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Leer La Carrera Perfecta (Novela) Capítulo 20 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
Hace cuatro años. Len Sabino se despertó en un colchón, la habitación fría y gélida. El agua goteaba del techo de madera y la lluvia golpeaba la ventana. Los truenos resonaban a lo lejos; la tormenta se acercaba. A pesar del ruido, Ryan dormía profundamente junto a ella, roncando casi tan fuerte como los relámpagos. —Oye, Riri, ¿estás durmiendo? —susurró, pero el chico no respondió. Ryan era bastante mono cuando dormía, y negaba por completo lo de los ronquidos. Len recordó el día en que ella y su padre lo encontraron entre los escombros de una aldea destruida por saqueadores. Se había escondido en el sótano, mientras toda su comunidad perecía, con el ganado arrebatado. Si ella no hubiera rebuscado en su casa buscando provisiones, Len quizá nunca habría conocido a Ryan. Permanecieron juntos durante años, siempre juntos. Sobrevivieron a las Guerras, a las matanzas de papá, a los saqueadores y a los Genomas. Siempre juntos, incluso compartiendo la misma cama. Eran hermanos en todo menos en el nombre... aunque ella deseaba que pudieran ser algo más, aunque le daba vergüenza decirlo en voz alta. Nunca tuvo novio, no entendía cómo funcionaban estas cosas. Ojalá él diera el primer paso. Len echó un vistazo a la habitación. Solía ser una especie de pabellón de caza cerca de los Alpes, una silenciosa casa de madera en una empinada ladera. Los lugareños debieron de haberla abandonado hacía unos años, ya sea expulsados por saqueadores o dirigiéndose hacia las ciudades en reconstrucción en busca de protección. Todos hablaban de Nueva Roma cada vez que ella conseguía hablar con alguien ajeno a su familia sin la intervención de su padre. Como Ryan no despertaba, Len se levantó de la cama en pijama y registró la habitación. Su compañero había dejado sus pantalones en una silla, y aunque no fue agradable, la chica revisó sus bolsillos. El Elixir Azul pareció brillar cuando un rayo cayó justo afuera del dormitorio. Habían pasado semanas desde que salieron de Venecia, y hasta ahora papá no había notado las pociones. Había dejado a los niños solos hacía tres días, para rescatar cosas por los alrededores. Esperaba que no matara a nadie esta vez. Len sabía que su padre volvería. Ryan deseaba que no lo hiciera. Le temía, lo odiaba. Len lo entendía. Papá era… difícil. Ya bebía demasiado después de que mamá los dejara por su otra familia, pero siempre hizo todo lo posible por criar a Len y a su hermano. Cuando Cesare murió durante el bombardeo, algo se rompió dentro de papá y nunca regresó. Los Elixires habían sido la gota que colmó el vaso, obligándolo a descargar su dolor en los demás. Pero a pesar de todo, él seguía siendo su padre. Len observó la poción con una mezcla de miedo y esperanza. Sabía cómo reaccionaría papá una vez que la bebiera, pero... Los elixires azules hacían a la gente más inteligente. Genios. Mechron bebió uno e inventó robots asesinos y láseres orbitales. Si le diera un poder inteligente, tal vez podría crear una cura para papá. Devolverle la normalidad. Convertir a su grupo en una verdadera familia, en lugar de... de lo que fueran ahora. Len dudó, miró brevemente a Ryan y luego se dirigió a otra habitación de la cabaña. El garaje, en la parte trasera. El lugar era un completo caos, un almacén donde los antiguos habitantes guardaban todo lo que encontraban. Libros, piezas de coche, herramientas, lámparas... incluso una nevera vieja y una lavadora fuera de uso. Sin embargo, tenía un taller, quizás usado para despellejar animales de caza. Como la electricidad no funcionaba, Len tuvo que encender una vela para ver y calentarse. Se sentó detrás del banco de trabajo y examinó el elixir. El receptáculo no contenía ninguna advertencia ni información aparte de su símbolo en forma de hélice. Sería un salto a lo desconocido. Una inyección directa la asustó, así que decidió ingerir la sustancia directamente. Había visto a papá hacerlo antes, así que debería funcionar. Respirando larga y profundamente, Len sacó la jeringa y bebió la poción entera. La sustancia sabía diferente a todo lo que había probado. Mezclaba la textura del agua salada con sabores extraños, ni dulce ni salado, ni ácido ni amargo. El líquido no tenía ningún componente natural. Más extraño aún, la sustancia se fusionó con su carne. Al beberlo, el elixir desapareció antes de llegar a su estómago; pasó directamente a su torrente sanguíneo a través de la lengua y la boca, evadiendo el proceso digestivo normal. En cuestión de segundos, Len se lo tragó entero. Durante unos segundos, no pasó nada. Len dejó la jeringa vacía en la mesa de trabajo, preguntándose si algo habría salido mal. ¿Acaso la edad había hecho que el elixir perdiera su potencia? Y entonces su mente se incendió. Una oleada frenética de inspiración divina se apoderó de Len, y las ideas fluían a su cabeza. Información pura y cruda llenaba su cerebro como un torrente de agua rompiendo una presa, expandiendo sus neuronas y cambiando por completo su comprensión del universo. No podía moverse; su consciencia se paralizó mientras luchaba por procesar una enorme masa de contenido nuevo. Su cuerpo se entumeció, una oleada de energía azul recorrió sus nervios, sus huesos, sus órganos. Fue breve pero intenso; todo su ser se alteró a un nivel fundamental. Mientras la mutación continuaba, Len entró en una especie de estado de fuga. El impulso de crear la poseía; su poder exigía ser usado, como un bebé que anhela nacer. Mientras la luz azul abandonaba su cuerpo, las manos de Len agarraron los restos del refrigerador, las herramientas, la lavadora y todo lo que tenía a su alcance. No supo cuánto tiempo permaneció en ese estado frenético. Quizás minutos, quizás horas. Durante ese tiempo, nada más importaba; ni papá, ni Ryan, ni el mundo. Solo necesitaba crear algo, lo que fuera. Cuando la oleada disminuyó y Len recuperó el control, transformó el refrigerador y las cosas sueltas en una especie de batisfera voluminosa. De alguna manera, la pintó de rojo, e incluso incorporó una hoz y un martillo rotos al diseño final; incluso en ese estado de fuga, su personalidad se había dejado notar. Comprendió la naturaleza de su poder, casi intuitivamente. Se resumía en una sola palabra. Agua. Su poder giraba en torno al agua. Cómo funcionaba. Cómo comprender la vida marina y cómo adaptar a los animales terrestres para sobrevivir bajo las olas. Cómo alterar el océano a escala mundial, cómo crear tecnología resistente a la presión de las profundidades marinas, cómo crear dispositivos capaces de causar tsunamis. Sabía qué criaturas vivían en los abismos más oscuros del planeta y cómo comunicarse con ellas. Su poder le proporcionaba toda la información que necesitaba, permitiendo que su propia creatividad llenara los vacíos. Para Len, quien siempre había amado el mar y las historias de Julio Verne, fue casi un sueño hecho realidad. Le hizo preguntarse si el Elixir otorgaba poderes según la personalidad de quien lo bebía, otorgándole una habilidad que le gustaría según el color seleccionado. Pero a pesar de todas sus maravillas, su poder no ayudaría a papá. ¡No ayudaría a papá! ¡No podía imaginar ninguna forma de curarlo, ni siquiera con su intelecto desarrollado! ¡Ni siquiera entendía cómo funcionaba su biología única, y mucho menos cómo lidiar con su locura! Podía construir submarinos, máquinas de tsunamis, dispositivos de control de agua, pero nada que la ayudara a comprender los elixires, ¡y mucho menos la locura que causaban! Y él... "Len." Len se giró hacia la puerta y Ryan entró al garaje todavía en pijama. Miró el mini-sándwich y luego la botella vacía; su boca no dijo nada, pero abrió mucho los ojos. —Tenía que hacerlo —dijo Len con la voz quebrada—. Tenía que hacerlo. No había condenación en su mirada, solo preocupación. "¿Valió la pena?" Len negó con la cabeza, derrotada, desplomándose en el banco. El impulso creativo la había dejado exhausta, como si hubiera corrido durante horas. Sintió su mano en el hombro. Levantó la cabeza hacia Ryan, quien le ofreció una cálida sonrisa. "Oye", dijo, señalando la batisfera. "Sigue siendo hermosa. Ahora puedes enviar peces a Siberia si se portan mal". El chiste malo salió de la nada, pero hizo reír a Len. "Eres horrible", respondió ella, y la tensión se disipó. "Debería enviarte a un gulag". “Ambos sabemos que sólo será una solución temporal”. —En serio —dijo Len con una sonrisa irónica—. Podríamos viajar. Puedo hacer un Nautilus con piezas de desecho... Oyeron que desde afuera se abría la puerta del albergue, con el candado quitado. ¿Len? ¿Cesare? —La voz de Bloodstream resonó por la cabaña junto con los relámpagos, mientras la mano de Ryan se tensaba sobre el hombro de Len—. ¿Dónde estás? ¡Tenemos que irnos! —Escóndete —dijo Ryan, con el pánico apoderándose de su voz—. Tienes que esconderte. —¿Adónde? —respondió Len con tristeza—. No hay adónde ir. ¡Tenemos que irnos, los sin techo se están rebelando otra vez! Mataron a mi clon en... Cuando Bloodstream entró al garaje, dejando huellas de sangre, Ryan se colocó delante de Len. El Psicópata observó a su hija sin decir palabra, mientras la sangre que cubría su cuerpo se movía como un océano embravecido. —Len —dijo papá, y su comportamiento cambió de repente de cálido a tenso—. ¿Qué estoy sintiendo? "Papá…" “¿Qué estoy sintiendo en tu sangre?” Ryan protegió a Len, como un caballero de brillante armadura que la protege de un dragón furioso. Pero a pesar de toda su valentía, no tenía espada. —Me has... me has mentido... —dijo Bloodstream con voz áspera y furiosa, convirtiendo sus dedos en garras—. ¡Le mentiste a tu propio padre! Len se quedó paralizada. De repente se sintió tan pequeña, el mundo tan frío y hostil. —¡El poder no es para ti! —gruñó papá furioso—. ¡Era para mí! ¡Siempre estuvo destinado para mí! ¿No lo entiendes, hija estúpida? ¡Lo tomé por ti! ¡Lo tomé para protegerte! ¡Protegerte de este mundo enfermo! —Lo sé... —se disculpó la Genio, bajando la mirada—. Lo sé. Fue su culpa. Si hubiera sido fuerte... si hubiera sido fuerte, papá no habría tenido que tomar esas pociones y transformarse en un monstruo. —Desde que tu madre nos abandonó, ¡era mi responsabilidad! ¡Mía! —Papá se tranquilizó, pero la amenaza en su voz solo aumentó—. Tienes que ser castigado. “Papá, por favor…” "¡No la toques!" Ryan intentó detener al Psicópata, pero Bloodstream simplemente lo apartó de un revés furioso, mandándolo al suelo. Su padre se acercó a Len con las manos en alto para estrangularla. Su hija cerró los ojos y no se resistió. Solo esperó lo inevitable. Pero nunca llegó. Abrió los ojos de nuevo y se encontró con el rostro inexpresivo de su padre. Con las garras a un centímetro del cuello de su hija, Bloodstream temblaba, como si padeciera Parkinson. —No... —Papá se sujetó la cabeza con ambas manos, luchando contra el dolor de cabeza—. No... ella no... Len no... No puedo... Puedo controlarlo... Puedo... Bloodstream se alejó del garaje, con sus últimos rescoldos de humanidad luchando contra la adicción al elixir. Papá desapareció dentro de la cabaña, y Len lo oyó golpearse la cabeza contra la pared en una habitación cercana. Ryan se había recuperado de la bofetada, y Len le extendió la mano para ayudarlo a ponerse de pie. "¿Estás bien?", preguntó preocupada. Le sangraba la nariz; no la de Bloodstream, sino la suya. —Sí —dijo, aunque visiblemente conmocionado—. Sí. —Fuiste muy valiente —intentó animarlo, sonrojándose un poco—. Fue muy heroico. En lugar de responder con palabras, la besó. Len jadeó al atraerla hacia sí sin previo aviso, rozando sus labios con los de ella. Fue un beso nacido del hambre, de un deseo primario de consuelo y contacto humano. Se sintió… Me sentí bien. Después de todo el miedo y la tensión, simplemente me sentí bien. Se separaron rápidamente al oír a papá entrar a rastras en la habitación, alejándose. Len no supo si fue por miedo a ser descubierto o por vergüenza. —Estoy... estoy bien... lo veo claro... —Bloodstream parecía más tranquilo, pero no mencionó el incidente. Ni siquiera reconoció a Ryan ni su lesión—. Ahora lo veo claro. Eres inteligente, Len. Ahora eres más inteligente. Puedes hacer cualquier cosa. —Sí, no, quiero decir —dijo Len, aclarándose la garganta con ansiedad—. No sé hacer nada, pero sí construir cosas. —Nos iremos —declaró Bloodstream de repente—. Me persiguen. Nos persiguen. Destruyen a mis clones y se acercan. Construirás un submarino y nos iremos. De todas formas, cada vez era más difícil encontrar buenos lugares donde refugiarse. “¿Dejar dónde?” preguntó Ryan con mucho cuidado. "¿Qué tal América?", respondió Bloodstream, uniendo las manos. "¡La tierra de las oportunidades, Hollywood! ¡Allí seremos estrellas, estrellas! ¡Como las Kardashian!" "Yo...", pensó Len. ¡Apenas sabían cómo estaban las cosas en Francia, y mucho menos al otro lado del Atlántico! "Ya veré, papá..." —Todo va a estar bien. —Len y Ryan se tensaron cuando papá les puso una mano en la cabeza, casi paternalmente—. Siempre estaremos juntos. En la actualidad Silencio y oscuridad. El fondo del océano era el lugar más tranquilo de la Tierra. Siempre se oían sonidos en la superficie. El canto de los pájaros. El viento en la hierba. Las bocinas de los coches. Los gemidos de las prostitutas y los adictos de Pueblo Rust. Aquí, en el abismo más profundo del mar Mediterráneo, Len estaba sola con sus pensamientos. A ella le gustaba así. Con una antorcha de plasma adaptada al entorno submarino y ataviada con su traje de buceo, la Genius trabajaba en la reparación del armazón exterior de la base. Algunas piezas de acero no habían soportado la presión de las profundidades marinas, lo que debilitó una parte del hábitat modular. Si bien había diseñado el lugar para que fuera altamente modular, con cada "casa" independiente de las demás, cualquier fuga podría causar un desastre en el futuro. Si algún día iba a albergar vida, tenía que ser perfectamente seguro. A salvo de los horrores y la oscuridad del exterior. Los antidepresivos embotaron la mente de Len, la dejaron insensible tras el ataque maníaco inicial, pero su poder le permitió concentrarse de todos modos. En todo caso, solo se sentía realmente feliz mientras trabajaba. Usar su poder la llenó de euforia y le proporcionó un sentido de propósito y dirección que le faltaba en la vida. Debe ser de noche sobre la superficie, pensó el Genio. Me pregunto... Incapaz de reprimir su curiosidad, Len activó brevemente su radio, escuchando una conversación sobre la superficie mientras trabajaba. “La existencia es subjetiva”. “¿Mm?” Incluso ahora, escuchar la voz de Ryan sobresaltó a Len y casi hizo que se le cayera la herramienta. —Tu pregunta, sobre si existo si puedes retroceder el tiempo. —Len no reconoció esa voz. Era nueva—. Nunca podremos saber que existimos, así que no hay una verdad objetiva sobre la existencia. ¿Aún lo estás pensando? —Sí. Es inquietante. “Eh, uno se acostumbra a la incertidumbre.” No, no lo hiciste. Ella no pudo. Len escuchó a escondidas la radio de Ryan un rato y luego la silenció. Lo había observado desde lejos el día después de su llegada a Nueva Roma, mientras estaba cerca de la costa. El Genio habría jurado que sabía que ella estaba cerca, y eso la hizo refugiarse bajo las olas. Ryan la estaba buscando. Llevaba años buscándola. Y ella no sabía qué decirle.
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Estás leyendo el capítulo 20 de La Carrera Perfecta (Novela), un novela. Ryan «Quicksave» Romano es un excéntrico aventurero con un extraño poder: puede crear un punto de guardado en el tiempo y rehacer su vida cada vez que muere. Al llegar a Nueva Roma, la deslumbrante capital del pecado de… Este capítulo tiene publicado el 19 de marzo de 2026, Traducido por el grupo Crowli. La Carrera Perfecta (Novela) tiene 130 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.