Leer Imaginación Energética (Novela) Capítulo 26 online gratis en español
🏴 Grupo: JedrekImagic✍️ Traducción: JedrekImagic
\*Comentario del autor\*:
Recomiendo leerlo con las canciones Song of the man who never gave up y Am I dreaming myself de Eternal Eclipse en youtube, justo en la parte donde empiezan a tocar los bardos (sorry por el spoiler). O leerlo completo con el video Fountain Of Eternity de PandoraJourney, ahí vienen las canciones y fue lo que me puse de fondo al escribir.
\*Termina comentario del autor\*
Alde tocó a mi puerta la mañana siguiente. Era uno de los dos días libres que tendríamos.
—Pensamos ir al mercado de la ciudad en grupo junto con la ayuda de un prefecto. ¿Quieres ir? —me dijo.
—¿Van a comprar una tabla para el entrenamiento?
—Yo sí, no sé los demás.
—Vamos entonces.
Nos reunimos con Aurora, Dequinia, Olvera y hasta David y Lana vendrían. No vinieron los otros. Me pregunto si no se hicieron cercanos con los otros tres. ¿Cómo se llamaban? Creo que eran Arsel, Veronica y Mauro. Bueno, está bien. Somos un grupo grande de por sí.
Dentro de poco también llegó un hombre con gafas que parecía un maestro. Iba vestido con un traje gris claro e iba ligeramente despeinado, ¿o quizás ese era su estilo?
—Buenos días, prefecto Gordrin —mencionó Alde con una ligera reverencia.
—Buenos días —repetimos los demás y nos inclinamos ligeramente.
—Buen día chicos —habló él con una voz profunda y un acento de noble. ¿Será alguien importante?—. Hoy los acompañaré a donde vayan, sin embargo, no deben preocuparse de tenerme siempre a su lado. Los estaré vigilando desde una distancia segura con Imagi. Si siento que algo sucede iré a verlos de inmediato. Pueden disfrutar su tiempo en grupo como si no estuviera. Lo que sí les advierto es que en caso de emergencia, tardaré al menos un minuto en llegar, por lo que deben estar conscientes de sus alrededores.
—Por supuesto, prefecto —declaró Alde y los demás asentimos.
—Bien. ¿Ya llevan cada uno su tarjeta de saldo?
Yo y Olvera negamos con la cabeza y Alde se acercó a mi oído para decirme:
—Oye, ¿enserio no te explicaron esto? ¿El subdirector, al entrar a la escuela?
Traté de acordarme, pero solo le había puesto atención a algunas cosas que se me hicieron importantes. Había hablado tantísimo que muchas cosas solo salieron por mi otro oído. Pero, ahora que trato de recordar, creo que mencionó que deberíamos pedir algo para poder comprar fuera de la academia. Así que era esta tarjeta.
El prefecto Gordrin nos miró y se ajustó sus lentes:
—No está bien que no pongan atención, chicos. Esta tarjeta debes pedirla en la administración del edificio de estudiantes donde duermen, pero como ya han pasado tantas veces estas cosas, me encargué de traérselas a los que se les ha olvidado —mencionó sacando dos tarjetas que brillaban ligeramente de morado y azul profundo y entregándolas.
Yo y Olvera las recibimos y el prefecto continuó hablando:
—Cuando las tengan por primera vez, deben activarlas para poder usarlas. Al activarse empezarán a emitir un ligero resplandor blanco en forma de líneas dentro de la tarjeta. Eso es porque está hecha con algunos filamentos y compuestos de perlas eléctricas. Los que la activen por primera vez sentirán un circuito eléctrico que les recorrerá la piel del brazo. No es doloroso, pero sí ligeramente incómodo. Deben memorizarse ese patrón, porque no se volverá a repetir una segunda vez. Esa es su contraseña para pagar con ellas. Para usarlas deberán repetir ese patrón dentro de la tarjeta con su energía. Cuando lo hagan y la acerquen a otra tarjeta, ustedes podrán pagar con el saldo que tengan registrado dentro. Un banco de perlas y esferas luego se encargará de pasar por el local donde la señal quedó registrada y entregar las perlas o esferas necesarias para el gasto. Sus padres guardaron saldo para ustedes en esa tarjeta. Las perlas y esferas pueden quedarse dentro o fuera del banco, pero es más sencillo pagar grandes sumas así.
»Otra cosa, si no sienten el circuito recorrer su brazo al activarlas es porque ya ha sido activada antes por primera vez. En ese caso se debe de cambiar inmediatamente. Cada tarjeta comprime los compuestos piezoeléctricos de las perlas con las que fue hecha después de activarse, por lo que dejará de funcionar cuando se consuman y deberá reponerse con una nueva, pero eso tarda mucho tiempo. Eso es todo. ¿Pusieron atención esta vez? Porque no lo volveré a repetir.
—Sí —Yo y Olvera mencionamos.
—Bien, ahora sí, pueden irse. Como dije, los vigilaré desde una distancia adecuada —El prefecto Gordrin se dio la vuelta y se dirigió a un edificio administrativo de la escuela dentro del recinto.
Alde dijo—: Bueno, ¿nos vamos?
—Vayamos —dijo Dequinia queriendo enmascarar su emoción.
Alde le mencionó mientras salíamos por la gran puerta de la academia—: Seguro que tu familia te dejó un saldo muy grande porque eres de una familia noble.
Dequinia respondió—: No mucho, solo para que pudiera comprarme lo que guste.
—¿No cuenta eso para todo?
—No. No me puedo comprar un carruaje levitante incluso si quisiera uno.
—Bueno, eso es normal ¿no? Esos cuestan una estrella o hasta más de eso, creo. Aunque no estoy seguro de qué calidad sería la estrella, ¿tal vez ignífera?
Mientras íbamos por la acera, algunos transeúntes nos volteaban a ver. ¿Será porque somos niños aun y vamos en grupo? ¿O será porque por fin nos dieron nuestros uniformes a medida y representamos a la escuela? Eso sí que lo recuerdo. Nos darían nuestro uniforme luego de saber nuestra talla y hacerla a medida para todos los nuevos alumnos, pero eso llevaría unos días. Todos llevábamos pantalón negro y saco de color rojo carmesí, con una camisa blanca debajo. Nuestro uniforme de entrenamiento es una camisa escarlata de botones centrales y un pantalón del mismo color ligeramente holgados también. Según Alde, a partir de los once años los hombres usaríamos corbata negra y las mujeres usarían un moño grande negro al frente de la camisa blanca. De lo que me contó también, de los catorce años en adelante las mujeres podrían usar una falda plisada carmín si quisieran como parte del conjunto de su uniforme.
Definitivamente saben que somos de la academia Rosher, ¿pero no es normal ver alumnos de nuestra academia? ¿O tal vez sí sea por nuestra edad?
Le pregunté a Alde—: ¿No salen muchos alumnos de la academia de nuestra edad?
—Hmm, salen más desde los once en adelante. Será por el tema de tener que estarle avisando a un prefecto que nos acompañe, por eso no se crean muchos grupos de nuestra edad que salgan. No hasta los once cuando ya podemos salir sin supervisión de ellos, y sin tener que ir en grupo.
—¡Ohh! Por eso nos miran mucho.
—Podría ser.
Mientras seguíamos caminando observamos los distintos establecimientos por fuera y a veces comentábamos de ellos.
Me dijo Alde—: Hey Dante, Olvera y David también, ¿ya vieron ese lugar por dentro? Miren cuantas armaduras y armas hay ahí.
David habló—: Según mi padre, hay unas armaduras hechas de partes del exoesqueleto de hormigas gigantes, como la hormiga tortuga. Como hay tantas colonias de ellas, es el tipo de armadura que más te encuentras.
—Wow —dije yo.
Alde le dijo a todos—: ¿Entramos?
Las chicas no estuvieron de acuerdo—: Cuando seamos aventureros. Ahorita mejor vayamos al mercado.
Al final, no teníamos de otra más que seguir esperando para verlas.
Olvera pareció indeciso para hablar, pero al final lo hizo—: A veces en el mercado también se ven.
David, yo y Alde dijimos: ¡¿Enserio?! Entonces vayamos rápido.
Cuando pasamos por fuera de un grandísimo edificio con el letrero “Museo de Bestias Gigantes”, todos nos detuvimos y observamos por la gran puerta el interior. Más allá de un pasillo recto vimos el cráneo de algún animal que midió al menos unos veinticinco metros.
—¿Entramos? —dijimos la mayoría e incluso las chicas querían ver las bestias más grandes que hay fuera de las murallas. El mercado aun esperaría un poco, pero aquí seguro que encontramos algo interesante.
Nos acercamos al personal de la gran puerta y nos dio la información que necesitábamos para entrar.
—La entrada cuesta una esfera magnética, ¿gustan pagar con tarjeta o de forma directa?
Alde dijo—: Así que vale unas nueve perlas magnéticas. No es caro.
Yo le pregunté—: ¿Cada esfera equivale a nueve perlas de lo mismo?
—Sí. Según mi padre es porque contienen una esencia más presurizada, y con su tamaño ligeramente mayor, equivalen a diez de ellas. Como las perlas magnéticas son las menos valiosas en la economía, realmente es muy barato. Vale lo mismo que tres perlas ciclónicas.
—¿Entonces tres magnéticas son una ciclónica?
—Sí. Es lo mismo que decir que tres perlas ciclónicas son una perla congelante.
—¿No es demasiado? Recuerdo el poder de la congelante y la ciclónica. ¿No son casi igual de fuertes?
—No se valoran por su capacidad destructiva, sino por su utilidad. Como cada una tiene diferentes propiedades, se usan para diferentes cosas. Es como nuestra tarjeta para pagar, hecha a partir de algunas pequeñas partes de una perla eléctrica. Supongo que por eso es la más valiosa en la economía.
—Bueno. Por cierto, ¿se puede saber cuánto saldo tengo para pagar la entrada?
—Utiliza tu energía en la tarjeta como si pusieras tu contraseña aunque no pagues nada y unas líneas brillantes aparecerán en la tarjeta indicando cuanto tienes.
—Está bien, gracias —Mientras veía como los demás pagaban con sus tarjetas, usé mi energía para activar mi tarjeta. Ahora que lo pienso, no me sé mi contraseña. ¿Por ser la primera vez se me dará así como dijo el prefecto Gordrin? Una sensación de electricidad corriendo desde mi mano que la sostenía hasta mi brazo se sintió. Era como un hilo que empezó a dar giros. Izquierda, derecha, derecha, izquierda, derecha, izquierda, izquierda. Así que esa es mi contraseña. Vi que Olvera también la acababa de activar. Tal vez debimos activarla antes por seguridad. Bueno ahora lo sabemos. Mi tarjeta empezó a emitir una luz con forma de rayo dentro de sí misma, pero el color morado del material lo atenuaba un poco.
La sensación en mi brazo se quedó de forma persistente, por lo que era fácil recordarla. Cuando la repetí dentro de la tarjeta, de repente la luz con forma de rayo formó un número y unas palabras: diez esferas eléctricas.
Espera, si contamos con que tres perlas congelantes son una perla ignífera, y tres perlas igníferas son una perla eléctrica. Además, nueve perlas eléctricas son una esfera eléctrica, entonces, ¡¿no es eso demasiado?!
¡¿Papá?! ¡¿Mamá?! ¡¿No éramos pobres viviendo en medio del bosque?! Aunque, ahora que lo pienso. La academia en la que estoy es una patrocinada por el reino. ¡¿Será que es cara también?! ¿Mi padre ganará mucho con su trabajo en el ejército? Espera, él es maestro de división. Eso cuenta como un jefe del ejército, ¿no? ¿Es tan fuerte como el que aplastó la bestia como una bola de papel fuera de las murallas? De repente tengo muchas preguntas sobre mi familia.
Cuando puse mi tarjeta encima de la que tenía el personal de la puerta y luego hice el mismo recorrido con mi energía dentro de la tarjeta, sentí una ligera vibración de ambas.
—Pago recibido, puedes pasar —me dijo el personal de la puerta que era muy joven con una sonrisa y un gesto de la mano.
Todos ya habían entrado y me esperaron unos metros detrás del hombre. Activé mi tarjeta otra vez con mi contraseña para ver si los números habían cambiado en ella y así era. Ahora decía: nueve esferas eléctricas con dos esferas igníferas, con dos esferas congelantes, con dos esferas ciclónicas y dos esferas magnéticas. ¿Qué? No entiendo nada. ¿Por qué ahora de repente tengo un montón de esferas de los otros tipos? Las perlas tienen valor de menor a mayor según su elemento, ¿será que las esferas también? Qué complicado. Aún sigo teniendo nueve esferas eléctricas, pero parece que se usó una para pagar. Que me hayan dado tantas esferas de los demás tipos significa que vale un montón por sí misma entonces por ser la de mayor valor. Ohh, no quiero saberlo, es muy complicado. Si lo tengo que aprender para el futuro solo quiero saber lo básico.
—Oye Alde —le preguntaré solo un poco—. ¿Cuánto vale una esfera eléctrica en esferas magnéticas?
—Hmm, deja me acuerdo. Yo también le pregunté a mi padre una vez. Creo que eran unas 81 esferas magnéticas.
—¡¿Qué?! ¡¿Tanto vale una esfera eléctrica?!
—Sí, ¿por? ¡Ah! ¿Te dieron una para gastar? Bueno, tienes para comprar una tabla y hasta unas cuantas cosas más.
Bueno, justo gasté una de esas ochenta y un esferas y sumando las otras ochenta y uno de cada una de las otras nueve, me pregunto cuántas tendré.
Cuando llegamos al esqueleto que habíamos visto desde la entrada, vimos el cuerpo completo que se extendía por más de veinte metros a lo largo y veinticinco metros de altura. En una tablilla decía: Lobo en su primera fase de evolución y había una imagen pintada muy realista de uno.
—Así que es un lobo —dijo Alde.
—Antes de llegar a la capital vi una bestia de unos cincuenta metros, aunque estaba muy lejos esa vez —mencioné.
—¡Oh! Espero que veamos un esqueleto de algo de ese tamaño aquí.
—Bueno, si hicieron el techo del museo tan alto, yo creo que podría haber uno definitivamente —dijo Dequinia.
Después caminamos y encontramos un esqueleto de un cocodrilo de unos treinta metros de largo en medio de un estanque artificial. Su altura era de unos cinco metros. Al ver esa gigantesca mandíbula abierta del tamaño de un edificio de dos pisos, casi me da algo. Su ojo podría ser tan grande como la mitad de lo que mido.
Al llegar a otro pasillo todos vimos una gran habitación acristalada y sellada. Al ver lo que había dentro, Alde y otros del grupo dieron un ligero grito. Yo abrí los ojos ampliamente y se me enchinó la piel por completo. Ahí había un hábitat oscuro con unas pocas luces que exhibía una gigantesca araña peluda posada sobre un gran tronco inclinado. Miraba hacía nosotros y se veía tan real que podías sentir como si lo fuera, pero por suerte en la tablilla decía que era un exoesqueleto conservado. Aun así, esos gigantescos colmillos que podrían atravesarnos el pecho directamente sin inyectarnos nada porque estaríamos hechos pedazos, me daban un miedo primitivo. Sus muchos ojos…
Por alguna razón la única no asustada desde el principio era Aurora, y la estudiaba con curiosidad. Bueno, creo que la maestra había dicho que su familia tenía mucho conocimiento de arañas. Cuando caminamos a otra habitación, ella se quedó un tiempo detrás y luego nos siguió.
Llegamos a un lugar grandísimo, quizás el que alcanzaba el punto más alto de la estructura que se veía por fuera. Ahí vimos nuestro primer esqueleto de cincuenta metros, y no era otro que una hormiga.
—¡Increíble! —mencioné.
—Es alucinante —dijo Dequinia.
—Wooow —dijo Olvera.
Ahora era Alde al que se le enchinaron los vellos y se veía en shock con los ojos muy abiertos.
Era solo una cascara vacía, pero era igual que la araña. Se mantenía como si fuera casi real, abarcando todo lo que quedaba del grandísimo edificio. ¿Cuánto les habrá costado traerla y ponerla aquí? Si lucharon con ella, parece que no la mataron con algún ataque que la haya dañado por fuera, sino por dentro.
Si esta hormiga se ve tan grande con solo cincuenta metros, entonces no me quiero imaginar cómo se vería para el águila real. De hecho, ¿no sería tan solo lo que es para nosotros? ¿Una hormiga?
En la tablilla decía que su exoesqueleto estaba hecho de quitina y que puede durar muchos años así. Solo se descompondría si microorganismos u hongos la invadieran. Ahora que lo pienso, ¿algún microorganismo ha llegado a evolucionar hasta este tamaño? No conozco como son en ese mundo tan pequeño, pero mi padre dice que existen. ¿Siquiera sienten emociones como el miedo a la muerte?
Eso era todo en cuanto a esqueletos extremadamente grandes. Había otros que abarcaban el espacio sobrante entre la hormiga, pero eran de unos diez a veinte metros, algunos eran de solo cinco. Se veía como un pequeño ecosistema de esqueletos de distintas bestias, insectos y aves que no llegaron a crecer tanto antes de ser asesinadas por otros. Vimos algunos esqueletos de aves anclados al techo y había pinturas de cada uno cerca de ellos con una apariencia realista de cómo se veían antes de morir. La atracción principal fue la hormiga, al parecer.
Una chica del personal se nos acercó y nos dijo antes de que nos fueramos:
—Deberían visitar otro de los grandes museos del sur. Ahí tenemos el esqueleto de una serpiente de cincuenta metros que recorre todos los pasillos del edificio.
—Woow.
—Lo haremos. Muchas gracias —Alde y Dequinia se inclinaron y los demás les seguimos.
Cuando salimos nos dirigimos al mercado. Íbamos hablando de lo que vimos. Alde y Dequinia juntos. Olvera, Lana y David juntos los tres. Yo me acerqué a Aurora para preguntarle sobre la araña.
—¿Sabes de qué tipo era?
—Era una araña lobo... ¿Sabías que son las únicas que cargan a sus crías en la espalda cuando nacen?
—No, pero se han de ver horripilantes con todas ellas encima —dije con un escalofrío.
—Bueno, no te lo niego —dijo con una sonrisa.
—Te gustan mucho, ¿no es así?
—Sí.
—¿Hay una que te guste más?
—La maratus volans.
—¿Eh?
—También se llama araña pavo real por sus colores azules, rojos brillantes y bonitos.
—Ooh, me gustaría verla alguna vez, sin que esté tratando de matarme claro.
—Buena suerte con eso. Si crece tan grande como la del cristal, podría tratar de cazarte activamente y podrías no verla venir. Corre muy rápido y salta sobre sus presas desde lugares lejanos. Aparte es una cazadora diurna, o sea que prefiere el día y no la noche.
—Bueno, ahora solo prefiero verla cuando aún está chiquita, sin evolucionar.
Aurora se rió después de haberme asustado un poco y yo sonreí.
Cuando llegamos al mercado empezamos a ver mucha más gente que antes pasando por nuestros lados. Incluso llegamos a ver otros alumnos de nuestra escuela de años superiores con sus uniformes carmesí. Hubo unos uniformes que no reconocimos también, pero sabíamos que eran de alumnos de otras escuelas. Algunos eran de color beige, casi blanco y otros eran morados. Todos parecían trajes, pero algunas chicas usaban faldas del mismo color, y todos los hombres y mujeres usaban una corbata o un moño. ¿Es algo característico de las escuelas? ¿Este tipo de uniformes?
—Ohh, miren, los bebés están aquí —mencionó un chico que se veía de unos quince años que tenía un uniforme beige. Se lo dijo a uno de sus amigos de al lado y los demás solo sonrieron.
¿Se refieren a nosotros? Vi que nos volteaban a ver, pero no dijeron más que eso. Solo porque seas alto no significa que seas mejor. ¿A esto se refería mi hermano con la competencia entre escuelas? ¿Acaso habrá mucho de esto cuando empiecen en serio las competencias a los once años?
Dequinia los miraba molesta, Aurora con indiferencia y Alde solo guardaba lo que sentía para sí mismo, como yo. Olvera, Lana y David tuvieron expresiones mixtas. Olvera fue el más tímido.
Cuando avanzamos más y los dejamos de ver Dequinia habló con un gruñido:
—¡Lo sabía! Mi hermano tenía razón.
—Bueno, no se puede evitar —dijo Alde—. Aparte ellos ya tienen más experiencia por ahora. Nos equilibraremos mucho cuando seamos aventureros o militares. Cada quien avanza mucho más por su cuenta y experiencia a partir de ese momento.
David chasqueó la lengua y dijo:
—Aun así me dan ganas de darles una lección.
Lana le respondió:
—Ellos te la van a dar a ti si no estudias. Ya ves, por eso no seas tan flojo y practica por tu cuenta.
David puso un rostro apenado y se rascó la cabeza:
—Bueno, eso intento.
Los demás sonreímos y continuamos por en medio del mercado. La vez que había pasado cerca de uno había escuchado mucha música, pero parece que no están hoy, o aún no han empezado.
Algunos puestos tenían comida de algún tipo que algunos decidieron probar. En otros vimos dijes y baratijas mientras los dueños nos hablaban y decían:
—¡Chicos! ¡Miren pero que guapos están! ¡Seguro que esto se vería muy bien en ti! ¡Anda, ven a probártelo, ven, ven! ¡O tú chica, esto es perfecto para ti!
Eran muy testarudos y tenaces. Algunas veces Olvera y Lana casi caen en sus juegos de palabras. David se aguantaba las ganas de seguirles la corriente.
Llegamos a un puesto medianamente grande que tenía armaduras en figuras y muñecos. Algunas se veían resplandecientes. Otras se veían marrones y rugosas, como granuladas. ¿Serán esas de partes de hormiga? Cubrían la mayor parte del cuerpo, pero podías dejar expuesta la zona del brazo para moverlos mejor. Las armaduras de las mujeres eran iguales, pero un poco más delgadas de la cintura y de los brazos, con el pecho ligeramente más abultado.
—¿Siquiera sirven las armaduras contra un golpe de una bestia evolucionada? —pregunté a mis amigos, pero el dueño de la tienda fue el que me respondió con mucha energía.
—¡Claro que sí chico! Algunas pueden soportar las garras de un felino o hasta la mordida de uno de ellos. En especial las armaduras hechas con mandíbulas de hormigas, esas sí que resisten demasiado. Si tuvieras una armadura hecha de las alas de un escarabajo acorazado diabólico, serías casi invencible, pero buena suerte para acabar con uno, por algo se consideran así. Con algunas armaduras el daño superficial puede ser nulo a veces, pero el golpe se transmitirá al interior, por lo que tendrás que amortiguarlos con tu propia experiencia y habilidades energéticas.
—¿Cuánto cuesta una armadura de esas?
—Una de mandíbulas de hormiga o de caparazones de escarabajo, al menos de los que son más fáciles de cazar, diría que cuesta una esfera eléctrica por un set completo a medida. Armaduras hechas de otros insectos que siguen siendo duras aunque menos que las mejores cuestan algunas esferas congelantes o hasta igníferas. De materiales mucho peores, pero que siguen sirviendo contra algunas amenazas sí cuestan esferas ciclónicas o hasta esferas magnéticas, aunque no las recomiendo. Son como el dicho: Lo barato te sale caro o hasta puede terminar con tu vida —se rió.
Alde preguntó—: ¿Usted vende armaduras buenas?
—Chico, ¿desconfías de mí? Te puedo decir que tengo una armadura completa hecha de mandíbulas de hormiga para vender, pero solo una. Las demás son de otras partes de las hormigas, y no tengo ninguna hecha de caparazones o de alas de escarabajos. Yo no me atrevo a cazar ninguno yo solo. Lo único malo para ti sería que tendrías que esperar hasta cumplir al menos 17 años para que te quedara, porque no está hecha para tu altura y complexión.
—Ohh, cierto… —Alde se deprimió.
Yo también esperaba comprar una con lo que me dieron, pero no hay para mí. Tal vez pueda comprar una espada al menos. Una que use cuando salgamos de excursión no estaría mal.
—¿Usted solo vende armaduras?
—Es mi especialidad. He hecho algunas espadas con dientes largos y grandes de bestias, pero no se consideran buenas aun. Hay un puesto de armas aquí cerca que vende unas armas muy extrañas, por lo que podrían comprar ahí, pero les advierto —hizo un gesto con su mano en la boca como si dijera un secreto—. Casi nadie le compra nada por lo raras que son. Y no porque sean muy buenas y caras, sino porque su utilidad es extraña.
—Gracias por la recomendación —dije yo.
—No hay de qué chicos, ¡vuelvan cuando sean mayores!
Los chicos nos fuimos deprimidos. Las chicas observaron por un momento las armaduras para mujeres, pero no estaban tan emocionadas como nosotros, por lo que solo se limitaron a escuchar.
—¿Creen que vayamos a escuchar a los bardos por aquí? —pregunté.
—Quien sabe —dijo Alde.
—No están siempre, solo algunos días —dijo Dequinia. ¿Se lo habrá contado su hermano o ya ha venido antes? Bueno, la mayoría de ellos vive en la capital. Soy de los únicos que vivía lejos en el bosque, supongo, pero de verdad quiero verlos.
Una dueña de una tienda con un velo que le cubría la boca y el cabello nos habló:
—Los escucharán dentro de media hora cerca del centro de este mercado si deciden quedarse. No han hecho actuaciones en tres días, pero esta vez así será.
Su tienda parecía un puesto de adivinación. Sus ojos tenían un ligero sombreado y usaba mangas largas que solo mostraban sus dedos.
—¿Enserio? Gracias por avisarnos —Podríamos habernos ido antes de eso.
—No hay de qué muchacho. Siento que tu futuro será prometedor.
—¿Enserio? ¿Por qué lo dice?
Alde me hablo en voz bajo al oído—: No caigas en su artimaña. La mayoría de los adivinos son falsos. Solo dicen que sobrevivirás a tu próxima aventura, o que tu relación saldrá bien, pero muchas veces terminan en tragedia estos casos.
Volteé a ver a Alde con sorpresa y luego con dudas a la adivina.
—Se lo que piensas muchacho. No te estoy cobrando nada por esto, no sé de qué te preocupas. Solo te lo menciono porque tienes un acompañante muy luminoso siguiéndote de cerca. Muchos siguen tus pasos y quieren ver que camino tomarás. Si seguirás el camino que toma la mayoría en este mundo. Me lo ha contado mi confidente —mencionó dando una ligera y rápida mirada hacia su lado, pero no había nadie allí.
¿Qué rayos? Me dio un escalofrío.
—Vamonos —dijo Alde apresurándome, también medianamente intimidado. Dequinia y Aurora estaban ligeramente interesadas en la adivina, pero continuaron caminando con nosotros.
Antes de irme le di una ligera reverencia en agradecimiento a la adivina por si lo que dijo de los bardos sería cierto y por si tal vez ya no la volviera a ver. También agradecía por lo demás que me dijo, aunque no sabía que pensar de ello. Solo me hizo acordarme de mis sueños, especialmente de aquel donde creo que llegué a ver a un Emauni y entrenar con él.
Continuamos viendo puestos, algunos uniformes familiares y algunos desconocidos. Personas pasaban una y otra vez sin acabarse, buscando baratijas, atuendos, adornos, comida y otras cosas. Poco a poco fue pasando media hora y creíamos que no iba a ser verdad lo que la adivina dijo, pero unos sonidos y notas de instrumentos musicales empezaron a escucharse más y más, inundando todo el mercado como si un concierto estuviera en cada edificio, detrás de cada casa y en cada rincón de donde vinieras. Incluso encima de tu cabeza. Un coro de hombres y mujeres empezaron a cantar en un idioma desconocido junto con violines, tambores y más. Parecía como la introducción a la escena de un país glorioso, como si mostraran de dónde venían con orgullo y un escenario parecía abrirse en nuestras mentes.
Mientras buscábamos el origen del sonido con rapidez, o el centro del mercado como dijo la adivina, vimos que muchos también se apresuraban para escuchar el espectáculo. Era como si una orquesta estuviera a punto de empezar toda una historia con su música e instrumentos. Por ahora el suspenso musical de cómo se abría el telón era lo que todos escuchábamos.
Cuando llegamos a la parte donde mucha gente estaba reunida, vimos un escenario circular que iba en escalones hacia abajo. Ahí había unos siete bardos, todos con aspectos hermosos por alguna razón. ¿Acaso todos los bardos tienen apariencias tan llamativas o solo los que son invitados por el país?
Cuando se detuvo la introducción, un piano comenzó a escucharse en los alrededores. ¡¿Qué?! ¡Pero no hay ninguno ahí!
—¡Miren! Él es el que está tocando —Una persona señaló a un joven que estaba sentado y con sus manos tecleando en el aire.
Yo grité levemente hacia Alde y los demás—: ¡¿Son capaces de tocar sin instrumentos?!
Una mujer que se veía de unos cuarenta años detrás de mí nos habló—: Por supuesto chicos. Ellos hacen vibrar el aire a su antojo para formar los sonidos de sus instrumentos. En sí, los instrumentos que usan fueron su primer paso y parte de su aprendizaje, pero después ya no los necesitan. Funcionan como parte de su belleza y apariencia al tocar, pero ellos magnifican el volumen y esplendor de sus melodías con su propia energía controlando el viento y las vibraciones. Pueden hacer lo mismo con el volumen de su voz. Según lo que he escuchado, los mejores bardos pueden dar un concierto que suena por todo su imperio. Cada sección de su ciudad tiene diferentes melodías que no se mezclan entre sí de alguna forma. Son maravillosos.
—¡¿Qué?! ¡No me lo creo!
—¡Pues es la verdad chico!
Escuchando el piano, el chelo, el violín y su coro sonando cada vez más épico resonando por cada pared y material, no podía más que estar de acuerdo con lo que dijo.
La melodía y el sonido no sonaban ensordecedoras, eran impactantes, de alguna forma hacían vibrar cada célula de tu cuerpo desde todas partes, como si estuvieras a punto de convertirte en una vibración de su concierto también.
El coro era de pocas personas, pero sonaba como de muchas. El violín parecía tener muchos violines acompañándolo con las mismas notas, el piano parecía accionar distintas teclas de tu mente que ni sabías que existían, ocurría lo mismo con los demás instrumentos. ¿Es esto, maestría personal? ¿Cómo son tan buenos? Todo el rato llevaba imaginando una gran ciudad llena de música por cada calle y rincón, con cada paso que uno daba por ahí… Solo, woow.
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Imaginación Energética (Novela)
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Imaginación Energética (Novela) Capítulo 26
Estás leyendo el capítulo 26 de Imaginación Energética (Novela), un novela. En un mundo donde la realidad se controla con la imaginación, debes saber la ciencia detrás de cada fenómeno para manifestar magia, si no lo sabes, las cosas no suceden como deberían, por eso la sabiduría y el… Este capítulo tiene publicado el 10 de marzo de 2026, Traducido por el grupo JedrekImagic. Imaginación Energética (Novela) tiene 36 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.