Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 9 online gratis en español
Horas más tarde, el sol se ha escondido. Marcando la medianoche por el municipio de Arma.
—¡Ah! ¡Por poco!— Bruma una voz. Es Tatsir, con los ojos desorientados y la mente flotando. A su alrededor, una multitud. Medds, enanos e incluso gente de otras especies y razas. Hert, su mejor amigo, se encuentra ahí. A su lado, con la misma expresión perdida, con una chica a su costado. Melosa, sujeta de su cuello. —Hert...— Murmura, desesperada. Apretando las piernas. Hert le ignora. Demasiado ido para importarle.
En su caso, Hert se acerca a Tatsir. Obligando a la chica a seguirle el paso. —Hey, hermano. Sí que eres malo.— Tatsir rueda los ojos, pero sonríe. Posteriormente, suspira. Colocando en mesa el artefacto que tenía en manos para ceder el turno del juego a la siguiente persona, que no duda en comenzar. —Ya ves, no soy un tipo de suerte.— Responder Tatsir. Suspirando, Hert sonríe. La chica a su lado aún sigue insistente. Para su mala suerte, aún sigue siendo ignorada.
—H-Hert...— Repite ella; Tatsir le observa de reojo. Sin embargo, no comenta nada. Estira su brazo y recoge una botella cercana de la mesa para dar un largo trago. Hert le observa. Antes de hablar. —Kilsa te va a matar.— Tatsir alza la ceja. Después de todo, Hert tiene razón. Kilsa no tiene ni idea de que se encuentra en un lugar como este. En un bar de mala muerte que apesta a alcohol barato, prostitutas y hombres de poder. También, gente como él. Que solo quieren perderse en las sensaciones que el alcohol ofrece para hacer olvidar los malos ratos.
—Ya le inventaré alguna excusa. Seguramente debe estar follándose a ese otro cabrón.— Responde, secamente, hablando por hablar debido a los efectos de la bebida. Un licor amargo que no es nada bueno. Aun así, Tatsir lo bebe con gusto. Sus papilas gustativas están destruidas. —Ya...— Hert suspira; su mano, ahora no está desocupada; ha bajado a las piernas que aún persisten a su lado. Rozando los dedos en zonas particularmente sensibles de la chica. —Sabes que solo son ideas tuyas. Kilsa es demasiado buena para ti. Imbécil.—
—¿¡Ah!?— Expeto Tatsir ante su comentario. Para colmo, Hert tiene razón. Kilsa es demasiado para él. Tatsir lo sabe mejor que nadie. Sin embargo... Es mucho más fácil culparla de hacer lo mismo que admitir que la relación fue en picada por culpa de sus propias adicciones. Aun así, le molestó el tono en que Hert dijo eso. ¿Acaso Kilsa y él tenían algo? Seguramente no, sin embargo. Tatsir no se encuentra en su mejor momento de lucidez.
Sin esperar, deja con un golpeteo la botella sobre la mesa. Se acerca a Tatsir, empujando gentilmente a la chica que persistía a su lado. —¿Insinúas algo, cabrón?— Pregunta él, con un tono que admite discusión. Hert, sonríe. Burlesco, provocando el apretar de los puños de Tatsir.
La chica abre los ojos. Ligeramente asustada por el repentino actuar de Tatsir, alejándose deliberadamente.
—¿Insinuar qué?— Dice Hert; Tatsir le observa. Furioso. —Hazte imbécil. ¡Te estás cogiendo a Kilsa, hijo de perra!— Pronto, Tatsir estira su puño. Completamente cerrado. Hert no se inmuta. Incluso lo espera pacientemente. —¡H-Hert!— Grita la mujer desde la distancia. No obstante, justo cuando Tatsir estaba por impactar el golpe, su cuerpo sufre un desbalance. Efectos de las drogas, obligándolo a ir contra el suelo. He, ante todo. Hert lo sostiene.
—Cuidado, hermano.— Murmura a Tatsir quien, aun molesto, solo suspira. Desviando la mirada entre los brazos de su amigo. —Perdón.— Murmura, arrepentido. Su cabeza le da vueltas. Quiere vomitar.
—Ya, ya, calmado. Deberías parar un poco.— Hert, con suaves golpeteos en la espalda de Tatsir, le ayuda a llegar hasta uno de los sofás de cuero maltrechos del salón VIP del bar. Salón que Hert pagó. Tatsir, con un suspiro, se deja caer contra el sofá. —Soy un puto desastre.— Hert, quien, de pie, asiente. —Lo eres.—
—Gracias por los ánimos.—
—De nada, para eso estamos.— Sin más preámbulos, Tatsir coloca su brazo por encima de su rostro, cubriendo sus ojos. —Estoy perdido.— Murmura Tatsir. Hert lo escucha. —Estás a tiempo de salir de esta mierda. Tienes talento, pero no para esto. Dedícate a lo que eres bueno— Menciona, recargándose sobre la pared. La chica de hace momentos desapareció de la vista de ambos tras llegar al salón VIP.
—¿En qué soy bueno? ¿Hacer ropitas? Por eso mismo mis hermanos se burlaban de mí. No soy igual de talentoso que ellos. Grytas, el mayor sacerdote de la santa ciudad de Gryatmon. Eleanis, la mayor fabricante de utensilios militares mágicos. ¿Y yo? ¿Yo qué soy? Un puto bastardo que no es capaz de siquiera mantener una relación estable con solo una mujer. Soy un ser detestable, merecería estar muerto.— Ah, Tatsir, Hert no tiene idea de cuántas veces le ha escuchado decir lo mismo. Tal vez, desde el primer momento en que ambos se conocieron y Tatsir aún tenía una idea inocente de lo que el mundo era.
Oh, tal vez no y siempre fue así. No lo sabe.
Hert, el mismo que lo introdujo a este mundo de drogas, sexo y una vida apresurada con la excusa de hacerle sentir "mejor". ¿Logró su cometido? Sin duda. Pero también lo destruyó mucho más. Creyó en algún momento, cuando Tatsir le habló y contó tan ilusionado de Kilsa, creyo que ella podría salvarlo y sacarlo de este mundo. De protegerlo, amarlo y regresarle aquellos sueños. Pero fue todo lo contrario. Y Tatsir cometió las mismas acciones, destruyendo a una buena chica que no puede dejarlo ni él a ella.
Sus hermanos... El mayor complejo de Tatsir. Hert, Kilsa y todas las personas que tienen la "honra" de conocer a Tatsir son conscientes del odio que tiene por sus dos hermanos. A fin de cuentas, los cercanos a él tienen idea de quién es. De su apellido, de su sangre. De lo que conlleva tener "Gryatmon" en sus papeles de nacimiento. Cuánto ha sido el estrés desde que es pequeño por cumplir con expectativas que su padre y madre esperaban de él. Sin embargo, nunca fue así. Tatsir jamás fue bueno con la magia, ni con su manipulación. De hecho, jamás fue capaz de usar ese "maná" imaginario.
"Eres un inepto"
Decía su hermano mayor, Grytas.
Eleanis, su hermana, nunca lo llegó a insultar. Incluso, en ocasiones, sentía pena por él. No obstante, no importaba esa "pena" porque, a fin de cuentas, jamás le defendía o daba la cara por él. Cosa que Tatsir guardó rencor años más tarde.
Llevándolo a lo que hoy en día se arrepiente de haber abierto las puertas en su vida y resguardarse en las drogas y sus efectos, en ese placer momentáneo y perder el rumbo de su vida. Cosa que hoy, en esta noche, le está cobrando caro. —No, no eres igual de talentoso que esos dos putos cerebritos. Sin embargo, tienes lo tuyo. Y Kilsa, aunque seas una mierda con ella. Cree en ti. ¿Sabes algo que me dijo una vez?— Dice de pronto Her, Tatsir, sin mirarlo, dice lo siguiente, casi en tono de burla. —¿Qué? ¿Que no valgo nada y que solo sigue conmigo por pena, como todos?—
Hert suspiró. —Casi, pero no.— Antes de continuar, tose un momento. —Hermano, ella te ama.— Fue lo que dijo Hert; Tatsir solo frunció el ceño. —No lo alargues tanto, solo dilo y ya esta.—
Hert... Agacha la mirada.
—Sabes que te quiero, y te quiero demasiado, cabrón. Eres mi hermano. Pero en verdad, que Kilsa aún cree en ti. ¿Sabes por qué le gustas? No por tu apariencia, no por tu personalidad. Si no, por tu talento. Por eso, lo que tú crees "inútil" es algo que a ella le encanta. Casi como una niña pequeña observando una puta obra de teatro.— Hert se detiene otro momento, antes de continuar.
—Esto fue lo que me dijo, una noche que estaba perdida como muchas otras: "Tatsir fue mi príncipe. Literalmente. Me tejió un vestido el día que me pidió ser su novia. Era hermoso, me gustó tanto que lo usaba todos los días. Era floreado, olía a flores. Me sentía como una princesa y no por joyas ni regalos caros. Él, sin querer, había hecho realidad un sueño que vivía en mi mente desde niña. Lo amo.".— Tatsir en silencio escucha, apretando los dientes y sus puños. Hert continúa. —Fue... Tan idiota. ¿Emocionarse por un vestido? Hermano, he visto cómo tipos con dinero le han ofrecido más que un puñetero vestido y ella aun así se niega. ¿Por quién? Por ti. Mientras tú vas y te follas a otras.—
Ese último comentario golpeó directamente en el pecho de Tatsir, quien, en silencio, no comentó absolutamente nada. Una costumbre que en repetidas ocasiones suele hacer, quedarse callado y huir de sus problemas. Demasiado inepto para aceptar sus propios errores. Kilsa, sí, es buena chica. Demasiado buena para ella y él. Al principio de su relación, él sentía eso. Se sentía rescatado, que por fin conocía a alguien que le sacase de su miseria.
Y sin embargo...
Esas sensaciones no demoraron mucho tiempo en desaparecer.
¿Por qué? Porque Tatsir no es un hombre con la madurez suficiente. Es un niño incapaz de permanecer en un vínculo afectivo con una sola persona. Su necesidad por atención, por querer sentirse vivo, era mayor. Y los engaños surgieron. Las mentiras, las peleas y discusiones florecieron como un jardín. Pero no un jardín hermoso lleno de rosas. Si no, un jardín muerto, con flores marchitas que Kilsa intentaba revivir con el calor de sus palmas.
Porque, a pesar de todo. Ella lo ama. Y suena patético. Siempre lo ha recalcado. Incluso a Tatsir, de lo patética e inservible que se siente por aún estar enamorada de él a pesar de todo lo que le ha hecho. De todas las veces que lo perdono por ser un completo idiota, aún no tiene la dignidad de arrepentirse y aceptar sus estupideces. Tatsir lo sabe, y aun así... Solo espera a que ella se largue sola.
Es un cobarde.
¿Lo más absurdo? Él es consciente de eso. Es consciente de lo patético y cobarde que ha sido toda su vida. Aún más, después de que Hert le contase sobre el vestido. Ese vestido que él se esmeró en tejerle. Que trabajó días enteros en regalarle. Porque él genuinamente la amaba. Qué estudio, qué escucho cada cosita de ella, para hacerlo perfecto. Y aun así. Él terminará provocando la caída de toda la torre, la cual ya estaba a nada de caerle encima. Incapaz de haber tomado de la mano a Kilsa y que muriese en su propio cataclismo.
Que él contaminara un corazón hermoso.
—Deja esto, enserio. Si no es por ti, hazlo por ella. Abre los ojos y deja de caer en tu propia mediocridad. No lo digo a mal. Es mi culpa por meterte y permitirte estar en este lío. Pero si lo digo, es para que no termines peor que yo. Hermano, enserio. ¡Deja de ser un imbécil!— Tatsir, que tranquilo se encontraba a pesar de esta conversación, se mira sorprendido. Cuando Hert lo carga del cuello de sus ropas, para brindarle y darle un regalo que jamás olvidará.
Un golpe directo a su rostro. —¡P-Puagh!— El impacto fue tal que Hert lo dejó caer contra el suelo. Tatsir se sujeta la nariz con fuerza. Sintiendo un ardor insoportable. —¡Q-Qué te pasa, idiota!— Dice él, Hert; sin embargo, solo escupe al suelo. —Te lo mereces. Ahora, levántate, sal de aquí y sé un hombre por primera vez en tu vida. — Tatsir lo escucha; la sangre recorre su nariz hasta llegar a sus labios. El sabor metálico inunda sus papilas gustativas. Y tras segundos, se coloca de pie. Desorientado, borracho y apenas consciente.
Sin embargo... Su corazón arde, palpita. Está siendo impulsado por algo... —Y-Yo... Sí.... Debería hacerlo.— Murmura, en voz baja. Que nadie tendría que haberlo escuchado. A excepción de Hert. Su amigo, casi su hermano. —Ve, y toma. Cómprale algo bonito durante el camino. No la dejes ir por tus idioteces.— Repite él. Extendiendo su mano, en donde por su palma decoran tres monedas de plata Esterlatis. Suficiente dinero para comprar un buen ramo de flores. O incluso mas. —Y-Yo... Si... Gracias.— Responde Tatsir, mirando el dinero y tomándolo. Segundos, observa a Hert. —Gracias.— Y Hert, solo asiente.
—Solo ve de una vez.—
Repite él y Tatsir, sin menor espera. Sale corriendo en dirección a la salida del bar...
⁂
A fueras del Municipio de Arma.
Kilsa, en hogar de su "novio" tirada en cama dentro de esa quejumbrosa cueva que ambos comparten por culpa de no tener para más. Enrollada entre sábanas, como una pobre criatura. Su mirada está perdida, observando las paredes de piedra. ¿Hacía cuánto que repetía la misma rutina? En el mismo lugar que apesta a alcohol y sexo. He seguro que ácaros y garrapatas en las sábanas con las cuales cobija su cuerpo.
Pero todo eso.... ¿Importa? No realmente.
—Tengo hambre...— Murmura, decepcionada. Recuerda su infancia, con esos libros que su padre le narraba antes de ir a dormir. Cuentos de estas tierras, de las tierras Medds. Y cómo era que hacían milenios los Medds vivían en cuevas. En cuevas maltrechas, otras más cuidadas. Hogares que servían para protegerse de las lluvias y los peligros que por las noches les acechaban.
Y ver, como ahora. En esta gran "etapa" de su vida, donde muchas personas le prometían que sería lo mejor en su vida, terminó siendo una gran y penosa mentira. Seguro, por algunas decisiones que ella misma tomó o, en su caso, sus adicciones. Sea como sea, no es la vida que se esperaba para su futuro, especialmente porque la está viviendo como alguno de esos tantos personajes de aquellos cuentos. Encerrada por temor a lo que existe en el exterior. Observando los muebles de la cueva que milagrosamente no se han roto. Los restos de su jarrón que Tatsir rompió por impulso.
—Ahh...— Supira de nuevo. Rodando gentilmente su cuerpo. Kilsa estira sus brazos, observando sus manos. Sus dedos, sus uñas mordisqueadas. Un hábito que no ha dejado atrás desde el primer día que lo hizo. Su estómago duele y mucho. Consecuencias de haberse bebido una jarra descomunal de alcohol. Olvidando que ella no es una enana y su resistencia es nefasta. Todo, porque su padre es un medd minero y su madre una medd artesana.
Ahora que lo piensa. Su madre puede ser un tanto culpable de esto. Después de todo, pudo haber sido que por ella Kilsa sacase este gusto en particular por la costurería o artesanías. Gusto, que le llevó a leer libros de romance y a que se enamorase y fantasease con un escenario similar. Lastimosamente, al parecer resultó ser ese personaje de relleno que muere a comienzos del primer episodio.
¿Grandioso? Ya lo creé.
Sus palmas se abren y se cierran al mismo tiempo. Su mente vaga a viejos recuerdos.
Recuerdos a los que aún se aferra como el ancla de un barco.
—U-Ugh...—
Con un suspiro, su mente vaga:
◜Es una noche. Una noche cualquiera. Kilsa no estaba sola, al menos no ese día. Tatsir está a su lado. Sonriente, con esos ojos que ella aún recordaba con vida y no esos ojos que ahora lucen perdidos y desorientados todos los días. Ambos caminaban. Ambos sonreían. Las manos entrelazadas y el silencio de la noche eran la cuna del camino que en ese momento ella creía de rosas. Fue Tatsir, que durante esa noche y esa caminata comentó algo que le marcaría de por vida.
"Sabes, quiero salir adelante. Quiero ser la mejor versión de mí mismo por ti. He vivido perdido, y tú has sido la única persona que me ha construido. Tengo miedo y lo admito. Mucho miedo, pero he aprendido cosas y, aunque a veces la cago, he decidido que tengo que conocerte y entenderte antes de huir. Te amo... Demasiado que no tienes ni idea, Kilsa. ¡Eres la mejor mujer del mundo, la más hermosa y perfecta! ¡Mi princesa!"◝
"Tengo que conocerte y entenderte antes de huir" Palabras tontas, cursis y hermosas, pero que marcaban con el peso suficiente para dejarla con el corazón a punto de explotar de amor en ese justo momento. Una lástima, piensa ella. Pues, a fin de cuentas, Tatsir terminó haciendo lo contrario. La conoció, la amó. La entendió. Y aun así. Huyó, siempre huye. Nunca la busca. Prefiriendo irse con otras antes que con ella.
¿Le duele? Como no se imagina. Le duele en lo más profundo de su corazón que haya llorado, vomitado y sentido asco. Asco de sí misma, asco de él. He, aun así... Fuera casi como si el destino le implorara que espere un poco más. Algo, tal vez su propia idiotez, que aún la obliga a quedarse junto a él. Una pizca de esperanza; una pizca tan minúscula a la cual se aferra todas las mañanas por esperar un cambio real.
—Tatsir...— Murmura; su mirada se gira un poco. Su vista se posa en un arma. Un arma mágica, filosa. Algo que justo ahora podría usar para olvidarse de todo esto y descansar. Sin embargo, no lo hace. No va a por ella. Porque esta noche. Una sensación extraña en su pecho le dice que espere.
Que el destino ha preparado algo para ella.
¿Ideas tontas? Lo son. Pero, incluso si algo tan fantasioso como lo es la ideología estelar. ¿Por qué no creer en una sensación que su pecho afirma con fuerza? Simplemente... Quiere sentirse amada de nuevo.
—Tatsir...— Repite, mirando a la entrada del hogar, de esta cueva sucia, pero que a fin de cuentas también es su hogar.
⁂
———Desde la perspectiva de Tatsir en primer persona.———
Nunca fui un chico ejemplar.
Eso lo sé desde el día en que nací. Jamás fui el orgullo de papá, ni de mamá. Mucho menos que mis hermanos. Pero aun así, cada mañana vivía con la fe de que otro día sería muchísimo mejor. Que mi padre estaría orgulloso, que mi madre me acariciaría del cabello como hacía con mis hermanos. He, sin embargo... Nunca fue así... ¿La oveja negra? No, realmente. Siempre me ha dado vergüenza llamarme de esa forma.
Se me hace algo tonto e idiota. He, irónicamente, es técnicamente lo que soy, ¿no? Nah, no lo creo. Simplemente, no nací con ese talento de mis hermanos, lo cual me reducía un valor significativo dentro de una familia repleta de gente llena de talentos por doquier.
Bueno, ¿qué se le puede hacer? He... Qué idiota. Especialmente cuando mi único talento es la costurería. Sí... vaya mierda, ¿no?
He, aunque recuerdo a un tipo extraño. ¿Kulios? Ni idea, me dijo que mis diseños eran buenos. Que si seguía el camino que marcaba mi "hilo", sería una persona bastante exitosa. ¡Vaya tipo más raro! Daba miedo. Mucho miedo. Esa cara horrenda y frívola. Aunque bueno, al menos me ayudó en un buen momento.
Estaba jodido y sin dinero... Y bueno, a cambio de un par de ropas que él me pidió hacer, me llevé una buena suma de dinero. Luego, otro día vino, y así en otra ocasión, después de nuevo, así y así en repetidas veces.. ¡Wah, que era un lunático de la moda o qué sé yo! Sea como sea, le debo un gran favor... Aunque... Espero no volver a verlo jamás en la vida de nuevo.
Dejemos eso de lado..
La costurería.
Es incluso absurdo. Teniendo en cuenta que mi familia se dedica inicialmente a la creación de artilugios mágicos y no mágicos como referentes curativos en las distintas ramas mágicas que existen por el mundo. ¿Y yo? Bueno, hago falditas y camisas para la comunidad. Oh, hacía. Ahora solo me dedico a meterme sustancias por las narices y huir de mis problemas como un buen samaritano idiota.
¿A que es sorprendente? Soy un drogadicto bueno para nada. Y que además, un adicto a las apuestas y las mujeres. ¿Me siento orgulloso? ¡Claro que no! Nadie tendría que sentirse orgulloso de esas mierdas que solo te llevan a un pozo sin fondo del cual crees jamás poder escapar. O en simpleza, te hacen sentir tan bien que se convierten en tu lugar seguro donde desconectar.
¿Qué? Se siente genial.
Esas cosas te pudren el cerebro y al momento se siente satisfactorio. El después de esos efectos... Ejem, eso es otro tema aparte. Jódanse.
Adicto a las apuestas.
Sí, me encantan las apuestas. Demasiado. Que alguna vez estuve a punto de perder mi casa. Pero no es de importancia. Al menos no ahora. El punto es que... Soy imbécil...
¿Por qué? Porque tuve que recibir una paliza para darme cuenta de que estoy aventando mi vida por la borda y que la chica que amo está a punto de abandonarme si no arreglo todo esto en menos de lo que un animal de granja de dos patas podría cantar. ¿Por qué está sucediendo todo esto? Ya lo dije, soy idiota y hasta ahora solo he huido de todos mis problemas. De absolutamente todos.
Incluso del más mínimo.
¿Me siento patético? Ya sería el colmo si no.
—¡H-Ha, Ha!— El pueblo está en silencio. Es muy tarde. Todos deben estar durmiendo menos yo. Quien está corriendo a toda velocidad con el pecho ardiendo, apestando a alcohol y otras cosas que es mejor no analizar demasiado. Estoy borracho, drogado y dolido. Tengo todo el paquete completo. Pero no importa. En absoluto. Porque estas tres monedas de plata en mi mano izquierda serán la solución a todos estos días que he huido.
Hoy, esta noche. Me disculparé por todo.
Con Kilsa, conmigo mismo. Con todos.
Necesito cambiar; lo he sabido desde hace mucho tiempo. No importa que me deje, no importa que me quede solo. Sería un milagro que el destino no me dejase solo a pesar de todas las acciones que cometí. Nunca he sido alguien religioso. Mi padre, madre y hermanos son tan devotos de las estrellas. Al gran Ophos Lutox. Existe, yo lo sé. No es una leyenda. Él me cargó entre sus brazos de pequeño.
"Será un niño grandioso", había dicho él. Oh, eso recuerdo. Tal vez me lo estoy inventando. Lo más seguro es que sí, solo era un crío. Un bebé, pero mi madre me repetía eso.
¿Grandioso? Eh... Vaya ironía.
Sea como sea.
Solo le suplico. Que esta noche las estrellas alumbren mi camino.
Kilsa, te amo con toda mi alma.
¡Clink!
Las campanas de una tienda retumban. Una florería, oh, quiero creer. Ya que a sus afueras decoran ramos de flores detallados y bonitos. También costosos, pero eso es lo de menos. —¿Uh?— Aunque... Eh... Su interior luce de todas las formas posibles, menos como una linda y hermosa florería. Noup, de hecho. Uhwa...
—Lo siento— Dije, marchándome del lugar.
¡Es una maldita tienda para adultos!
Había olvidado que a estas horas estos lugares están abiertos. Uh... ¡Solo me hacen perder tiempo! Estas cosas deberían estar solo en los barrios bajos. ¡No en la superficie!
Tras un rato... Por fin encuentro una florería. Recojo el mejor ramo del lugar, que, para mi suerte, costaba exactamente la cantidad de monedas que cargaba, y me largué. La señorita fue amable, incluso me dio un par de consejos cuando le comenté que se trataba de recuperar el amor de la chica que amo. "Bájale las estrellas, literalmente". Sí, suena como algo imposible. Pero no importa. Puedo hacerlo.
Porque por Kilsa, puedo hacer que lo imposible se convierta en realidad.

Continúa leyendo
Hilos Del Destino (Novela)
Capítulo 10
Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 9
Estás leyendo el capítulo 9 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.