Leer La Carrera Perfecta (Novela) Capítulo 85 online gratis en español
🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Érase una vez, Ryan y Jasmine estaban sentados en un taller y planeaban hacer una armadura capaz de destruir el cuartel general de Dynamis.
Esa promesa ahora se cumplió.
"Tienes dos navajas automáticas ocultas bajo los brazos y torretas láser en los guanteletes", explicó Vulcan mientras ayudaba a Ryan a ponerse la servoarmadura. Darkling se deslizaba al fondo, esperando a que comenzara el experimento. "Como pretendes entrar a la fuerza en el cuartel general, he añadido un bláster de pecho de propulsión nuclear".
“¿Chernóbil?”, preguntó Ryan con entusiasmo, mientras su compañero genio reforzaba las juntas de la armadura con un destornillador.
—Sí. Si la explosión no los mata, el cáncer sí —respondió Vulcan con una sonrisa, mientras agarraba el casco de la armadura—. ¿Qué?
Ya lo había oído todo antes. «Yo también quiero lanzacohetes».
“No”, dijo inmediatamente.
“Oh, vamos…”
Hablas como un niño, y no hay suficiente espacio para más armas. Además, la explosión podría lanzarte hacia atrás si no estás bien sujeto al suelo.
"Lo tendré en cuenta", respondió Ryan, ya imaginando maneras de abusar de esa función. "¿Vulcan?"
“Sí, ese es mi nombre.”
"¿Por qué las orejas de conejo?" preguntó Ryan, señalando con un dedo blindado el casco.
Con un diseño mejorado mediante múltiples bucles, la servoarmadura de Vulcan era una maravilla tecnológica. Un exoesqueleto de aleación ligera y flexible, se adaptaba a la forma de Ryan como una segunda piel. Su brillante color púrpura la hacía imposible de ignorar, tal como le gustaba al mensajero. Sus servos aumentaban la fuerza del portador, pero la armadura era lo suficientemente ligera como para no afectar su movilidad. Una mochila reforzada contenía una versión en miniatura del Cronorradio, con cerebro artificial incluido, que debería permitir al mensajero transferir una mente a través del tiempo. Desafortunadamente, incluso trabajando con Alchemo, Shortie no había encontrado la manera de llevar a más de una persona.
Sin embargo, la parte más extraña de la armadura era, sin duda, el casco. De él surgían dos largas antenas que, combinadas con las lentes naranjas, le daban el aspecto de una cabeza de conejo robótica. Ryan sabía que tenía algo de temática de liebre, pero esto era demasiado. Demasiado.
—Las antenas optimizan tu conexión con la dimensión de la que tu poder extrae el Flujo Violeta —dijo Vulcan encogiéndose de hombros mientras le ponía el casco a Ryan—. El cerebro artificial de la armadura recopilará datos para ayudarte a comprender mejor tu poder.
Ryan echó un vistazo a la habitación que los rodeaba, el colisionador de partículas en miniatura del búnker. Una escarcha gélida llenaba esta cámara cónica, con las paredes cubiertas de filamentos biomecánicos que parecían telarañas. Un fluido plateado fluía por ellas y zumbaban como las venas de un ser vivo; solo una puerta blindada permitía el acceso a estas instalaciones.
La tecnología de Mechron había trascendido la carne y el metal para convertirse en algo más grande que ambos.
Este era el lugar donde la IA del búnker invocó a Darkling una vez. Quizás el Alquimista tenía una habitación así en la Antártida y la usó para llevar los Elixires al reino de los hombres. Ryan necesitaba un circuito para localizar y revisar esa base nevada.
Tenía la sensación de que encontraría allí muchas respuestas.
Los datos aparecieron en la lente del casco después de que el mensajero se lo pusiera, y la escena le recordó aquel fatídico bucle donde accedió al Mundo Púrpura. Sin embargo, su armadura actual era superior al prototipo. Incluía tecnología de varios Genios y componentes imposibles de reproducir sin el replicador de materia de Mechron.
Ryan tendría que volver a conquistar el búnker para fabricarse un traje nuevo. Algo más fácil de decir que de hacer.
"Ahora tenemos que encontrarle un nombre", dijo el mensajero. Ryan estuvo muy tentado de cambiarse el nombre a Maestro de Peluche, pero eso podría enfurecer a sus señores orejones. "¿El Rabinador?"
"Ese nombre apesta."
“¿Conejo blanco?”
—No es blanco, y se te dan fatal los nombres —dijo Vulcan, poniéndose las manos en la cintura mientras buscaba uno propio—. ¿Qué tal... la Armadura Saturno?
“¿Creía que los augustos tenían exclusividad sobre los nombres de los dioses romanos?”
Soy un olímpico, idiota, y digo Saturno. Quizás incluso podrías patearle el trasero a Augusto con él. ¿No sería genial?
—Sabes que Júpiter derrotó a Saturno, ¿verdad? —Claro que sí, Ryan se dedicaba a repetir las batallas perdidas hasta ganarlas—. ¿Qué tal Cronos?
Esta armadura es mía, así que la llamo Saturno. —Le dio un golpecito en la nuca—. Entonces, ¿probarás el acelerador de partículas y después será hora de atacar?
—Sí. Livia había regresado con su padre, en parte para asegurarse de que no se involucrara, y sobre todo para guardar los mapas cerebrales en un lugar seguro. Ryan no podía permitirse ponerla en primera línea, ya que la necesitaba viva para transferir su mente a través del tiempo.
Len cuidó de los niños, usando batisferas para alejarlos antes de que la situación se complicara. Alchemo había creado una copia de la mente de su hija, aunque no le explicó por qué, y ahora tenía dificultades para hacer lo mismo con el sarín. El Genio teorizó que sus recuerdos estaban codificados en su estructura molecular, no en neuronas, y por eso los registró; Ryan necesitaba encontrar una solución especializada para la biología única del sarín.
"¿Quieres venir?" Ryan le preguntó a Vulcan, casi ansioso.
—Claro que sí —dijo con una sonrisa—. Aunque la zorra los dejara, tengo cuentas pendientes con los corpos.
—Es hora... —La inquietante voz de Darkling hizo que Vulcan girara la cabeza bruscamente hacia él—. Abre... la puerta...
—Maldita sea, nunca me acostumbro —dijo el Genio, examinando el Elixir Negro—. Me encantaría estudiarte a fondo.
“Me han… estudiado… mucho más tiempo del que imaginas…”, respondió el shoggoth con un dejo de frustración en la voz. Si recordaba todos los bucles de Ryan, probablemente había pasado años atrapado en una botella. Quizás incluso décadas. “He esperado… demasiado.”
—Bueno, entonces conservaré los datos —dijo Vulcan encogiéndose de hombros, antes de salir de la habitación por la puerta blindada y dejar al shoggoth solo con el mensajero.
“¿Estás… listo?” le preguntó el Elixir Negro a Ryan.
—Claro, pero no entiendo por qué me necesitas en la habitación —dijo el mensajero—. El portal funcionó bien sin mí cuando las máquinas de Mechron te atraparon en nuestra dimensión.
“Necesitaré… tu ayuda… para estabilizarme…” La entidad alienígena parecía tener dificultades para encontrar las palabras adecuadas en el lenguaje humano. “Estás conectado… con el Mundo Púrpura… la encrucijada del espacio y el tiempo… e incluso con otros mundos…”
Ryan miró sus manos blindadas. "¿Todo el espacio y el tiempo?"
La distancia… el pasado y el futuro… son ilusiones. Todo está conectado.
Tan crípticamente útil. La voz de Vulcan resonó en el acelerador de partículas. "¿Listo para romper las leyes de la física?", preguntó.
“Hagámoslos llorar”, respondió Ryan.
Vulcan puso en marcha el acelerador de partículas; el fluido plateado pulsaba con electricidad. Las paredes giraban alrededor de Ryan y Darkling, cada vez más rápido, hasta que empezaron a difuminarse. La gravedad se volvió más ligera y los pies del mensajero se despegaron lentamente del suelo.
Relámpagos de colores recorrieron el fluido plateado y se extendieron por toda la habitación. Los rayos rebotaron en la armadura de Ryan o impactaron en la viscosa superficie de Darkling. La electricidad cambió de color siguiendo un extraño patrón: de rojo a naranja, de amarillo a verde, de azul a violeta.
Flujo.
El relámpago se volvió blanco cegador por un breve instante, y luego se volvió negro como la noche más oscura. En lugar de extenderse en todas direcciones, los rayos se concentraron en un solo punto en el centro de la habitación, formando una esfera. Un punto oscuro no más grande que un pulgar, un agujero negro en la mismísima realidad.
—Demasiado pequeña... —Los múltiples ojos de Darkling se fijaron en la esfera con esperanza y temor—. Ábrela...
"¿Cómo lo hago?" preguntó Ryan, con dificultad para oír el slime gigante por encima del sonido del trueno.
“Tú eres la llave… abre la puerta.”
Ryan miró la esfera y, en un momento de curiosidad científica, la tomó en sus palmas. Sus dedos temblaron al hacerlo, una fuerza invisible recorriendo su carne y huesos.
Cuando sus manos acorazadas tocaron la esfera, todo su cuerpo se estremeció; el elixir en sus venas reaccionó al poder sobrenatural. Sus pulgares se hundieron en el agujero negro, cuya superficie se movió como el agua. Ryan sintió un frío intenso y primordial dentro de aquel diminuto portal.
El mensajero activó su poder y el tiempo se ralentizó. Su armadura siguió proporcionando datos incluso mientras el universo se tornaba púrpura y partículas violetas flotaban a su alrededor. Un rayo negro atravesó el acelerador de partículas incluso en el tiempo congelado, colisionando con las partículas de Flujo Violeta.
El tejido del universo se desgarró bajo la presión del poder de Ryan, y su control sobre el portal se hizo más firme. El mensajero extendió los brazos y la puerta se ensanchó. La esfera creció lentamente, del tamaño de una pelota de tenis al de una de fútbol.
Ryan notó que una figura aparecía en el rabillo del ojo: Violet Flux, un espectro humanoide que corría hacia él. Aunque el fantasma parecía correr hacia el mensajero, avanzaba lentamente, a solo unos centímetros por segundo. Cuanto más se acercaba, más definidos se volvían sus rasgos; el mensajero notó un sombrero de mago con forma de chaqueta.
«Soy yo», se dio cuenta Ryan. Su otro yo en el Mundo Púrpura, convergiendo hacia su línea temporal. Siempre intentando alcanzar el presente. La armadura aumentaba su poder lo suficiente como para que pudiera observar su funcionamiento con detalle.
Si el fantasma alcanzara a Ryan, crearía un nuevo punto de guardado.
“El momento es ahora…” dijo Darkling, con una voz que rebosaba de una emoción demasiado humana: esperanza. “Hazlo… hazlo ahora.”
Y con un último empujón, Ryan abrió la puerta del Mundo Negro.
El portal se transformó en un disco de dos metros de diámetro, una grieta en el espacio-tiempo. Rayos de luz coloreados formaron un halo en su borde, como el horizonte de sucesos de un agujero negro; una puerta a un mundo de oscuridad infinita.
Ryan contempló este abismo durante segundos que parecieron interminables. Las energías del portal interferían con su poder, impidiendo que su otro yo lo alcanzara. El tiempo mismo se volvió inestable, y eso asustó al mensajero. El Mundo Negro existía más allá del tiempo, más allá de la razón.
Y aún así… lo atrajo como una polilla a la llama.
Ryan recordó cómo Geist y Bacchus vislumbraron dimensiones superiores y anhelaban volver a contactarlas; al igual que Mechron se había obsesionado con crear un portal hacia la fuente de su poder, según los archivos del búnker. El mensajero nunca entendió por qué, hasta ahora.
Un poder divino habitaba dentro de cada dimensión coloreada e invitaba a los humanos a acercarse.
"Sígueme."
Ryan miró a Darkling, quien se deslizaba impaciente hacia el portal. La anomalía temporal no lo afectó en lo más mínimo. "¿Dónde?"
“Al otro lado.” La forma del Elixir consciente cambió, su líquido flotando en el aire, dejando tras de sí un montón de huesos humanos corroídos. “El Supremo Negro liberará tu espíritu... de este caparazón carnal. Tu mente ya no estará atada... por la gravedad y las moléculas. Te mostraré lugares... lugares que ni siquiera puedes imaginar. Te liberarás... de los tormentos de la causalidad.”
Ryan miró al fantasma morado, que se acercaba cada segundo. "Si hago eso, los dejaré a todos atrás".
Pero dentro del Mundo Negro… nada está prohibido. Podrías volver a verla.
¿Jazmín?
Una persona que pudo haber existido, pero nunca lo hizo. Una imposibilidad que desafiaba todas las leyes del tiempo y el espacio. Una mujer que solo podía existir en un lugar imposible.
"No", se dijo Ryan. Tenía esperanza por primera vez en siglos, y necesitaba salvar Nueva Roma de la aniquilación. Había hecho demasiadas promesas que no podía romper. "No, no puedo..."
Su voz salió del portal.
“Una vez fui un héroe.”
La cabeza de Ryan se giró bruscamente hacia el abismo y la oscuridad impenetrable que se extendía tras él. Habló con otra voz, el eco de alguien que se había ido hacía mucho tiempo.
“Dios nos puso en la Tierra por una razón”, dijo un hombre desde el otro lado. “Un día, te darás cuenta de que la roca no es tu enemiga. Es tu amiga”.
"¿Simón?", preguntó Ryan, recordando una conversación trascendental de siglos atrás...
No, no era Simón. Era solo un eco provocado por el Mundo Negro, un señuelo para atraerlo.
Y sin embargo... y sin embargo, esta dimensión existía más allá del tiempo y el espacio. ¿Podría quedar algo más que un eco al otro lado? ¿Un remanente de iteraciones canceladas?
—Todo lo que has borrado... —susurró Darkling—. Puedes hacerlo existir de nuevo... una paradoja.
—¿No puedes llevarme también a dar un paseo? —La voz de Félix—. Cuando regreses en el tiempo, Ryan, lo olvidaré. Volveré a estar enojado y amargado con ella. Su muerte no significará nada.
Ryan podría traerlos de vuelta a todos, si cruzaba el umbral. Tal vez encontrar a un Len con quien las cosas salieron bien, o a algunos de los innumerables hombres y mujeres que dejó atrás. Personas que había amado y odiado, conocido y recordado. Amigos y seres queridos que ahora solo existían en sus recuerdos.
El abismo tentó al mensajero con dulzura. Algo al otro lado lo llamaba, le suplicaba que dejara atrás esa dolorosa realidad por una mejor. Una donde ya no sufriría y donde su maldición finalmente pudiera terminar.
Pero…
La mirada del mensajero se desvió hacia el fantasma de su pasado, alcanzándolo. Pensó en todas las promesas que hizo, en todas las personas que confiaron en él. Eran menos que los miles de millones que borró, pero seguían vivas. No podía abandonarlas, ni siquiera por una oportunidad de ser feliz.
Tanto el negro como el morado lo atrajeron en una dirección diferente y Ryan no pudo decidirse.
Entonces el abismo volvió a hablar, hundiendo sus garras en la mente del mensajero.
“Aunque desaparezca… prométeme que no me olvidarás.”
El mensajero siguió a Darkling al Mundo Negro.
El calor de la dimensión terrestre se desvaneció, reemplazado por un frío absoluto y gélido. Aun así, se sentía extrañamente reconfortante.
El Mundo Negro era más oscuro que el abismo más oscuro, y aun así Ryan podía ver cosas moviéndose en su interior. Ecuaciones vivientes que habían cobrado vida propia; un uróboros devorándose la cola, sin perder nunca su masa; realidades innatas que ni el tiempo ni la profundidad dominaban.
Este reino arcano tenía un corazón palpitante, una gran oscuridad de tamaño insondable. Un agujero negro que hacía que el del centro de la Vía Láctea pareciera una mota de polvo. Una entidad cuya mera atención podría borrar a Ryan de la existencia, si no se contuviera conscientemente.
El negro definitivo.
Había enviado las voces para comunicarse con Ryan, como un humano intentaría imitar el lenguaje de una hormiga. La entidad había escuchado el deseo del mensajero y lo concedería a su manera.
La forma de Darkling cambió, de la de un slime a… algo más. Algo que le dio dolor de cabeza a Ryan al mirarlo. Una esfera con extremos triangulares y ojos recursivos, alas prismáticas y geometrías imposibles. Una entidad que no podía existir en la realidad de la Tierra y que ahora podía recuperar su verdadera forma.
Este lugar también cambió a Ryan. Sus manos parecían aparecer y desaparecer, sumiéndose en una oscuridad sobrenatural un instante y volviendo a la normalidad al siguiente.
El mensajero era una criatura de leyes físicas, de moléculas y órganos. Este lugar carecía de lógica, de reglas que lo constreñiran. La armadura de Saturno mantenía su forma por ahora, un caparazón que protegía su esencia, pero la oscuridad la consumiría. Ryan perdería su forma física, olvidaría el concepto mismo de una forma y ascendería a algo más que humano.
Algo gratis.
"No te vayas, Ryan."
La voz era la del propio mensajero.
Ryan miró hacia atrás; el portal no era más que una estrella solitaria rodeada por el oscuro vacío del espacio. Una figura de luz violeta había dejado de correr y, en su lugar, esperaba al otro lado como un niño abandonado.
—No puedo seguirte más allá de esta puerta —suplicó el fantasma púrpura con la voz de Ryan—. Si cierras la puerta... nos separaremos para siempre.
"Eres mi Elixir", comprendió Ryan, y su voz resonó a su alrededor. "Mi punto de guardado".
—Soy tu otra mitad. El poder que yace en tu interior. —El fantasma le extendió la mano a Ryan, pero no pudo cruzar el portal—. Si asciendes, ya no serás humano. Te convertirás en un habitante de este reino oscuro y no regresarás.
—No quiero volver. —Ryan hizo una breve pausa; una capa de hielo crecía en su armadura por el frío. Darkling esperaba a su lado, silencioso como una lápida—. Ya he vuelto demasiadas veces.
—Lo sé —dijo el fantasma, disculpándose—. Y lo siento. Cuando nos unimos, miré en tu interior. Intenté comprender lo que querías, cumplir tu mayor deseo.
—Entonces, ¿por qué me diste este poder? ¿Por qué sigues reviviéndome, incluso cuando muero de viejo?
Porque pensé que este poder te haría feliz, Ryan. Eso es lo que todos los Elixires quieren para sus humanos. Ayudar. Aunque a veces no se nos dé muy bien. Eres tan diferente a nosotros...
—¡Si quieres que sea feliz, deja de traerme de vuelta una y otra vez! —gruñó Ryan, desahogando siglos de amarga desesperación—. ¡Déjame descansar!
El fantasma hizo una pausa, su voz rebosante de genuina tristeza. «No puedo, Ryan. No puedo impedir que regreses. No puedo deshacer el deseo que pediste cuando nos unimos, ni cambiar sus parámetros».
—Entonces sabes por qué debo irme. —El aliento de Ryan se convirtió en hielo, la oscuridad lo absorbió por completo. El Supremo Negro le indicó que cerrara el portal y abandonara la Tierra para siempre—. Simplemente... simplemente duele. Incluso ahora... incluso ahora, dejaré gente atrás. Incluso con esa tecnología y toda esta ayuda... extinguiré incontables vidas.
Incluso con su poder divino, Ryan no pudo salvar a todos.
“La muerte… la muerte no existe en el Mundo Púrpura, por eso fascina al conejo. Es inocente como un niño, como yo lo fui una vez.” El fantasma mantuvo la mano extendida, aún con la esperanza de que su compañero regresara. De vuelta al dolor de la inmortalidad. “Los humanos mueren, pero siguen adelante, incluso sin tu poder. Querías regresar al pasado, cambiar el presente. Este fue el deseo que pediste.”
El portal pareció tambalearse y la conexión se debilitó.
“Pero ahora puedes seguir adelante”, argumentó el espectro. “Puedes dejar de mirar al pasado y mirar al futuro. Crear nuevos recuerdos y momentos más felices. Puedes envejecer, tener hijos. Encontrar la paz”.
Ryan suspiró. «Ya me siento viejo».
—Pero ya no envejecerás solo —argumentó el Elixir—. Nunca has estado solo, Ryan. Siempre he estado contigo, aunque no pudieras oírme. Cada vez que tropezabas, te ayudaba a levantarte. Cuando entraste al Mundo Púrpura, fui yo quien le rogó al Supremo que te ayudara. Porque me importas.
Cuidado.
Otros lo apreciaban. Len había luchado a su lado incontables veces, incluso después de todo lo que Ryan le había costado. Livia depositó su confianza en él, tal como él apostó por ella. Se había hecho amigo de Félix, Fortuna, Jamie y tantos otros. Sarin y otros locos habían depositado sus esperanzas en él, precisamente en él.
Si Ryan dejaba la Tierra, la condenaba. La dejaría en manos del Peluche, de Bloodstream y de Augustus para que la devastaran. Abandonaria a Len para que sufriera, a Livia para que se quedara con su padre, a Felix para que enfrentara su destino y a Nueva Roma para que ardiera.
Pero si volviera...
"No los volveré a ver si regreso", dijo Ryan con pesar. "Toda la gente que dejé atrás. Si logro recrear su esencia en este lugar, quizás pueda traerlos a través del portal..."
Si usas la Oscuridad para resucitar a los muertos, sufrirán. Como tu amigo, serán paradojas en un universo inadecuado para ellos. Una existencia de pura agonía. El espectro negó con la cabeza, mientras el portal se encogía lentamente. Deja que los muertos descansen, Ryan. Tu lugar está con los vivos.
Ryan miró a Darkling y al colosal agujero negro. Nadie se movió para contener al mensajero, y ningún eco del pasado lo tentó aún más.
La decisión fue suya.
Él…
...
No pudo quedarse.
Su Elixir tenía razón: no pertenecía a los muertos. Su lugar estaba con Len, Livia y todos los que confiaron en él. Aunque doliera... aunque doliera, Ryan tenía que dejar atrás el pasado.
—Lo siento, Darkling —dijo Ryan, volviéndose hacia el amistoso shoggoth—. No puedo quedarme aquí.
—Entiendo —respondió la entidad con una voz extraña pero comprensible.
¿No estás enojado?
“El negro es paradoja… libertad de todas las leyes… la capacidad de decir no a todo. Incluso a sí mismo.” El horror sobrenatural hizo una breve pausa. “Cuando estés satisfecho con lo que has logrado y desees acabar con todo… te esperaré aquí.”
—Gracias —dijo Ryan, señalando a la criatura con la cabeza—. Adiós, Darkling.
“Adiós… mi amigo.”
Ryan dio un paso, y aunque no había terreno para caminar, cruzó la distancia con el portal en un instante. El propio Mundo Negro se doblegó a su voluntad, concediéndole su deseo.
El mensajero cruzó la puerta antes de que se cerrara y regresó al acelerador de partículas. «Bienvenido a casa», dijo su otro yo.
El mensajero canceló su poder antes de que él y su otro yo pudieran tocarse, antes de que se formara un nuevo punto de guardado. El tiempo se reanudó de inmediato y el portal se desvaneció en la nada. Las partículas violetas se desvanecieron, y el mensajero se quedó solo en el acelerador de partículas; el único testigo de ese extraño contacto con el más allá.
"¿Funcionó?" La voz de Vulcan resonó en la habitación.
En respuesta, Ryan activó su poder y congeló el tiempo. El mundo se volvió morado y el espectro violeta reapareció en el borde de su visión.
“¿Puedes hablar?” preguntó el mensajero.
No hubo respuesta. El espectro siguió moviéndose en dirección a su doble, pero no emitió ningún sonido. Quizás la comunicación directa solo había sido posible gracias a la interferencia del Mundo Negro. Ryan extendió una mano acorazada hacia su doble, como si quisiera alcanzarla, y se quedó paralizado al instante.
Partículas negras flotaron fuera de su cuerpo, junto a las violetas.

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La Carrera Perfecta (Novela)
Capítulo 86
La Carrera Perfecta (Novela) Capítulo 85
Estás leyendo el capítulo 85 de La Carrera Perfecta (Novela), un novela. Ryan «Quicksave» Romano es un excéntrico aventurero con un extraño poder: puede crear un punto de guardado en el tiempo y rehacer su vida cada vez que muere. Al llegar a Nueva Roma, la deslumbrante capital del pecado de… Este capítulo tiene publicado el 19 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Carrera Perfecta (Novela) tiene 130 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.