Leer La Bruja del Milenio (Novela) Capítulo 261 online gratis en español
🏴 Grupo: Nishino✍️ Traducción: Nishino
Al caer la noche, la Ciudad del Martillo de Hielo se sumió en un profundo silencio. Salvo por un par de calles de mercados nocturnos, un sosiego absoluto se apoderó del lugar. Las noches resultaban aún más frías que los días, y la mayoría de los residentes prefería la calidez de sus hogares al helado viento exterior, dejando las calles a los pocos guardias nocturnos que hacían sus rondas y a uno que otro borracho dando tumbos.
A la mañana siguiente, Yvette abandonó temprano la calidez primaveral de la Mansión del Humo de Nieve. Al pisar los caminos de piedra que habían sido barridos pero aún conservaban una fina capa de escarcha, se dirigió hacia una calle de la Ciudad del Martillo de Hielo conocida como la "Calle del Libro Viejo."
Aquel tramo estaba flanqueado casi en su totalidad por librerías, cuyos altos letreros de madera se mecían suavemente con el viento frío, emitiendo un crujido sutil.
A pesar de lo temprano de la hora, la calle ya contaba con varios peatones. Iban de una tienda a otra, y muchos llevaban consigo novelas románticas o historias de aventuras impresas en papel rústico. Quizá leían los libros por sí mismos o tal vez le pedían a alguien más que se los leyera en voz alta.
En una era con tan pocas distracciones, los libros representaban una de las formas de entretenimiento más importantes para la gran mayoría de las personas.
Sin embargo, el propósito de Yvette no era entretenerse. Ya tenía una colección de novelas almacenadas en su Cerebro del Alma para pasar el tiempo; algunas incluso habían sido redactadas por Abel, y dado que los protagonistas ya no estaban basados en la propia Yvette, podía disfrutarlas con cierta distancia.
Su verdadero objetivo era la investigación. Las profundidades del Campo de Nieve eran una extensión vasta y enigmática. Las leyendas hablaban de ruinas de una Súper Antigua Civilización ocultas bajo el permafrost y custodiadas por criaturas monstruosas. Sin la preparación adecuada, podría pasar justo por encima de una ruina sin siquiera percatarse de que estaba allí.
Tras unas breves consultas, encontró el camino hacia un establecimiento ubicado en una esquina, llamado la "Librería del Oso Blanco."
El letrero del local mostraba a un oso blanco adorablemente torpe. La librería tenía reputación de albergar una amplia colección de textos académicos sobre la geografía, la historia y los monstruos del Campo de Nieve, lo que la convertía en una parada vital para cualquier aventurero que pretendiera adentrarse en las heladas profundidades.
La librería estaba tranquila por la mañana. La tenue luz dorada del sol se filtraba a través de las ventanas, cayendo sobre el suelo de madera maciza y proyectando un halo suave sobre los lomos de las estanterías.
Una acogedora calidez la envolvió al empujar la puerta. Aunque una chimenea crepitante contribuía a la atmósfera agradable, la aguda observación de Yvette le indicó que gran parte del calor emanaba de los Cristales de Lava que brillaban con suavidad en un rincón, importados desde el sur.
Estos eran un producto exclusivo del Gremio Comercial del Mar del Sur. Como la organización comercial más influyente del Continente Oriental, el gremio era una empresa conjunta entre la Alianza del Sur y el Reino Dragón. Los Cristales de Lava, extraídos de la Isla Dragón, eran enormemente populares en el País de la Nieve.
Después de pagar una tarifa considerable para acceder a los archivos, Yvette, guiada por un empleado, retiró de un estante alto una enorme pila de tomos con páginas amarillentas y se acomodó en un rincón de lectura junto a la ventana.
Comenzó con los registros sobre los "Fantasmas de Escarcha", las mismas criaturas que el Profesor Evans citó como prueba clave para su teoría de que el Campo de Nieve fue el verdadero escenario de la Guerra del Juicio Divino.
Estas criaturas existían en dos estados. El primero era ordinario: yacían eternamente congeladas dentro del permafrost. El segundo estado, más peligroso, se daba dentro de las cavernas de hielo huecas en lo profundo del suelo, donde activos Fantasmas de Escarcha se agrupaban en grandes cantidades. De vez en cuando, encontraban conductos hacia la superficie y salían para convertirse en vagabundos del Campo de Nieve.
Al igual que los legendarios Demonios Profanados, los Fantasmas de Escarcha portaban una toxina corruptora similar. Una sola herida causada por sus ataques bastaba para transmitir la plaga, la cual se extendía por todo el cuerpo y transformaba a una persona o animal en otro Fantasma de Escarcha.
Sin embargo, existía una distinción crucial. La infección por un Demonio Profanado provocaba mutaciones físicas grotescas y el desarrollo de habilidades únicas y aterradoras. En cambio, quienes eran contaminados por un Fantasma de Escarcha no sufrían ninguna transformación física; simplemente se convertían en agresores sin mente que atacaban cualquier cosa a la vista.
Desde esta perspectiva, los Fantasmas de Escarcha parecían ser una versión diluida y más débil de los Demonios Profanados.
Se parecen muchísimo a las Aberraciones, pensó Yvette, asintiendo para sus adentros al coincidir con la evaluación del Profesor Evans.
Sin embargo, a medida que profundizaba en textos locales más antiguos del País de la Nieve, surgió una contradicción. Relatos dispersos sugerían que los Fantasmas de Escarcha podrían haber existido mucho antes de la Guerra del Juicio Divino de hace quinientos años, y algunos registros remontaban su existencia miles de años atrás, hasta la "Era del Declive."
En otras palabras, ¿podrían haber existido los Fantasmas de Escarcha antes del El Fin de los Días?
¿Acaso no fueron traídos por este, sino que eran más bien... remanentes?
Y de ser así, ¿estaba su existencia ligada a la caída de la Súper Antigua Civilización?
Una poderosa sensación de déjà vu la invadió. Dejando a un lado las inquietantes preguntas, Yvette dirigió su atención a los registros sobre los Piojos de la Nieve y los Gigantes de Escarcha.
Al igual que los Fantasmas de Escarcha, tanto los Piojos de la Nieve como los Gigantes de Escarcha eran criaturas de origen desconocido exclusivas del Campo de Nieve profundo. Los primeros se veían con poca frecuencia, pero cuando aparecían, lo hacían en enjambres aterradores. Exhalaban una niebla congelante, y se creía que la mayoría de las ventiscas de la región eran resultado directo de su respiración colectiva.
Los Gigantes de Escarcha, por otro lado, eran seres mágicos puros compuestos enteramente de elementos de hielo. Los avistamientos eran poco frecuentes, pero su poder resultaba aterrador. Un relato detallaba cómo un Mago Espadachín Superior que exploraba las profundidades del Campo de Nieve fue aplastado con facilidad por un Gigante de Escarcha.
Valía la pena señalar que el folclore local solía afirmar que los Gigantes de Escarcha eran guardianes del Reino Divino del Emperador de la Nieve. Según estas historias, atacaban a los aventureros para evitar que los mortales se acercaran al dominio secreto del Emperador.
Naturalmente, esta afirmación fue desmentida públicamente por Esvia, el Gran Profeta del País de la Nieve, probablemente porque tales rumores manchaban la imagen benévola del Emperador de la Nieve como protector de toda vida.
Yvette, sin embargo, sostenía una opinión diferente.
Siempre había creído que los rumores desmentidos oficialmente eran casi con certeza verdaderos. Parecía muy probable, entonces, que el Emperador de la Nieve estuviera efectivamente controlando a los Gigantes de Escarcha, utilizándolos para atacar a cualquier extraño que se aventurara demasiado en lo profundo del Campo de Nieve.
Esta era una señal bastante peligrosa.
Absorta en su investigación y sin percibir hostilidad externa, Yvette no notó el avance silencioso de una chica de cabello blanco con una capa de piel gris. La figura de la chica era tenue, casi traslúcida, y se había movido sin hacer ruido hasta pararse detrás de Yvette, fijando la mirada en la página que detallaba la relación entre los Gigantes de Escarcha y el Emperador de la Nieve.
Al leer el texto, el cual percibió como una difamación contra el Emperador de la Nieve, una leve ondulación alteró la superficie de sus ojos azul lago y sin emoción. Inconscientemente frunció sus labios elegantemente delineados.
El tiempo transcurrió sin que se dieran cuenta. Solo cuando el sol de la tarde comenzó a descender, proyectando largas sombras sobre el suelo, Yvette cerró finalmente el pesado tomo y se preparó para devolverlo.
Pero al girarse, la vio. La chica de la capa gris seguía allí, manteniendo su estado de casi invisibilidad frente a una estantería cercana. Su postura era antinaturalmente rígida; parecía menos alguien buscando libros y más una estatua.
Esto se estaba volviendo ridículo, pensó Yvette. El encuentro casual en el restaurante había sido una cosa, pero que esta chica de cabello blanco la siguiera hasta la librería era un asunto completamente distinto. ¿Qué podía querer?
Tras un momento de consideración, decidió abordar el asunto directamente. Se acercó y preguntó en un tono frío: "¿Necesitas algo?"
La chica no mostró reacción alguna, como si no hubiera oído una sola palabra.
"Si tienes algo que decir, dilo", le advirtió Yvette con voz tajante. "Sigue siguiéndome y no te gustarán las consecuencias."
Esta vez, al percibir la amenaza en el tono de Yvette, la chica de cabello blanco finalmente habló. Todavía dándole la espalda, preguntó con una voz desprovista de inflexión: "¿Quién eres?"
"Es de buena educación decir tu propio nombre antes de preguntar el de otra persona."
Shuanghua se quedó en silencio. El tono de la chica de cabello castaño era firme, y había pasado mucho tiempo desde que alguien la interrogaba con semejante actitud.
Vaciló por un instante antes de optar por una respuesta relativamente directa: "Shuanghua."
"¿Mmm?"
"Mi nombre", añadió.
El entrecejo de Yvette se frunció ligeramente. Quería conocer la identidad de la chica, no solo un nombre. Un nombre podía falsificarse fácilmente.
Aun así, la chica al menos había dado una respuesta adecuada, por lo que Yvette correspondió: "Yvette Loxivia."
Al escuchar el nombre, la chica de cabello blanco simplemente se le quedó mirando, completamente inmóvil, como si se hubiera convertido en piedra.
La tranquila atmósfera de la librería permaneció inalterada, acentuada únicamente por las risas ocasionales de un cliente en un rincón distante, un sonido que solo añadía calidez al ambiente.
Yvette esperó con paciencia un momento. Cuando la chica continuó en silencio, asumió que la abrupta conversación había terminado. Con un suspiro interno de exasperación, se giró para marcharse.
Justo en ese instante, como si despertara de un trance, Shuanghua finalmente se volvió y la llamó en voz baja: "Es... espera un momento."
Yvette se detuvo y se giró, contemplando el rostro delicado y pálido de la chica. "¿Qué es lo que quieres?"
"Tu nombre... lo he oído antes."
"¿Ah, sí?"
"Sí." Shuanghua miró fijamente a los ojos de Yvette. "Es el nombre verdadero de la Bruja de Plata."
"¿Conoces el nombre verdadero de la Bruja de Plata?" Yvette estaba genuinamente sorprendida. Los textos que había consultado solo se referían a la diosa como la "Diosa de la Serendipia" o la "Bruja de Plata"; ninguno mencionaba su verdadero nombre. Yvette había asumido que Rosalyn lo había omitido intencionalmente al compilar las leyendas.
Parecía que el nombre no era muy conocido después de todo, lo que significaba que esta chica no era una persona ordinaria.
Shuanghua asintió, mientras la luz de la ventana se reflejaba en las finas y nevadas hebras de sus pestañas. Preguntó con seriedad: "¿Me mentiste?"
Era una pregunta, no una acusación.
Quería confirmar si la persona ante ella era realmente la legendaria Bruja de Plata, por más fantástico que sonara.
Yvette se quedó perpleja. No había esperado que la chica realmente considerara la posibilidad, ni siquiera con un matiz de duda.
Hizo una pausa por un momento y luego optó por un enfoque diferente: "Soy la Favorecida por la Diosa, elegida por la Bruja de Plata. Soy el Trono de la Iglesia de la Bruja de Plata, la encarnación de la voluntad de la diosa. Así que, en cierto modo, puedes considerarme una parte de la propia Bruja de Plata."
La mayoría de la gente habría descartado semejante afirmación como una estafa, pero Shuanghua simplemente asintió.
Luego, preguntó de inmediato: "¿Entonces puedes dejarme ver a la diosa?"
"¿Quieres ver a la diosa?", pensó Yvette. ¿Realmente esta chica es tan ingenua? Su nivel de poder no coincide en absoluto con esta ingenuidad. A este ritmo, podría afirmar que soy la mismísima Bruja de Plata, o incluso la Bruja del Final.
¿Qué es eso? ¿Tener cuidado no sea que mis palabras se conviertan en una profecía? Je, ¿no sería eso algo bueno?
"Solo quiero verla."
"¿Por qué quieres verla?"
"¿Tiene que haber una razón?"
"La diosa no es alguien a quien puedas ver solo porque lo desees."
"Quiero verla."
"Eres imposible", dijo Yvette con un suspiro. "Para ver a la diosa, primero debes poseer una fe devota en ella. ¿Puedes hacer eso?"
"Puedo", respondió Shuanghua sin pensarlo un segundo.
Yvette pensó que realmente parecía tener todo el aspecto de una creyente devota.
Continuó: "Entonces debes demostrarlo con tus acciones. Por ejemplo, puedes ayudar a la Iglesia de la Bruja de Plata a difundir sus enseñanzas aquí, para extender la gloria de la diosa y atraer a más personas a su rebaño. Si haces lo suficiente, la diosa con certeza se percatará de ti. Incluso podría concederte un encuentro fortuito."
"¿Eso es todo lo que hace falta?" Shuanghua ladeó la cabeza.
El simple gesto le dio un toque de inocencia juvenil.
"Sí, eso es todo. Suena sencillo, pero es muy difícil. Debes convertir a otros en devotos seguidores de la Bruja de Plata. Los creyentes casuales no son suficientes", le recordó Yvette.
"Entendido." Shuanghua asintió de nuevo, indicando que comprendía.
Y con eso, la estrafalaria conversación llegó a su fin.
Yvette encontró a la chica más inescrutable que nunca.
Como una poderosa practicante, al menos una Gran Maga, era probable que fuera una subordinada del Emperador de la Nieve, o al menos, del Gran Profeta Aesvia. ¿Cómo podía prometer tan a la ligera difundir la fe de la Bruja de Plata?
¿Acaso no tenía miedo a la retribución divina?
"Y otra cosa", dijo Yvette tras un momento de silencio. "¿Cuál es tu identidad? Yo te he dicho la mía. ¿No deberías ser honesta conmigo también?"
"Lo siento, no puedo decírtelo", dijo Shuanghua a modo de disculpa.
En realidad, no había creído del todo las afirmaciones de Yvette, por lo que no podía revelar su identidad... aunque una parte de ella ya estaba convencida.
Yvette no se molestó por la negativa. Al menos la misteriosa joven Gran Maga no había intentado aplacarla con una identidad fabricada. Había cierta sinceridad en su reticencia.
Pero no estaba dispuesta a librarla de la situación tan fácilmente. "¿Así que esperas que revele mi identidad mientras tú no ofreces nada a cambio?", dijo, fingiendo insatisfacción. "¿No crees que es un poco injusto?"
Shuanghua se quedó en silencio.
Tenía que admitir que sintió una punzada de culpa.
Por lo general, si hacía algo mal, simplemente podía permanecer invisible y nadie sabría jamás que había sido ella. Siempre podía encontrar la manera de hacer las paces en secreto más tarde.
Pero esta persona... esta posible agente de su ancestro... podía ver a través del arte divino de invisibilidad que le había enseñado su maestro.
Por primera vez, sintió una profunda sensación de inquietud, preocupada por dejar una mala impresión.
"Está bien, entonces", dijo Yvette, intuyendo que la atmósfera era la adecuada. Propuso un compromiso. "Si puedes darme una pieza de información útil como sustituto, no perseguiré el asunto de tu identidad."
"De acuerdo", aceptó Shuanghua de inmediato, pareciendo aliviada.
Yvette hizo una pausa, considerando qué preguntar.
Una pregunta directa sobre la ubicación o la verdad de la Guerra del Juicio Divino probablemente sería infructuosa; Shuanghua probablemente no lo sabía, y ese era un asunto más adecuado para el Gran Profeta en el templo del Emperador de la Nieve. Decidió que era mejor preguntar sobre algo completamente ajeno al Campo de Nieve. Si el tema no implicaba ningún interés personal para la chica, sería menos probable que mintiera.
Así que preguntó bruscamente: "¿Has oído hablar de un dragón llamado Dugrabi?"
Si Dugrabi era en verdad el Rey Dragón Maligno, había desaparecido hacía al menos trescientos años y no tenía conexión con el País de la Nieve. Si Shuanghua sabía algo, habría muy pocas razones para que mintiera.
Entonces vio que Shuanghua respondía con calma: "Sí."
Esta era la primera información concreta que Yvette encontraba sobre Dugrabi.
Inmediatamente insistió: "¿Qué le pasó? ¿Sigue vivo?"
"No conozco los detalles", respondió Shuanghua, sacudiendo la cabeza con suavidad. "Solo oí que causó un gran disturbio en el Santuario Carmesí y más tarde fue reprimido e encarcelado dentro del Reino Divino del Espíritu Santo Ancestral."

Continúa leyendo
La Bruja del Milenio (Novela)
Capítulo 262
La Bruja del Milenio (Novela) Capítulo 261
Estás leyendo el capítulo 261 de La Bruja del Milenio (Novela), un novela. Leo se encontró transportado a un páramo desolado, los restos de lo que alguna vez fue una próspera civilización mágica. Allí, se convirtió en Yvette: una bruja inmortal que no podía envejecer ni morir. Durante más de… Este capítulo tiene publicado el 7 de agosto de 2026, Traducido por el grupo Nishino. La Bruja del Milenio (Novela) tiene 308 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.