Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 3 online gratis en español
Largas horas han transcurrido.
Horas que Mariadna ha contado en absoluto desde que está montada encima de este dragón de escamas multicolor; la chica no tiene idea alguna de si ya es más de medianoche y sus padres están en casa esperándole para alguna reprimenda severa..... Aunque bueno, tan solo si fueran veredictos de la verdad, cualquier excusa será mucho más efectiva que relatarles haber estado encima de un dragón con un tipejo extraño y con unos ojos que parecen no haber descansado en décadas.
Pero, como siempre dicen, la realidad siempre supera la ficción.
Oh, en este caso, la realidad supera lo que ella cree que aún es un sueño. —El continente de los bosques. Un sitio que no es recomendable visitar de noche.— Kulios habló, y no miente al respecto. El continente de los bosques, que, por las horas solares, se reconoce por ser un continente tranquilo con fauna y prosperidad natural. Donde hadas y elfos reinan en gran parte del territorio boscoso en compañía de otras razas más, como los gatumantis, los avialantis y así mismo los propios arañaktas.
No es del todo un lugar siempre de paz.
Esta principal razón es que, pese a las horas que el sol deslumbra, por las noches se convierte en un lugar hostil. No por bestias, ni mucho menos. Sí, no, por la propia naturaleza que suele actuar como mecanismo de defensa de las hadas para el continente, manteniéndolas en alerta ante cualquier intruso que muestre señales corporales de nerviosismo extremo o cualquier cosa que le delate infraganti. —Ya... Los comerciantes de mi pueblo y mi madre siempre han dicho que los elfos son complicados.— Responde Mariadna; Kulios bufa en una sonrisa.
—Lo son y demasiado. Tienen ideales y una forma de comunicarse muy extremista. Aunque no son gente malvada. Solo, bueno. La historia les ha pagado mal y por ello ese comportamiento con las demás razas. Especialmente los gigantes y los dragones.— Larga historia, supone Mariadna, así que evita preguntar al respecto. Ya tendrá tiempo después.
—Se nota que sabes mucho del tema.
—Algo, he vivido por muchos años. Probablemente sepa incluso el día que tus padres nacieron.— Responde el hombre, con un toque sarcástico. —Ya, eso es pertubador.— Contrarresta Mariadna. —En fin... Ya estamos cerca, este grandulón pronto aterrizara.— ¿Aterrizar? Ah, ¿en medio del continente justo cuando él mencionó que los elfos no tenían una muy buena relación con los dragones? Hey, eso debería ser una broma. Quiere creer Mariadna. Aunque, por la sonrisa del tipo, no parece serlo.
Mejor dicho, nada de esto parece ser en realidad esa broma que tanto espera.
—H-Hey ¿que crees que haces?— Murmuro Mariadna, nerviosa. Cuando pronto, aquel hombre misterioso comenzó a dar lentos pasos hacia ella. Con esa sonrisa fastidiosa. Es sonrisa que ha comenzado a perturbarla. —¿Alguna vez te has puesto un buen chapuzon?— No, esto es una mala señal, Mariadna tiene que huir. Tiene que hacerlo, sin embargo.... ¿Por qué sus piernas no se mueven? —¿Q-Que?— Balbucea de nueva cuenta. El hombre cada vez está más cerca. Y antes de lograr decir algo más, Mariadna es cargada como una princesa sobre sus brazos.
—Mas te vale haber traído un cambio de ropa.
Fue lo último que el hombre dijo justo en el momento en que fue depositada en el hocico del dragón. Quien ya estaba preparado con el hocico abierto. Tragando en el momento en que Mariadna entró a su garganta. —.....— Y, sin aviso. Salir disparada con la fuerza de una potente ráfaga de aire que el propio dragón expulsó de su boca. —¡HYAAAAAAAAA!— Se escuchó por el horizonte al momento de Mariadna perderse entre las nubes.
—He, buen tiro.— Masculló el hombre.... El dragón solo soltó un bufido orgulloso.
⁂
—AAAAAH!—
Y del cielo, como la caca de un ave, Mariadna impactó justo en el musgo abundante de una cascada, amortiguando todo tipo de daño, pero ensuciando toda su ropa por completo. —¡U-Ugh!— No obstante, su ropa manchada no es su prioridad justo ahora. Si no, la razón de ser que está parada en medio de la nada en un continente que desconoce por completo. Y más, que encima, como dijo aquel hombre, pasar de noche por aquí es sumamente peligroso.
Además... ¿No era que aquel sujeto le dio dos caminos a elegir? Hey, que le han timado y el hombre hizo lo que le salió de los huevos.
Pff... Viaja por el viento con un suspiro de Mariadna.
Retirando las últimas manchas de musgo de su ropa y visualizando el principal atractivo que el continente de los bosques le trae.
—W-Waaahh— Árboles inmensos; árboles de tamaños descomunales, que algunos rozan sobre las nubes. Los troncos y cortezas de esos mismos árboles resplandeciendo de colores morados y azules intensos y una infinidad de fauna silvestre. Flores con formas peculiares, animales y bichos que Mariadna jamás imaginó ver de cerca, como una mariposa con... ¿Eh? ¿Cinco cabezas? Vaya, el continente de los bosques es curioso.
Ni hablar de una polilla con forma de sandía.
Esto es bastante loco. Aunque es lo de menos. Pues, justo en el cielo, algo más adorna. Una estrella enorme, o un objeto que deslumbra con el mismo brillo que una estrella. —S-Santo Solitas...— Un árbol, oh... Alguna cosa que parece un árbol, pero al mismo tiempo otra cosa completamente diferente. Nah, es un árbol. Enorme, dorado y que justo ahora deslumbra por todo el santo continente.
—¡A-Ah!— Mariadna pronto se da cuenta. Se trata del famoso árbol centro de la vida, Oh, como es conocido por todo el mundo entero; como la tumba del grandioso y viejo héroe élfico Eliotath. Sin embargo, es una historia para otro momento. —Hey.— De pronto, alguien llamó a espaldas de Mariadna. Esta, asustada, volteó rápidamente. —¡!— Para su suerte, no se trataba de un desconocido.... Oh, más o menos. Solo era ese hombre extraño con cara de borracho y su sonrisa, que ahora ya ha comenzado a fastidiarle.
—¿Por qué esa cara?— Pregunta el. Mariadna, bufa.
—Quien sabe, solo me irritas por alguna razon. ¿Feliz?
—¡Oh! Pero que fiera, te mereces un premio.— Y con un chasquido de dedos, las ropas sucias de Mariadna ahora están impecables. Con todo y eso, Mariadna se encuentra cruzada de brazos. Su expresión no ha cambiado en absoluto. Si esto es real, entonces, para mantener su cordura, debe creer y fingir que esto es un sueño, aunque sea una mentira autoimpuesta. Así que... ¿Por qué no ser ella misma? Ser la misma Mariadna extrovertida y confianzuda en lugar de estar temiendo todo el rato que se encuentre por aquí.
Bueno... En caso de que sí quiera, puede regresar a casa y no terminar secuestrada por este hombre extraño que hasta ahora, al menos, no le ha hecho daño.
¿Eso es una buena señal? No lo sabe, pero prefiere creer en su propia intuición.
En algún momento tendrá que despertar, ¿ah, que sí? Ni ella tiene idea; muy profundo en su cabeza aún desea que esto solo sea un sueño, aunque parezca imposible. Es contradictoria. Pero ¿quién puede culparla? —Y entonces... ¿Para qué me trajiste aquí? Sí, sí, ese sitio. Pero, eh, aquí no parece haber nada.— El hombre, ante el comentario suelto de la costurera, bufo.
—Ya, solo da un paso más atrás.
—¿Que?— Respondio, Mariadna ladeó la cabeza y solo suspiró. Bajo sus brazos y con cuidado, realizó dos pasos traseros de espaldas. Mirando a su izquierda y derecha, nada cambió. —¿Ahora?— El hombre no responde. De hecho. ¿Se ha ido? Sí, solo hace unos segundos lo tenía justo en frente. —¡H-Hey! ¡¿Donde estas?!— Nadie respondió. Mariadna chasqueó la lengua para que, en el preciso momento en que sus piernas se movieran, todo se fuera para abajo.
Literalmente.
¡Paf! Un suave y ligero golpeo retumbó sobre la superficie en movimiento de una carreta de carga. Mariadna, atrapada y desesperada, intenta gritar. Sin embargo, algo le cubre la boca. Oh, en todo caso, se ha tragado algo que la está ahogando justo ahora. —¡Mpfm!— Con fervor se golpea el pecho; sin embargo, la presión no cede. La carreta sigue en movimiento. En el preciso instante en que, por arriba de los ojos de Mariadna.... Se cruza un... ¿Aboninante estómago que a los costados tiene ocho patas? —¡MPPPPPPFFFF!— Oh, no. Es una araña. Mariadna teme a los bichos.
Afortunadamente para ella, la carreta golpea contra una superficie pedregosa. Obligándola a salir expulsada, cayendo boca arriba y su estómago recibiendo el impacto. Provocando que el pedazo de algodón que tenía en la faringe por fin fuera expulsado y ella respire con normalidad, aliviando sus pulmones. —¡ahh! ¡ahh!— Para lástima, el momento no es demasiado largo. Mariadna, está que se muere.
¿Qué es este lugar? Porque.... ¿¡Por qué está lleno de arañas gigantes?! No, no, no. Peor aún, ¡cientos de arañas gigantes la están mirando como una presa! Ah, su alma se ha escapado.
Descansa en paz.
Mariadna de Lordtta.
⁂
El pueblo de las telas.
Oh, en su caso, una de las cuevas de la enorme sociedad que conforman los Arañaktas.
¿Quiénes son los Arañaktas? Buena pregunta. Esta gente se trata de una tribu que se hospeda generalmente en cuevas. Pero no todo tipo de cuevas. Si no, cuevas específicas que proporcionen las necesidades básicas para la producción de su mayor producto. ¿Qué es la tela. ¿La tela? Correcto. Los arañaktas se conforman por ser arañas mutantes, mas no bestias.
Es curioso.
Pero es así. Los arañaktas, a pesar de su cuerpo gigantesco, a lo que refiere para una araña común y corriente, generan sus propios hilos que después se conforman en sus telarañas. Los arañaktas, en su caso, producen lo que es un "fluido" que nace a partir de sus desechos naturales. Desechos que ellos mismos fermentan y después transforman al manipularlos, generando lo que es una "fibra" y con eso, finos hilos que al poco tiempo se fabrican para su próxima venta como "tela".
Tela que es considerada de la mayor calidad posible entre los siete continentes y que, para sorpresa de muchos, no es relativamente costosa. Con todo eso, las cuevas de la sociedad de los arañaktas destacan de eso. De arañas mutantes y para alguien con cierto horror por las arañas, digamos que no es una brillante idea.
Mariadna, que en el pasado, cuando era pequeña, se encontró con la oportunidad de haber conocido y visto a un arañakta en su pueblo, creyó haber estado acostumbrada. Después de todo, este era el lugar que tenía en mente. Y por eso no quería creerlo. Porque una cosa es tener a uno y de lejos. No como ahora, que tiene a toda una multitud de arañaktas mirándole fijamente.
Se quiere morir. Especialemnte por su terror profundo a los aracnidos. Mas si son enormes.
—XXXXXXX— Oh, alguien está hablando. No lo entiende, olvido que los Arañaktas hablan su propio idioma natal. El idioma orco. —¿xxxxxxxx?— Esa cosa está hablando de nuevo. La joven Mariadna no se hace ni idea de si la criatura está preocupada o si le pregunta al respecto de si su sabor es delicioso. Seguro que es la segunda, piensa ella. —!A-aAH- aHAHH-AHhhh¡— El panico pronto azota su pecho, subiendo y bajando con presión. El miedo se apodera de ella, y su respiración empieza a ahogarla. El arañakta, preocupado, mira a todos lados, nervioso, sin saber qué hacer.
Hasta que alguien aparece. —¡Hey! ¡Hey! Calmada.— Una voz masculina, una voz chillosa, impactó por los oídos o cubículos sensoriales de los arañaktas y Mariadna. Esta se volteó. Y lo que observo fue a un muchacho. Más pequeño que ella, rubio y de ojos azules. Luciendo un poco más joven que ella, aunque su sonrisa resultaba encantadora. Su apariencia tal vez le daba ese plus atractivo. —Venga, venga. ¿Que sucede con la señorita?— Pregunta el, con suaves y ligeras palmadas de ambas manos. Nadie responde. Cosa que le saca un suspiro.
—Pero qué groseros son todos aquí. ¿Eh? En fin...— Ahora bien, el muchacho levantó la mano. Su dedo índice y el pulgar chasquearon. Y entonces, en un abrir y cerrar de ojos. Mariadna, ahora.... Se encuentra en medio de un callejón extraño. Aún en la cueva de los arañaktas por el constante murmullo de un idioma desconocido. —Pff...— Pero vaya, la duda y la incógnita desquebrajan más rápido el soplido del viento. Cuando Mariadna escuchó un bufido. Una risa, un "pff" que le resaltó una vena por su frente.
—¡GAhhahahah! ¡Dios, debiste haber visto tu cara!— Ah, ese muchacho rubio. ¿No es demasiado confianzudo? Hey, Mariadna, debería ponerlo en su lugar. —¡Cállate, plátano mal trecho!— Vaya, su educación no le da para insultos más elaborados. Es... Gracioso... —Pff...—
Después de un rato de burlas, insultos y risas.... El muchacho suspiró. Respiro, y de pronto. Su apariencia cambió. Tratándose del hombre con rostro de borracho. —Eres divertida. Muy divertida. Sin duda él no se equivocaba.— ¿El? Este tipo está cada vez más loco. —¡¿Por qué me trajiste aquí!? Es aterrador. ¡Muy aterrador! ¿Viste esas cosas? ¡Ah! ¡Son horribles!—
—Calma.... Que son buena gente. Que sean feos ya es culpa de su genética. No los puedes culpar por eso. Grosera.
—Enserio que me caes fatal.
—Ya, me gustaría que el sentimiento fuera mutuo, pero tienes tu encanto, preciosa.
—Das asco.
—Gracias, nadie me había halagado de esa forma. Bueno, tal vez alguna vez por ahí, pero no recuerdo.— Mariadna con los ojos en blanco, suspira. —¿Ahora qué? Ni de broma podré mirar a esas cosas de frente de nuevo.— Eso es un problema. Pues, para el comercio se necesita diálogo directo. —Entonces, pidamos "prestado".— Eso no suena bien. En absoluto suena bien y Mariadna lo sabe. —Tú estás loco.—
—Algo, pero es mejor que el diálogo directo, ¿no? Además, no tienes idea del idioma. Sí o sí, es tu única opción.— Por más fastidioso que fuera, el hombre no se equivoca; aun así, ¿robar? Ni de broma. Mariadna, la única vez que ha cometido un acto ilícito de ese calibre fue de pequeña, cuando su madre le castigó y escondió los bollos de crema y entonces, ella en respuesta le escondió y robó papeles importantes sobre una carga de importaciones costeras del lago de su pueblo. Una travesura mínima... Sí, nada comparado con robarle su más preciado tesoro a arañas mutantes.
—Venga, que puede ser divertido.
—No.
—Venga, venga.
—Que no.
—Ándale...
—¡Que no!
—Ushhh.... Nah, qué importa. Vamos.— Y sin ningún tipo de preámbulos, el hombre, carga a Mariadna sobre su hombro. Esta, como niña pequeña, patalea. —¡Hey! ¡S-Sueltame!— No sirve de mucho.
Mariadna.... Quiere despertar ya de este absurdo sueño.....

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Hilos Del Destino (Novela)
Capítulo 4
Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 3
Estás leyendo el capítulo 3 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.