume olía a rosa y fresa. "Solo quedan tres horas". Livia, puedo viajar en el tiempo. Puedo hacer que tres horas duren toda una vida. —No lo dudo —dijo ella, cerrando la puerta del coche—. Pero preferiría que me trajeras a casa antes de las dos de la mañana, o mi padre se enfadaría. "¿Nunca has pasado una noche sin dormir en la ciudad?", preguntó Ryan, divertido, mientras se alejaba por las calles de Nueva Roma. "Vaya, ya era hora de que entrara en tu vida". Livia se sonrojó un poco, avergonzada. «No estaba tan protegida», protestó. «Con mi poder, podía vivir momentos salvajes por poder, sin las resacas, la somnolencia ni los efectos secundarios que conlleva». “Mirar no es lo mismo que vivir”. "No, pero no disfruto mucho de las fiestas", admitió. "Prefiero momentos más sencillos con solo unos amigos. Cuanta más gente me rodea, más se me dispara el poder. Demasiadas interacciones a la vez". "¿Cancelar bloquea tus visiones?", preguntó Ryan, y su cita respondió con un breve asentimiento. "Entonces siempre podrías quedar con ella". Livia negó con la cabeza. "No me gusta Greta. Esa mujer es capaz de todo. Podría ser tan terriblemente violenta como Adam el Ogro, si tuviera alguna motivación". La hija de Lightning Butt frunció el ceño al acercarse a la carretera donde Ryan y Felix una vez se enfrentaron a su tía Pluto en una persecución. "¿Adónde vamos?" "Fuera", respondió Ryan. Parpadeó sorprendida. "¿Lejos de la ciudad?" Bueno, pensé que probablemente habías visitado todos los restaurantes de Nueva Roma, ya sea directamente o con tu poder. Pero hay un lugar en el que estoy seguro que nunca has estado. —¿A una hora en coche de Nueva Roma? —preguntó Livia con escepticismo, antes de sonreír con picardía—. Lo dudo. A menos que... a menos que pretendas sacarme de la ciudad para violarme en el desierto. ¿Trajiste un cinturón de castidad? Hace tiempo que no lo abro. La sonrisa de Livia se volvió tímida y juguetona. La joven no era tan inocente como pretendía. «Si mi padre te oyera, te habría matado». Tengo un pararrayos en el maletero. ¿Sabe tu padre que vas en coche con un mensajero apuesto? La sonrisa pícara de su cita fue una respuesta en sí misma. "¿Te dejaría salir con cualquiera?" —Solo un Augusti. Mi padre desconfía de cualquiera que no sea de nuestro clan. No dejaría que Félix se me acercara de nuevo, aunque... —Su sonrisa tímida se tornó agria. —¿Así que lo estás desobedeciendo mientras hablamos? —reflexionó Ryan, intentando distraerla de sus malos recuerdos—. Vives una vida peligrosa. Su cita se rió entre dientes, lo que Ryan interpretó como una buena señal. "No tanto como tú. Para ser justos, eres el primero que se atrevió a invitarme a salir. La mayoría de los hombres simplemente tienen demasiado miedo de intentarlo". Lo miró con cariño. "Esa es una de las cosas que me gustan de ti, Ryan. Te atreves a todo". —Aún no has visto nada —respondió, pisando el acelerador—. ¿Llevas puesto el cinturón de seguridad? “Sí, lo soy—” Se quedó sin aliento, sorprendida, mientras el Plymouth Fury corría por la autopista. Los cien kilómetros por hora se convirtieron en ciento cincuenta, mientras Ryan ponía la música principal de Mad Max 2 en la radio. Pasaron junto a dos coches, infringiendo todas las normas de seguridad vial. —¡Alto! —suplicó Livia mientras la velocidad seguía aumentando, con una mano en su brazo. Gritó al pasar junto a un coche tan cerca que casi lo rozan; aunque podía sentir los coches acercándose, no podía prever cómo reaccionaría Ryan si lo hiciera—. ¡Alto, loco! "¡Niños, no intenten esto en casa!", dijo el mensajero, usando breves paradas en el tiempo para evitar chocar con otros vehículos. El grito de miedo de Livia se transformó en risa, mientras la adrenalina corría por sus venas y el Plymouth Fury alcanzaba su velocidad máxima. Ryan había modificado su coche para superar los trescientos kilómetros por hora, y a esa velocidad, el mundo a su alrededor se volvió borroso. Otros coches se convirtieron en manchas de color, la carretera se convirtió en un túnel de luz. Si Ryan hubiera podido conducir su Plymouth Fury en lugar del Pandamóvil cuando Pluto fue a por su cabeza, Cruella jamás se habría acercado a su coche. Al sentir que estaban cerca de su destino, Ryan activó un botón oculto. El capó se abrió para revelar un dispositivo Genius, la punta de un acelerador de partículas. De él emergieron diminutas esferas de luz, expandiendo la realidad. "¿Has visto Regreso al futuro?" Ryan le sonrió a Livia. Respondió con un grito de pánico y euforia, mientras las partículas se tragaban el Plymouth Fury. Las estrellas cayeron en una lluvia de luz, y la realidad misma se transformó a su alrededor. El espacio se prolongó hasta hacerse añicos y el coche emergió al otro lado. Ryan frenó y el dispositivo se desactivó. El Plymouth Fury emergió de una nube de partículas para reducir la velocidad bajo cielos alienígenas, en una autopista sin coches. Livia dejó escapar un profundo suspiro mientras se recuperaba de la adrenalina. Solo entonces Ryan notó que su mano izquierda sujetaba con fuerza la derecha de él; debió de haberla agarrado instintivamente cuando alcanzaron la velocidad máxima. El pulgar de Ryan rozó sus cálidos dedos y Livia apretó más fuerte a cambio. "¿Estás bien?", le preguntó el mensajero. En lugar de responder, ella rompió el contacto y le dio una palmada en la cabeza. "¡Ay!" —Estás loco... —Livia soltó una risa nerviosa al bajar la tensión—. Eso fue una locura, Ryan. “Tendremos que hacerlo de nuevo, en el camino de regreso”. —Dios mío —sonrió, recuperando el aliento—. ¿Alguna vez sacaste el carnet de conducir? “Ahora, no pidas demasiado”. Livia rió entre dientes y miró por la ventana. Sus ojos se abrieron de par en par al ver el mundo que los rodeaba. Mientras aún estaban en la carretera, auroras púrpuras habían invadido el cielo nocturno. Las auroras boreales brillaban con el resplandor de las estrellas, y en ellas se vislumbraban imágenes de lugares extraños. Mares de mercurio, nubes de hielo flotante, relámpagos verdes atravesando un espacio negro y vacío. La carretera estaba desierta, salvo por el Plymouth Fury, y parecía interminable. El terreno que la rodeaba se había convertido en un desierto rojo, aunque se podía ver otra carretera a lo lejos. Incluso la temperatura había subido, de fría a cálida y reconfortante. “¿Qué es este lugar?” preguntó Livia mientras salían del coche, asombrada. Un lugar angosto. Una anomalía espacial natural, por así decirlo. —Ryan se dirigió al maletero, donde guardaba la cena—. Lo apodé el Camino de Medianoche. “Veo a otras personas”, dijo Livia, señalando dos siluetas en la segunda carretera. —Somos nosotros. —Ryan levantó la mano, y la silueta en la carretera lejana lo imitó—. ¿Lo ves? —No. —La Princesa Augusta tenía lágrimas en los ojos—. No, no veo nada. Ella no estaba hablando de sus ojos. Al final, se sentaron al borde de la carretera, con los pies colgando sobre el desierto. Ryan le ofreció a Livia una caja de sushi y palillos para acompañarla. "¿El espacio se pliega?", preguntó su cita después de secarse las lágrimas, mirando la otra carretera a lo lejos. —Sí —respondió Ryan con la boca llena de pescado—. La carretera se extiende por treinta kilómetros y luego da la vuelta. Es más corta por los lados. —¿Tú creaste este lugar? —preguntó Livia, saboreando un Futomaki con el ceño fruncido—. ¿O lo construyó otro Genoma? Ryan negó con la cabeza. «Es un fenómeno natural, aunque se necesita tecnología Genio para acceder a él. Las dimensiones de color están por encima de nuestras realidades, más allá del espacio y el tiempo como la mayoría de los humanos lo entienden, pero también hay otros reinos laterales. Siguen la misma línea temporal que la nuestra». “¿Entonces este es un universo alternativo?” —No diría eso. Es... es más como una cueva dentro de una montaña, solo que la montaña es la realidad de la Tierra. Un lugar donde el espacio-tiempo se pliega debido a anomalías gravitacionales o electromagnéticas. —Ryan observó las auroras púrpuras sobre sus cabezas—. Creo que este lugar está cerca del Mundo Púrpura. Como un reino fronterizo entre nuestro universo y la gran encrucijada del espacio y el tiempo. —No puedo observar nada dentro de las dimensiones de color, excepto la Azul —adivinó Livia—. Por eso tampoco puedo detectarte, ya que existes en dos dimensiones a la vez. Ryan asintió, antes de notar que su cita no parecía entusiasmada con terminar su plato. "¿No te gusta la comida?" —Lo siento... —Sonrió avergonzada—. Lo odio. A Ryan se le encogió el corazón. "¿Odias la comida japonesa?" —No me gusta el sushi. —Livia negó con la cabeza tímidamente—. Lo siento. ¡Maldita sea, sabía que debería haber elegido comida francesa! A nadie le disgustaba la comida francesa, excepto a los británicos y a los verdaderamente malvados. —Pero me encanta el lugar y el gesto —le aseguró Livia de inmediato al ver su rostro abatido—. Compensa con creces la comida. —Tendré que recargar ahora —se quejó Ryan—. La fecha no es perfecta. —No, Ryan, no —protestó Livia, poniéndose seria al instante. Le puso una mano en el brazo y se la apretó fuerte—. No, no, por favor. Es porque este momento es genuino que lo disfruto tanto. —Tranquila, era broma —la bromeó Ryan, rozándole la mejilla con el dedo índice. Se sonrojó tanto que se le formó una raya escarlata bajo los ojos—. Aunque tienes una sonrisa de infarto. Livia estalló en carcajadas, casi escupiendo la comida. El sonido de su voz reconfortó el corazón cansado de Ryan. "¿Esa frase para ligar funciona alguna vez?", preguntó con una amplia sonrisa. “Más de lo que crees.” —Pero no conmigo —dijo ella, mientras él retiraba la mano—. Tendrás que hacerlo mejor. Podrías arrepentirte. Inventé frases tan poderosas que algunos países las ilegalizaron. Su cita puso los ojos en blanco y se atrevió a poner a prueba su jactancia. "Entonces demuéstrame que me equivoco". En lugar de responder con palabras, Ryan apartó los platos de sushi y agarró a Livia por la cintura. Su acompañante soltó un grito de sorpresa al levantarla rápidamente y sentarla en su regazo. No pesaba casi nada; sus pies colgaban en el vacío. —¡Ryan! —se rió Livia, tan roja que el mensajero se preguntó si se desmayaría de la vergüenza—. ¡Esta vez te estás pasando! —Vamos, mi regazo se siente mejor que el hormigón de la autopista interdimensional. —Rodeó a Livia con los brazos y la abrazó fuerte, con la cabeza apoyada en su hombro—. ¿A menos que Su Majestad prefiera un asiento más noble? Debería mandarte azotar por tu insolencia, pero tengo la sensación de que podrías disfrutarlo. “Tendría razón, señora.” La princesa de la mafia rió con ganas, aceptó el Trono de Romano como su asiento y se acomodó. Reclinó la espalda contra el pecho del mensajero, quien sintió el latido acelerado de su corazón bajo la piel. Aunque el rubor que le cruzaba el rostro se había transformado en un ligero rubor, Ryan supo que la situación era nueva para ella. Solo había salido con Félix, quien nunca se había sentido tan cómodo con el contacto físico como el mensajero. "¿Puedes llegar a estos lugares?" Livia señaló con un dedo los espejismos alienígenas en los cielos, imágenes de mundos alienígenas, diferentes a la Tierra. —A algunos —confirmó Ryan—. A otros los visitaré algún día. —Llévame contigo cuando lo hagas —le ordenó, con voz de reina—. Para compensar tu atrevida transgresión. “¿Y si cometo un crimen tras otro?”, bromeó. —Quizás te castigue, o quizás no —respondió Livia con timidez, poniendo sus manos sobre las de él. Se sentían cálidas y reconfortantes al tacto, como las de Jasmine—. ¿Cómo supiste de estos lugares tan estrechos? ¿Te topaste con uno por accidente? —Me enteré de ellos mientras investigaba física de partículas en Suiza. —Ryan se estremeció—. No vayas a Mónaco. —¿Qué está pasando en ese lugar? —preguntó con curiosidad—. Mi poder no me lo mostrará. No he oído que nadie que vaya allí regrese, pero dijiste que viviste una vida plena allí. —Camarones y caviar —respondió Ryan con tono sombrío. Incluso ahora, ambos le causaban TEPT—. Camarones y caviar, hasta que no puedas más. —Eso no explica nada. —Livia frunció el ceño, percibiendo su inquietud—. Algo pasó aquí. Algo que te hirió profundamente. El primer instinto de Ryan fue negar la verdad, pero su mirada firme lo disuadió. "Yo...", el mensajero se quedó en silencio, pues había vivido con este secreto como una piedra alrededor de su tobillo, como una bola con cadena. Nunca se lo había dicho a nadie, cargando con esa cruz a través del tiempo. Nadie lo habría entendido. Pero ella lo haría. Podía verlo en sus ojos. Livia había observado vidas enteras a través de su poder, por lo que le había contado. No podía comprender el peso que él soportaba, pero podía imaginarlo. —Te dije que pasé allí toda mi vida —se desahogó Ryan—. Quise decir toda mi vida. Livia adivinó la verdad. Su expresión se transformó en una de horror, mientras se tapaba la boca con una mano. "No." Ryan miró hacia el desierto de otro mundo debajo de la carretera, sin pronunciar palabra. —¿Por eso siempre dices que eres inmortal? —La mirada de Livia se suavizó con compasión—. ¿Lo sabe Len? —No. —La pequeña ya tenía suficientes cargas sobre sus frágiles hombros, y sus propios fantasmas—. Eres la única. "¿Tú..." La vidente se mordió el labio inferior, como si temiera continuar. En ese momento, Livia le recordó mucho a Ryan a Len. Compartían el mismo corazón bondadoso, a pesar de todas las dificultades. "¿Tenías... familia?" “Yo… nunca me atreví”, confesó. “Si… si mi sincronización hubiera sido mínima durante la concepción, entonces nacería un niño diferente en cada vuelta. No habría sobrevivido. No mentalmente.” —Perdón por preguntar eso —se disculpó Livia. Giró la cabeza y le tocó la barbilla para que la mirara—. Yo... La vidente luchó por encontrar las palabras adecuadas para consolarlo, hasta que lo encontró. “He visto otras vidas que podría haber vivido con Félix”, confesó Livia con tristeza y arrepentimiento. “Envejecer juntos, tener hijos. Vi estas posibilidades, pero no pude hacerlas realidad. No fingiré que entiendo por lo que pasaste, porque…” Dejó escapar un breve suspiro. “Porque ver no es vivir”. “Pero sabes lo profundo que es el dolor”. —Sí, lo hago. —Le rozó la mejilla con la mano—. No tienes que sufrir solo, Ryan. Ahora... ahora ya no tienes que sufrir más. Te ayudaré con tu carga, lo juro. —Gracias. —Le tomó la mano izquierda y la besó con galantería. Ahora que la tenía, Ryan podría llevar a otros a través del tiempo. Podría forjar amistades duraderas, tal vez incluso una familia. El mensajero por fin podría crear un futuro feliz—. Te devolveré el favor. —Ya lo hiciste —admitió Livia, con un tono tan cansado como él—. He tenido este poder durante casi una década y media, Ryan. La verdad es que nunca he vivido tanto tiempo sin él desde que era niña. Es... refrescante, pero también aterrador. Lo entiendo. Me siento así cada vez que Cancel entra en escena. Mi poder puede ser un fastidio, pero es reconfortante. Al final, el Elixir de Ryan había intentado ayudar. La entidad había permanecido al lado de su humano durante siglos, compartiendo sus dificultades y victorias. «He pensado que lo mejor que podía ofrecerte... era lo inesperado». “Fue un regalo maravilloso.” Livia guardó silencio, contemplando el horizonte alienígena. Algo también la preocupaba. Ryan adivinó qué. "Has visto a tu padre librar una guerra en el futuro". Ryan, este es un momento maravilloso. No lo arruinemos con mis penas. —¿Creía que ya te había adelantado con las confesiones sombrías? —preguntó, apretándole la cintura con más fuerza y rozando su cuello con la mejilla—. Seamos sinceros, nunca encontraremos mejores terapeutas que el uno para el otro. Livia rió entre dientes, aunque sonó agridulce. «Sí, lo he visto», admitió con pesar. «Una noche, soñé que Félix irrumpía en mi habitación montado en un semental blanco y me llevaba lejos de esta ciudad. Era el sueño tonto de una niña, pero esperaba que algún día se hiciera realidad». "¿Te conformarías con un caballero con servoarmadura?", bromeó Ryan. "Los láseres son las nuevas espadas". —¿Sabes que Dynamis tiene sables de luz? —le preguntó Livia juguetonamente—. Quizás deberías conseguir uno. Uno azul. “¿Y tú eliges el rojo, Reina Carmesí?” —Me encanta el lado oscuro —bromeó su cómplice—. Pero te prefiero del lado de los ángeles. "Vamos, nos divertimos muchísimo en nuestra carrera Meta". Aunque el final fue mucho más sombrío de lo esperado. —Sí, pero por mucho que intentes ocultarlo, Ryan, tu verdadero yo se trasluce. Tu yo bueno y gentil. —Su sonrisa se desvaneció—. Lo que papá planea hacer... lo detendré, te doy mi palabra. “Te ayudaré.” —Ya lo hiciste, más de lo que crees. Más de lo que deberías. —Livia lo miró a los ojos—. No tienes que ir más allá, Ryan. —No, no quiero —convino él, mirándola a los ojos con determinación—. Pero quiero. Se miraron fijamente durante minutos, y Ryan vio múltiples emociones en los ojos azules de Livia: sorpresa, compasión, alegría, gratitud... y algo más. Algo más profundo e intenso. —Deberíamos irnos —dijo Ryan—. Ya es más de medianoche. —Todavía no —respondió su cita, mirando al cielo—. Quedémonos un poco más. Se sentaron allí en un cómodo silencio, observando las auroras. Al final, Ryan llevó a Livia de vuelta al Monte Augusto. Se detuvo ante la valla fortificada que rodeaba la colina, justo cuando el reloj daba las dos de la mañana. "Puntual, princesa", dijo el mensajero, mirando a su compañero Genoma. "Entonces, ¿cuál es mi opinión sobre la fecha? ¿Diez sobre diez, doce y media sin contar la comida?" No respondió. Livia había pasado todo el viaje de regreso sin decir palabra, con la cabeza apoyada en la palma de la mano y la mirada perdida por la ventana. Quizás lamentaba que su poder Azul volviera a funcionar. Ryan se aclaró la garganta, un poco avergonzado por el silencio. "¿Livia?" —Necesito mostrarte algo —negó con la cabeza, mirando por la ventanilla del coche hacia la cámara del portal. Tras un minuto de espera, las puertas se abrieron—. Si quieres. Ryan tenía una idea bastante clara de lo que le esperaba, pero necesitaba estar seguro. "¿Entiendes que tu padre lo sabrá?" Livia lo miró a los ojos y él comprendió. Ella había tomado esa decisión por su padre, sabiendo las consecuencias. Fue un acto de rebelión. Ryan condujo el Plymouth Fury hacia la villa en la cima del Monte Augusto. Vio guardias protegiendo la propiedad, pero no les prestó atención. Finalmente, aparcó su coche cerca de la entrada de la casa y salió con Livia. La princesa Augusta lo condujo a la villa por la puerta principal, sin decir palabra. Aunque estaba oscuro dentro, conocía el lugar como la palma de su mano y los guió por pasillos blanqueados. Lightning Butt había diseñado su casa como una auténtica villa romana, mostrando una obsesión por las estatuas y pilares de deidades de mármol que rozaba lo patológico. Ryan no prestó mucha atención a su alrededor. Su mirada permaneció fija en la espalda de Livia mientras la seguía. Podía ver escalofríos en sus hombros desnudos, su cuerpo repleto de ansiedad y tensión. Finalmente, lo condujo a una habitación con una gran puerta roja. El vidente se quedó paralizado unos segundos, exhaló profundamente y la abrió. Ryan entró en una habitación casi tan grande como sus apartamentos de lujo, cuando trabajaba para Il Migliore. A diferencia del resto de la villa, esta había sido decorada con un estilo más moderno. Cuadros de ciudades, familias sonrientes y maravillas naturales cubrían las paredes, junto a estanterías llenas de libros polvorientos. Una ventana blindada ofrecía vistas directas a una hermosa terraza exterior y a una cama king size alineada contra la pared. Livia se sentó en el colchón sin decir palabra tras cerrar la puerta y juntó las manos. No miró a Ryan, con la mirada fija en el suelo. Tenía la cara roja, la respiración entrecortada y parecía aterrorizada de hacerle una sola pregunta. Ryan se aclaró la garganta. «Livia…» “¿Quieres besarme?” preguntó dócilmente mientras lo miraba, temerosa de su reacción. Sus labios se encontraron con los de ella y ella no dijo otra palabra durante el resto de la noche. Ninguno de los dos lo hizo.
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Estás leyendo el capítulo 98 de La Carrera Perfecta (Novela), un novela. Ryan «Quicksave» Romano es un excéntrico aventurero con un extraño poder: puede crear un punto de guardado en el tiempo y rehacer su vida cada vez que muere. Al llegar a Nueva Roma, la deslumbrante capital del pecado de… Este capítulo tiene publicado el 19 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Carrera Perfecta (Novela) tiene 130 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.