Leer Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 2 online gratis en español
El cielo que deslumbra de matices morados.
Por el horizonte, destellos dorados. Y por las nubes, una chica de no más de veinte años cayendo como un ave con las alas destrozadas. —¡A-AHHH!— Las potentes ráfagas de viento golpean firmemente sobre aquel delicado rostro. Esos ojos verdosos como la esmeralda, abiertos como dos cuencas de un pozo, adornados de una expresión de genuino y puro terror. Mariadna de Lordtta no tiene idea alguna de cómo es que se encuentra justo en esta inexplicable situación.
¿Por qué? No, no tiene respuesta. Es más. ¿Por qué decirse "porque"? Sí, el porqué no dará la respuesta concreta de la aleatoriedad de lo que está viviendo justo ahora. —¡M-Mierda!— Su voz, un chillido que simula al de un animal en peligro. Y vaya si lo está. Cayendo desde una distancia bastante, pero bastante considerable. Con su cabello golpeando en su rostro con fervor y ella, solo observando el vacío verdoso que cada vez se dibuja más rápido frente a ella bajo la poca luz que transmiten la luna y las estrellas.
¿Es esto acaso algún truco del lago? No, es bastante improbable. Después de todo, ¿cuándo alguien ha relatado una historia así? Nadie, por supuesto. Al menos, no existe ningún demente que aclamara caer del cielo contra el suelo como la caca de un ave, y Mariadna, es claro que sus anhelos fueron todo menos ser esa caca que sale del sistema digestivo del ave. Y, sin embargo, aquí está.
Cayendo, de la nada. Sin explicación. Sin coherencia. Solo como un truco extraño de magia.
He, como se encuentra justo ahora el ambiente, el impacto parece ser inevitable.
—¡IKKK!— Y con su última esperanza, Mariadna cierra los ojos, cubre su cabeza con las manos y brazos, formando un caparazón con la esperanza de ser suficiente e esperar el inevitable impacto.
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Sin embargo..........
Nada sucede.
Los segundos continúan; el dolor nunca llega. Y Mariadna, en busca de saciar su duda, retira sus brazos de su cabeza, abre los ojos y lo que tiene ahora delante de su vista la deja sin palabras.
—Es hermoso, ¿no lo crees?— De pronto, alguien habló.
Mariadna volteó de izquierda a derecha y nadie está con ella. Su cuerpo se pone en alerta. No obstante, sus ojos no pueden despegarse del paisaje que tiene justo delante de ella. Oh, concretamente debajo de sus pies. —S-Si...— Repite en un suave susurro. Mientras observa grandes montañas cubiertas por las mantas de las nubes. Un océano inmenso con peces enormes y otros más pequeños sobre la superficie. Siete grandes islas, siete grandes mundos. Los siete continentes, dibujados sobre el lienzo más hermoso que jamás creyó observar, puestos como una maqueta escolar, repartidos como un pastel partido en siete piezas.
—¿Q-Que.....? —exclamó ella, ahora, dándose cuenta de que se encuentra en el borde de una enorme rama dorada cruzada entre medio de los cielos. —Ahh..— Esta vez Mariadna es interrumpida. —Una rama del grandioso árbol centro de la vida. ¿A que es guay?— Esa voz, esa misma voz que hace solo unos momentos le había repetido "Es hermoso, ¿no lo crees?", retumba de nuevo en su subconsciente. Mariadna, en esta ocasión, se pone alerta. Guarda silencio y se arma de valor. —¿Q-Quien eres?— Nadie le regresó una respuesta.
Esto le hizo tragar saliva una vez más. Pero entonces de pronto algo retumbó de nuevo:
—¿Que quién soy? Vaya, generalmente lo primero que recibo son insultos cuando me escuchan. Si no, pregúntaselo al dios del sol.— ¿El dios del sol? Esto es confuso. Demasiado confuso para Mariadna. —¿¡Q-Quien eres!?— Repite, en esta ocasión con un poco más de alerta, alejándose unos cuantos pasos, arrastrándose con las piernas, estando a punto de caer de la rama si no fuese porque se detuvo a tiempo.
—Uepa.... Deberías tener más cuidado. Abajo tienes bestias acuáticas que preferirías no ver de cerca. Especialmente a esos cabrones de los tritones.— Sin duda esto es absurdo. Esta noche es absurda. ¿Quién es él? Porque.... De repente ahora, tiene a un hombre justo delante de ella. Con una hombrera que luce ser la pieza de una armadura y el guante del mismo en su brazo y hombro izquierdo. Ojeras marcadas en los párpados de sus ojos y prendas que, por una simple observación, no pertenecen a la moda de los reinos extranjeros. Y esos ojos. Profundos, rojizos que se apegan al color azabache de su cabello, le observan tan profundamente que Mariadna comienza a tartamudear.
—A-Ahh-a-Ah....— Aquel hombre alza su ceja, curioso; le deslumbra una sonrisa. —Oh, tranquila, que no te haré daño.— Menciono con su voz tranquila, que descolocó un poco a Mariadna. Acercándose, su sonrisa se ensancha. Mariadna le observa fijamente, no dice mucho, se mantiene en silencio. Justo en el momento en que el hombre le toma del mentón con sus dedos índice y cordial. Obligándola a levantar la vista. —Tienes unos ojos preciosos. ¿Te lo habían dicho antes?— Solto de pronto Mariadna; debido a los nervios y la extrañeza, tomó el cumplido, sonrojando y calentando sus mejillas.
—A-Alejate, P-Po-Por favor.— Suplico, con palabras temblorosas. El hombre, aun con la sonrisa entre labios, dejó caer su mentón con delicadeza. —El mundo es enorme. Y, sin embargo, aquí estás tú y ese hilo. Ah, ese hilo. ¿Que me querrás decir, abismo?— ¿Qué es lo que está diciendo? Es la principal pregunta de Mariadna. ¿El abismo? No lo entiende, no lo comprende y tampoco parece querer hacerlo justo ahora. Solo quiere irse de aquí.
—En fin... Supongo que por ahora eso no importa. Hace un rato suplicabas a las estrellas por tus anhelos, ¿no es así? Ah, mala opción. Las estrellas por naturaleza son egoístas. Solo te dan "esperanza" para luego comerla.— El hombre da un respiro. Pronto, continúa. —Por eso, te doy a escoger dos caminos.— Con cautela, el hombre extiende las manos con los puños cerrados, abriendo solo su mano izquierda; Mariadna lo observa, aun sin decir mucho en esta conversación. —Puedes regresar a casa y continuar con tu vida normal. Pero, ojo. El problema persistirá y todos tus pendientes fracasarán, llevándote a la ruina inevitable.—
Ahora, sin prisas, abre su puño derecho. —Si eliges este otro camino, entonces una aventura te espera. Una aventura corta pero emocionante con alguien interesante que quedará marcado en tu conciencia. Tus problemas desaparecerán y entonces los pendientes terminarán en un éxito inevitable y tu sueño, por mostrar tu visión por la moda, se manifestará de forma más clara.— Eso último tomó a Mariadna por sorpresa. —¿C-cómo lo sabes? —pregunta entre balbuceos. —¿Qué cosa?— Dice el hombre, a lo cual Mariadna responde.
—Lo de la moda....
—¡Oh! Digamos.... Que puedo ver cosas especiales y sé cómo pueden terminar algunas cosas.
‹‹Respuesta basura.›› Pensó Mariadna a pesar de sus nervios. —Vaya boquita que tienes para esa carita tan dulce.— Oh, mala de ella. Parece que este tipo puede leer las mentes. Uhm. —¿Y.... Si no elijo ningún camino?— Fue entonces que Mariadna preguntó. El hombre permaneció en silencio solo unos segundos. —Entonces, los hilos harán que nuevos caminos trabajen para hacer de nuestros encuentros algo cotidiano.—
...............
Esto está a punto de reventarle la cabeza. Solo quiere ir a dormir. No a escuchar a un lunático con cara de borracho. —Esto... ¿Esto es un sueño, verdad?— Un sueño, por supuesto. Justo ahora es el único método de defensa para Mariadna y escapar de la realidad. —¿Un sueño? Ah.... Ya, déjame mostrarte algo real, entonces.—
Y así... Tras un suspiro y un relajado chasquido de dedos de aquel hombre, un silencio eterno despertó.
...............
Los segundos continuaron. El hombre permanecía ahí quieto, Mariadna.... Bufo, creyendo una vez más que esto solo era un sueño. Y sin embargo, justo cuando estaba por burlarse de esto, del cielo.... Una enorme criatura sobrevoló. Su figura descomunal deslumbra por los cielos nocturnos, cubriendo la poca luz que la luna refleja. Alas enormes, en sus costados, una cola inmensa y colores de su piel que brillan como gemas preciosas. —¡GUUUUARRR!— Retumbó de los cielos. Mariadna abrió los ojos. ¿Un dragón? No, no puede serlo. Esas cosas, esas bestias. Esa criatura... ¿Ah hecho caso a el? A... ¿Ese hombre?
—Sostente fuerte...— He, dicho eso.... Mariadna, tras un leve empujón proporcionado por el pelinegro, cayó al vacío una vez más. Aunque esta vez la caída solo demoró unos segundos. Antes de caer encima del lomo de la criatura. Del dragón, que es... Extrañamente suave. Y Mariadna.... De espaldas, tumbada, solo puede expresar una sonrisa tonta sin creerse que esto, de verdad, no se trate de un sueño.
—Mama....
⁂
¿Cómo iba a creer que algo así podría sucederle? Especialmente a una chica como lo es ella. Como lo es Mariadna, una chica simple, sin mucho que destacar más que su habilidad y talento para la costura, e hija de un par de campesinos en un pueblo rural del reino extranjero del sur. De hecho, ¿sus padres siquiera están al pendiente de que ella no ha regresado a casa aún? Uhm, conociendo el tipo de mujer que es su madre, seguramente ya esté a los cuatro sueños canturreando y su padre, descansando de ya no tener la presencia de su querida hija.
Vaya....
Mariadna está segura de que ambos le tacharían de demente si les contase que justo ahora está encima de un dragón. Bah, incluso la idea de contar respecto o mencionar a un "dragón" ya es peligrosa por sí sola. Los dragones no son muy bienvenidos por los siete continentes, con excepción de sus propias tierras natales, el continente de las tierras rojas. Incluso, la opción de ser decapitada en el centro del continente humano, donde es que se hospedan los reinos extranjeros y otras naciones más, es... Casi segura...
Suena a exageración, pero.... Ah, es complicado.
—¿A dónde me llevas?— Sin previo aviso, Mariadna habló. El hombre, quien, hacia el frente de la cabeza del dragón, le escuchó.
—Necesitas materiales. ¿No? Pues, conozco el lugar perfecto.
—¿El lugar perfecto?— Cuestiono Mariadna, con cautela. Durante todo este momento ella a mantenido su distancia. —Yep, el sitio perfecto. Ya sabes, un lugar lleno de telas. —Espera... ¿Un sitio lleno de telas? No, debe estar bromeando. Mariadna no lo puede creer. Si es aquel lugar que justo ahora está pensando, es una total locura. Solo existe un lugar con esa pequeña descripción: "Un lugar lleno de telas" lugar que ella ha leído y conocido solo en libros desde pequeña. Debe ser una broma, tiene que serlo.
Especialmente porque de ser en ese caso ese lugar... ¡Seria una absurdes! Especialmente con un tipo que no tiene idea de quien es. Ella no es una aventurera solo es una simple costurera...
—Y... ¿D-Donde es este "sitio" perfecto?
—Creo.... Que ya te puedes hacer una idea ¿Oh, me equivoco?— Debe ser una broma. —¡Ya basta de incógnitas, dímelo de una vez!— He, sin mayores preámbulos y la queja de Mariadna en donde alzó su voz. El hombre suspiró. —Pero qué desesperada, bien, bien. Este grandote nos lleva directamente a tierras élficas y de hadas. Osea, el continente de los bosques. Más concretamente, a las sociedad de los Arañaktas. ¿Los conoces?—
—¿T-Tu me estas tomando del pelo?
—Esa boquita.... Y no, después de todo, es la tierra de las telas. Y tú necesitas eso, ¿no es así? Y agregado, yo necesito algo de por ahí. Así que es un ganar-ganar.
Sin duda Mariadna quiere desaparecer.
Aquel lugar suena bien en libros... Pero.... Solo imaginar tenerlo cerca le causa escalofrios. Especialmente por sus habitantes.
—Ya... Pero... ¿Por qué? No te conozco, no se quien eres... Deja de tratarme con tanta confianza.— Es cuando entra la duda. ¿Por qué en ayudarle? ¿Por qué esa actitud tan dócil con ella? ¿Por qué, por qué y por qué? Es extraño. Él es extraño. Todo es extraño. ¿Quien carajos es el?—Uhm... Digamos que alguien está muy interesado en ti y, si no cuido mis palabras, entonces, me irá muy mal a mí. ¿Es suficiente?— Para nada, pero al menos ya es algo que comprender para Mariadna. —Yo... Sí, supongo.— Ella en verdad solo espera que esto sea algún sueño. Pues, ni siquiera se ha traído su bolso con monedas.
—Entonces basta de preguntas y disfruta de este viaje...— Es un punto... Viajar encima de un dragón es reconfortante y Mariadna, una chica que muy pocas veces salió de sus tierras natales, observa, en par, los siete continentes repartidos como un pedazo de pastel en gigantescas islas descomunales; es.... Similar a apreciar el arte de un lienzo único en el mundo. Y para rematar, lo es. Desearía tener algún objeto o un hechizo para hacerle guardar este hermoso momento.
Por mas extraño que parezca todo esto.

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Hilos Del Destino (Novela)
Capítulo 3
Hilos Del Destino (Novela) Capítulo 2
Estás leyendo el capítulo 2 de Hilos Del Destino (Novela), un novela. Mariadna De Lordtta, desde su infancia, fue una apasionada por la moda. Sin embargo, las dificultades de su hogar le impedían mostrar su propia visión para esto que ella misma considera un "arte". Su más ansiado sueño… Este capítulo tiene publicado el 1 de octubre de 2026. Hilos Del Destino (Novela) tiene 28 capítulos disponibles en LectorTMO, en español y sin registro.