Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 10 online gratis en español
———Desde la perspectiva de Kilsa en primer persona.———
Soy una idiota.
¿Qué? Sí, lo soy. Una completa idiota en el entero y llano significado que se conoce y atribuye a lo que es la palabra "idiota". ¿Por qué? Eh, no tiene explicación. ¿Acaso se necesita explicar cuándo alguien es un idiota? No. Así que, solo eso. Soy una idiota hecha y derecha. Claro, no estoy orgullosa de ese título y seguramente jamás lo estaré. Sin embargo, ¿qué más puedo hacer?
Menuda presentación, ¿no? Bueno, jamás he sido buena con esas cosas. Prefiero un saludo a secas junto al apretón de manos convencional. Más la mirada de supuesta "aprobación", que no es más que hipocresía y amabilidad camuflajeada.
He... No es el tema.
En fin...
Tatsir.
Es el nombre del sujeto más imbécil que he amado en mi vida y quien prácticamente me tiene la vida arruinada. A pesar de ello y de todas sus actitudes conmigo, me es imposible dejarlo.
No es mi culpa.... No miento... Vale, vale. Lo hago, un poco, en serio, un poquito. Casi nada, ¡Ejem! Sea como sea, esto tiene justificación. ¿Cuál es esa justificación? Pues, lo amo y mucho. Que no importa cuánto pase, no puedo verlo lejos de mi futuro. Daría lo que fuese por él. Con tal de jamás tenerlo lejos de mi vida. Suena patético, lo admito. Pero aun así, es algo por lo que estoy dispuesta a vivir el resto de mi vida.
Siempre y cuando él esté a mi lado.
¿Buena justificación? Estoy segura de que sí.
Je....
Pese a ello, mis pocas amigas y un par de amigos siempre me repiten lo mismo:
"Deberías dejarlo, es un bueno para nada", dicen alguna de ellas. "Yo sabría cuidarte mejor", dicen algunos de mis supuestos "amigos" que claramente solo quieren meterse entre mis piernas. ¿Les hago caso? No, realmente. Nunca me he acostado con nadie que no sea Tatsir. Aunque Tatsir piense que soy igual que él, follándose a quien sea. No es así.
El tipo no tiene idea de cuántos hombres me han ofrecido más que él. Y yo, como tonta, los rechazo por él. Sí, por él. Es el único imbécil que me tiene entre las sábanas sin quejas. Y aun así, el cabrón no lo aprecia.
Lo odio.
No, ehm... ¡Como sea!
Hubo una vez un hombre. Ya adulto, era un humano. Creo creer, o alguien de la raza humanos-bestia. No lo recuerdo con exactitud y tampoco me interesa recordarlo. El punto es que ese sujeto es rico. O era, ni idea. Después de haberlo rechazado, perdí todo contacto con él. Lo poco que recuerdo de viejos recuerdos que mi memoria salvó fue que pertenecía a la familia bestia de Phatsura. Una de las familias más influyentes por el territorio de los humanos-bestia.
Entre las tres grandes familias bestias.
Entonces, sí. Es un tipo humano-bestia. Qué idiota. En fin, olvidémoslo.
En realidad, no tengo mucha idea en esos temas. Nunca he sido alguien culta. Me da bastante pereza sentarme a leer un libro. Prefiero un buen churro, o cualquier bebida que me deje con las neuronas muertas por un buen rato.
Si no mal recuerdo, es nieto o algún familiar directo del linaje Phatsura. He, ni idea si esto sea algo común en su gente o su raza, pero el sujeto tenía un fetiche extraño con las Medds. Fetiche que no dudaba en dejar en claro con miradas que dejaban en claro las intenciones más perversas que una persona cruza por la mente cuando observa algo que le fascina, una labia increíble que te encanta los oídos y, como dicho anteriormente, el dinero. Eso mismo, inevitablemente, me llevaría a caer en su mira. No seré inocente; al comienzo yo también caí como una abeja al panal de miel, como una niña inocente.
Agregado que me agarró de la mano por haber estado pasando en los peores momentos de mi vida. Cuando recién comenzaba a salir con Tatsir, creía que no llegaría a más por relaciones pasadas. Oh, en general, que no fuera a encariñarme demasiado con él. Digamos que no era una santa.
Nunca lo fui.
Al menos, hasta que me enamore perdidamente de Tatsir. Pero eso es otro punto que realmente no vale la pena mencionar.
Hablamos yo y ese hombre por un buen tiempo. En gran parte a escondidas o en momentos furtivos que no llegaban a mucho porque siempre lo frenaba.
Especialmente cuando quería pasarse de la raya. ¿Tocarme el culo? Qué asco. Solo Tatsir puede hacerlo. ¿Intentar besarme? Su aliento siempre apestaba a alcohol y otras cosas de las que prefiero no profundizar demasiado. Además de esa sonrisa arrogante. ¡Era tan molesto! De verdad. Me jodía el día cada vez que lo veía.
Pero bueno...
Me gusta la mala vida, dicen mucho.
Con justa razón no puedo irme del lado de este bastardo.
Haaa....
Pese al tiempo, no se llegó a nada. Obviamente, por mis negativas y porque no accedí a abrirle las piernas de forma fácil ante esos encantos y dinero que siempre me presumía y "consentía". Que su forma de "consentirme" solo era comprarme el alcohol más caro y listo. Para colmo, no estaba tan delicioso como decían.
Su sabor era extraño. Era amargo, muy amargo, que era difícil de beber. Quemaba la garganta como si estuviese viviendo el eterno fuego de algún rey demonio del continente demoníaco o, para ser más concreta, bebiese de la gran llama T'rsat. Extraída del mismísimo tártaro.
O sea, asqueroso…
Como sea. Me distraigo mucho, una manía que tengo desde que soy pequeña. Lo siento.
Repito. Dado que jamás se concretó algo, todo terminó a medias. Aquel hombre simplemente se esfumó el último día que intercambiamos palabras. Se fue sin decir adiós. Tampoco me lastimó o afectó de alguna manera. Me dio igual, para ser honesta. No le tenía cariño o algo que me hiciese aferrarme a él. Agregado, qué bueno. Él también ya estaba cansado de que yo fuese la única que, como vuelvo a mencionar, no deseaba ni quise acostarme con él.
De hecho, sí que tengo un último recuerdo muy bien guardado. Y es esa última charla. En un bar caro, no uno barato con hombres gordos y feos y mujeres insinuosas. Si no, un bar de verdad con bardos de calidad y muebles nuevos. Un paraíso, se podría llamar.
Él me llevó a una zona privada, solos. Sin nadie. Un enorme sofá decoraba; los dos nos sentamos. Él, como siempre, rodeaba su brazo alrededor de mi cintura. No lo apartaba, pero me alejaba deliberadamente. Su mano siempre se colocaba sobre mis muslos. Eso sí, no le permitía y él siempre chasqueaba los dientes. Lo ignoraba, no me importaba en absoluto. Quería irme, pero al mismo tiempo que no.
Jamás había vivido experiencias así. Y aunque no fuera con la persona con la que deseaba compartir, de alguna manera me estaba haciendo adicta al dinero.
Meh, ni tanto. Como mencioné, el tipo solo se limitaba a comprarme alcohol del caro. A veces una que otra prenda o joya. Pero, no mucho.
Cuando la noche se hizo más larga, él se puso aún más ebrio. Sus manos y boca comenzaron a tocar en partes que no tenía permitidas. Tras uno, tres o cuatro intentos, él explotó. Se quejó: "¡Ya deja tus delicadeces!", me dijo él. Yo, por mi parte, solo me limité a darle una tonta excusa. No se la creyó, me insistió. Y sin más preámbulos, solté la bomba: "Tengo novio, gracias." ¿Eso le importó? Por supuesto que no. El dinero lo hacía arrogante, que incluso estuvo dispuesto a pagarme por un simple polvo si no quería nada más. Me negué, por supuesto. No soy, ni jamás seré una señorita de compañía. Una prostituta. Es asqueroso. Pero así es la vida aquí. Así es la vida en los rincones más oscuros del municipio de Arma.
Con razón el gobernador no se esmera ni un poco en cuidar este territorio. Puto medd gordo. Imbéciles los que decidieron confiar en su palabra. Aprovechándose del hambre ajeno para recibir votos a su favor y ahora, vaciar lo poco que nos quedaba.
No estamos aquí para hablar sobre política. No sé, tengo una idea mínima sobre el tema. Solo repito lo que la otra gente dice. Pero sí, es un hijo de puta. El gobernador y el otro. Ambos. Tatsir también. ¡Todos son unos hijos de puta!
Ah, Tatsir. Sí, él. ¿Con qué estábamos? Eh, sí, sí.
Para comenzar y retomar. A Tatsir, llevo más de dos años que lo conozco.
Correcto, ya hace un buen tiempo que se dio la casualidad de que nuestras vidas se toparan. Aunque, en cierto modo, nuestro encuentro no fue romántico, ni mucho menos. De hecho, cuando recién nos conocimos, parecía un hombre patético. Soy transparente. No me gusta mentir. Tatsir, en esos tiempos, era un blandengue, miedoso, y cualquier mujer que se le acercara provocaba que se meara encima. Un niño, prácticamente. Aunque ambos fuéramos de la edad. Todo fue por Hert, quien de alguna forma lo "acogió" tras haberlo encontrado de la nada en un bar de mala muerte, y el cabrón no parecía tener ni idea de dónde estaba.
Pese a ello... Tatsir siempre fue... Interesante.
Al menos, para mí lo fue desde el comienzo. Repito, no era un hombre exitoso, no era aquel sujeto de la familia Phatsura con fetiches extraños y, curiosamente, tampoco era "guapo" al menos en el sentido convencional de la palabra. Tatsir no es feo, tampoco la gran cosa. Tiene el cabello castaño, largo, mas no demasiado; es delgado y un tanto corpulento. De piel clara y ojos verdosos. No, es guapo.
El cabrón es guapo.
Hijo de puta.
En fin.
El punto no es su apariencia o qué tan guapo es. Que repito, odio lo estúpidamente atractivo que es, pero también detesto lo completamente imbécil que es. Es como... Eh, sí, eso. Supongo que no siempre se puede ser perfecto en todo. Tatsir, es bueno... Con las artes. Oh, bien, con la costurería. No por nada es un medd artesano y su padre y madre son las personas más importantes de todo el territorio enano y medd.
Que, por cierto, vaya sorpresa me llevé cuando supe eso. Bueno, sospechas tenía, ¿bien? Pero no creí que esas sospechas fueran reales. Ya se me hacía raro que en esos momentos Tatsir nunca hablara de su nombre completo, así fuera que la pregunta fuera un repetir constante. Incluso lo hizo conmigo. Me costó demasiado sacárselo, pero lo logré.
Los métodos no fueron los mejores. Lo admito. Pero, eh, después de torturarle un poco, él solito cayó y "Gryatmon" salió de su garganta.
¿A que soy increíble?
Seré completamente honesta. Cuando supe de su apellido, me quedé como idiota. Lo primero que pensé fue: "Este cabrón es un berzotas." O, un niño de mami y papi que, al querer rebelarse y al descubrir cómo funciona la vida real, se cagaría en los pantalones para regresar a casa llorando como nena. ¿Me equivoqué? Por supuesto, pues esas ideas se fueron tan pronto presencié cómo él solito se inhalaba una línea de cristales mágicos de dudosa calidad.
Cristales que el propio Hert le brindó sin reparos. Intenté detenerlo, lo recuerdo. Pero fue imposible. Ninguno me hizo caso.
No, en serio. Me dejó perpleja. ¡Ni yo era capaz de hacer algo así! Y él lo hizo como si nada. Suena a mentira. Pero que lo digo de verdad. ¡Se la inhalo como si nada! Con decir que no le picaba la nariz. Y me sorprende que le diese una sobredosis. De hecho, se veía muy normal para esa cantidad que se metió directamente en las fosas nasales.
Eh, bueno, me preocupé un poco, ¿vale? Después de todo, seguía pensando que solo trataba de impresionar. Que lo hizo, carajos, si no lo hizo. Es que.. ¿Ugh! ¡De verdad que fue exagerado!
Sí, Tatsir siempre fue un drogadicto. Oh, eso creo. No lo sé, tampoco tengo idea alguna. Hablo desde la ignorancia y comento desde el tiempo que tengo conociéndolo. Al principio no me molestaba; yo era igual. En ocasiones, nos drogábamos en compañía, a veces solo nosotros dos o con más gente como Hert. Se sentía bien, se sentía especial aunque olvidásemos todo al siguiente día. Otras más, solo era alcohol o algún que otro tabaco de hierbas extraídas de quién sabe dónde.
El punto es que la pasábamos bien.
A veces demasiado bien.
¿Nos acostamos? Mentiría si no. Y de hecho fueron muchas veces. Incluso antes de siquiera "formalizar" algo. Polvos rápidos, placer momentáneo y sin compromisos. Me repetía y él se repetía. Para desgracia de ambos, éramos conscientes de que eso era una total mentira. No era solo sexo. Yo lo disfrutaba; él también. Éramos capaces de estar toda una noche, solo explorando nuestros cuerpos.
Entre gemidos y toques.
Añorando los sabores de nuestros cuerpos.
Eran noches increíbles y repletas de pasión. Me sorprendía, debido a que Tatsir no luce como alguien especialmente bueno en el ámbito. Pero lo es y vaya si lo es. Otro punto que agregar fue que Tatsir fue el hombre que tomó mi virginidad.
En serio lo odio. Pero... También fue un momento que me gustó. Mucho, fue tan amable, tan atento. Cariñoso. Recordarlo me pone de los nervios.
Fue él quien me pidió ser su novia. Fue un tanto patético. Recuerdo que intentó hacer una cena, verse guapo y tratar de ser un medd decente por primera vez. Fue lindo, demasiado lindo, lo admito. La cena se dio en un restaurante que, aunque no fue caro, fue especial. El ambiente era relajado, teníamos una mesa enorme solo para nosotros dos. En medio, un ramo de flores gigantesco del que a día de hoy me sigo preguntando de dónde carajos sacó el dinero para comprarlo.
¿Negocios turbios? Ya creo, pero es mejor vivir en la ignorancia.
Ahh... Aún recuerdo cómo le temblaban sus manitas, su carita nerviosa. Se veía tan lindo que solo quería llenarlo de besos. ¡En serio! ¡Tan, pero tan lindo que solo ansiaba abrazarlo como un osito! Uhgm... Me emociono, ¿vale? Pero es que... ¡Ahhhh!
Cómo se veía... En serio, sus mejillas sonrosadas, las manos temblándole, incluso tartamudeando. Recuerdo que olía bien. A manzana. Y su aroma me dejó completamente perdida. Qué dios. ¡Quería desnudarlo ahí mismo y hacerle de todo!
Lo amo tanto…
Jej....
Ejem.
Cuando la cena y todo eso terminó, él se puso de rodillas. Me extendió las manos y entonces, sin explicaciones, un vestido hizo presencia junto a un anillo. El anillo era y es simplemente hermoso, que aún lo tengo puesto en mi dedo índice de mi mano izquierda. Un anillo brillante, con joyas incrustadas a su alrededor. Pequeño pero elegante y que cumplía su función.
Sin embargo... El vestido era distinto... Con solo decir que a simple vista parecía una prenda de lujo de gran calidad. Cosa que me dejó sin palabras. Sin embargo, no era eso. No era que solo luciera costoso. Sí, no, cuando él me lo extendió, lo toqué, toqué la tela, lo miré de cerca. Supe que él lo había hecho. Me di cuenta en ese instante de su gran talento. De ese talento por la costurería que siempre me ha fascinado. Cuando baje la mirada y mire sus dedos vendados con heridas recientes.
Vi en su rostro una sonrisa cansada.
Y el vestido junto al anillo entre mis manos.
No dude y acepte. Lo besé en ese instante. Porque sin querer, él había hecho algo que yo soñaba desde que era niña. Cuando leía libros de romance a escondidas de mis amigas porque luego se burlarían de mí. Como uno de esos tantos libros, marcó mi corazón de por vida. Cuando el protagonista, para traer de vuelta a su amada en vida, tejió un vestido para guardar su alma, colocárselo y verla de nuevo en sueños para abrazarla.
Fue hermoso.
Y ese momento me hizo recordar tanto esa escena que inevitablemente terminé enamorada de este hombre.
De este increíble, pero también patético, hombre.
Porque aunque nuestra relación en su principio fue hermosa como un cuento de hadas, con el tiempo se fue deteriorando. No fue un proceso de la nada. Tatsir comenzó a conocer gente que no tenía que conocer. Hert era su principal motivo. Siempre le recalcaba eso. Todos los días le repetía que dejase de juntarse con él. Incluso hablé con Hert. Le supliqué, casi de rodillas, que me ayudara. Que por favor ayudara a Tatsir.
No solo a Hert. También a Tatsir.
Una noche discutimos. Fue la primera vez que lo abofeteé. Fue la noche que me prometió cambiar. Pero también la noche que comenzó a huir de todos sus problemas. Ah, he de aclarar que Tatsir nunca me levantó la mano. Nunca fue agresivo. Al menos, no al punto de abusar de mí. ¿Eso lo hace mejor hombre? No. De hecho, hubiese sido el colmo si cometiese acciones como esas.
Aunque se follase a otras en esos putos bares.
La gota que derramó el vaso sucedió apenas hace unas horas. Un par, unas tres o cuatro horas antes de esta tarde. Me encontraba tranquila, callada, en casa y aburrida, sin hacer mucho más que mirar al vacío de esta quejumbrosa cueva que llamamos hogar. Últimamente no he salido mucho de casa. Me la he pasado bebiendo. Aquí, sola. Mientras Tatsir sale a hacer sus cosas. Ya no me interesa. Al menos no como antes. Me da igual. Así sea que me duelan muchísimo en el corazón.
Tenía una botella en la mano. Aún la tengo en mano, o al lado de la cama. Milagrosamente, no se ha derramado.
Comencé a beber desde temprano, antes de que el sol diera todo su poder por las calles. Por obvias razones, ya me encontraba borracha a más no poder y, para rematar, me encontraba y aún encuentro de mal humor. Mirando al vacío, llegó él. Tatsir, igual. Borracho y de mal humor. Siempre estamos de mal humor, somos el uno para el otro. Aunque... Ah, él se encontraba igual o peor que yo. Entro a casa gritando y apestando a otra mujer. Quejándose de haberle "estafado" después de haber intentado follársela con un par de medias que sacó del bolsillo del culo. Era obvio, y aun así el estúpido lo intentó. Estaba drogado; bueno, ¿cuándo no está drogado?
Me gritó; yo le grité.
Y entonces, rompió mi jarrón.
Regalo de mi mejor amiga y la única que se acordó y dio un regalo. Porque este bastardo ni siquiera recordó un día tan importante para mí. Me molesté muchísimo. Que solo le dije: —Lo vas a pagar.— Y en silencio, me fui a la cama. Mientras él, en silencio. Como siempre, huyo de casa.
Y ahora estoy aquí. A medio anochecer, cansada y sin poder dormir.
Con un dolor de estómago y mucha hambre.
He con unas intensas ganas de acabar conmigo esta misma noche.
—Tatsir....— Su nombre sale de mi garganta.
Lo extraño.
Desearía que el destino por una vez en la vida alinease nuestros caminos...
No tengo la menor idea de cuándo fue que todo comenzó a irse al carajo. Sí, las drogas, los excesos. Pero... Yo intenté cambiar; lo hice por él, por mí. Por nosotros. Entonces, ¿por qué él no lo hace? ¿Porqué? ¿Acaso... No me ama? Él siempre me recalca que sí. Pero, cuando llega oliendo a otra mujer... Esas palabras no son más que mentiras... Mentiras que me trago y me aferro. Mentiras que me creo por un amor que no puedo dejar atrás. Quisiera decirle todo esto en la cara, que me escuche e irme de una buena vez.
Sin embargo, me da miedo.
Porque sé lo increíblemente blanda y patética que soy.
¿Irónico? Me burlo de él por ser un blando en el pasado y ahora, mírenme. Ja...
Solo quiero tenerlo. Que me explique. Que ya no me haga daño. Lo amo tanto. Lo amo con todo mi corazón. Pero ya no aguanto más esto. Quiero irme, quiero desaparecer. Solo deseo... Que me mire con esos ojos con los que me vio alguna vez.
Soy contradictoria.
Lo sé, lo sé muy bien.
Pero el amor funciona así o tal vez no.
Yo qué sé...
—Tatsir...— Vuelvo a repetir, mirando a la entrada de la cueva. Esperanzada. De que esta noche el destino pueda jugar a nuestro favor.
Quiero desaparecer y no volver a sentir jamás.
Odio sentir tanto. Odio sentirme viva.

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Hilos Del Destino (Novela)
Capítulo 11
Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 10
Estás leyendo el capítulo 10 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.