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Leer Imaginación Energética (Novela) Capítulo 27 online gratis en español

🏴 Grupo: JedrekImagic✍️ Traducción: JedrekImagic
\*Comentario del autor\*: Empieza el lore incluso más profundo del mundo, los reinos e imperios, el conocimiento, los aventureros, todo, y qué mejor que leerlo con la música de fondo que escuché mientras lo escribía, se llama "Valley of promises" de PandoraJourney y está en youtube. Recomendadísimo, de ahí viene parte del mood del capítulo. Disfruten. \*Termina comentario del autor\* ¡Ayer se nos olvidó completamente comprar la tabla! Y también se me olvidó comprar un arma. El tiempo pasó rápidamente cuando nos pusimos a escuchar a los bardos y al final se hizo muy tarde sin que nos diéramos cuenta. Algunos puestos ya empezaban a cerrar e irse así que tuvimos que regresar. Espero que hoy volvamos a ir por lo que planeábamos comprar desde el inicio. Según el dueño de la tienda de armaduras hay una tienda de armas raras cerca de ahí también. Quiero verlas y tal vez comprar una. Cuando me reuní con Alde, él estuvo de acuerdo en que volviéramos a ir por eso, sin embargo Lana, David y Olvera dijeron que usarían las que había en la escuela, por lo que ellos se quedarían. Después fuimos con Dequinia y Aurora y ellas tampoco tenían muchas ganas de volver a ir. Casi pensaban hacer lo mismo que los otros tres, pero logramos convencerlas. Sin ellas dos el prefecto no estaría de acuerdo en acompañarnos —o protegernos— ya que seríamos solo dos, pero con cuatro la cosa se vuelve diferente. Además, algunos otros grupos de nuestro año habían pedido ayuda a otro prefecto y no podíamos dejar que nos quitaran la chance con Gordrin. —Bueno, vamos a buscar el prefecto entonces —dijo Dequinia—. Tú sabes dónde está, ¿no? —le preguntó a Alde, ya que él había sido quien lo había buscado ayer. —Sí. Está en la biblioteca de la escuela. Parece que no sale mucho de ahí. ¿La biblioteca? Creo que será mi primera vez yendo ahí. No sabía que había una en la escuela. Caminamos por un nuevo sendero de piedra que no conocía y vimos la residencia de estudiantes de los de once a catorce años. Varias arboledas la rodeaban, pero había grandes secciones de pasto donde uno podía sentarse en grupo si quisieran, de hecho, había unos cuantos alumnos sentados y platicando entre ellos. Bueno, también es su día libre. Aquí había muchos más estudiantes mayores, todos con el uniforme carmesí. Así que la biblioteca está cerca de esta residencia. ¿Es la más centrada de la escuela? Si quisiera venir a leer, me encontraría con muchos más grandes que yo. Un edificio de tres pisos con gran longitud apareció en nuestra visión al alejarnos ligeramente y girar en una de las arboledas que hacían de esquina. Aquí los arboles daban sombra con largas copas de los arboles extendidas por encima del sendero. La luz entraba por sus hojas ligeramente y de entre cada tronco a los lados. No era oscuro, se sentía muy agradable y tranquilo, como el ambiente de una biblioteca. El viento las movía apaciblemente y embriagaba nuestros oídos. Creo que entiendo porque le gusta venir mucho aquí al prefecto Gordrin. —Así que esa es la biblioteca. Es muy grande —les dije. —Si vieras la biblioteca general de la sección sur de la ciudad te asustarías con su tamaño. Y no me puedo ni imaginar cómo ha de ser la del palacio real —mencionó Alde. —¿Quizás tan alta como la muralla interior? —pregunté. Dequinia se rio levemente. —¿Qué pasa? —Seguiría siendo pequeña si es así. —¿Enserio? Levantó sus hombros como un gesto. ¿Hay algo que ella sabe, pero no lo quiere decir? ¿Será porque su padre es un noble? Aurora parecía no estar interesada en el tema. Al llegar a las puertas dobles, entramos empujando una de ellas. Por alguna razón eran muy grandes y pesadas también. Sonó un sonido profundo al abrirse por un instante y luego se volvió más fácil de mover. Adentro había muchas mesas largas con sillas para sentarse y leer. Había suficiente espacio para que una persona pudiera estar separada de otra por unos pocos metros. Había unos cuantos estudiantes hombres y mujeres de distintas edades. También había algunos de nuestra edad y otros de catorce a diecisiete años. El chico de lentes que siempre he visto en nuestro salón y respondiendo a cada maestro que he tenido también estaba aquí. Se veía tan recto y formal como siempre. Con su cabello negro peinado y su piel clara dándole un aspecto llamativo mientras lee con una postura elegante. Me pregunto si es por su familia que es así. Movió la vista por un momento hacia nosotros, pero luego continuó con su libro levantado frente a él mientras sostenía su barbilla con dos dedos. ¿Cómo se llamaba? Creo que aún no conozco su nombre. Ha de conocer mucho si lee tanto. El profesor Gordrin no se veía por ningún lado en las mesas. Fuera de este espacio en los laterales y enfrente había grandes estanterías de libros. Los más altos solo se podían tomar usando tu energía para bajarlos. En uno de los laterales había una gran escalera que subía al siguiente piso abierto por en medio. El tercero también estaba abierto así que podíamos ver algunas de las estanterías del segundo y tercer piso, y los estudiantes que estuvieran arriba en otras mesas junto al barandal podrían asomarse hacia las puertas dobles del primero. El chico de lentes bajó ligeramente su libro y habló—: Si buscan al prefecto Gordrin, se encuentra en el comedor de maestros desayunando. Debería llegar en unos minutos. —Muchas gracias —dijimos Alde y yo. Dequinia y Aurora asintieron con agradecimiento también. —Entonces, deberíamos leer un libro mientras llega —mencionó Dequinia. —¿Tú lees? —le preguntó Alde. —¡Claro que sí! ¿Acaso pensabas que no? —dijo Dequinia ligeramente molesta. Alde hizo una expresión avergonzada e irónica—: Lo siento, lo siento, no era mi intención. Está bien, busquemos algún libro mientras tanto, aunque no lo acabemos de leer. Nos separamos cada quien por su lado y buscamos entre los pasillos de libros. Hay una pequeña barra de administración cerca de las puertas dobles con una persona encargada de las secciones, pero decidimos tan solo probar suerte con lo que encontremos en vez de preguntar. ¿Qué me gustaría encontrar? Tal vez algo de los gigantes y los berserkers. No sé mucho de sus continentes. Solo sé que uno está en el oeste y el otro en el norte. También sé que el continente salvaje está hacia el este. Me pregunto que hay hacia el sur de nuestro continente. ¿Puro océano? ¿Y qué habría más allá del océano? Recordé las historias de navegación que me contaba mi padre sobre mis abuelos y tatarabuelos. Recordé las leyendas del mar. Que había algunas grandes islas móviles con bestias y plantas en ellas. O que a veces se podían escuchar truenos sin que hubiera nubes en el cielo por las bestias gigantes luchando bajo el agua. El sol que sale en medio de la noche y luego desaparece como si no hubiera existido. Olas gigantes que pueden volcar un gran barco como si fuera una ramita. Sonidos y silbidos que se transmiten bajo el agua y hacen vibrar los materiales del barco por las llamadas de titanes acuáticos. Tenía miedo de algunas historias. Otras me parecían irreales, pero después de haber visto esa gigantesca águila ahora creo que son reales. Recordé mi sueño donde aparecía el Emauni y la historia que me contó mi padre sobre cómo existía un continente que nadie ha visto, pero que es donde viven los Emaunis. El continente fantasma. Con eventos cataclísmicos como tornados gigantes por ahí. ¿Cómo podrían vivir ahí con todo eso? ¿O será que ellos los crearon? De repente, un libro llamado “Minas elementales del mundo” entró en mi visión. Lo tomé y lo abrí al azar. Justo la página que vi me llamó mucho la atención por lo que decía y algunas imágenes que tenía. “Las minas magnéticas podrían ser las menos valiosas, sin embargo, son unas de las más hermosas que puedes encontrarte. Las grandes en específico, son un mundo completamente distinto. Aquí las rocas tienen magnetismo en tamaños insondables. Es normal ver montañas de distintos tamaños flotando por el aire. Algunas giran sobre su propio eje, pero otras se mantienen estáticas ahí en lo alto. Unos de los fenómenos más extraños que podrías sentir aquí es el de poder saltar más alto. Sentirte más ligero. Aun no se sabe porque es esto, pero es uno de los lugares a los que uno tiene que ir alguna vez en su vida y probarlo por sí mismos. A veces uno podría observar destellos en su visión al parpadear. ¿Será por el magnetismo extremo? Las montañas más grandes y pesadas que sientes que podrían caer con un simple golpe, son las más extrañas. Debajo de ellas existen unos pilares de plasma azul que parecen estarlas sosteniendo en su sitio. No puedes observarlos sin usar tu energía para desviar la luz en gran medida, o podrías quedar ciego en poco tiempo, son casi como un pequeño sol. Creemos que esos pilares tienen un magnetismo intenso muy peligroso cerca de ellos, capaces de absorber los rayos de las tormentas como un pararrayos y empaquetarlos. A su vez hacen mucho más intensa la luz que emiten estos pilares. Creemos que funcionan como una batería para las gigantescas piedras magnéticas entre la base y la montaña. A veces puedes terminar viendo dobles las cosas gracias a ellos si no te proteges muy bien de su luz. Entre algunas rocas de ambos lados hemos encontrado canales que llevan un líquido extremadamente frío. ¿Será por eso que estas minas y las de perlas congelantes se parecen un poco? Las plantas son muy interesantes aquí también. Son verdes fosforescentes y brillan incluso si son trasplantadas en otra parte. Parecen absorber la luz y almacenarla. Otra cosa peligrosa de este lugar son los constantes rayos crepitando entre el suelo de rocas magnéticas gigantes y las de la base flotante de la montaña. Se conectan entre sí como cuerdas bailando. Estas tormentas eléctricas ocurren unas cinco veces al día. No son tan peligrosas porque los pilares los desvían hacia ellos constantemente, pero algunos se crean de formas extrañas cuando la tormenta está lejos de cada pilar. Viendo desde la distancia pudimos observar el suelo cerca de estos pilares de plasma azul. Era tan liso como un espejo y la base de la montaña donde estaba conectado también era igual. Se refleja el cielo y el suelo constantemente. Hablando de la fauna que encontramos debajo de estas montañas. Es incomparablemente extraña. Algunos parecen peces y aves al mismo tiempo. Pueden volar expandiendo y contrayendo sus órganos, los cuales están llenos de agua diamagnética, pero solo pueden hacerlo en este lugar lleno de magnetismo donde incluso el aire se siente ligeramente más denso o viscoso mientras más te acercas a esos pilares. En el exterior hay una barrera que curva la luz y separa estas minas magnéticas de la realidad. Cuando capturamos un animal de estos y lo llevamos al exterior ya no podía volar libremente, pero sí que atraía ligeramente el metal como si fuera un imán débil. Llegamos a ver muy pocos evolucionados de ellos que sean muy grandes. Tal vez depende de qué tan antigua sea la mina para desarrollar fauna y flora de este tipo y que los animales que estén cerca se vayan adaptando con su evolución. Hay tantas cosas que podríamos seguir diciendo, pero tendrá que ser en un libro específico para estas minas magnéticas solamente. Si llegan a venir a una de ellas vayan a un campamento base primero para que les expliquen cómo protegerse de la luz intensa de esos pilares magnéticos y algunas otras preocupaciones”. ¡¿Existen lugares así?! ¿Cómo serán las demás minas entonces? Estaba a punto de darle vuelta a las hojas para ver las demás, pero Alde me llamó: —¡Hey Dante! El prefecto ya llegó, vámonos, tú mismo dijiste que querías ir, no vayas a decir ahora que quieres quedarte. Sufrí interiormente. Tenía razón. Ahora quería quedarme y seguir leyendo sobre estas minas, pero tenía que irme. Tal vez en el futuro venga a la biblioteca a seguir leyendo, aunque tengo que practicar mis Imagis y mi combate con armas. También debo hacer mi entrenamiento para extender mi dominio y mi práctica para volar. ¡Oh! Tengo demasiadas cosas que hacer. Ya vendré más adelante. Aunque me gustaría topármelas por sorpresa en futuros viajes. Suspiré con una expresión de resignación y acompañé a Alde. Cuando llegamos con el prefecto nos dijo que estaba bien el grupo y que podíamos irnos. Como ayer, estaría vigilándonos desde una distancia segura. Al salir de la escuela fuimos directamente al mercado. Como antes, había muchas personas moviéndose a lo largo, pero parecía que había un poco menos porque ayer fue la actuación de los bardos y tardarían unos días en volver a tocar por aquí. Hay muchos mercados en la sección sur, así que tiene sentido que vayan a otros lugares. Me pregunto por cuánto tiempo se quedan en el país. ¿Vendrán distintos cada vez que los invitan? ¿Hay más en las secciones norte, este y oeste de la capital? Yo creo que sí. Cuando pasamos por la tienda de armaduras de ayer, el dueño nos reconoció: —¡Hey chicos! Vinieron otra vez. ¿Buscan algo específico? Alde respondió—: Tablas para aprender a volar. —Oh, si es eso no les recomiendo el mercado para comprarlas. La mayoría trata de hacerlas de madera lo más ligera posible, pero siguen siendo pesadas. Si quieres volar como un halcón, deberías ir a la tienda que está cerca del gremio de aventureros. Está a solo una cuadra de ahí y se llama “Surf por el cielo”. Ellos venden unas tablas magnificas que solo pesan un kilo o dos y puedes ir a grandes velocidades con ellas. —Oohh, ¡vamos ahí! —les dije—. Sirve que vemos el gremio de aventureros. —No suena mal —dijo Alde. —Perfecto, gracias —dijo Dequinia y se inclinó para despedirse. Los demás también se estaban inclinando y despidiéndose, pero yo antes quería checar el lugar que nos había recomendado. —¿Nos puedes decir para donde está el local de armas raras que nos dijiste ayer? —Claro —Señaló hacia el norte y dijo—: Así que no pudiste encontrarlo ayer. Está a unos siete locales para allá justo por un pequeño pasillo entre dos puestos que están al frente. Lo tapan y por eso no se puede ver muy bien. Es la planta baja de ese edificio alto que se ve por allí. —Ohh, ya lo veo, muchas gracias —me incliné. —No hay de qué. Les dije a los tres—: ¿Antes podemos pasar por ahí? Quisiera comprar un arma. Sé que aún no saldremos de excursión fuera de las murallas, pero me gustaría tener una con la que pueda ir practicando. —Bueno, yo tengo curiosidad de verlas también, aunque ya tengo una que me dio mi padre antes de inscribirme —dijo Alde. —Yo también ya tengo arma, pero los acompaño —dijo Dequinia. Aurora solo asintió, así que los cuatro fuimos a buscar el local. Estaba tan escondido como decía el herrero. Ayer pasamos por aquí, pero no habíamos visto por en medio de este pasillo. Atrás había una tienda que se llamaba “Rarezas del continente”, ni siquiera era de armas o armaduras, era más general, pero parecía tener de todo. Los ojos de Dequinia y Aurora parecían brillar de emoción al darse cuenta que no eran solo armas. Cuando abrimos una puerta con marco de piedra pulida y cristal en medio, vimos un local que podría considerarse pequeño, pero había muchísimas cosas por todas partes como si fueran antigüedades y cosas modernas también. Vi unas armas curvadas apoyadas en unos estantes junto con unas pocas armaduras a los lados. Por en medio de unos pasillos había muebles a los lados con muchas cosas que parecían baratijas puestas en disposición. Había un barco en miniatura en uno de ellos, bueno, era del tamaño de mi torso, así que no era tan pequeño. Me llamó la atención porque cada detalle parecía como si lo hubieran encontrado grande en el mar y luego lo hubieran encogido. —Hey, ¿ya viste esto? —Dante me llamó y me mostró algo que parecía como una roca blanda que podías apachurrar. —¿Qué es esto? El dueño, un hombre delgado con lentes y un chaleco oscuro encima de una camisa clara de mangas largas nos habló acercándose a nosotros: —Eso es lana de roca. Es parte de un depredador que evolucionó comiendo piedras de basalto para crear esta lana abundante encima de sí mismo. Como viven cerca de las minas de perlas ciclónicas, necesitan este tipo de lana para soportar las ondas de choque y el sonido extremo que sale de la mina con cada pulso que genera. Si te envolvieras todo el cuerpo con esto, dejarías de escuchar gran parte de lo que te rodea, o tal vez solo podrías escuchar tu sangre y corazón bombeando, dependiendo de qué tan gruesa sea la capa. —Wow. Espera, ¿hay animales tan raros en las minas ciclónicas? —le pregunté. —Sí. Nosotros los humanos podemos controlar el viento hasta cierto punto para evitar salir despedidos por estas ondas de choque, pero ellos desarrollaron este método para que no les afectara. Gracias a eso son casi inmunes al fuego y al agua también. —¿Dices que son depredadores? —preguntó Alde. —Así es. En las ciudades que se hacen cerca de estas minas para extraerlas estos animales se hacen pasar por rocas. Cuando pasas a un lado de ellos te atacan por sorpresa. Son cazadores de los humanos que se dirigen a extraer perlas ciclónicas. —Woow —Me lo imaginé como otro lugar místico parecido al de la mina magnética—. Gracias por contárnoslo. —Claro, pueden seguir viendo lo que gusten y si tienen alguna otra pregunta les puedo dar los detalles. Yo me dirigí hacia las armas rápidamente ya que quería saber qué era lo extraño de ellas y primero me fije en las más llamativas. Unos guantes me llamaron la atención. Eran tres grandes garras de unos treinta centímetros cada una. —¿Se pueden probar? —le pregunté al gerente. —Claro. Los tomé y me los puse en las manos. Mi dedo meñique y anular estaban dentro de una de las garras afiladas, mi dedo índice y medio en otra, y el pulgar tenía la suya propia. Podía formar un puño con ellas al menos, pero parecía que el sentido para atacar era agitarlas como lo haría algún felino y cortarlos, o clavárselas directamente a alguien como tres espadas juntas. La verdad, no me gustaban mucho estéticamente y yo buscaba algo con lo que no tuviera que preocuparme por matar humanos, pero sí para cazar bestias evolucionadas. ¿Existiría algo así? Quizás un bastón de hierro o acero. Una maza pesada podría servirme. Podría defenderme de los humanos sin matarlos si los golpeo bien. Al menos sus armaduras impedirían que fueran cortados o mutilados, y la fuerza del golpe podría alcanzarlos dentro de ellas lo suficiente para noquearlos. Sería efectiva contra las bestias también, pero lo malo es que tendría que acostumbrarme a un peso muy grande y no podría atacar tan rápido. De repente, en mi visión periférica observé un arma que parecía un diente curvado o una garra larga de oso. Se veía filoso de la punta, pero la parte convexa y cóncava de su longitud eran curvadas y no filosas. Era de color ocre amarillento o como una arcilla marrón a lo largo de su longitud, excepto la punta, esta era de color negro azabache. Su empuñadura sobresalía mucho, como si tuviera un relleno adentro que sostiene la garra. Esta arma es como un mandoble, igual de largo. ¿Será que pesa mucho? Lo traté de levantar aplicando toda mi fuerza y sin querer casi termino golpeando algo atrás de mí. ¡Pesa mucho menos de lo que pensaba! ¿Qué es esto? —Disculpe, gerente, esta arma… —¡Ah! Veo que te has interesado en el arma más rara de mi colección. No sabemos muy bien que es en realidad. Podría ser un diente o podría ser una garra, sin embargo, como fue encontrado cerca de la orilla mar, podríamos descartar lo segundo… o no, quien sabe. Tal vez llegó flotando de alguna isla o pertenece a algún animal marino que no conocemos. Tiene unas propiedades muy interesantes. En primera, como ya has visto, pesa menos que el acero o cualquier otra arma de algún metal conocido, diría que es la mitad de lo que pesa una espada mandoble normal, sin embargo, lo sorprendente de esto es que golpea mucho más fuerte que cualquier aleación de acero o de hierro. —¿Qué? ¿Enserio? —Así es. Otra cosa interesante de ella es que es indestructible. —¡¿Qué?! —Para poner un ejemplo. Hemos tratado de afilarlo, pero los resultados se volvieron lo opuesto de lo que esperábamos. El arma terminó afilando la piedra que usábamos. ¿Notas su textura como de piedra volcánica en la base? Ese es el problema. La punta en cambio es tan lisa y suave como el cristal, pero incluso más difícil de transformar. »Como el arma es tan dura, no vibra como una espada normal lo haría, de hecho, casi no vibra en absoluto, y por eso cuando golpeábamos algo con ella toda la fuerza se transmitía a nuestra mano y brazo. Si hubiéramos golpeado algo con toda nuestra fuerza en ese entonces, seguro que la piel de nuestras manos se desprendería y hasta nuestros huesos se hubieran quebrado. Para evitar que sucediera este contragolpe intenso creé una empuñadura especial para ella. Dentro de eso que parece una caja donde termina la empuñadura y empieza la garra esta hueco por dentro. O bueno, lo estaba hasta que lo rellené de un líquido con unas propiedades que le vinieron de perlas. Cada vez que golpeas este líquido se vuelve duro y luego vuelve a ser líquido rápidamente. Si metieras tu mano en él lentamente podrías hundirla, pero si la metieras rápidamente te quebrarías los dedos en muchas formas. Utilicé eso ahí dentro para que amortigüe el contragolpe al dar y salir, sin embargo, seguía siendo fuerte la reacción, por eso usé caucho y un material absorbente en la empuñadura para que lo amortiguara todavía más. Al final, así es como quedó. —Woow, pero, si es tan buena, porque no ha sido comprada. —Porque solo sirve como un punzón muy malo gracias a que no es completamente recto. Tendrías que hacer una curvatura con cada estoque para que sea efectivo. También podría funcionar como una maza, pero la mayoría de los aventureros preferirían una que no estuviera tan curvada. —Oh, cierto, el rango y la forma del golpe cambiarían —le dije. —Pero hey, te hace falta ver sus fortalezas antes de descartarla, mira sígueme, te haré una demostración de lo que puede hacer. Lo seguí y Alde que estaba cerca de otros objetos escuchando decidió seguirnos para observar también. Dequinia y Aurora no tenían tanto interés, así que se quedaron viendo los objetos pequeños y raros. Detrás de la puerta que pasamos parecía haber una herrería. El gerente puso un peto de acero sobre un yunque y luego levantó la garra en el aire y la bajó rápidamente. El golpe que sonó fue seco y agudo, para nada como una espada y al mismo tiempo sentimos una vibración que viajó por el gran yunque y que hizo vibrar el suelo bajo nuestros pies. El arma no vibró en absoluto ni rebotó como lo hubiera hecho una espada, y lo más sorprendente fue que el peto quedó completamente aplastado e incluso ligeramente agujereado donde el impacto ocurrió. Esta arma simplemente cayó como un martillo del juicio y ahí quedo pegada al peto aplastado. —Lo ves. Al ser tan densa y dura, toda esa vibración me hubiera destruido los huesos de la mano y el brazo. Tal vez hasta desencajado un poco la piel, y eso que no fue un golpe fuerte. Esta arma parece multiplicar por mucho la fuerza del golpe recibido. Después hizo una comparación con otro peto y una espada mandoble para demostrarlo y al bajarla rápidamente el peto fue doblado por la línea del filo, pero sin tocar el yunque de abajo, solo lo hundió un poco, en cambio, la espada rebotó hacia atrás con fuerza y se mantuvo emitiendo un sonido vibratorio a lo largo de su longitud. —Como ves, misma fuerza, nada que ver con la otra. La garra pareciera casi pulverizarla con un toque en comparación con esto. También, observa el filo de la garra. Esa parte negra azabache que parece como un filo normal, pues no lo es —Agarró el arma y luego posicionó la punta en una parte del peto que no estaba doblado ni dañado. Al bajarla con relativa poca fuerza el filo fue primero comprimiendo el peto hasta donde podía y luego cuando ya no pudo comprimirse estar pegado al yunque, el filo comenzó a atravesarlo casi como mantequilla. —¡¿Puede hacer eso?! —Sí, y no has visto todo —La punta atravesó el peto y continuó atravesando más abajo. Pero abajo solo estaba el yunque extremadamente macizo y solido… No me digas…—: ¡¿Está atravesando el yunque también?! —Sí. Pero solo es hasta aquí —La punta quedó enterrada, lo cual era un tercio de la garra—. No puede seguir mucho más porque esta parte del arma ya no es lisa y es mucho más rugosa, así que se queda atascada tanto para entrar, como para salir —Con fuerza logró sacarla casi cayéndose, pero el punto quedó demostrado cuando el peto cayó y se vio el agujero tanto en el yunque como en el peto. Del tamaño de la parte negra azabache del arma. —Si quisieras empalar a alguien tendrías que mover el arma de una forma curva y no recta, pero no podrías cortarlos. Sin embargo, un golpe con esto podría incluso abollar un casco, por lo que no es tan mala maza. Tendrás que golpear con la parte media porque la parte alta, el filo, está muy curvado. Resumiendo, tiene sus ventajas y desventajas. Yo diría que tiene más ventajas que desventajas, pero los aventureros prefieren mandobles grandes y pesados. Con esta podrás golpear muy rápido porque no tiene resistencia al aire en cuanto a vibración se refiere. Y lo mejor, abollaras incluso las espadas de los demás. —Está bien. Me la quedo. —¿Seguro? Aun no te he dicho el precio. —Si tiene esas desventajas supongo que no será tan cara. Alde me dio un pulgar hacia arriba con una sonrisa, como diciéndome, bien dicho, que no te estafe. —Bueno, tienes razón. Cuando recién la encontraron y me la trajeron, y después cuando descubrimos sus capacidades pensamos en que debería venderse como una armadura de mandíbulas de hormiga, pero después nadie la quería por sus desventajas. Difícil para estocar y más complicada como maza por su curvatura. Está bien, si antes costaba una esfera eléctrica, ahora te la dejaré en una esfera ignífera. De repente Alde se metió a la plática con un carraspeo de su garganta y una mano cerca de su boca. —Permíteme ayudarte —me dijo con una expresión sumamente confiada y orgullosa y luego le habló al gerente—: Considerando como muchos aventureros han pasado por aquí y no la han deseado, no solo puede nombrar esas desventajas. Véala, no es muy bella que digamos con este color a oxido o arcilla marrón. Si tuviera toda el mismo color que la punta sería muy buena, pero por desventaja no es así. No te hace ver como un héroe de leyenda, sino más como un carnicero o un bandido. ¿Disculpa? ¿Estás diciendo que me hará ver horrible? La volteé a ver y de repente no pude evitar imaginarme a los ojos de los demás cargando esta gigantesca garra que parece venenosa posada en mi hombro y caminando hacia ellos en cámara lenta. Oh no, oh nonono. El gerente con una expresión consternada vio mi reacción como si estuviera a punto de decidir no comprarla y dejarla al igual que los muchos aventureros que pasaron por aquí. —¡Espera! Está bien, está bien. Al menos cobraré lo que me costó hacer la empuñadura para desviar su gigantesco contragolpe y un poco más por mi tiempo y mano de obra. Con una esfera congelante está bien. No puedo bajar a las ciclónicas porque ya estaría perdiendo mucho por el líquido que tiene dentro de la empuñadura. Alde sonrió y le dio la mano—: Trato hecho, muchas gracias. Ya puedes pagar Dante —me dijo poniéndome un brazo alrededor de mi cuello, pero yo no podía dejar de pensar en sus palabras de verme como un bandido. Pero aun así pagué, claro. Me gustaban las capacidades del arma. El gerente me habló después de unir nuestras tarjetas y que vibraran después de que usara mi contraseña—: Llegué a hacer una funda para la garra como entretenimiento por todo el tiempo que estuvo aquí. ¿La quieres también? Podrás colgártela en la cintura o en la espalda sin que se te caiga para agacharte o incluso si estuvieras de cabeza. Para cuando seas un aventurero te vendrá muy bien y no cualquier funda funcionará con esta arma, porque las lijaría y desgastaría por dentro al sacarla y ponerla ahí de nuevo. Yo hice una especial para ella. —Está bien, definitivamente la quiero. El gerente sonrió, pero de repente Alde volvió a carraspear su garganta y lo miró. La sonrisa del gerente se convirtió en resignación mientras hablaba: —Eres hijo de un comerciante, ¿verdad? Eres igual de molesto que ellos. Alde solo se rió y yo empaticé con el gerente. La funda me la dejó en dos esferas magnéticas, por lo que volví a usar mi tarjeta. Cuando me entregó la funda negra de cuero por fuera y madera por dentro me di cuenta de que la entrada de la empuñadura hacía de contención para la garra y que no se saliera, pero parecía que podía sacarse apretando un poco la entrada con los dedos para expandirla. —Si quieres que no esté lijando constantemente la madera de la funda, lo mejor sería que usaras una cera de abeja o algo así ahí dentro. De esa forma la superficie rugosa de la garra se deslizara sin dañarla un poco cada vez. Además pulirá la superficie del arma, por lo que podría verse mejor, aunque se le pegaran algunas cosas cuando la uses. Con un chorro podrías limpiarla y no se va a oxidar porque no es metal. —¿Usted ya le ha echado agua? —No, ha estado seca desde que la trajeron. —Está bien. Muchas gracias. —Vuelvan pronto. Excepto tú, si no quieres no vengas —dijo señalando a Alde. Yo, Dequinia y Aurora que ya estaban junto a nosotros nos reímos. Cuando salí del local me puse la funda con la garra en la espalda. Mi altura aun no era suficiente para ponérmela en la cintura sin que raspara el suelo. Creo que se ve un poco graciosa en mí porque es de mi misma altura, pero al estar ligeramente ladeada para sacarla con mi mano derecha no toca el suelo por un buen tramo. Además su curvatura me sirvió para esto también, y como no pesa mucho, es perfecta para cargarla sin que me canse. —Hey, te ves bien con ella. Al menos cuando no está desenvainada —me dijo Dequinia con un codazo suave en el cuerpo y una risita. Aurora asintió e incluso Alde parecía estar admirando la forma de mi cuerpo y la gran espada en mi espalda. —Nomás no te vistas como un ladrón con ella y estarás de maravilla —me dijo Alde. Le di un gruñido en respuesta y nos dirigimos fuera del mercado. El gremio de aventureros estaba más lejos. —¿Tomamos un carruaje levitante para llegar? Son unas cuantas cuadras —le preguntó Alde a las chicas. —¿Porque no? Dante podría cansarse con eso a la espalda —mencionó Dequinia. —Realmente no pesa mucho. Es menos que una espada —dije. Alde me dio un ligero codazo y me dijo—: Tú sigue la corriente —me habló en secreto al oído—: Tan solo no quieren caminar —se rio suavemente mientras se separaba. —Oh, está bien. ¿Él lo entendió porque es casi como el hijo de un noble como ellas dos? Bueno, me falta experiencia al parecer. Dentro de poco gracias a que Alde levantaba la mano, un carruaje que se movía con repulsión se detuvo frente a nosotros y el chofer se bajó para abrirnos la puerta. Era un carruaje techado. Cuando nos subimos los cuatro, nos sentamos frente a frente en los dos asientos largos que había. Las chicas juntas y Alde y yo del otro lado. Al empezar a moverse no podía sentirse ningún movimiento. Parecía como si siguiera detenido, pero al mover la cortina de la ventana vimos que nos estábamos moviendo. —Es muy bueno —les dije. —Sí, por eso quiero uno —dijo Dequinia. —¿No tiene tu padre unos cuantos? —le preguntó Alde. —Sí, pero yo no tengo uno propio que pueda llevar. —Ah. Aurora se rió con nuestra conversación y continuamos viajando. Las distintas tiendas, locales y restaurantes pasaban por nuestros lados. Dentro de poco llegamos y bajamos. Cuando bajabas el auto se inclinaba un poquito, pero luego volvía a su posición normal. El chofer nos cobró tres perlas magnéticas porque era un viaje relativamente corto. De hecho, Alde fue quien lo invitó y pagó por nosotros. Al voltear a ver el gigantesco edificio que había detrás de nosotros, solo pude quedarme con la boca abierta. —Wooow. —¿Primera vez que lo ves? —me dijo Alde con una sonrisa. —Sí. —Sabía que te sorprendería. Ahí había algo tan grande como un complejo palaciego con unas grandes letras que decían “Gremio de aventureros”. Casi parecía una ciudad en miniatura dentro de la ciudad. Alde volvió a hablar—: Y este ni siquiera es el principal. Hay uno dentro de la segunda muralla, cerca del castillo, que tiene un tamaño del doble o triple que este. —Así que no lo conocías —me dijo Dequinia. —No. —¿Vivías fuera de la capital? —Sí, en el bosque. Dequinia me miró con escepticismo. —¡Enserio! —Hay unas familias encargadas de ciertas secciones de los bosques alrededor de la capital para que las personas puedan viajar con tranquilidad. ¿Tu familia es una de esas? Vienes de una familia más importante de lo que creía. —¿Eh? ¿Enserio? —¿Ni siquiera tú lo sabes? ¿Será que tus padres te han mantenido ciertos secretos? —… Talll vez —alargué lo que decía. —Un día deberías preguntarles —dijo Dequinia. —Lo haré. Después empezamos a caminar por la plazuela que estaba enfrente del gigantesco gremio de aventureros. —¿Para qué necesitan tanto espacio? —les pregunté para ver si alguno sabía. —Creo que es porque los materiales que traen son de grandes bestias y necesitan procesar la carne y los artículos valiosos. Necesitan lugares donde quepan bestias de cien metros. También es porque hay restaurantes, bares y hoteles donde se quedan los aventureros. Todo lo que necesitan en un solo lugar. Aparte como hay tantísimos aventureros a lo largo del mundo. En sí, cada soldado o jefe del ejército se ha inscrito como aventurero al menos una vez en la vida. Hay muchos beneficios para ellos que son distintos a los que ofrece el ejército en sí. Con tantos miles de personas inscritas, necesitan muchos administradores y personal para que atiendan a la mayor cantidad de gente posible. Y ahí se llevan misiones de muchas partes en el reino, o incluso de fuera de él. Creo que incluso hay grandes campos de entrenamiento para simulaciones en grupo en bosques y ríos artificiales dispuestos allí, con maestros que enseñan como en las escuelas para todos los que entran, incluso si no tienen para pagar una matrícula escolar. Es más barato, por lo que más gente puede permitírselo. Aunque no tienen los mejores maestros y competencias interescuelas como nosotros. Tampoco residencia ni alimentos incluidos, entre otras cosas —dijo Alde. —Oooh, ya veo. ¿Tú sabes tanto porque ya lo habías investigado no? —Claro. Tengo muchas ganas de inscribirme apenas terminemos la escuela. Hay tantos grupos que quisiera conocer ahí —dijo Alde. —Oh, pues vamos cuando acabemos. —¡Claro que sí! —Creo que la tienda de tablas para volar está por allá —nos señaló Dequinia un camino. —Pues vamos. Caminamos hasta ver el letrero que decía “Surf por el cielo”. Era una tienda medianamente grande con ventanales a los lados. Al entrar por las puertas dobles de cristal vimos una cantidad de tablas increíble. Eran demasiadas. Un chico del personal se nos acercó y nos habló—: Bienvenidos, ¿buscan una tabla adecuada para ustedes? Vengan conmigo, les mostraré las mejores que tenemos en este momento. Mientras lo seguíamos, él nos fue contando—: Nuestras tablas no son de madera. Usamos espuma de poliestireno o poliuretano para el núcleo, recubiertas por fibra de vidrio por encima, eso las vuelve muy ligeras para cuando intentes maniobrarlas en el aire. Para las mejores que tenemos usamos una estructura de aluminio en forma de panal de abeja para el núcleo. Esto las vuelve tan ligeras como el mismísimo aire porque es lo único que guardan ahí, aparte de la estructura hexagonal. También están cubiertas por fibra de aluminio como cobertura. Además, tienen pequeños huecos para poner semillas de troncos resistentes. Con ellos podrán atar sus pies con raíces sin problemas a la tabla y no se les escapará por alguna turbulencia repentina. —¿Pero qué? ¿No son súper tecnológicas? —mencioné. —¡Pues claro querido cliente! Nuestra marca viene del mismísimo Imperio Imagin, ¡uno de los imperios más tecnológicos del continente humano! Su reino está un poco menos avanzado con diferencia, pero no tienen de qué preocuparse, ¡si vieran a los barbaros gigantes pensarían que están en la prehistoria en comparación! —dijo con una energía que te hacía sentirte extremadamente extraño por dentro, como si él fuera el único adecuado aquí. »Si estuvieran en el Imperio Imagin verían a personas volando en tablas por casi todas partes. Lo que más se verían serían vehículos voladores entre cada edificio rascacielos. Los trenes magnéticos circulan por el amplio perímetro de la capital, por miles de kilómetros. ¡Aaay! ¡Cómo extraño mi lugar de origen! —dijo limpiándose una lagrimita inexistente de su rostro añorante. Nosotros lo mirábamos con los ojos desencajados por el acto que hacía. Pero realmente, ese país sonaba como todo un mundo aparte viéndolo desde esa perspectiva e imaginación. ¿No estamos muy atrasados en general? Le pregunté a Alde—: ¿No estamos muy atrasados tecnológicamente en comparación? Fue Aurora quien respondió después de haber permanecido mucho tiempo callada en todo el viaje: —Eso es porque cada país guarda su conocimiento como una reliquia prohibida para los demás, así que no lo comparten con otros países de los alrededores. Además, el Imperio Imagin ha anexado a otros reinos en el pasado. Seguro que también se quedaron con el conocimiento que guardaban. —Ooooh, ya entiendo. Bueno, viendo que hay algunos edificios casi tan altos como el castillo blanco de tres puntas a lo lejos aquí en la capital, no estamos tan mal, creo. —Me desvié del tema, discúlpenme por eso queridos clientes —dijo con una reverencia, ligeramente afectado por lo que dijo Aurora de su país de origen—. Continuemos. Parece que no puede negar lo que dijo. La codicia existe ahí y aquí y en todas partes. —Estos son unos de los ejemplares que quisiera mostrarles. Todas son de aluminio endurecido en forma hexagonal por dentro. Ni sentirán que las traen en sus pies cuando las maniobren, pero les darán un control por el aire casi perfecto diría yo. Además, están a la moda gracias al arte de un artista respetado en distintos países como pueden ver. Cada una tiene un ancho de entre veinticinco y treinta centímetros y de largo pueden llegar a medir hasta ciento cincuenta centímetros o un metro cincuenta, por decirlo de otra forma. Su grosor es de uno punto cinco y hasta tres centímetros. Estas tablas tenían unos dibujos asombrosos y realistas de animales de la naturaleza tanto por encima como por debajo. No sé por qué, pero creo que valen más que una armadura de mandíbulas de hormigas. —¿De cuánto es el precio de cada una? —dijo Alde con una mano sosteniendo su barbilla en pensamiento. —Por supuesto, para esta de aquí serían dos esferas eléctricas en total. De esta otra serían una esfera eléctrica y dos esferas igníferas. Esta de acá costaría una esfera eléctrica y dos esferas congelantes, y la ultima de allí solo serían una esfera eléctrica y dos ciclónicas. ¡Lo sabía! ¡Son carísimas! Y yo pensando que tener diez esferas eléctricas ya eran muchas esferas. ¿Será que es considerado como nada por los nobles? —Me llevaré la que tiene la imagen del león rugiendo en el frente —dijo Alde. Así que es poco hasta para una familia de comerciantes. ¿Será que su padre gana muchas esferas? —Yo quiero la que tiene el gato negro en el frente —dijo Dequinia. —Ah, ¿te refieres a la de la pantera negra? ¡Con mucho gusto! —¿No tiene alguna con una araña de imagen? —mencionó Aurora. —Lo siento. Teníamos una, pero ya ha sido vendida a otra estudiante —el chico se inclinó en disculpa—. Podemos conseguir una para dentro de un mes máximo si es que gusta esperar, pero el pedido costará solo un poquito más por la petición especifica al artista. —No, está bien, deme una de aluminio sin imágenes, por favor. —Claro —puso una sonrisa complicada—. No hay de qué, por favor venga por aquí para que pueda elegir la que más le acomode —Se volteó hacia mí y me preguntó—: ¿Usted va a querer una de estas? —Una normal de aluminio está bien para mí también. —Claro, por favor venga usted también para que pueda elegir —dijo señalando con su mano un pasillo. Creo que sin el dibujo del artista me saldrá un poco más barata. No sé si mis padres me puedan dar más de lo que tengo, pero mejor prevenir que lamentarlo después. Ahora sí que no tengo idea de cuál es la media para los ricos, los medianamente ricos, los del promedio y los pobres. Supongo que mi familia es solo un poco mejor que el promedio. ¿O somos medianamente ricos? Naah, vivimos en el bosque. Las tablas de aluminio sin el dibujo eran exactamente iguales a las otras, por lo que agarré una que se veía ligeramente brillante con la luz y me fui junto con los demás a pagarlas. El personal nos habló en el camino a la caja—: También tenemos tablas para surfear por la nieve, pero estas son ligeramente más pesadas, por lo que no funcionan bien para volar. Si vivieran cerca de las montañas nevadas o fueran a unas algún día podrían usarlas para deslizarse por ahí. —Muchas gracias, estamos bien con las de ahora, pero sin un día se da la ocasión, vendremos por unas de ellas —mencionó Alde con un tono formal. —Claro claro, aquí los dejo queridos clientes, pueden pagarle a ella, tengo que atender a unos nuevos que acaban de llegar. Me despido —Dio una reverencia elegante y practicada y se dirigió con unas nuevas personas que entraban por la puerta. La chica del personal en caja nos habló—: ¿Pagarán individualmente o en grupo? —Individualmente por favor —dijo Alde. —Muy bien, pueden acercar sus tarjetas —dijo moviendo la suya cerca. Tomé mi tarjeta y la puse encima de la suya, después moví mi energía por dentro con la contraseña y sentí la vibración característica. Todos los demás hicieron lo mismo y levantamos nuestras tablas para llevárnoslas cargando a la salida. Activé mi tarjeta luego de salir del local para ver mi cambio y noté que decía: ocho esferas eléctricas con dos esferas igníferas con una esfera congelante y dos esferas ciclónicas. Considerando todo lo que he pagado hasta ahora, parece que sin la imagen aun costaba una esfera eléctrica, aunque sin más que pagar por suerte. Que rápido se están acabando por dios. —Ahora —dijo Alde—. Si supiéramos volar con ellas podríamos irnos volando por encima de las calles hasta la academia, pero como no sabemos, ¿deberíamos tomar un carruaje otra vez? Dequinia y Aurora asintieron. Alde me volteó a ver y dijo—: Quisiera con muchas ganas explorar el gremio de aventureros, pero sería mejor que regresemos y empecemos a practicar nuestro vuelo. Ya vendremos cuando cumplamos diecisiete. Yo también tenía muchas ganas de verlo por dentro y explorarlo, pero estuve de acuerdo con Alde y asentí. La sorpresa y emoción sería más grande al venir cuando vayamos a convertirnos en aventureros de verdad. —Está bien, volvamos. Abracé mi tabla que era casi de mi tamaño al igual que la garra en mi espalda. Hoy tendría dos nuevas adiciones en mi habitación. Tal vez en otros fines de semana podríamos ir al mercado y podría comprar alguna baratija para decorar. Aunque, ¿puedo hacerlo? Tal vez debería preguntarle primero a mi papá en vacaciones cuando vuelva a la casa por unos días.

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Estás leyendo el capítulo 27 de Imaginación Energética (Novela), un novela. En un mundo donde la realidad se controla con la imaginación, debes saber la ciencia detrás de cada fenómeno para manifestar magia, si no lo sabes, las cosas no suceden como deberían, por eso la sabiduría y el… Este capítulo tiene publicado el 12 de marzo de 2026, Traducido por el grupo JedrekImagic. Imaginación Energética (Novela) tiene 36 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.