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Leer Inmortalidad Involuntaria (Novela) Capítulo 567 online gratis en español

🏴 Grupo: Crowli✍️ Traducción: Crowli
El canto de las escrituras resonaba sin cesar. Todos los monjes permanecieron inmóviles, con los ojos cerrados. Solo en primera fila se encontraba sentado un monje gordo y barrigón, vestido con una túnica dorada, sobre un magnífico trono hecho completamente de oro puro, con la mirada fija en los recién llegados que estaban afuera. El taoísta entró en la sala principal, apoyándose en su bastón de bambú. El caballo rojo azufaifo se detuvo detrás de él, permaneciendo en silencio bajo la lluvia. Mientras tanto, la niña que montaba el tigre lo siguió adentro. Justo cuando el pie del taoísta tocó el suelo de piedra de la sala, el monje barrigón que estaba delante gritó: "¿Quién se atreve a entrar aquí?". Su voz retumbó como un trueno, haciendo eco con solemne autoridad, transmitiendo una gravedad que obligaba a quienes la oían a vaciar sus mentes involuntariamente. Los monjes que se encontraban dentro de la sala continuaron recitando las escrituras con los ojos cerrados. Tras aquella voz atronadora, sus cánticos parecieron aún más claros y nítidos, reverberando por toda la sala. Cada sílaba se sentía tangible, como si perforara los oídos de los oyentes. “...” Song You se rascó la oreja, incapaz de comprender sus cánticos, y simplemente respondió: “Sabéis muy bien quién soy, y también sabéis exactamente por qué he venido”. Al oír esto, el monje barrigón abrió los ojos con furia. “Ya que habéis conocido al Bendito, ¿por qué no os arrodilláis?” Su voz se hizo aún más fuerte, ensordecedoramente potente, resonando sin cesar en el gran salón. Oleadas de sonido golpeaban los tímpanos de todos sin piedad. Lady Calico salió algo mejor parada. Habiendo acompañado a Song You durante tanto tiempo y experimentado la auténtica y atronadora voz del mismísimo Dios del Trueno, naturalmente no se dejó intimidar por esta pequeña treta. Sin embargo, el tigre que estaba debajo no pudo resistir. Sus rodillas cedieron y el poderoso señor de la montaña se desplomó indefenso sobre el suelo. La niña, confundida, inclinó rápidamente la cabeza, intentando comprender lo sucedido. Song You se limitó a responder con un simple comentario: “¡Qué pretencioso!”. Al instante, el monje barrigón montó en cólera. “¡Cómo te atreves!” Simultáneamente, los monjes de abajo abrieron bruscamente los ojos, todos fulminando con la mirada al taoísta y a Lady Calico que estaban detrás de él, quien acariciaba suavemente al tigre demoníaco, intentando convencerlo de que se pusiera de nuevo en pie. Los monjes sabían perfectamente que aquel taoísta había venido a apoderarse de su tesoro supremo, quizá incluso a quitarles la vida. Aunque los perdonara, perder el tesoro era prácticamente lo mismo que morir. Su demostración anterior había sido un intento de dominar al taoísta con puro ímpetu; después de todo, en las batallas de magia y cultivo, la resonancia espiritual y el ímpetu a menudo determinaban la victoria o la derrota, la vida o la muerte. Sin embargo, al darse cuenta ahora de que su intimidación solo funcionaba con el tigre demoníaco pero no con estos dos intrusos, ciertos actos se volvieron inútiles. Sin embargo, mantener su dignidad seguía siendo necesario. El monje barrigón que estaba al frente miró a su alrededor y dijo directamente: "¿Qué Bodhisattva me ayudará a someter a este intruso?" “...” Un monje alto y delgado permanecía de pie en silencio, con las palmas de las manos juntas, murmurando un mantra budista ininteligible. Luego, de su lado, levantó con cuidado una espada corta de estilo claramente occidental, cuya vaina de plata estaba profusamente incrustada con gemas preciosas. ¡Shing! Sin más dilación, el monje desenvainó la espada al instante, cantando en la lengua local: “¡Espada decapitadora, espada decapitadora, córtale la cabeza!”. ¡Zas! Al instante, la espada salió volando de su mano, elevándose por los aires. La espada giraba frenéticamente en círculos dentro del salón, dando vueltas rápidamente y ganando velocidad con cada rotación, llenando toda la cámara con silbidos. Swoosh! Un viento feroz seguía por donde pasaba la espada, obligando a todos los monjes a bajar la cabeza. Lady Calico alzó la cabeza, observándola atentamente. Después de varias vueltas, la espada finalmente fijó su objetivo, lanzándose repentinamente en dirección directa a la cabeza del taoísta. Girando violentamente, la espada era capaz de decapitar poderosos demonios. Sin embargo, el taoísta simplemente alzó su bastón para golpearlo. ¡Sonido metálico! Con un sonido similar al de metal contra metal, la espada que volaba con fuerza fue desviada instantáneamente. Tal como había girado al llegar, volvió a girar al alejarse volando. En su trayectoria, la espada chocó contra varios pilares del salón; por muy gruesos que fueran, los cortó sin esfuerzo. Compararlo con cortar tofu parecía insuficiente, pues ante la hoja, esos pilares eran como ilusiones, meras ilusiones de aire fácilmente divisibles. Cuando la espada finalmente cayó al suelo, casi alcanzó a varios monjes que se apresuraron desesperadamente a esquivarla; cualquiera que fuera tocado por la hoja, sin importar cuán avanzado fuera su cultivo, perdería instantáneamente extremidades o la cintura. Finalmente, la empuñadura de la espada golpeó el suelo, rebotó varias veces y finalmente quedó inmóvil sobre el piso. Los monjes que se encontraban en la sala quedaron todos conmocionados al presenciar la escena. El taoísta, sin embargo, alzó su bastón de bambú y lo examinó detenidamente, apareciendo un atisbo de sorpresa en su rostro. ¡Se había hecho una muesca en el bastón! Este bastón de bambú lo había acompañado durante más de una década, casi siempre a su lado. Había sido nutrido día y noche con energía espiritual e imbuido de resonancia espiritual, lo que lo hacía extraordinario. Cuando lo usó para bloquear la espada, incluso le infundió poder espiritual adicional, reforzándolo hasta hacerlo tan duro como el diamante. Sin embargo, a pesar de todo, la espada logró hacerle una muesca. ¡Qué arma tan magnífica...! El taoísta acarició suavemente la muesca con el pulgar, frotándola de un lado a otro. Tras unos instantes, el bastón de bambú recuperó milagrosamente su estado original. Al mismo tiempo, el monje alto y delgado frunció el ceño. Aprovechando el momento en que el taoísta examinaba su bastón, sujetó la vaina con una mano y señaló la espada con la otra, recitando un conjuro para instar al arma a atacar de nuevo. La espada se elevó obedientemente en el aire y comenzó a girar lentamente alrededor del gran salón. Sin embargo, tras completar una sola revolución, su velocidad disminuyó progresivamente. Cuando el monje alto y delgado le ordenó que decapitara al taoísta, la espada simplemente emitió un golpe sordo y cayó al suelo, negándose a volver a alzarse. El monje alto y delgado guardó silencio. ¡Cómo te atreves! Un monje corpulento se puso de pie de repente, sosteniendo en la palma de su mano un orbe dorado más grande que un huevo. O quizás sería más apropiado llamarlo núcleo dorado. "Zumbido..." El núcleo dorado irradió de repente una luz deslumbrante. Bañado por su resplandor, todo el cuerpo del monje “piel, cabello, incluso sus ropas” se tornó dorado gradualmente. En un abrir y cerrar de ojos, se había transformado en una figura dorada. "¡Boom!" La figura dorada avanzó con paso firme, su peso desconocido, y cada paso hacía temblar la tierra y agrietar el suelo. Por un instante fugaz, uno podría haberlo confundido con un Oficial del Espíritu Dorado. En un instante, la figura dorada se abalanzó sobre el taoísta. Este, simplemente, alzó su bastón y avanzó. "Boom..." La figura dorada se detuvo en seco. Al instante, grietas se extendieron por todo su cuerpo desde el punto donde la vara de bambú la había tocado. La forma, antes indestructible, se desplomó contra el suelo, haciéndose añicos, aunque conservando la textura del oro y el hierro. “¡Tesoro, tesoro! ¡Ciega sus ojos y oídos!” Un monje cantaba ante un objeto de jade, sin saber con certeza si era una lámpara de aceite o un recipiente para agua. “Crack..” El objeto de jade se fracturó, partiéndose en dos. Los monjes en la sala entraron en pánico visiblemente. En un frenético movimiento, se apresuraron a sacar sus artefactos mágicos. El orden se perdió mientras algunos recitaban conjuros, otros lanzaban hechizos y otros arrojaban sus tesoros; cada uno demostrando sus habilidades en un intento por matar al taoísta allí mismo. Algunos incluso se abalanzaron sobre la joven. La sala se llenó instantáneamente de una cacofonía de ruido. El aire resplandecía con el brillo de artefactos mágicos. Sin embargo, estos tesoros resultaban eficaces contra enemigos más débiles, fiables incluso contra oponentes de fuerza similar, y a veces capaces de derrotar a enemigos más poderosos en su nombre. No obstante, contra los taoístas, eran completamente inútiles. Muchos artefactos ni siquiera se activaban, mientras que otros se desintegraban al instante de ser usados. “¡Púa dorada! ¡Córtale la cabeza a este taoísta!” "¡Bang!" Un monje, de estatura solo superado en estatura por el monje corpulento, golpeó la mesa con el Punzón Dorado, mirando fijamente al taoísta. “¡El punzón dorado también es inútil!” Justo cuando el monje vaciló una fracción de segundo, el Punzón Dorado se le escapó de las manos. Para cuando se dio cuenta de lo que había sucedido, el arma ya estaba en manos del taoísta. “¡Todos los Bodhisattvas, ataquen juntos!” Con un grito furioso, el monje se abalanzó hacia adelante. Parecía ostentar un alto rango, pues su orden desencadenó una reacción en cadena. Los demás monjes, que hasta entonces habían permanecido sentados con serena compostura, se pusieron de pie de inmediato, dejando de lado cualquier pretensión de su porte de “bodhisattva”. Algunos conservaron su forma humana, con el rostro desencajado por la furia, mientras que otros se despojaron de sus túnicas monásticas, revelando su verdadera forma. En un instante, todos se abalanzaron sobre el taoísta. El gran salón pronto se llenó de bestias: lobos grises y leopardos de las nieves, osos pardos y osos negros, además de alces, bueyes salvajes y más. Aquellas que revelaron su verdadera forma eran bestias temibles o criaturas descomunales. Tras años de entrenamiento, sus cuerpos eran aún más grandes de lo habitual, casi aplastando el salón con su inmensidad. La niña que iba sobre el lomo del tigre se puso tensa, agarrando con fuerza su pequeña bandera antes de ondearla rápidamente. "¡Roar!" Fuera del salón, tres criaturas monstruosas cargaron de inmediato. Sus enormes cuerpos derribaron la entrada del salón, partiendo pilares a su paso contra la horda de bestias. Muy cerca les seguían varios gigantes de piedra, cada uno avanzando con una fuerza atronadora. Para entonces, el gran salón había quedado reducido a ruinas. Entre los escombros se alzaba un enorme trono de oro macizo, que brillaba con intensidad bajo el cielo tormentoso. Sobre el trono descansaba el monje, corpulento y de gran barriga, iluminado por relámpagos. Frente a él se extendía una plataforma de cristal multicolor. El monje de gran barriga observaba atentamente, con la mirada llena de cautela. El taoísta, sin embargo, permaneció indiferente, sosteniendo su mirada con serena compostura. Luego, levantó una mano e hizo un leve gesto de llamada” Inmediatamente, la resonancia espiritual del elemento agua sobre la plataforma de cristal comenzó a agitarse. “¡...!” La expresión del monje barrigón cambió al instante. Sus ojos se abrieron con alarma mientras se ponía de pie de un salto, agitando la mano con urgencia para impedir que la resonancia espiritual se disipara. Luego, con otro gesto de la mano, invocó una ráfaga de viento amarillo. El cielo y la tierra cambiaron de color. Incluso la tormenta misma cesó repentinamente.

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Inmortalidad Involuntaria (Novela) Capítulo 567

Estás leyendo el capítulo 567 de Inmortalidad Involuntaria (Novela), un novela. No soy más que un viajero en tierra extranjera, sin deseos de convertirme en inmortal. Después de cultivar el Daoísmo en las profundas montañas durante veinte años, el Maestro envió a Song You montaña abajo para ser… Este capítulo tiene publicado el 19 de enero de 2026, Traducido por el grupo Crowli. Inmortalidad Involuntaria (Novela) tiene 720 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.