Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 4 online gratis en español
Las cuevas de la sociedad Arañaktas son.... Curiosas.
Principalmente por su infraestructura, que no sigue lo que es una cueva o ciudad tradicional. Sino que.. En palabras simples, es una telaraña enorme. Telaraña de rocas, tierra y minerales. Comparemoslo con el funcionamiento de nidos de las hormigas. Túneles de por aquí y por allá. Túneles adaptados a los tamaños de los arañaktas. Y túneles que están repletos de sus "telas".
Sin embargo.
Agreguemos algo.
Una absoluta devoción a un ser ancestral. Un ser que ha vivido desde el comienzo y nacimiento de los siete continentes y aquel ser que ha influenciado al mundo con su visión por la libertad. Aquel que se despojó de su apellido y que por el mundo ahora es conocido por:
El gigante de las artesanías.
Muchos le llaman también "La Palma de Oro". Oh, así mismo, aquel de los cinco hijos que se rebeló contra su padre. El padre protector, Solitas de Kokoro. El gigante de las artesanías desde siempre influyó sobre las vidas cotidianas de los arañaktas. Sus enseñanzas forjaron lo que hoy en día conforma su sociedad, así como su pasión por la fabricación de telas. Su cultura y todo lo que hoy los arañaktas caracteriza.
Cada túnel demuestra su devoción ante el gigante de las artesanías.
Y esto, Mariadna, lo ha notado mejor que nadie. Especialmente al ver una de las tradicionales danzas de los arañaktas. Durante lo que ellos consideran como el "baile de las telas". Oh, en su caso, solo una celebración pagana a su "dios", el gigante de las artesanías. —Woah...— murmuro Mariadna, mientras se escondía en medio de un orificio de aquellos túneles. Observando con maravilla cómo una inmensa multitud de Arañaktas se cierne sobre el eje de una mano dorada.
—¿Una mano de oro?— Solto de pronto el hombre desconocido que seguía a su lado, bufó. —Una de las extremidades de su dios. —¿Una extremidad? Uh, eso es un poco macabro. Mariadna prefiere ahorrarse las preguntas. —Entonces... ¿Que se supone que hagamos?—pregunta en esta ocasión, por causa y razón de ser que el hombre no ha dicho ni una sola explicación sobre el "plan" que tiene para robar o, su derivado, pedir "prestado" un poco de tela. —Eh, pues. Ni idea.—
.............
—¿¡Como que ni idea!? ¿¡Acaso eres tonto!?—
—¡Hey! Mas respeto.— Declara el hombre ofendido. —¡Respeto mis Tasrt!— "Tasrt": expresión que se suele usar por el reino extranjero del sur para referirse al "huevo" usado comúnmente como un insulto.
—Deberian coserte esa boca.
—¡Ya! ¡Ahora haz un plan y déjate de cosas!— El hombre piensa que Mariadna es demasiado mandona. Cree que le gusta. ¿Eso es masoquismo? No lo cree. Su secretaria tiene la misma actitud. Solo, menos perversa ni obsesionada con él. Uh, le ha dado un escalofrío. —Bien, bien. Entonces, solo tomemos esa cosa prestada. La mano.—
—¿Estas loco?— Eso es una locura. Observando cómo los arañaktas bailan y veneran esa mano de oro justo ahora, solo indica que es un suicidio claro, y Mariadna es muy joven para morir aún.
—No tanto. Simplemente tomamos la mano y nos vamos. Es sencillo.
—Ya, sí, sencillo. ¿Y cómo se supone que "tomemos" la mano, señor genio.?
—Pues facil.— He con ello, el hombre avanzó a por Mariadna. —H-Hey que haces.— Pregunto, justo cuando el hombre la cargó. Sintiendo las palmas frías de sus manos una vez más. —Pareces una princesa.— Dijo él. Mariadna no evitó sonrojarse. Pero, aun con eso, sus quejas eran inevitables. —¡Y-Ya sueltame!— El hombre no lo hizo, por supuesto. Aguanto y camino, soportando cada pataleo y rasguño de la muchacha. Llegando a un orificio de esos túneles lo suficientemente grande para observar con claridad el exterior.
—Te sentirás como toda una palomita. Así que, agarra fuerte ese trofeo. ¿Vale?— Y a Mariadna le dio solo el tiempo justo para balbucear un "¿Eh?", para seguidamente salir disparada como una pelota de béisbol por aquel hombre en dirección a aquella mano de oro. —¡A-AHHHH-A-Ah!— Su cerebro actuó a mil por hora. ¿Por qué ese tipo es tan idiota? No lo sabe; seguro nunca lo sabrá. No quiere verlo una vez más después de esto. ¿Cómo osa decirle que parece una princesa? «¡Imbécil, imbécil!», piensa frenéticamente. Abriendo los brazos y, de un momento a otro, dónde. Los arañaktas, que solo hacía un momento tenían su objeto más preciado, desaparecio en un abrir y cerrar de ojos.
Todo es silencio solo por unos segundos.
Unos escasos segundos antes de que cada Arañakta esté histérico, furioso y a punto de acabar con cualquier bicho que se le cruce por el camino. De hecho, es Mariadna, que escondida entre enormes rocas tiene la mano de oro sobre su pecho. Nerviosa, temerosa y con el corazón a mil tras momentos antes haber aterrizado de trasero. —¿Como se supone que esta cosa me ayude con los materiales? ¡Ugh!— Murmura. Aunque pronto suspira. Y de un borrón, aquel hombre está a su lado. Eh, de hecho, le saco un buen susto. —¡Deja de hacer eso, por el amor de solitas!—
—Solitas, ese cabrón.
—He, más respeto al padre protector.— El hombre rueda los ojos. —Si, si. En fin. ¿Viste que fue sencillo?— Dicta, señalando la mano de oro que aún está en manos y pecho de Mariadna. —Ya ¿Y ahora qué? ¿Para qué se supone que sirve esta cosa?—
—Esa es la parte complicada. Pues, no sirve para nada.— Oh.... Vaya.... —Dime razones para no estamparte esto en la cara.— ....... —¡Calma, calma! Que solo es una broma.— Mariadna le estampa la mano de oro contra su rostro de igual forma. Un ligero ¡PLUF! Retumbo.
—¡H-Hey que sí duele, que es oro macizo de verdad!
—¡Ya lo sé, si es pesado!
—¡Entonces con más razón no deberías andar por ahí arrojando cosas de oro macizo a personas al azar!— Mariadna cruza los brazos, ofendida. —¿Al azar? Sí lo hice con un mero idiota.—
—Ugh... Qué mala. ¿Ves cómo me tratas?
—Sí, sí, sí. Deja de actuar como perrito faldero y sácame de aquí. Quiero volver a casa.—Menciona, cuando en ese mismo instante, un Arañakta los descubrió. Mariadna lo observó; el arácnido también... Y sin preámbulos, se lanzó contra ellos furioso. —¡R-Rapido!— De prisa Mariadna dirigió su mirada a aquel hombre, este con un último suspiro. Chasquea sus dedos. Y todo lo alrededor cambia abruptamente, dejando confuso al arañakta, pero también furioso. Mientras que en el exterior. Por los cielos, Mariadna de nuevo se encuentra entre los hombres del hombre con cara de borracho, esta vez ella no se queja. Pero tampoco parece gustarle. Tal vez ha comenzado a acostumbrarse a esta intensidad o simplemente sigue creyendo que esto es aún un sueño. —¿Estamos flotando?— Pregunta Mariadna, curiosa. —No realmente. Caminamos en realidad sobre una cuerda. Un hilo del destino.—
Mariadna traga saliva. ¿Un hilo del destino? ¿De qué está hablando este sujeto? Se cuestiona. Sin embargo, su cabeza ya no da para pensar o analizar mucho más.
—Eres extraño.— Responde ella.
—Me lo dicen muy a menudo. Gracias.
—No era un cumplido.
—Lo sé, pero prefiero tomarlo como uno.
Y en silencio, Mariadna observa su alrededor. El cielo aún nocturno, las estrellas brillando con intensidad. El gran árbol, centro de la vida, decorando como una estrella gigante roja. Enorme, hermoso. Esos árboles, que rozan con las nubes. Cada esquina, con algo en decoro. Una ciudad, un pueblo. Incluso, gatos gigantes que se alcanzan a ver desde aquí. Hadas y espíritus de todo. Este continente, el continente de los bosques. Es hermoso. Es grandioso.... Es.... —¿Uhm?— Vaya, Mariadna estaba tan asombrada con el paisaje que olvidó el tema de seguridad del continente y ahora su pierna derecha ha sido enroscada por algo que parece una soga natural. Y, sin aviso. Desapareció de los brazos del hombre.
—Ups...— Es un cabrón.
⁂
El accidente no fue grave.
Mariadna logró escapar antes de que el continente la volviese alimento nutricional para el árbol centro de la vida gracias a que el dragón que hace horas los trajo a este lugar fue quien la rescató. Y ahora, después de un rato, se encuentra cómoda sobre su lomo. El hombre está con ella. Ambos en silencio, mientras Mariadna observa la mano de oro.
—En serio... ¿De qué servirá esta cosa?— Suelta la pregunta de repente. El hombre suspiro. —Solo espera, la mano actuará por sí sola.— Vaya respuesta, Mariadna no dice más. Sin embargo, de nuevo suelta otra pregunta.
—Oye.... Yo, bueno, gracias. Sé que esto no es un sueño o tal vez sí lo sea, pero… Uhm. Fuera de todo, esto.... Fue increible.— Estas palabras tomaron por sorpresa al hombre. No esperaba un agradecimiento. Ni siquiera que él disfrutara también de este viaje. Porque, inicialmente, todo comenzó por órdenes de "Él". —No agradezcas. Es un honor acompañar a una dama.— En esta ocasión, el cumplido le provoca una sonrisa a Mariadna, quien no duda en reírse suavemente rascando su nariz. —Siempre sabes qué decir, ¿no?.— Dice ella. —Por cierto...— Rapidamente, su mirada se dirige y enfoca a la del hombre.
—En verdad.... ¿Quien eres?— El hombre no responde al instante. —Ahh... Solo digamos que soy alguien peligroso.— Mariadna alza la ceja. —¿Peligroso? Bueno, tal vez un poco. Tienes cara de borracho y que te pones de mal humor con facilidad. Pero, hey. No me hiciste daño, eso es un punto bueno. Creo que no eres mal tipo. Si no alguien agradable de cierta forma.—
¿El agradable? Fue lo que retumbó como un martillo en la mente del hombre. Durante toda su existencia, nadie le ha dedicado palabras así. Palabras casuales, que suenen naturales. Nadie le ha dicho que es "agradable". Y esto... Es nuevo, se siente bien. ¿Tal vez tenga que ver algo su hilo? Seguramente.
—¿Agradable? Ja, es curioso. Jamás me habían dicho algo como "agradable". Gracias, supongo.—
Mariadna rie una vez mas ante su respuesta.
—Je, también eres tímido. ¿Lo ves? No sabes aceptar un cumplido.— Esta chica lo está descolocando. Y eso... Se siente extrañamente bien de nuevo. —¿Has escuchado del dios del abismo?— Pero entonces, el hombre preguntó. Mariadna ladeó su cabeza. —¿El dios del abismo? Honestamente... Creo conocer su nombre, pero en realidad no sé mucho al respecto.—
La historia se ha encargado de deformar lo que es. No los culpa, tampoco se queja. Este hombre... En el pasado sí que fue un idiota. —¿Malvado? No tanto.— Responde y entonces Mariadna suelta la bomba: —¿Eres el?— Ella no es idiota. Y el hombre solo asiente. —Sí, Kulios Yarts. Oh, mejor conocido como el dios del abismo.— Mariadna no responde al instante. En su lugar, permanece en silencio por unos cuantos segundos. —Pues mal tipo no pareces, ya lo dije. Aunque... Es irreal creerme que justo ahora estoy charlando con un dios encima de un dragon.— Es justificable. Mariadna, al final solo suspira.
—¿Nos volveremos a ver?— Dijo y entonces Kulios. Asintió. —Mas pronto de lo que crees..—
Y así... Ambos se perdieron entre las nubes. En un regreso a casa, que espera muchas sorpresas a futuro.
Los hilos del destino ahora han abierto sus puertas a distintos caminos en un solo hilo…..

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Hilos Del Destino (Novela)
Capítulo 5
Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 4
Estás leyendo el capítulo 4 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.